Utraprocesados y etiquetas engañosas: las advertencias invisibles en la dieta
- El consumo de ultraprocesados en España ha aumentado en un 21% en los últimos 30 años
- Los expertos los asocian con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y una mortalidad prematura
Cada vez que Toni Álvarez* sentía ansiedad, buscaba consuelo en la comida basura. Años de consumo de estos alimentos se tradujeron en colesterol alto, déficit de vitamina D e inflamación arterial. Estos productos estaban plenamente integrados en su rutina diaria: "Todos los días merendaba una Coca-Cola y un Kinder Bueno", confiesa. Recurría a este tipo de alimentos porque era "más accesible, más barata y la puedes consumir al momento", en momentos de estrés. "Estaba pasando por un periodo de ansiedad y la comida solo era una forma de lidiar con ello", reconoce.
Más allá del plato
Los ultraprocesados se caracterizan por un alto grado de transformación industrial y por la presencia de numerosos ingredientes ajenos al alimento original. La investigadora del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS) Andrea Jimeno los define como "un producto industrial que pasa por muchas transformaciones -físicas y químicas- y lleva una lista larguísima de ingredientes como aditivos, colorantes, saborizantes, azúcares añadidos, grasas modificadas, sal... con pocos o ningún alimento natural sin procesar". Se trata, además, de productos diseñados para resultar atractivos al paladar y fáciles de conservar, lo que favorece su consumo frecuente.
Los científicos vinculan el consumo habitual de ultraprocesados con un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Jimeno comenta que, "a largo plazo, una dieta basada en ultraprocesados eleva el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares y hasta problemas de salud mental". Cuando este patrón se inicia desde la infancia, explica, se consolida como un hábito difícil de revertir y desplaza otros alimentos con mayor valor nutricional.
Aunque su ingesta tiene mayor vinculación con enfermedades físicas como la obesidad, también pueden afectar al bienestar emocional. Un estudio publicado en Public Health Nutrition sobre el vínculo que existe entre consumir alimentos industriales y la salud mental, los expertos encontraron que las personas con mayor consumo de este tipo de comidas reportaron más síntomas de malestar mental, incluyendo depresión leve y más días con ansiedad, frente a quienes los consumían en menor proporción.
Uno de los elementos que explica la expansión de estos productos es su presentación. Muchos ultraprocesados se comercializan con mensajes asociados a conceptos como practicidad, energía, equilibrio nutricional o adecuación para determinados grupos de edad. El etiquetado frontal destaca con frecuencia la presencia de vitaminas añadidas, minerales o ingredientes concretos, mientras que la lista completa de componentes aparece en un tamaño reducido y con nomenclaturas técnicas.
Su presencia constante en supermercados, publicidad y entornos cotidianos ha contribuido a su normalización en la dieta diaria. Según explica Jimeno, "están totalmente normalizados en el día a día de la gente, desde adultos hasta niños", una tendencia que se observa con especial claridad en la alimentación infantil. En su trabajo con escolares detecta que los ultraprocesados han ganado peso en comidas como desayunos y almuerzos, donde muchas familias recurren a ellos por facilidad o falta de alternativas percibidas.
El poder del envase
Las etiquetas de muchos productos ultraprocesados destacan beneficios superficiales, como enriquecimiento con vitaminas o mensajes de "equilibrio nutricional", mientras que la lista completa de ingredientes, con nombres técnicos, puede pasar desapercibida para el consumidor promedio. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) destaca que muchos consumidores toman decisiones de compra basadas en la publicidad o el atractivo del envase, más que en la información detallada de ingredientes.
Una joven mira una máquina expendedora. Irene Pozo / RTVE
El dietista y asesor nutricional Alejandro Samper aconseja a sus pacientes: "Siempre que vayas a comprar un alimento, mira la etiqueta, y, si tiene muchos ingredientes que no sabes lo que son, no lo compres. No tiene sentido llevarte a la boca de manera cotidiana algo que no sabes lo que es".
“Cuando cocinas una pechuga de pollo de un supermercado, la mayoría se reduce a la mitad, porque los pollos suelen estar inflados con agua y con un montón de hormonas“
Samper insiste en el papel del azúcar dentro de los ultraprocesados y en cómo la normalización de ciertos hábitos dificulta una elección consciente: "Tenemos muy normalizado ir al supermercado y comprar cualquier producto sin mirar lo que tiene. Si coges una bandeja de pollo o ternera, la cantidad de este es un 80%, pero ese otro 20% no sabes lo que es". Por eso recomienda optar por carne fresca de carnicerías locales: "El producto es de mejor calidad. Cuando cocinas una pechuga de pollo de un supermercado, la mayoría se reduce a la mitad porque los pollos suelen estar inflados con agua y con un montón de hormonas".
Aunque el etiquetado pretende informar al consumidor, su interpretación no siempre resulta sencilla. Andrea Jimeno considera que "la mayoría de la población no es consciente de las consecuencias de consumir ultraprocesados a medio y largo plazo" asociadas a este tipo de alimentación y que "se ha trasladado demasiada responsabilidad al consumidor sin darle herramientas para decidir bien". Entre los errores más frecuentes al leer ingredientes, señala la dificultad para identificar los distintos nombres del azúcar, la sal o los aditivos, lo que puede llevar a infravalorar el grado de procesamiento de un producto.
El juego del comedor
El debate sobre la presencia de este tipo de alimentos en la alimentación infantil y en espacios públicos ha cobrado relevancia en la agenda de salud pública en España. El Gobierno ha anunciado medidas que buscan limitar la presencia de bebidas energéticas y productos ultraprocesados en los comedores escolares, así como promover menús basados en alimentos frescos, como frutas, verduras, legumbres, pescados y cereales integrales. Estas propuestas se presentan en el marco de estrategias de nutrición impulsadas por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).
Los datos refuerzan esta tendencia. El estudio ALADINO 2023 coordinado por la AESAN sitúa en un 36,1% la prevalencia de exceso de peso (sobrepeso y obesidad) en escolares de entre seis y nueve años, una cifra que, aunque muestra una ligera mejora respecto a ediciones anteriores, sigue siendo elevada. Diversos análisis coinciden en que la calidad de la dieta, marcada por un alto consumo de ultraprocesados, es uno de los factores que más influyen en este fenómeno.
Las empresas de restauración colectiva que operan en centros educativos juegan un papel determinante. "Tienen una responsabilidad clave en la educación alimentaria, ya que el comedor escolar es un espacio más de aprendizaje", señala la responsable de Nutrición en Serunion, Maider Pellejero. Más allá del cumplimiento de la normativa, explica, el objetivo es "ayudar a normalizar el consumo de alimentos saludables desde edades tempranas y enseñar la nutrición como una asignatura más".
El papel de las familias también forma parte del debate. Según Pellejero, existe "un interés creciente por el uso de productos frescos, la reducción de azúcares y ultraprocesados, y el equilibrio entre los distintos grupos de alimentos", aunque convive con realidades muy distintas y con familias que perciben estas recomendaciones como difíciles de aplicar en el día a día.