Clubs de lectura y bibliotecas en los centros penitenciarios
- El papel de las bibliotecas en los centros penitenciarios es ofrecer compañía y aprendizaje en la literatura
- Escritores como Cervantes, Anne Perry, Daniel Defoe o Miguel Hernández estuvieron privados de libertad
La literatura acompaña en la soledad. Por ejemplo, en un periodo de reclusión. Cervantes estuvo preso varias veces, la primera en Argel. El poeta Miguel Hernández escribió parte de su Cancionero y romancero de ausencias mientras estuvo preso en los penales franquistas, después de ser condenado por su militancia comunista durante la guerra.
También por motivos políticos fue encarcelado Fiódor Dostoyevski, que en una carta a su hermano afirmaba: «La vida está en nosotros mismos, y no en el mundo exterior». Oscar Wilde escribió De profundis en su estancia entre rejas. Maquiavelo (El príncipe), Jack London (Colmillo blanco), Henri Charrière (Papillon) o Daniel Defoe (Robinson Crusoe), así como Nelson Mandela, Aleksandr Solzhenitsyn, Wole Soyinka o Anne Perry conocieron la prisión.
Historias de libertad
Ya sea por escapismo, para formarse o por ser una buena manera de pasar el tiempo, la cárcel es uno de los lugares donde más se lee. El 72,2 % de las personas privadas de libertad lo hacen de forma habitual, superando la media de la población española lectora. Según un estudio reciente, Stephen King, Carlos Ruiz Zafón o Isabel Allende son algunos de los autores más leídos por los reclusos, mientras que Ángeles y demonios, La catedral del mar o El capitán Alatriste son algunas de sus novelas favoritas.
Página Dos conoció en su visita la admirable tarea de los bibliotecarios y auxiliares de la biblioteca del centro penitenciario Brians 2, en Sant Esteve Sesrovires. Allí se han puesto en marcha clubs de lectura que combinan encuentros presenciales y virtuales. Las citas están guiadas por mediadores que facilitan el acceso a la lectura y el intercambio de experiencias culturales entre las personas internas.
Los libros abren una puerta a la reflexión, al debate, al diálogo razonado y al porqué de las propias acciones. Se identifican con historias como la de El conde de Montecristo (Dumas), La milla verde (Stephen King) o la odisea de Albert Woodfox, un preso que pasó cuatro décadas en confinamiento solitario en una penitenciaría en Angola, acusado de un crimen que no había cometido. Narró su historia en Solitario, que fue finalista del Pulitzer y donde afirma: “He sido testigo de los horrores de la crueldad del hombre hacia el hombre. No perdí mi humanidad. Llevo las cicatrices de los golpes, la soledad, el aislamiento y la persecución. También estoy marcado por la bondad”.
Iniciativas como la de Brians 2 contribuyen al compromiso con la reinserción social a través de la cultura, ofreciendo espacios de diálogo y aprendizaje que favorecen la transformación personal. Gracias a las bibliotecas de los centros penitenciarios, el placer de la lectura llega con excelencia y dignidad a los reclusos.
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