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La alergia a los gatos no la provoca el pelo: la ciencia explica el verdadero culpable

  • Pensar que el pelo de los gatos es lo que provoca alergia es muy común, pero es un dato incierto
  • La undécima temporada de 'Órbita Laika' en La 2 mantiene el rigor científico de siempre, con más humor, más entretenimiento y nuevas sorpresas.
La alergia a los gatos no la provoca el pelo: la ciencia explica el verdadero culpable
Elisabet Prats, junto a los presentadores de Órbita Laika Eduardo Saenz de Cabezón y Ricardo Moure, con una maqueta de la proteína Fel d1 Sonia Morales Perez RTVE
David Montufo

Existe la creencia generalizada de que la alergia a los gatos está provocada por su pelo. Sin embargo, la ciencia lleva años demostrando que el verdadero responsable es mucho más pequeño e invisible. Así lo explica la investigadora Elisabet Prats en Órbita Laika, donde aborda una de las dudas más frecuentes entre quienes conviven con felinos.

El principal causante de la alergia es una proteína llamada Fel d1. Aunque suele relacionarse con el pelaje del animal, en realidad no tiene nada que ver con la cantidad de pelo que tenga el gato. De hecho, incluso las razas sin pelo pueden provocar reacciones alérgicas. La proteína Fel d1 posee una estructura especialmente compleja. Se trata de una proteína heterodímero, formada por dos cadenas distintas y azúcares que la vuelven “pegajosa”, una característica que los expertos comparan con un caramelo chupado. Además, es extremadamente ligera, lo que le permite permanecer flotando en el aire durante mucho tiempo. Precisamente por eso resulta tan fácil inhalarla sin darse cuenta.

Del pelo del gato al aire de casa

Según se explica en el programa de divulgación científica presentado por Eduardo Saenz de Cabezón y Ricardo Moure, esta sustancia se produce principalmente en la saliva y en las glándulas sebáceas de los gatos. Cuando el animal se lame para asearse, va distribuyendo la proteína por todo su cuerpo y también por el entorno: sofás, ropa, mantas o cualquier superficie de la casa. Así, el pelo actúa únicamente como vehículo de dispersión, pero no es el origen del problema. La investigadora también señala que no todos los gatos generan la misma cantidad de Fel d1. Algunos producen menos proteína y, por tanto, provocan menos síntomas en las personas sensibles. Aun así, la exposición continuada puede seguir desencadenando molestias como lagrimeo, picor, estornudos o congestión.

La investigadora Elisabet Prats explica en Órbita Laika las opciones para tratar la alergia a los gatos, con una ilustración de un gato y una jeringa en pantalla

La investigadora Elisabet Prats, durante su intervención en Órbita Laika, Sonia Morales Perez RTVE

La vacuna para el gato, no para ti

Actualmente existen dos grandes vías para combatir esta alergia. La primera se centra en los propios gatos. Algunas investigaciones trabajan con vacunas capaces de inocular anticuerpos que “atrapan” la proteína Fel d1 para bloquearla. El objetivo no es impedir que el animal la produzca, sino neutralizar sus efectos antes de que llegue al ambiente. La segunda vía se dirige a los humanos mediante tratamientos antihistamínicos. La histamina es la sustancia responsable de muchas de las reacciones alérgicas, como el lagrimeo o el picor. Estos medicamentos bloquean los receptores donde actúa la histamina y ayudan a reducir los síntomas.

Lejos de ser un problema causado por el pelo, la alergia a los gatos es un fenómeno químico y biológico mucho más complejo de lo que parece. Una explicación científica que desmonta uno de los mitos más extendidos sobre los animales domésticos.