Olivier Smolders: el cine como territorio de la mirada en Metrópolis
Fotógrafo de rostros, explorador de la memoria, observador de lo invisible. Desde hace más de cuatro décadas, el cineasta y escritor belga Olivier Smolders construye una de las filmografías más singulares y enigmáticas del cine europeo.
Metrópolis dedica su próxima emisión a repasar la obra de este creador inclasificable que ha desarrollado una mirada profundamente personal sobre la imagen, evidenciando su poder para revelar, insinuar o evocar…, pero también para perturbar y transformar aquello que muestra.
Olivier Smolders en un momento del rodaje de L'amateur Olivier Smolders
Formado entre la literatura, la filosofía y las artes visuales, su cine se mueve en un territorio ambiguo de intensidades y contrastes, donde conviven lo sagrado y lo grotesco, el deseo y la muerte, la belleza y la inquietud.
El programa propone un recorrido a través de sus películas, a medio camino entre el ensayo, la ficción y la experimentación visual, para acercarse a un cine que, en última instancia, nos interpela directamente y se pregunta qué significa mirar y qué sucede cuando una imagen nos devuelve la mirada.
El cortometraje como territorio de libertad
La obra de Olivier Smolders se ha desarrollado principalmente en el territorio del cortometraje, un espacio que el cineasta entiende como un lugar de absoluta libertad formal y conceptual. Lejos de considerar el formato breve como un paso previo al largometraje, Smolders lo reivindica como una forma autónoma, capaz de concentrar ideas, atmósferas y experiencias visuales con una intensidad difícil de alcanzar en otros formatos.
Desde sus primeras piezas construyó un lenguaje cinematográfico propio, caracterizado por una puesta en escena rigurosa, composiciones cuidadosamente trabajadas y una fuerte dimensión ensayística y literaria. En sus películas conviven referencias al cine expresionista, al cine mudo europeo, al rigor ascético de Robert Bresson o al universo perturbador de cineastas como Werner Herzog.
Obras tempranas como Adoration (1987), inspirada en el caso real del caníbal japonés Issei Sagawa, revelaban ya un universo obsesionado por la representación, el deseo, la violencia y la mirada. Rodada en un inquietante blanco y negro y construida a partir de un dispositivo casi teatral, con personajes que miran frontalmente a cámara, la película transforma un crimen real en una reflexión incómoda sobre el acto de mirar y sobre la capacidad de las imágenes para apropiarse de aquello que filman.
Adoration (Olivier Smolders, 1987)
Ese juego constante entre realidad y ficción aparece también en otras producciones tempranas como L’Art d’aimer (1985), donde el amor y el deseo son abordados desde un territorio ambiguo entre el ensayo visual y la evocación poética.
Cine en transformación
La obra de Smolders nunca ha dejado de transformarse. En Axolotl (2018), inspirado en el relato de Julio Cortázar, el cineasta construye un laberinto visual y mental cercano al sueño o a la pesadilla. El film mezcla elementos teatrales, espacios claustrofóbicos y una puesta en escena deliberadamente artificial para sumergir al espectador en un universo donde identidad, percepción y realidad parecen constantemente desplazarse.
Axolotl (Olivier Smolders, 2018)
Son películas que muestran la evolución de una filmografía siempre inquieta, capaz de desplazarse entre el retrato íntimo, el ensayo filosófico, el cine fantástico o la exploración surrealista.
Otros amores
Uno de los temas recurrentes en la obra de Smolders es el amor, aunque raramente aparece representado de forma convencional. Sus películas se acercan al deseo, al erotismo o a la intimidad desde perspectivas incómodas, ambiguas y profundamente reflexivas.
En L’Art d’aimer (1985), el amor aparece ligado a la representación y a la construcción imaginaria del deseo, mientras que en L’amateur (1996) el cineasta explora la relación entre voyeurismo, fascinación y vulnerabilidad a través de un hombre que fotografía mujeres desnudas. La película, rodada con una cuidada fotografía en blanco y negro y una estética cercana al retrato fotográfico y al cine erótico europeo de los años setenta, convierte el acto de mirar en el verdadero centro del relato.
L’amateur (Olivier Smolders, 1996)
Más que provocar gratuitamente, Smolders utiliza estos temas para interrogar la relación entre el espectador y las imágenes, cuestionando constantemente los límites entre fascinación, incomodidad y deseo.
Literatura, filosofía y voz en off
La literatura atraviesa toda la obra de Smolders. Compagina su actividad cinematográfica con la docencia y la escritura, dos prácticas que dialogan constantemente con sus películas. El propio cineasta ha señalado que en sus textos adopta un tono más analítico y documental, mientras que en el cine busca precisamente aquello que escapa a la explicación racional: la ambigüedad, la intuición o el misterio.
La philosophie dans le boudoir (Olivier Smolders, 1991)
Autor de ensayos sobre cine y literatura, Smolders ha construido numerosas películas a partir de textos filosóficos, literarios o místicos. En el díptico formado por La philosophie dans le boudoir y Ravissement (1991), contrapone textos del Marqués de Sade y de Santa Teresa de Ávila sobre imágenes similares de rostros filmados frontalmente. El resultado es una perturbadora reflexión sobre el éxtasis, el deseo, el cuerpo y la espiritualidad, donde el sentido de las imágenes cambia radicalmente según aquello que escuchamos.
La voz en off ocupa también un lugar central en muchas de sus películas. Más que una narración explicativa, funciona como un flujo de pensamiento, un espacio íntimo desde el que el cineasta reflexiona sobre la memoria, la muerte o el propio acto de filmar.
Ese tono ensayístico alcanza una de sus formas más personales en Mort à Vignole (1998), construida a partir de películas familiares rodadas en súper 8. Smolders convierte aquí el archivo doméstico en una reflexión universal sobre el tiempo, la desaparición y la fragilidad de los recuerdos.
La imagen como misterio
En el cine de Smolders, la imagen nunca es inocente. Sus películas interrogan constantemente la capacidad del cine para registrar la realidad, manipularla, reinventarla o incluso falsearla.
Buena parte de su obra gira en torno a la representación y a la idea de que toda imagen implica ya una construcción ideológica y emocional. Sus obras no pretenden mostrar la realidad de manera transparente, sino revelar hasta qué punto toda mirada transforma aquello que observa.
Esa preocupación aparece claramente en La part de l’ombre (2014) o en Pensées et visions d’une tête coupée (1991), ambos construidos como falsos documentales alrededor de artistas imaginarios cuestionando la relación entre memoria, documento y verdad.
La fotografía ocupa igualmente un lugar esencial en toda su filmografía. Rostros inmóviles, imágenes familiares, retratos frontales o fotografías encontradas aparecen constantemente como huellas frágiles de algo desaparecido. El blanco y negro, presente en muchas de sus obras más reconocidas, aporta además una dimensión fantasmal y atemporal que intensifica esa sensación de recuerdo, desaparición o extrañamiento.
Petite anatomie de l’image (Olivier Smolders, 2010)
En Petite anatomie de l’image (2010), el cineasta lleva esta reflexión todavía más lejos, construyendo un auténtico ensayo audiovisual sobre la naturaleza de las imágenes y sobre el modo en que estas condicionan nuestra percepción del mundo.
El espectador frente a la imagen
Una de las cuestiones centrales del cine de Smolders es la relación entre la imagen y el espectador. Sus películas buscan provocar una experiencia física y mental, obligando al público a enfrentarse a aquello que normalmente preferiría evitar.
En L’amateur, el acto de filmar cuerpos desnudos se convierte en una reflexión sobre el deseo, el voyeurismo y la vulnerabilidad. El cine entra en el cine y la cámara deja de ser una herramienta invisible para convertirse en parte fundamental del propio relato.
El propio Smolders ha defendido a menudo un cine que evite los términos medios, un cine capaz de incomodar o fascinar, de acercarse tanto a la sobriedad extrema de Robert Bresson como al exceso visionario de Werner Herzog. Esa tensión constante entre moderación y profusión atraviesa toda su obra y constituye una de las claves de su singularidad.
Contradicciones, máscaras y territorios imaginarios
En sus trabajos más recientes, Smolders ha ampliado todavía más sus formas y territorios cinematográficos. Películas como Voyage autour de ma chambre (2008), La légende dorée (2015) o Masques (2022) incorporan el collage, la manipulación digital, el diario filmado, la deriva onírica o el archivo personal como nuevas formas de exploración visual.
Nuit noire (Olivier Smolders, 2005) R
Incluso Nuit noire (2005), su único largometraje de ficción, participa de ese universo ambiguo y perturbador. Influida por el cuento fantástico, el surrealismo belga y ciertas atmósferas cercanas al cine de David Lynch, la película convierte la ciudad de Bruselas en un espacio nocturno, inquietante y casi fantasmagórico.
Una obra imprescindible por descubrir
En 2025, el Aguilar Film Festival, celebrado en Aguilar de Campoo, dedicó una gran retrospectiva a la obra de Olivier Smolders y le concedió el Águila de Oro Internacional, reconociendo así la importancia histórica de una filmografía todavía poco conocida por el gran público, pero fundamental dentro del cine experimental y de autor europeo contemporáneo.
Más allá de etiquetas como “cine experimental”, “cine ensayo” o “cine de autor”, las películas de Olivier Smolders continúan planteando preguntas profundamente contemporáneas sobre nuestra relación con las imágenes y sobre la manera en que estas construyen nuestra percepción del mundo. Estamos frente a un cine libre, incómodo y fascinante, que sigue resistiéndose a cualquier definición cerrada.
Metrópolis