Miss Beige: el silencio como revolución
Metrópolis
- La artista Ana Esmith transforma la ciudad en escenario y a los transeúntes en actores
- Metrópolis recorre el particular universo de Miss Beige en su emisión del próximo 3 de noviembre en La 2
En un mundo saturado de ruido, filtros y ‘likes’, Ana Esmith decidió vestirse de beige, enfundarse unos guantes y salir a la calle con un bolso y un martillo. Así nació Miss Beige, una figura en apariencia anodina, sin artificios ni adornos, que se ha convertido en una de las presencias más subversivas del arte contemporáneo español.
No habla, no sonríe, no interpela directamente. Pero su silencio resuena con la fuerza de una declaración política: es una performance continua que ocupa el espacio público desde la contención, el gesto mínimo y la ironía.
Miss Beige
Actriz, periodista y performer, Ana Esmith crea a Miss Beige en 2015, un personaje que se ha ido transformando en espejo y crítica de la sociedad. Miss Beige no interpreta: habita el personaje, lo sostiene y lo expande, fundiendo vida y acción artística. Su trabajo se inscribe en la tradición del arte vivo, ese territorio ambiguo donde cuerpo, tiempo y espacio se convierten en materia de reflexión estética, pero también dialoga con la historia del feminismo, la performance y el arte conceptual.
El silencio como discurso
El silencio de Miss Beige no es ausencia de palabra, sino una forma alternativa de discurso. En su aparente quietud hay una resistencia contra la saturación mediática, una reivindicación del gesto frente a la opinión constante. Su silencio incomoda, descoloca, interpela. Es un modo de estar que subvierte las lógicas del espectáculo y de la exposición pública. Desde hace más de una década demuestra que el silencio puede ser más provocador que un grito y que el humor, a veces, es la forma más seria de hacer arte.
El beige, ese color neutro y casi invisible, se convierte aquí en una metáfora del anonimato femenino y, al mismo tiempo, en un grito silencioso contra la uniformidad. Miss Beige hace del no destacar su forma de destacar. Es una figura que se camufla en la multitud para denunciar la invisibilidad a la que históricamente se ha relegado a las mujeres.
El cuerpo como espacio político
Desde los inicios del arte de acción, el cuerpo ha sido territorio de disputa, campo de experimentación y herramienta de resistencia. En Miss Beige, el cuerpo no es solo soporte: es discurso, frontera y símbolo. Su modo de caminar, su manera de mirar, la rigidez con la que sostiene su bolso o el gesto con que empuña el martillo hablan de autocontrol, de tensión y de poder contenido.
Vive Tu Imagen (Miss Beige)
Su figura funciona como una intervención política del cuerpo en el espacio público, una respuesta a la hipervisibilidad y a la demanda constante de autopromoción que imponen las redes sociales. En un entorno donde todos buscan ser vistos, ella elige la discreción como forma de protesta.
El martillo, el bolso y el color beige: una iconografía del gesto
Cada elemento de Miss Beige tiene su propio peso simbólico. El martillo, objeto cotidiano y contundente, es una herramienta y una amenaza; representa la posibilidad de romper estructuras, de cuestionar los muros, físicos y mentales, del sistema. El bolso, inseparable de su atuendo, funciona como extensión del cuerpo y archivo de la identidad femenina: un contenedor de lo íntimo convertido en escudo. Y el beige, color asociado a lo neutro y lo normativo, se transforma en su estandarte, un signo de resistencia pasiva. “Lo beige” deja de ser fondo para convertirse en primer plano, en color que exige ser mirado.
Por favor, no opinar (Miss Beige)
En conjunto, estos elementos que la caracterizan conforman una gramática visual propia, un lenguaje de la mesura con el que Ana Esmith escribe una narrativa sobre el control, la feminidad y la autocensura social.
De la calle al museo: acciones, gestos y disrupciones
Una de las claves del proyecto Miss Beige reside en su relación con el público. No hay espectadores pasivos: todos los que cruzan su mirada quedan implicados, voluntaria o involuntariamente, en la acción. Esa participación, a veces de incomodidad, a veces de fascinación, es lo que convierte sus intervenciones en verdaderas situaciones performativas. En ellas, los roles se invierten: quien observa es observado, y el gesto cotidiano se transforma en escena.
En la performance Se nota, se siente, por ejemplo, recorre el espacio público con una pancarta tan discreta como desconcertante; en El beige es incluyente, se apropia del lenguaje de las manifestaciones para convertirlo en ritual de resistencia silenciosa; y en Secretos de alcoba, introduce su universo íntimo en espacios públicos, cuestionando los límites entre lo público y lo privado.
Paseo en Glovo (Miss Beige, 2020)
Su intervención en ARCO (Paseo en Glovo, 2020), en la que deambuló por los pasillos del recinto cargando una mochila de Glovo, fue un gesto tan simple como elocuente: una crítica directa a la mercantilización del arte y a la precariedad del trabajo cultural. Con ese gesto, Miss Beige recordaba que la artista, como tantos otros cuerpos anónimos, también carga, reparte y sostiene estructuras que muchas veces invisibilizan su labor.
“Hay que saber estar”: el museo como escenario
En su reciente exposición Hay que saber estar, presentada en el Museo Cerralbo de Madrid como parte del certamen PHOTOESPAÑA, Miss Beige llevó su universo a un entorno marcado por la historia, el protocolo y la etiqueta. Ocupando las salas del museo, habitadas por retratos, porcelanas y símbolos de poder, proponía una lectura contemporánea del decoro, reivindicando que “saber estar” también puede significar saber resistir, saber mirar, saber callar. Allí, celebrando los 10 años de vida de Miss Beige, la artista desplegó retratos fotográficos, objetos, instalaciones y registros de acción que dialogaban con la idea de compostura, corrección y apariencia.
Miss Beige
El museo, tradicionalmente reservado a la representación del poder masculino y del gusto burgués, se transformó así en un espacio de relectura feminista y humor inteligente, donde la ironía se mezclaba con la crítica social.
Tras más de una década de existencia, Miss Beige se ha consolidado como una de las figuras más singulares de la performance española contemporánea. En tiempos de ruido y sobreexposición, Miss Beige encarna una poética de la resistencia: una invitación a mirar con atención lo que parece invisible y a descubrir, en la quietud, una forma de rebeldía.