Símbolos, intimidad, memoria y exilio: la literatura de Mercè Rodoreda
- La escritora Mercè Rodoreda, que vivió en el exilio de 1939 a 1972, cultivó la poesía, el teatro y los cuentos, además de la narrativa
- Aloma, La plaza del Diamante, Espejo roto o La muerte y la primavera son algunas de sus novelas más conocidas
En el reciente discurso de David Uclés para agradecer su Premio Nadal 2026 el escritor mencionó a una escritora que no siempre ha recibido la atención literaria que merecía por parte de la crítica contemporánea europea. La obra de Mercè Rodoreda estuvo marcada por el exilio, la fragilidad, los símbolos y la reconstrucción minuciosa de la psicología femenina. En sus libros, las flores, los espejos, las muñecas o los pájaros narran la pérdida de la inocencia, el paso del tiempo o la opresión.
Rodoreda nace el 10 de octubre de 1908 en una pequeña casa con jardín en el barrio de Sant Gervasi de Cassoles de Barcelona. Es hija única. Tras una adolescencia con mucho interés por el teatro y la escritura, se casa muy joven. El día de su 20º cumpleaños contrae matrimonio con Joan Gurguí Guàrdia, catorce años mayor que ella, con dispensa papal por el grado de consanguineidad. En 1932 publica su primera novela, Soc una dona honrada?, y no deja de experiementar con el género del relato. Aloma, que ve la luz en 1938, será la primera obra en la que la autora afirma haber encontrado realmente su voz.
La herida del exilio
La escritora emprende el camino del exilio en enero de 1939; deja a su hijo con su madre, pensando que regresará pronto. Se intala en Roissy-en-Brie, población próxima a París. Durante unos meses vive en la casa con otros escritores: Anna Murià, C. A. Jordana, Armand Obiols y Francesc Trabal. La llegada de la Segunda Guerra Mundial pone fin a la estabilidad de Roissy y obliga a empezar el periplo de nuevo: unos escogen el exilio a Hispanoamérica mientras que otros, como Rodoreda y Obiols, deciden quedarse en Europa, y fijan su residencia en Ginebra. La distancia y la nostalgia aparecerán en sus siguientes obras, con los recuerdos idealizados y la cruda realidad de la posguerra.
En 1959 Rodoreda empieza a escribir una novela a la que llama primero Colometa, y que acabará siendo (junto a Espejo roto) su obra más conocida, La plaza del Diamante. A partir de 1970 se multiplican las traducciones de su obra. Las visitas a Barcelona se hacen más frecuentes, hasta que regresa del exilio. A Mercè Rodoreda la han recomendado figuras tan dispares como Jia Tolentino, Colm Toibin, Rosalía o Gabriel García Márquez, que se refirió a La plaza del Diamante como la novela más bella que se ha publicado en España desde la Guerra Civil.
A pocos días del comienzo de la primavera, parece pertinente recordar las palabras de la escritora cuando recuerda su infancia: «Asomada a la barandilla de la terraza, veía caer sobre el césped y las hortensias las flores de la jacaranda. Nunca me he sentido tan en casa como cuando vivía en casa de mi abuelo con mis padres». En la novela Jardín junto al mar el protagonista es un viejo jardinero con un espléndido jardín a cargo. «Un jardinero es una persona distinta a las demás, y eso es porque trata con flores».
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