Cuando la imagen se resiste a ser nítida: Desenfocado, otra visión del arte en Metrópolis
- La exposición ‘Desenfocado’ en CaixaForum Madrid recorre la historia del desenfoque como lenguaje estético
- Metrópolis recorre esta exposición el próximo 2 de febrero en La 2
Con los Nenúfares, Claude Monet dio forma a lo indefinido. Allí donde el mundo parecía disolverse en reflejos y transparencias, el artista eligió lo indeterminado, el desenfoque, como lenguaje. Partiendo de esa mirada hacia la abstracción, nace Desenfocado: otra visión del arte, la exposición que CaixaForum Madrid dedica a una de las ideas más fecundas y enigmáticas del arte moderno y contemporáneo.
Metrópolis dedica su próxima emisión a esta muestra que, comisariada por Claire Bernardi y Émilia Philippot, propone un recorrido sensorial y conceptual a través de 72 obras de 55 artistas que cuestionan la nitidez de la imagen y exploran el potencial de lo borroso, lo velado, lo indefinido. Aquí, el desenfoque deja de ser un error para convertirse en un gesto de resistencia: una nueva forma de representar y comprender el mundo.
La exposición, fruto de la colaboración entre el Musée d’Orsay, el Musée de l’Orangerie y la Fundación La Caixa llega a Madrid hasta el 12 de abril, tras su paso por París, con una nueva puesta en escena y la incorporación de obras procedentes de la Colección Fundación La Caixa.
Preámbulo: los orígenes de una mirada borrosa
El recorrido por el concepto de desenfoque en el arte se abre con un preámbulo que sitúa las raíces del desenfoque más allá de la contemporaneidad. A finales del siglo XIX, el impresionismo marcó un punto de inflexión decisivo: la disolución progresiva de la figura, la renuncia al contorno firme y la exploración de una visión más subjetiva.
Le Bassin aux nymphéas, harmonie rose (Claude Monet, 1900)
Los Nenúfares de Monet, con Le Bassin aux nymphéas, harmonie rose (1900) presidiendo el inicio de la muestra funcionan como detonante conceptual. No solo anticipan la abstracción, sino que inauguran una experiencia visual sin puntos de apoyo ni jerarquías, un espacio pictórico sin comienzo ni final. Como señalan las comisarias, en estas obras “no hay foco”, y el espectador debe acomodar constantemente la mirada.
Este diálogo se amplía hacia obras contemporáneas como el Cubo de condensación (1963-1965) de Hans Haacke o la fotografía aparentemente abstracta La Frontera 345-46-47-49 SC (2008) de Tania Mouraud, estableciendo desde el inicio una insólita conversación entre épocas y lenguajes diversos.
En las fronteras de lo visible
El primer gran ámbito temático aborda el desenfoque como una herramienta para desafiar nuestros modos de percepción. Aquí, los artistas exploran los límites de lo visible, desde la imaginería científica hasta la alteración de los códigos tradicionales de la representación.
Pinturas de Gerhard Richter, Mark Rothko o Soledad Sevilla conviven con fotografías de Hiroshi Sugimoto o Thomas Ruff, en un espacio donde lo borroso no se opone a la abstracción ni a la figuración, sino que las atraviesa.
Número 17 (Wojciech Fangor, 1963) Fangor, Wojciech (1922-2015) Fangor, Wojciech (1922-2015)
Motivos circulares, como las dianas de Wojciech Fangor (Número 17, 1963) o Vincent Dulom (Homenaje a Monet, 2024) remiten directamente al ojo humano, a la retina, obligando al espectador a mirar despacio y a cuestionar su propia forma de ver. El desenfoque aparece aquí como una experiencia temporal, ligada al cuerpo y a la duración de la mirada.
La erosión de las certezas
El corazón conceptual de la exposición se encuentra en este segundo ámbito, donde el desenfoque adquiere una dimensión política e histórica. Tras la Segunda Guerra Mundial, la pérdida de certezas se traduce en imágenes que ya no pueden, ni quieren, mostrar la realidad de forma directa. Aquí, artistas como Zoran Mušič, Christian Boltanski o Alfredo Jaar adoptan lo borroso como una estrategia ética, una forma de enfrentarse a lo irrepresentable sin banalizarlo.
La Escuela de la Grosse Hamburguer Strasse (Los Niños Escondidos) (Christian Boltanski, 2005) 5
Las fotografías desenfocadas de Boltanski en La Escuela de la Grosse Hamburguer Strasse (Los Niños Escondidos) (2005), obtenidas a partir de imágenes de archivo, generan una distancia que implica al espectador, mientras que la obra de Jaar, Seis Segundos (2000), sobre el genocidio de Ruanda demuestra cómo una imagen borrosa puede ser, paradójicamente, más elocuente que una nítida. En estos casos, el desenfoque no oculta, sino que obliga a mirar con más atención.
Elogio de la indefinición
En esta tercera sección, lo borroso se desplaza hacia el terreno de la identidad, la memoria y lo íntimo. El mundo y el sujeto aparecen como entidades inestables, en constante transformación. En este sentido, las obras de Eva Nielsen, Mame-Diarra Niang, Pipilotti Rist o Roni Horn cuestionan las identidades fijas y los estereotipos visuales, proponiendo imágenes abiertas, ambiguas, imposibles de encasillar.
Morphologie du rêve #6 (Mame-Diarra Niang, 2021)
Aquí, el desenfoque se convierte en una forma de resistencia frente a la clasificación, pero también en un espacio de proyección personal. Fotografías amateurs desenfocadas, rescatadas por Sébastien Lifshitz, revelan historias mínimas en las que cualquiera puede reconocerse.
Futuros inciertos
El recorrido culmina con una reflexión sobre el tiempo, la espiritualidad y la incertidumbre contemporánea. Obras de Nan Goldin, Y. Z. Kami, Maarten Baas o Mircea Cantor en esta sección plantean un horizonte inestable, pero no exento de posibilidad. La pieza Unpredictable Future (2015) de Cantor, que da título al epílogo de la muestra, funciona como un manifiesto silencioso, un elogio de la duda en una sociedad obsesionada con el control y la certeza.
Unpredictable Future (Mircea Cantor, 2015)
Lejos de cerrar el discurso, la exposición se despide planteando preguntas. Como subrayan las comisarias, Desenfocado no ofrece respuestas unívocas, sino un espacio de libertad para la mirada.
Mirar sin enfocar
Desenfocado: otra visión del arte propone, en definitiva, una experiencia que exige tiempo, atención y disponibilidad. No se trata de comprenderlo todo, sino de observar y de aceptar que, en un mundo saturado de imágenes que prometen claridad, el arte puede ofrecernos otra opción, la posibilidad de mirar sin enfocar y, en ese gesto, comprender un poco más la complejidad de lo real.
Metrópolis