Generación 2026: poéticas de lo cotidiano en el arte más joven
Un año más, La Casa Encendida abrió sus salas a la exposición dedicada a los proyectos seleccionados en la última edición de Generaciones. Hay en esta convocatoria algo singular: no se trata simplemente de exhibir obras de los creadores más jóvenes, sino de hacer visible un estado del pensamiento artístico todavía en tránsito, aún por fijarse, y precisamente por ello cargado de valor.
Desde el año 2000, Generaciones ha reunido anualmente una selección de proyectos desarrollados por jóvenes artistas residentes en España. Su objetivo consiste en ofrecer una plataforma para el arte actual que permita visibilizar el trabajo de nuevas generaciones y ponerlo en circulación, tanto en el ámbito de la crítica especializada como en la experiencia más abierta del público.
Vista exposición Generación 2026 (La Casa Encendida, 2026) Maru Serrano
La Fundación Montemadrid hace posible que creadores y creadoras menores de 35 años desarrollen proyectos de amplio recorrido, sin imponer proyectos cerrados de partida. El resultado se ha concretado en las salas B y C de La Casa Encendida, donde se presentan los seis proyectos ganadores de Generación 2026, visitables hasta el 19 de abril.
Un recorrido orgánico y la importancia de los procesos
Y como es tradición, Metrópolis se detiene en esta convocatoria para escuchar a la comisaria y a los artistas, y preservar algo de ese testimonio extraordinario que siempre representa escuchar a los creadores en su presente.
De la mano de la comisaria técnica, Andrea Muniáin, el recorrido de la cámara se convierte en una suerte de conversación expandida: cada proyecto se despliega no solo como objeto, sino como conjunto de motivaciones, procesos y decisiones técnicas. En ese desplazamiento, de la obra al proceso, se revela la capacidad del arte para pensar con lucidez las problemáticas de nuestro tiempo.
Vista exposición Generación 2026. Obras de Víctor Santamarina, Élan d’Orphium y Claudia Pagès Rabal (2026) Maru Serrano
Todas las propuestas comparten una atención sostenida a los procesos por encima de los resultados. Esta insistencia no es un gesto inocente, sino una toma de posición. Frente a la obra cerrada, autosuficiente y concluida, emergen prácticas que desbordan los límites disciplinares. Esculturas, instalaciones, prácticas sonoras y proyectos performativos se despliegan en el tiempo, en relación directa con el espacio y los cuerpos que los atraviesan, incluyendo los de los públicos.
Al recorrer y filmar la exposición, obtuvimos una sensación ambigua de familiaridad. Percibes que los objetos y las formas remiten a lo cotidiano, pero no lo hacen para confirmarlo, sino para ponerlo en cuestión. Lo cotidiano deja de ser un refugio estable y se convierte en un territorio de interrogación.
Hay en estas obras una voluntad de perforar la superficie, de suspender la inercia de lo reconocible para abrir un margen de extrañeza inteligente. Es en ese desajuste donde lo íntimo adquiere una dimensión política, donde la fragilidad se manifiesta como una forma persistente de resistencia.
Elevada calidad de los proyectos y mayor presupuesto
Este año, tanto la crítica como el público han constatado la elevada calidad de los proyectos presentados. Y quizá una de las decisiones más significativas de esta edición ha sido la reducción del número de artistas seleccionados: de ocho a seis. Este gesto, en apariencia discreto, transforma de manera profunda el conjunto. Al concentrar los recursos, cada proyecto dispone de un mayor margen, también simbólico, para desplegarse. La exposición gana en densidad, pero también en respiración; se vuelve más habitable, más precisa en su ritmo.
Generación 2026. Obra de Élan d’Orphium (2026) Maru Serrano
La dotación económica ha sido igualmente revisada. Cada proyecto recibe ahora 12.000 euros, manteniendo 10.000 destinados a producción y añadiendo 2.000 en concepto de honorarios. Esta redistribución implica un reconocimiento explícito del trabajo artístico como trabajo, algo que no siempre resulta evidente en el ecosistema cultural. En un contexto donde la precariedad se presenta con frecuencia como una condición casi estructural de la creación, este ajuste adquiere un valor que trasciende lo estrictamente económico.
Seis propuestas en torno a cuerpo, materia, tiempo y voz
Los artistas seleccionados en esta edición: Élan d'Orphium, Hodei Herreros Rodríguez, Claudia Pagès Rabal, Maya Pita-Romero, Víctor Ruiz Colomer y Víctor Santamarina, comparten una forma de entender la práctica artística como investigación. La obra deja de ser una respuesta cerrada e inofensiva para convertirse en un espacio donde la pregunta persiste, donde incluso se intensifica.
Generación 2026 reúne proyectos que conciben la práctica artística como un campo de exploración activa en torno al cuerpo, la materia, el tiempo y la voz. Estas dimensiones no se presentan como abstracciones, sino como experiencias encarnadas que atraviesan las obras y las sostienen.
En el trabajo de Claudia Pagès Rabal, el archivo deviene un territorio en tensión. Lejos de funcionar como un depósito neutral de memoria, aparece como un dispositivo atravesado por relaciones de poder. El lenguaje y la luz operan como vectores de activación, produciendo lecturas que erosionan cualquier relato estable.
Vista exposición Generación 2026. Obra de Maya Pita-Romero (2026) Maru Serrano
Maya Pita-Romero construye arquitecturas textiles transitables. Estas estructuras, vinculadas al refugio y al cuidado, evocan una memoria del hogar que rehúye la nostalgia para instalarse en una ambigüedad fértil. La calidez de los materiales convive con una sensación de mutación constante, como si el espacio permaneciera en un estado de inminente transformación.
Víctor Ruiz Colomer presenta esculturas que alteran la percepción del espacio y del cuerpo. No son objetos que se contemplan a distancia, sino presencias que obligan a reajustar la mirada, a reconsiderar la relación entre quien observa y aquello que es observado.
Vista exposición Generación 2026. Obra de Élan d’Orphium (2026) Maru Serrano
Élan d’Orphium trabaja desde la materialidad de su propio cuerpo, abordando el deseo y el afecto como fuerzas descentralizadas. El cuerpo deja de operar como límite para convertirse en un campo de resonancias, abierto y poroso.
Hodei Herreros Rodríguez sitúa la voz y la escucha en el núcleo de su práctica. En un contexto donde la visibilidad se impone como valor dominante, su trabajo ensaya una forma de resistencia desde lo sonoro, desde aquello que no siempre se deja fijar en la imagen.
Vista exposición Generación 2026. Obra de Víctor Ruiz Colomer (2026) Maru Serrano
Víctor Santamarina, por su parte, desarrolla una escultura performativa en la que la fragilidad, el colapso y el tiempo actúan como agentes activos. La obra no se conserva: acontece. Y es en ese acontecer donde encuentra su sentido.
En conjunto, son obras para sentir y esa cualidad la capta la cámara y se percibe a lo largo de todo el programa. No buscan ofrecer certezas ni clausuras, sino abrir zonas de interrogación. El arte aparece como una forma de exponerse a la complejidad del presente desde el pensamiento y desde los afectos.
Metrópolis