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Espido Freire registra rincones desaparecidos en 'Guía de lugares que ya no existen'

  • La escritora Espido Freire publica un ensayo sobre rincones del mundo donde se cruzan literatura y memoria
  • Guía de lugares que ya no existen habla de Damasco, del Madrid de Galdós o del Bath de Jane Austen
Página Dos - Guía de lugares que ya no existen, de Espido Freire
Marta Dominguez

Macondo, Hogwarts, Comala, Narnia, el País de las Maravillas, Gilead, Liliput, el País de Nunca Jamás, Arakis, Vetusta... En la literatura abundan los lugares imaginarios, nacidos de la mente de su autor: García Márquez, J. K. Rowling, Juan Rulfo, C.S Lewis, Lewis Carroll, Margaret Atwood, Jonathan Swift, J. M. Barrie, Frank Herbert o Clarín. La escritora bilbaína Espido Freire eligió otro camino para su nuevo libro. La autora ha escogido lugares que sí existieron, pero que son pasado. Aunque quisiéramos, no podríamos volver a ellos. En Guía de lugares que ya no existen (RBA) Freire recuerda, por ejemplo, el Madrid galdosiano o la ciudad de Bath en la época de Jane Austen. La obra ganó la XX edición del Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes.

Viajar es moverse y transformarse. Supone algo más que una colección de destinos: implica comprender la fragilidad de cada lugar. Nos recuerda que todo cambia y que la memoria se alza como el único territorio que permanece. En esta obra Espido Freire lleva al lector de la mano por escenarios que se viven, pero que luego se desdibujan y se transforman: el Damasco anterior a la guerra, los páramos solitarios de Yorkshire o el Bilbao industrial de los años ochenta en el que creció la autora. Cada lugar funciona como un espejo donde se entrecruzan la literatura y la vida, la historia y lo que queda de ella. Guía de lugares que ya no existen es un mapa emocional, un cuaderno de viaje escrito con la tinta de la nostalgia.

Palabra por palabra - Espido Freire

Identidades y fronteras

Este ensayo está escrito en algunos capítulos desde la experiencia, desde la propia visita de Espido a aquellos lugares que menciona: Finisterre, Álava, Yorkshire, Noruega, Finlandia o Ghana. Las ciudades son una excusa para hablar de emociones, recuerdos y momentos históricos, y la huella que deja en nosotros un paisaje concreto. El libro reflexiona también sobre la distinción entre viajero y turista, hoy desdibujada por lo asequible del transporte.

El viajero va más allá del límite establecido

«Quería hablar de qué se siente cuando no puedes volver a un lugar que amaste», resume Espido Freire en su entrevista a Página Dos. En ese rincón perdido hay nostalgia, desconcierto, idealización. «Hoy todo el mundo es turista, pocos pueden permitirse ser un viajero sin billete de regreso. El viajero va más allá del límite establecido, de la frontera final, mientras que el turista va a continuación y disfruta de aquello que el viajero ha iniciado».

Espido Freire nos habla de los mileuristas

El viaje como motor narrativo ha definido algunas de las obras más brillantes de la literatura, transformando el desplazamiento físico en una profunda exploración del alma humana. En la vertiente clásica, la Odisea de Homero establece el arquetipo del regreso, mientras que el Quijote de Cervantes utiliza los caminos de la Mancha para confrontar la locura idealista con la cruda realidad. Jack Kerouac captura la urgencia de la generación beat en En el camino. Obras como Hacia rutas salvajes de Jon Krakauer o Los autonautas de la cosmopista de Julio Cortázar y Carol Dunlop demuestran que el trayecto siempre es más revelador y transformador que el destino final.