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WHAAT!?

¿Vivimos en una sociedad vigilada?

  • Hay países, como China, que obligan a los turistas a instalar una aplicación móvil espía
  • No te pierdas Whaat!?, el programa de divulgación científica presentado por Javier Santaolalla y La Gata de Schrödinger
  • Ya está disponible el capítulo 6, "Tecnología"
¿Vivimos en una sociedad vigilada?
RTVE.es

Los escándalos sobre brechas de seguridad y fugas de datos que se han ido publicando, como el más reciente y conocido del caso de Cambridge Analytica, revelan que la gran cantidad de información que registran los dispositivos puede ser usada sin que se conozca su destino. Además de eso, están los usos fraudulentos que cualquier ciberdelincuente puede hacer con los datos del usuario una vez consigue entrar en el dispositivo. ¿Es cierto, entonces, que vivimos en una sociedad vigilada? Lo descubrimos en Whaat!?. [Mira el capítulo anterior aquí: "Medioambiente"].

Los datos como moneda de intercambio

Gracias a modos de rastreo en el software preinstalado del sistema de algunos dispositivos,  los terminales pueden hacer uso de la información de los consumidores y sus hábitos sin que estos sean conscientes, y además con fines comerciales. ¿Podemos confiar en las nuevas tecnologías? ¿Son colegas o espías?

Un estudio de la Universidad Carlos III analiza más de 1.500 aplicaciones preinstaladas en dispositivos con sistema operativo Android de ocho marcas diferentes, tanto de gamas altas como bajas. El estudio ha identificado a más de 1.200 empresas que hacen uso intensivo de esa información con un total de 11.000 librerías o conjunto de datos destinados, en su mayoría, a la publicidad y a la monitorización online. El análisis del comportamiento del 50% de las apps identificadas revela que "una fracción importante de las mismas presenta comportamientos potencialmente maliciosos o no deseados, como muestras de malwaretroyanos genéricos o software preinstalado que facilitaría prácticas fraudulentas".

Lo cierto es que los datos son nuestra moneda de intercambio por tener ciertas aplicaciones. Las empresas que ofrecen servicio gratis, como Facebook, Google maps, etc,  cubren sus costes vendiendo los datos de sus usuarios. Es el precio, hoy por hoy, de consumir aplicaciones gratuitas.

La cesión voluntaria de información personal

Cuando se ceden datos gratuitamente, son los usuarios los que autorizan a esos procedimientos al aceptar las condiciones de uso en el momento de la instalación de las aplicaciones. Es un hecho que los móviles pueden escucharnos por el micrófono, pueden grabar vídeos, hacer capturas de pantalla o utilizar el GPS, pero ello se debe a los permisos que conceden los usuarios. En muchas ocasiones es así y los expertos recomiendan que hay que leer bien y tomar conciencia de que se está vendiendo la información personal de uno mismo.

Sin embargo, no siempre es todo legal. Según los expertos, el usuario debería disponer para dar el consentimiento de una información clara y completa sobre este tipo de tratamiento de sus datos. Los investigadores han identificado más de 4.845 permisos "propietarios" o personalizados en la fabricación de los terminales, y este tipo de permisos permite que apps publicadas en Google Play eludan el modelo de permisos de Android para acceder a datos del usuario sin requerir su consentimiento al instalar una nueva app.

El móvil, ¿colega o espía?

Sobre la escucha de conversaciones a través del micrófono y la aparición de publicidad relacionada, es algo que no se ha podido verificar en estudios pero que muchos usuarios dicen haber experimentado. Algunos expertos advierten de que sí es una realidad que esto está ocurriendo, sobre todo en asistentes virtuales como Alexa Siri; no obstante, las empresas se defienden con que los usuarios aceptan el acceso al micrófono.

Acerca el auténtico espionaje con escuchas, los experimentos controlados que se han hecho para intentar comprobarlo no han encontrado evidencia de que sea así. El análisis de la Northeastern University examinó más de 17.000 aplicaciones, de las cuales más de 8.000 tenían permiso para acceder al micrófono y, por lo tanto, el potencial de escuchar al propietario del teléfono. Seguían la pista de esa creencia social de que nos escuchan a través del móvil, pero, tras meses de trabajo, no se encontró evidencia de que una aplicación active inesperadamente el micrófono o envíe audio cuando no se le solicite. ¿Técnicamente es posible? Sí. ¿Se hace de forma generalizada como cree la gente? No hay evidencia de que así sea.

Sin embargo, el estudio se topó con un hallazgo considerado grave por esos expertos: aplicaciones que, sin indicarlo en los permisos de instalación, graban la pantalla y toman capturas de pantalla que luego envían automáticamente a dominios de terceros. O sea que no se ha demostrado en un estudio controlado que nos escuchen, pero sí que graban la pantalla y hacen capturas sin el consentimiento del dueño del terminal.

China y EEUU utilizan la tecnología para la vigilancia

Las empresas pueden descubrir a los usuarios productos útiles y personalizados que de otro modo igual les costaría más encontrar. Pero también hay otro sector al que le interesa mucho anticiparse a lo que harán los individuos de una sociedad: los gobiernos y la industria de la seguridad. Varios cuerpos de policías alrededor del mundo ya usan tecnología de predicción para tratar de anticiparse a las emergencias y reforzar con más agentes los puntos calientes de las ciudades, antes de que se les llegue a necesitar.

Un ejemplo es China, que obliga a los turistas a instalar una aplicación móvil espía. Se instala obligatoriamente en los teléfonos de los turistas y tiene acceso a una gran cantidad de permisos, lo que permite recolectar mensajes, llamadas, consultas de todo tipo que hace el usuario, calendarios, etc.

La Policía china usa gafas de reconocimiento facial para detener sospechosos. Este país tiene muy desarrollado el sistema de reconocimiento facial y lo exigen hasta para comprar un móvil, pues se toman datos del rostro del comprador. En 2019 se registró que, en China, hay más de 200 millones de cámaras de seguridad, y en 2020 se calcula que se doblará hasta 400 millones.

Otro caso es Estados Unidos, donde la Policía de Los Ángeles utiliza sistemas de control predictivo para monitorizar determinados barrios y asignar una puntuación a los vecinos de ciertas zonas. Esa puntuación, generada por un algoritmo predictivo, clasifica a los delincuentes habituales y también calcula los puntos críticos de un área geográfica; así, la Policía sabe por dónde patrullar cada día. Esta medida es muy polémica y hay campañas y manifestaciones sociales para eliminarla.