La fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, vuelve a Metrópolis
Metrópolis
- Durante años retrató la parte más desconocida de México: blanco y negro, abstracción y sorpresa son las claves de su fotografía
- Metrópolis recupera el capítulo dedicado a Graciela Iturbide, el lunes 20 de octubre a partir de las 01.20 h en La 2
Con motivo de la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025 a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, Metrópolis recupera el próximo 20 de octubre el capítulo monográfico que el programa le dedicó en 2022 cuando visitó nuestro país y participó en el festival Veintinueve Trece. Una oportunidad para volver a acercarse a la trayectoria de una de las grandes referentes de la fotografía contemporánea, cuya obra ha contribuido de manera decisiva a construir la identidad visual de México y a expandir las posibilidades expresivas del blanco y negro.
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La obra de Graciela Iturbide, reconocida internacionalmente, constituye un legado fundamental para comprender no solo la cultura visual de México, sino también la potencia de la fotografía como lenguaje.
La fotografía como forma de vida
La cámara de Graciela Iturbide ha sido, durante más de cinco décadas, una herramienta de conocimiento y de encuentro con el mundo. Su trabajo, cargado de contrastes y de símbolos, se mueve entre lo cotidiano y lo onírico, entre la calma y la intensidad de la vida misma.
Iturbide inició su carrera como asistente del fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, con quien aprendió no solo el oficio, sino también la importancia de hallar una mirada propia. Desde entonces, ha recorrido México y otros rincones del planeta para retratar culturas, paisajes y tradiciones, con especial atención a los pueblos indígenas y a las mujeres.
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Junto al que fuera su mentor, recorrió México descubriendo la parte más desconocida de un país rico en contrastes y contradicciones. Ya en solitario, Iturbide comenzó a desarrollar su propio lenguaje visual basado en la abstracción. Siempre en blanco y negro. Siempre calmado y cercano. Con una equilibrada mezcla entre lo cotidiano y lo simbólico, lo real y lo onírico.
Retratando México desde México
En 1978 fue invitada por el Archivo Etnográfico del Instituto Indigenista de México a documentar comunidades indígenas, entre ellas los Seris, un pueblo nómada del desierto de Sonora, con los que convivió durante un tiempo, aprendiendo sus costumbres y registrando su forma de vida (‘Los que viven en la arena’, 1981, en colaboración con el antropólogo Luis Bariau).
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Poco después, en 1979, su serie ‘Juchitán de las mujeres’, realizada tras la invitación del artista Francisco Toledo, reveló al mundo la fuerza de las tradiciones zapotecas y la singularidad de las mujeres juchitecas. De ese trabajo nacería una de sus imágenes más icónicas, ‘Nuestra señora de las iguanas’ (Juchitán, Oaxaca, 1979).
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La muerte, los pájaros y Frida Kahlo
La biografía personal de Iturbide también se refleja en su obra. Tras la trágica muerte de su hija en 1970, exploró rituales y símbolos de la muerte en México a modo de 'terapia' para superar el duelo, hasta que la presencia de los pájaros transformó su obsesión por la muerte en la serie ‘Pájaros’, que aún continúa. Desde los ‘Pájaros de la muerte’, hasta los ‘Pájaros de la libertad’. Desde México, hasta la India.
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Otro de sus proyectos más singulares es ‘El baño de Frida’ (2006), donde, tras acceder al baño de Frida Kahlo cerrado durante medio siglo, organizó los objetos de la pintora en composiciones fotográficas que permiten una lectura íntima de su compleja vida, marcada por el dolor y el sufrimiento físico y emocional.
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Una mirada universal
Su fotografía ha sido el vehículo para conocer culturas y paisajes más allá de México, desde Cuba y Estados Unidos hasta Madagascar, la India o Bangladesh. Los paisajes solitarios de EEUU, los contrastes de la India o los rincones menos conocidos de Italia, configuran un interesante cuaderno de viaje que incluye paisajes calmados y latentes.
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Con el tiempo, Iturbide ha orientado su mirada hacia la naturaleza y los paisajes, con especial interés en las formas minerales y vegetales. Desde que en 1998, invitada una vez más por Francisco Toledo, descubriera el 'Jardín botánico de Oaxaca' (1998-1999), con sus formas y texturas, el paisaje natural ha comenzado a formar parte de su universo creativo, convirtiéndose en un nuevo territorio de exploración visual y poética.
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