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Agustina González, la zapatera que inspiró a Lorca y desafió las normas de una Granada conservadora y puritana

  • La escritora, artista y política granadina es la protagonista del segundo capítulo de Esto no es un cuento
  • Puedes escuchar cada martes un nuevo episodio en RNE Audio
Retrato en blanco y negro de Federico García Lorca, sentado, con traje oscuro, pajarita y expresión seria. Fondo con un cuadro y sofá con cojines.
RAQUEL M.ALONSO

El barranco de Víznar es la fosa con más víctimas del franquismo exhumadas en la provincia de Granada. Ahora es un lugar de memoria, hace 90 años lo fue de tortura y de muerte.

Aquí, con alta probabilidad, yace Agustina González López. Escritora, artista, teosofista y política granadina durante la Segunda República. Como Federico García Lorca, fue asesinada entre Bíznar y Alfacar en 1936. A uno lo mataron “por maricón”, a la otra “por puta”, según escucharon los paisanos cuando dieron la noticia de la ejecución de ambos.

Agustina pagó con su vida el precio de su libertad, de salirse de los moldes de la Granada de entonces, conservadora y puritana. La conocían como la zapatera de Lorca y "su historia cayó en el olvido por ser mujer", asegura la historiadora Enriqueta Barranco, quien ha rescatado su nombre para la historia.

Una relación con Lorca más allá de la amistad

La investigación de Barranco recupera la figura de la granadina y la reconoce como fuente de inspiración de las obras de Lorca, especialmente en su obra de teatro La zapatera prodigiosa.

Fue su papel de escritora lo que la llevó a conocer a García Lorca. Y fue quizá su excentricidad la que hizo que Lorca se fijara en ella. Su relación pudo ir más allá según unas cartas que atesoran en la Fundación Federico García Lorca y que el poeta se cruzó con el militar Lorenzo Martínez Fuset.

En este capítulo la periodista Paloma López y Enriqueta Barranco pasean por la Granada en la que vivió Agustina, visitan su casa (en la calle Mesones) y recorren y recuperan su historia, la de la primera mujer que se presentó a las elecciones siendo granadina.

Hija de un zapatero, a la muerte de su padre, la internaron en un colegio donde aprendió a leer y a escribir, aunque su madre y sus dos hermanos censuraban sus lecturas.

Víctima de esa represión intelectual y social, fue una mujer que desafiaba las normas, hasta el punto de ejercer por propia voluntad el mutismo absoluto. Dejó de hablar y se convirtió en lo que ella llamó “loca social” para no contestar a nada de lo que le preguntaban. Por ello fue sometida a todo tipo de torturas.  

Los verdaderos problemas de Agustina empezaron por su activismo político. Era una revolucionaria adelantada a su tiempo. Y llegó a desafiar a las autoridades en una manifestación por la subida del pan mostrando sus pechos a la guardia civil.

Sus ideas eran tildadas de comunistas a pesar de que ella había manifestado que no se alineaba con esta ideología en sus escritos. Pero Agustina no acataba normas y tenía una relación conflictiva con la clase dirigente granadina.

A finales de agosto de 1936 entraron en su casa y se la llevaron detenida. Fue ejecutada a sus 45 años.