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El impacto del fuego en el medioambiente y en la propia salud, sumado al calor extremo, son ya una cuestión de emergencia pública. Según la Organización Meteorológica Mundial, el continente europeo es el lugar del planeta que se calienta más rápidamente y España está sufriendo especialmente las consecuencias. En pleno verano de incendios, no hace falta echar mucho la vista atrás para ser conscientes. Hace seis meses, especialmente en el sur, se vivió un invierno de inundaciones extremas. ‘Informe Semanal’ regresa, por ejemplo, a Grazalema (Cádiz), donde las llamas también están haciendo acto de presencia. "Ha habido momentos que no he podido ni asomarme a la puerta", confiesa Feli, una vecina. "Y todavía no me he quitado lo del agua". Las olas de calor ya no son eventos puntuales, sino crisis recurrentes que se hacen más frecuentes, intensas y prolongadas. Los riesgos, por tanto, son indudablemente mayores. "Estamos notando, más que nunca, esas olas de calor y esas temperaturas que antes no teníamos", nos dice Carmen Díaz Paniagua, investigadora de la Estación Biológica de Doñana-CSIC.

A día de hoy, los incendios de sexta generación, en esa zona como en cualquier otro lugar de España, constituyen la mayor amenaza. Sobre terreno quemado del parque nacional de Doñana, Juan Romero, de Ecologistas en Acción, confirma que allí "durante todo el año pasado, hubo más de 50 conatos de incendio y, este año, ya llevamos más de 30. Y sabemos que no se está haciendo absolutamente nada". Más al sur, en Huelva, comprobamos otros latigazos del cambio climático. Matalascañas, uno de los destinos turísticos más destacados, lleva tiempo enfrentándose a sus propios desafíos como el retroceso de sus costas. A la erosión natural hay que añadir la subida del nivel del mar en el Golfo de Cádiz y el devastador paso de los temporales.

La borrasca Francis arrasó la playa y se llevó por delante una parte del paseo marítimo. Antonio Rodríguez, profesor de Geología de la Universidad de Huelva, muestra cómo han regenerado la zona más afectada: "Estas escolleras son un parche que va a solucionar momentáneamente este episodio, pero que en el futuro va a ocurrir otro". No queda otra que adaptarse al calentamiento global, pero no asumiendo sus consecuencias con resignación, sino aprovechándose para seguir tomando medidas: preservando los bosques durante todo el año, protegiendo los espacios verdes locales o implementando sistemas de alerta temprana para desastres naturales.

En varios puntos del país los incendios permanecen fuera de control durante días. ¿Qué ocurre para que las llamas sigan avanzando? Los expertos apuntan al abandono del monte y al cambio climático, que deriva en condiciones meteorológicas extremas. El humo es la señal clara. Incluso desde lejos, los equipos saben que va a ser imparable y, cuando eso ocurre, la prioridad es clara: "Proteger a las personas, que a nadie le ocurra nada", asegura la secretaria general de protección civil y emergencias, Virginia Barcones.

Foto: Cesar MANSO / AFP

Familiares de los desaparecidos en el terremoto de Venezuela se niegan a abandonar los escombros que aún sepultan miles de cuerpos. Bajo los restos de lo que era un edificio residencial siguen buscando a Yuzbeli, una niña de seis años que vivía con su abuela. Uno de los que participan en su rescate es Emerson, un joven voluntario que trabaja desde el primer día de la tragedia para recuperar cadáveres. También él busca a varios familiares. Jose, otro voluntario que busca tíos y primos entre los restos, nos cuenta que casi a diario sacan cadáveres de aquí. Hoy hemos conocido el último balance de víctimas: 5.400 muertos. Aún hay mucho por hacer pero los recursos son escasos y enormes las necesidades humanitarias.

Foto: Juan BARRETO / AFP

En La Guaira, en Venezuela, la zona más afectada por el terremoto, aún hay cientos de cadáveres por encontrar. No hay un registro oficial, pero la ONU habla de más de 50.000 desaparecidos.

Los rescatistas dicen que sigue faltando maquinaria. Hay todavía tanto por hacer y recursos tan limitados que se habla de hasta cuatro años para lograr la reconstrucción.

Foto: AP Photo/Ariana Cubillos

Pedro Loranca, alcalde de Atienza (Guadalajara), ha asegurado en Las mañanas de RNE que el incendio que mantiene en vilo a la Sierra Norte ofrece por fin un respiro después de varios días de extrema dificultad. "Tenemos buenas esperanzas" porque "afortunadamente, no corre el aire", ha explicado, confiando en que los equipos logren "si no terminan de sofocarlo, pues quitar mucho peligro". El regidor ha destacado el enorme despliegue para combatir las llamas: "Nos están ayudando de toda España" y ha elogiado la implicación de los efectivos, la maquinaria pesada y los tractores ante "la salvajada del fuego". También ha puesto el foco en la solidaridad entre administraciones, emocionado: "Ha habido alcaldes de Soria, de Segovia, de Madrid, que nos han mandado todos los coches y todo lo que tenían ellos para poder sofocarlo". Loranca también ha reconocido el impacto emocional del incendio sobre la comarca, con decenas de municipios desalojados o confinados, y ha lamentado el daño causado en un entorno natural que define como "una verdadera maravilla que ha quedado totalmente destrozado". Ha calificado de "salvaje" la dimensión de la emergencia.

Desde Hijes, otro municipio de la zona, su alcalde, Salvador Jimeno, ha explicado que el fuego no ha alcanzado el pueblo y que la situación ha mejorado con el paso de las horas. "Esta mañana está la cosa muy tranquila", ha señalado, aunque ha reconocido que "lo de anoche fue terrible" y que buena parte de los vecinos decidió abandonar el pueblo por precaución.

Este lunes no ha sido día cualquiera en Antas y Bédar, Almería. Los vecinos han vuelto a sus casas después de varios días desalojados por el incendio de Los Gallardos. Algunas llegaron a estar cercadas por el fuego. Más de 1.000 personas tuvieron que abandonar sus pueblos dejando atrás viviendas, animales y todo lo que han construido. Muchos son extranjeros, que viven o pasan las vacaciones en el Levante almeriense.

FOTOGRAFÍA: FRANCISCO J. OLMO / EP

Miedo, ansiedad, estrés, estos días han sido muy difíciles para los que han estado cerca del fuego. "Preocupados y muy angustiados y muy mal", asegura una vecina.

Los afectados necesitan alguien que les escuche con su pena, alguien que les acompañe en su dolor. Lo primero es el acompañamiento, el apoyo, el dar esperanza.

Para eso están los profesionales de la psicología, que ayudan en todas las tragedias, y cerca de ellos decenas de voluntarios. Muchas veces un abrazo a tiempo es el mejor de los bálsamos.

Foto: Carlos Barba/EFE — Vehículos calcinados junto al restaurante Anita en Los Gallardos, Almería

Una supuesta caída sobre los árboles del tendido eléctrico es la principal hipótesis que se baraja como causa del incendio de Los Gallardos, Almería. Concretamente en el restaurante Anita, situado en el kilómetro 511 de la carretera N-340.

El fuego se ha llevado por delante varios cortijos en una zona con mucha población extranjera.

Las llamas avanzaron rápidamente por la montaña, avivadas por el fuente viento y el matorral seco.

Foto: María Alonso/EFE — Vista de los daños causados por el incendio en Bédar, Almería

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha dicho que cuando hay emergencias y catástrofes del calibre del incendio de Los Gallardos, en Almería, "la mejor manifestación para poder ser eficaces, para poder ser solidarios, para responder a lo que la gente nos pide, es la unidad, es trabajar todos conjuntamente".

"Ante las emergencias, ante el fuego, todos unidos, todos trabajando juntos", ha destacado Robles en una comparecencia desde el Puesto de Mando Avanzado (PMA) del incendio de los Gallardos.

"Tenemos unos profesionales excepcionales", ha proseguido la ministra, que ha añadido que la "UME (Unidad Militar de Emergencias) va a permanecer el tiempo que sea necesario".

Foto: Francisco J. Olmo/Europa Press