Infancias en espera: diversidad funcional y acogida en un sistema que llega tarde
- Aragón y Andalucía encabezan las listas de espera para ser atendidos por especialistas con cuatro meses de retraso
- El 75% de los menores con necesidades especiales en acogimiento no recibe tratamiento psicológico
Carlos S.* tiene 12 años. Presenta un grado de discapacidad del 41%, trastorno del desarrollo, traumas relacionados con el abandono y episodios de violencia sexual. Ha pasado por cuatro familias de acogida hasta vivir, "por fin", en la que será su familia definitiva.
Durante tres años y medio, Carmen G*, su madre de acogida, pidió ayuda por escrito, por teléfono, en reuniones técnicas y en informes remitidos a la Administración. Alertaba de que su hijo de acogida, Carlos, necesitaba atención urgente especializada en conductas sexuales.
La ayuda no llegó hasta que Carmen tomó una decisión límite: paralizar temporalmente la acogida. La Administración tardó un mes en trasladar a Carlos a un centro de menores. Carmen recuerda que "no me podían asegurar su integridad y a los trabajadores del centro no se les podía pedir más. Están desbordados".
Solo entonces, cuando el sistema no pudo mirar hacia otro lado, se activaron los recursos. Carlos y su madre han pagado un precio muy alto: el abandono del hogar, una vez más, y vivir tres meses en un centro. "Lo que ha pasado con Carlos es que el sistema le falló desde que no se activó el protocolo de maltrato tras las innumerables visitas al Hospital Materno Infantil cuando vivía con su familia biológica. Tardaron seis años en darse cuenta y, todavía, siguen llegando tarde", lamenta Carmen.
“Tardaron seis años en darse cuenta y, todavía, siguen llegando tarde“
Durante el tiempo que Carlos estuvo en el centro, Carmen no desapareció de su vida. Lo visitaba dos veces por semana para recordarle que no estaba solo y que aquello no era un abandono. "Le explicaba que, igual que a su hermano había que llevarle al médico para curarlo cuando yo no podía hacerlo, con él era lo mismo", recuerda.
Ahora le quedan 12 sesiones para terminar la terapia. No sucede porque el menor, a punto de entrar a la adolescencia, esté preparado para recibir el alta médica. Sucede porque se ha fijado un número de sesiones y está a punto de terminar. Por fin, Carlos ha accedido al tratamiento, pero con fecha de caducidad.
La psicóloga María Parra asegura que la mayoría de los niños finaliza la terapia antes de ser aptos para recibir el alta. "No es que el niño esté sentenciado si se paraliza la terapia, pero se necesita más tiempo para ganar confianza, especialmente en casos de diversidad funcional", explica. "Puede perjudicarle en el futuro porque deja heridas a medio cerrar".
Según el último informe de la fundación ANAR, el 75% de los menores de diez años que han sufrido algún tipo de violencia no recibe la atención psicológica que necesita.
Carlos pasando tiempo con su mascota en el campo CARMEN G.
Manuel: el desamparo no siempre es falta de amor
Manuel O.* tiene 11 años y padece síndrome de Down, disfagia, problemas respiratorios y un grado de discapacidad del 86%. Es otro de los hijos de acogida de Carmen y vive con ella y con su hermano Carlos.
Su madre biológica, Fátima, dejó Marruecos y llegó a Málaga buscando atención médica para su hijo en el Hospital Materno Infantil. El problema surgía cuando le daban el alta al niño: debido a los escasos recursos de Fátima, tenían que vivir en la calle.
Carmen, su madre de acogida, asegura que "Fátima es una mujer que ha hecho todo lo posible por salvar la vida de su hijo". Su madre biológica, Fátima, recuerda las palabras de su exmarido cuando su hijo enfermó: "Si Dios se lo tiene que llevar, que se lo lleve. No me va a servir en un futuro". Y Dios no se lo llevó, pero las autoridades sí.
Manuel fue declarado en desamparo. No por falta de amor, sino por falta de recursos. "Yo veo a mi hijo muy feliz, mejor que nunca", dice hoy Fátima al hablar de su vida con Carmen, con quien mantiene una estrecha relación.
Manuel y su madre biológica, Fátima, soplando las velas en la celebración del cumpleaños del menor CARMEN G*
Carmen consiguió una beca del Ministerio, dotada con 913 euros, para que Manuel asistiera al logopeda y al pedagogo, pero la vida del menor transcurría entre su nuevo hogar y constantes ingresos hospitalarios. Sus problemas respiratorios le impedían llevar una vida normal y acudir con regularidad a terapias esenciales.
Manuel lleva un año y medio sin ingresos hospitalarios pero no podrá retomar sus terapias hasta que, con suerte, este curso vuelvan a concederle la beca. En la infancia, interrumpir no es pausar: es retroceder.
Listas de espera que crecen, daños que se acumulan
"El problema no es solo la espera, es lo que ocurre mientras tanto", explica la trabajadora social y responsable de gestión de la Asociación de acogimientos familiares de Aragón (ADAFA), Elena Pueyo. "En Aragón, con la salud mental suele ser rápido. El problema está en la derivación a psiquiatras y otros especialistas, que pasan más de dos meses", asegura. Parra sostiene que estos plazos, en menores de edad con traumas o diversidad funcional, pueden tener consecuencias profundas.
Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, la espera media para consultas externas supera los cuatro meses en Andalucía y Aragón.
A partir de los seis años, muchos recursos dejan de ser gratuitos. La atención temprana se corta aunque las necesidades persistan. "Cuando crecen, siguen necesitando apoyo pero pasa a ser de pago", explica Pueyo.
En los centros, la realidad es aún más dura: cuando cumplen la mayoría de edad, muchos jóvenes simplemente salen a la calle.
Conciliar o abandonar
María José S. nació en Granada, pero ahora vive en Miedes de Aragón. "Sé que en la ciudad es más complicado pero aquí, en el medio rural, te facilitan la vida". María José explica que no tiene que trasladarse a Zaragoza para que sus hijos de acogida, de cinco años, mellizos y con autismo, puedan recibir sus terapias, sino a Calatayud, a 20 kilómetros del hogar.
Además, le organizan las visitas por la tarde, cuando tiene disponibilidad, y el mismo día para los dos hermanos. "Cuando tengan más de seis años, en Calatayud existe un centro que, para los menores con discapacidad, las terapias cuestan menos de la mitad. Entonces, las becas cubrirían medio año de especialistas", cuenta.
Los hermanos Carlos y Manuel jugando en el campo un día soleado Marta Becerra
La situación de Carmen es totalmente opuesta. Vive a 18 kilómetros de Ronda (Málaga). Aun así, allí solo tienen a la pediatra. Las terapias son siempre en horario de mañana y de lunes a viernes, por lo que, para las familias de acogida, es prácticamente imposible conciliarlo con la vida laboral. Para llevar a los niños a las visitas con los especialistas o con sus familias biológicas, Carmen tiene que recorrer más de 100 kilómetros, porque los recursos están centralizados en la capital y las citas de los niños nunca coinciden.
Para no romper la rutina del otro hermano, Carmen paga una cuidadora privada. También paga un maestro sombra para Carlos, un profesor de apoyo para que el niño pueda seguir el ritmo de sus compañeros de clase. Esto le supone un coste mensual de unos 900 euros, más la Seguridad Social.
La Administración le reconoce 1.075 euros como madre de acogida de un menor con discapacidad. Solo de uno. Aunque cuida a dos, cobra por uno.
Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Juventud e Infancia, 52.000 menores se encuentran en el sistema de protección en España, un 1,5% más que el año anterior.
La trabajadora social Elena Pueyo y Carmen coinciden en su reivindicación: "Ayuda para la conciliación familiar". "Si una familia es lo mejor para estos menores, ¿por qué no nos cuidan?", plantea Carmen. Pueyo sugiere una mayor comunicación interdepartamental para que la situación mejore: "Estos niños no son menores de acogida. Son niños de todos y tenemos que cuidarlos".
Los expertos advierten que la atención llega tarde y limitada por los protocolos de cada comunidad autónoma, y reivindican una vía paralela para las necesidades sanitarias de estos menores.
Carmen sostiene con su cuerpo, su tiempo y su dinero lo que considera que debería garantizar el Estado. "El tiempo perdido en la infancia no se recupera", advierte. Manuel y Carlos ya lo llevan a la espalda.
*Los nombres de los testimonios utilizados en este reportaje han sido alterados para proteger la intimidad de los menores de edad.