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Visita a Teruel y sus comarcas

El grupo en Albarracín
El grupo en Albarracín
Teresa Moreno

Del 1 al 6 de marzo, un grupo de Veteranos visitamos Teruel y sus comarcas de Montes Universales, Maestrazgo y Gúdar / Javalambre, recorrido que, estoy segura, a todos nos ha resultado interesante e instructivo.

Llegamos a Teruel ciudad, con suficiente tiempo para que, cada uno por nuestra cuenta, pudiéramos dar una vuelta por su casco viejo; el hotel donde nos hospedamos está en un lugar privilegiado.

Vista de Albarracín

Vista de Albarracín

Al día siguiente, con sol espléndido, remontando el curso del Guadalaviar, llegamos a Albarracín, villa medieval. Con la guía local subimos y bajamos varias veces sus calles estrechas y empinadas de casas señoriales con balconadas de madera y escudos en sus frentes, hasta llegar a su catedral; de esta nos llama la atención un retablo con todas las imágenes labradas en madera, también los frescos medievales en el baptisterio. A la salida, nos hacemos la foto con la muralla y el castillo al fondo. Nos gustó ver la casa del compañero de TVE, Julio Mengod, en la pequeña Plaza Mayor. En Albarracín es de destacar el trabajo de forja presente en sus ventanas, balcones y puertas, artesanía que vamos a seguir contemplando en las demás villas que visitamos.

Salimos para Bronchales, famoso por su secadero de jamones. Allí nos dan una clase sobre la curación de estos manjares y un aperitivo para saborearlos. Después de comer seguimos hasta Orihuela del Tremedal; en esta localidad, un paisano habla de los Montes Universales y su fauna, deteniéndose en el ciervo, su berrea y cornamenta. Sobre el mapa en relieve, nos señala el divorcio de las aguas, pues allí nacen el Tajo, que va al Atlántico, el Júcar y su afluente Cabriel, y el Guadalaviar, luego Turia, que desembocan en el Mediterráneo.

Retablo de la Catedral de Teruel

Retablo de la Catedral de Teruel

El tercer día hacemos la visita a la ciudad con guía local. Son de destacar en Teruel las cuatro torres campanario mudéjares que quedan, después del paso del tiempo y la cruel Batalla de 1938, que destrozó el 70% de la capital. Se construían dos torres, una envolviendo a la otra, y entre ellas la escalera que conduce al campanario. Empieza la visita en la Torre de El Salvador, la más tardía del mudéjar turolense (más cercana a nuestro hotel), luego seguimos a la Torre de San Martín (1315-1316), después vamos a la Catedral de Santa María de Mediavilla de estilo gótico renacentista, que tiene adosada otra torre mudéjar (1257-1258). El retablo del altar mayor con las imágenes todas en madera desnuda, obra del escultor francés Gabriel Joly, es fantástico, pero la gran joya de la catedral es su Techumbre, con tirantes que se reparten el peso y hacen de contrafuertes; su labor de artesonado en madera de pino, realizada por cristianos y mudéjares, es de finales del s. XIII. Su Cimborrio y la Portada Sur son de estilo modernista, de Pablo Monguió, y su reja, de Matías Abad.

La cuarta torre y más antigua, primer cuarto del s. XIII, es la de San Pedro. Junto a la iglesia se encuentra el Mausoleo de Isabel de Segura y Juan Diego Martínez de Marcilla, los Amantes de Teruel, símbolo de esta ciudad. La visita acaba en la plaza del Torico, toda porticada, que era la plaza del mercado. Nos cuentan la historia / leyenda de ese torico de 45 x 37 cms., que remata la columna central: se trata de la batalla en que los musulmanes, ocupantes de la zona, se enfrentan a los cristianos del rey Alfonso II de Aragón, los moros atacaron con toros bravos con teas ardientes en sus cuernos, pero fueron vencidos. Solo uno de estos toros escapó… En esta placita triangular son de destacar las fachadas de Casa Bayo, Casa Ferrán, Casa de la Madrileña, monumentos del Modernismo turolense. La tarde la aprovechamos para visitar el Museo Provincial ubicado en la Casa de la Comunidad, edificio renacentista del s. XVI, museo arqueológico y etnográfico de gran interés.

El cuarto día salimos temprano del hotel para visitar la comarca de El Maestrazgo, al este de la provincia. La primera parada es Cantavieja, capital de la comarca. Fue conquistada al Islam por Alfonso II en 1169 y pronto ocupada por los Templarios. El tiempo empieza a estropearse, hay niebla y llovizna; el guía, Roberto, con acento baturro, anima a los visitantes contando la historia de forma jocosa y lo consigue porque despierta la risa de los oyentes. Por ejemplo, al recorrer las capillas de la iglesia, se detiene delante de la de San Lamberto, santo que fue muy cabezota; le cortaron la cabeza, y así está con ella en las manos. Después del Temple, pasa a ser la Orden de San Juan de Jerusalén quien gobierna la villa durante 500 años. La ganadería ovina y el comercio de la lana enriquecen Cantavieja en el s. XVIII, época en que se reforman iglesias y construyen casas solariegas. El General Ramón Cabrera, “El Tigre del Maestrazgo”, convirtió la localidad en la capital del carlismo entre 1833-1840. El guía nos habla también del queso de Tronchón y la mayoría salimos del lugar habiendo adquirido, al menos, un ejemplar.

Portón de las Monjas de Mirambel

Portón de las Monjas de Mirambel

La siguiente parada es para visitar Mirambel, que actualmente tiene unos 150 habitantes. Conserva su trazado medieval con la muralla y tres puertas, la más bella el Portón de las Monjas. También tuvo protagonismo en las guerras carlistas. Aquí se instalaron durante bastante tiempo la Junta Suprema de Aragón, Valencia y Murcia, así como los obispos de Orihuela y Mondoñedo, oficinas del tribunal de secuestros, de la policía, curia eclesiástica… En fin, que, a mediados del s. XIX en Mirambel y su término vivían 950 personas. Familias nobles como los Castellot y los Aliaga conservan aquí sus casas-palacio. Pío Baroja, que visitó el lugar en 1930, dedicó uno de los episodios de las Memorias de un hombre de acción a la guerra en el Maestrazgo y lo tituló La venta de Mirambel.

De allí nos llevan a comer a Olocau del Rey, pueblo ya perteneciente a Castellón, y por la tarde visitamos Iglesuela del Cid. La guía local, con gran fervor por su pueblo, nos muestra con detalle la iglesia de la Purificación que guarda una talla románica de la Virgen, el Torreón de los Nublos (siglo XIII), arquitectura de piedra seca también visible en las lindes de sus huertas, y casas nobles que luego pasaron a los Matutano-Daudén. Entramos en una de ellas y recorremos sus dependencias.

Torico

Torico

El quinto día, por la autovía mudéjar, vamos a la comarca de Gúdar / Javalambre, en el sureste, donde nos sorprende la primera villa que visitamos: Rubielos de Mora, pueblo medieval (ahora con 615 habitantes). Pedro IV de Aragón le dio el título de Villa a principios del s. XIII. Es una de las localidades más bellas y mejor conservadas del panorama nacional. Entramos por el Portal de San Antonio y llegamos al ayuntamiento y oficina de turismo, allí nos espera el guía local. Nos llaman la atención los anchos aleros de los tejados de casas y palacios. Las fachadas tienen tres franjas: la planta baja era el área del servicio, la intermedia, la residencia de los nobles, con grandes ventanas y balcones, la tercera, una galería abierta de pequeños arcos de medio punto; los llamadores de sus puertas, de forja muy trabajada, representan reptiles, cisnes y otros motivos. Un ejemplo es la Casa de los Condes de Florida. Muy curiosas son las farolas de sus esquinas que, en lo alto reproducen en hierro pequeños motivos de oficios populares. También en forja se representan las XIV estaciones del Vía Crucis que llega hasta el convento de las Agustinas. Mientras se descansaba de la visita, la mayor parte del grupo entramos en el único bar que encontramos abierto, el dueño nos acogió con alegría, cantando fragmentos de jotas aragonesas. Salimos de Rubielos por el Portal del Carmen, y pasamos un puerto de montaña de más de 1500 metros de altitud para llegar a Alcalá de la Selva, cuyo castillo solo apreciamos a lo lejos por la fuerte lluvia. De allí bajamos a Mora de Rubielos, donde nos tienen preparados canelones con ralladura de trufa, albóndigas con salsa de piñones y tarta coronada con pistachos para comer. Nos pasan una fuente de trufas para que apreciemos su olor y nos las ofrecen. La lluvia vuelve con fuerza, pero los más intrépidos llegamos hasta el puente viejo y la puerta del Castillo, que no podemos visitar porque no abre hasta las 5 pm y a esa hora tenemos prevista la vuelta a Teruel.

El grupo delante de la Torre de El Salvador

El grupo delante de la Torre de El Salvador

El sexto día es el regreso, pero en la mañana aún nos da tiempo para acercarnos al acueducto, obra del arquitecto francés Pierres Vedel (s. XVI), ver los restos de la muralla, tomar un vermut en uno de los bares de la plaza del Torico, y subir 122 peldaños hasta el Campanario de la Torre de El Salvador, que, afortunadamente, se salvó de la Guerra Civil.

La estancia por tierras turolenses creo que ha sido del agrado de todos los compañeros y volvemos con el deseo de encontrarnos en sucesivos viajes.

RTVE

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