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La cápsula Orion se prepara para una de las fases más delicadas de su misión: la reentrada en la atmósfera terrestre y su posterior amerizaje. El proceso, que se producirá a velocidades extremas, pondrá a prueba tanto el diseño de la nave como la precisión de la maniobra.

"La forma de la cápsula es un cono que depende completamente de la fuerza de fricción para frenarse. El ángulo de reentrada es la que determina que la maniobra de frenado pueda ejecutarse o no, y esa maniobra de frenado depende de la superficie expuesta, de la parte baja del cono. Por eso es tan crítico, porque si no entra con el ángulo preciso no se frenará y probablemente la misión no sea un éxito", explica Eva Villaver, subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, en una entrevista concedida al Canal 24 Horas.

"La atmósfera es la que frena, en este caso. La base de la cápsula es la que ejerce esa fricción, la energía cinética se transforma en energía térmica, (…) Toda esa velocidad se transforma en calor, y por eso la necesidad del escudo térmico", añade la experta, quien subraya además que "es la manera más eficiente que hemos encontrado hasta ahora para hacer este viaje tan complejo", y advierte de que "el tiempo es crítico, sobre todo en la misión de rescate. Si el mar está bravo, va a ser más complicado".

Este jueves es el último día completo que los astronautas de la misión Artemis II van a pasar en el espacio, y su trabajo se va a centrar, precisamente, en prepararlo todo para poder regresar a la Tierra. La reentrada en la atmósfera y el posterior amerizaje están considerados como una de las maniobras más peligrosas de todo el viaje. Será otro de los momentos críticos de una misión histórica.

FOTOGRAFÍA: NASA / ZUMA PRESS

Alto y claro se recibía la señal de la nave Orion. Hace unas horas ha conseguido cruzar con éxito la cara oculta de la Luna. Los cuatro astronautas han estado incomunicados durante 40 minutos. La tripulación de Artemis II ha observado, con sus propios ojos y con cámaras de tecnología avanzada, lo que hasta ahora nunca se había visto. Esta información será clave para conocer más nuestro satélite y poder establecer allí una base permanente.

Foto: EFE/ NASA

La misión Artemis II está marcando el inicio de una nueva era en la exploración espacial. Por primera vez en más de medio siglo, una tripulación humana ha vuelto a viajar hasta la Luna, pero esta vez llegará más lejos que nunca: a una distancia de 406.027 kilómetros de la Tierra, superando el récord alcanzado por la misión Apolo 13 en 1970. Además, los cuatro astronautas protagonizarán un vuelo histórico sobre la cara oculta del satélite, un territorio que sigue siendo en gran medida desconocido, ya que aunque ha sido cartografiado y fotografiado por sondas de múltiples países, ninguna persona ha contemplado directamente la mayor parte de este hemisferio.

Durante su aproximación, la nave no entrará en órbita lunar, sino que ejecutará una maniobra de asistencia gravitatoria —un “tirachinas” gravitacional— que la impulsará de regreso a la Tierra. Antes, la tripulación volará sobre la superficie lunar a una altitud de entre 4.800 y 14.500 kilómetros, según los cálculos de la NASA, en una trayectoria que los dejará incomunicados con la Tierra durante unos 40 minutos, cuando atraviesen la cara oculta, en uno de los momentos más delicados de la misión.

FOTOGRAFÍA: BILL ANDERS / NASA

Las misiones tripuladas de larga duración son fundamentales para entender cómo el cuerpo humano se adapta a la microgravedad y de cara a preparar viajes espaciales profundos, como a Marte. Para ello, sería imprescindible un sistema capaz de generar oxígeno, producir agua y proporcionar alimentos a los astronautas de forma sostenible e independiente de suministros procedentes de la Tierra.

Para ello el estudio de la espirulina es clave. La cianobacteria limnospira indica tiene tres características que la convierten en un recurso biológico de alto valor tanto en la Tierra como en el espacio: captación de dióxido de carbono, producción de oxígeno y generación de alimento. Ahora, un experimento pionero va a investigar el comportamiento de esta cianobacteria en la Estación Espacial Internacional y estudiará cómo puede integrarse en futuros sistemas biorregenerativos de soporte vital.

El experimento pionero está liderado por el Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), con la colaboración de Sener y el Instituto de Microelectrónica de Barcelona (IMB-CNM, CSIC). Nos lo explica Francesc Gòdia, investigador del IEEC y catedrático de Ingeniería Química de la UAB que lidera este proyecto.

Tras recorrer ya más de dos tercios de su camino a la Luna, los astronautas de la NASA han vislumbrado al completo la cara oculta del satélite natural de la Tierra. "Hemos podido ver la cara oculta de la Luna por primera vez y ha sido simplemente espectacular", ha comentado la astronauta estadounidense Christina Koch durante una entrevista televisada desde su nave espacial Orion.

Las comunicaciones entre la Tierra y el espacio resultan críticas en cualquier misión espacial. Y en las del Artemis II a la Luna juega un papel fundamental el Centro Espacial de Canarias: un grupo de diez ingenieros proporciona el enlace radioeléctrico que permite la comunicación entre la NASA y la nave. Ofrece también ayuda en telemetría, para saber a qué distancia se encuentra la nave y su velocidad. RTVE ha podido entrar en las instalaciones y conocer qué otras cosas hacen a diario.

Tras recorrer ya dos tercios de su camino a la Luna, los astronautas de la NASA han vislumbrado al completo la cara oculta del satélite natural de la Tierra. "Hemos podido ver la cara oculta de la Luna por primera vez y ha sido simplemente espectacular", ha comentado la astronauta estadounidense Christina Koch durante una entrevista televisada desde su nave espacial Orion.

La cápsula Orión está cada vez más cerca de la Luna y más lejos de la Tierra. Los astronautas han superado ya la mitad del recorrido.

Todo parece que va a la perfección. Es más, en las últimas horas estaba prevista una maniobra para ajustar la trayectoria hacia la Luna y no ha sido necesario.

Foto: NASA/REUTERS — La cápsula Orión