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¡SOS monumentos! La contaminación, una amenaza letal

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Así afectan la lluvia ácida y la contaminación a la naturaleza
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De sobra son conocidos los nefastos efectos de la contaminación para el medio ambiente y sus causas. Al margen de las consecuencias negativas para las plantas y las especies animales, hay otro grupo de grandes damnificados por la emisión de partículas tóxicas en la atmósfera: nuestro patrimonio histórico. Edificios como catedrales, palacios o esculturas que decoran nuestras plazas y jardines sufren en silencio los efectos de la contaminación. Han sobrevivido al paso de los siglos, guerras y ataques pero ahora se enfrentan a una nueva amenaza: la fatídica acción del dióxido de azufre, el principal causante de la lluvia ácida.

Gotas contaminantes

Para entender todo esto hay que empezar por el principio, ¿qué es la lluvia ácida? Multitud de compuestos químicos son emitidos a la atmósfera, ya sea de forma natural por volcanes, meteoritos o polvo desértico, o de manera artificial por los procesos industriales, el transporte o las calefacciones. Entre estos contaminantes destaca el azufre, que reacciona con el oxígeno del aire y el vapor de agua transformándose en dióxido de azufre. Este gas “se va a la atmósfera, se combina con la lluvia y, cuando cae al suelo, se convierte en un compuesto químico llamado ácido sulfúrico, dando lugar a lo que se conoce como lluvia ácida”, cuenta el físico Dani Jiménez, en ‘Curiosity’.

La acción de la contaminación sobre los elementos orgánicos es tan devastadora que, en muy poco tiempo, puede acabar con la belleza de una flor. Como explica Jiménez, el ácido sulfúrico “evita que las plantas puedan absorber los nutrientes, el agua y, por tanto, también resulta muy nocivo para otros seres vivos como los animales”. Un sorprendente efecto que queda patente si rociamos con ácido sulfúrico varios rollos de papel higiénico cuyo elemento principal es la celulosa, componente fundamental de las células de las plantas, produce una potente deshidratación y la convierte rápidamente en carbón.

Los efectos de la lluvia ácida en los monumentos

Experimento de 'Curiosity' en el que se muestran los efectos de la lluvia ácida en los monumentos y edificios de nuestra ciudad. RTVE

Un super enemigo de nuestro patrimonio

Lo mismo ocurre cuando la contaminación afecta a nuestros edificios más emblemáticos. La mayor parte de nuestro patrimonio histórico está realizado con rocas calcáreas como la caliza o el mármol. La presencia de partículas atmosféricas contaminantes produce una especial degradación en las rocas calizas.

El aire contaminado de nuestras ciudades destruye poco a poco los materiales de los monumentos. Alteraciones como manchas de color oscuro, procesos de erosión o la decoloración son algunos de los síntomas. En este sentido, Dani Jiménez es claro: “El azufre o ácido sulfúrico va desgastando y atacando toda la piedra, aún siendo muy dura”. La lluvia ácida afecta a su apariencia, pero también puede llegar a provocar daños estructurales en algunos edificios y monumentos históricos.

La lluvia ácida no sólo es el mayor enemigo de la naturaleza sino también lo es de nuestra cultura e identidad. Frenar el cambio climático y el desgaste de nuestros monumentos está en nuestras manos.

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