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Las mejores series literarias en el Archivo de RTVE

Por
Para Todos La tele - Don Quijote de la Mancha

El Archivo de RTVE es un filón para los amantes de la literatura. Aquí podrás encontrar tanto obras españolas de referencia como clásicos de la literatura universal. A continuación va una propuesta para disfrutar de estas joyas literarias en sus adaptaciones televisivas (recuerda que ya hace unos días te invitamos a descubrir el mejor teatro en el Archivo).

Empezamos por Benito Pérez Galdós, aprovechando el centenario de su muerte. Aquí tienes Fortunata y Jacinta, con un reparto de lujo en 10 capítulos: Ana Belén, Maribel Martín, Fernando Fernán Gómez, Charo López, Francisco Rabal, María Luisa Ponte... Como argumento central, el romance del hijo único de una familia aristocrática con una joven humilde. También te invitamos a ver esta entrega dedicada a su obra Miau en el programa Cuentos y leyendas. Del escritor canario puedes igualmente escuchar en RNE sus Episodios Nacionales.

El Quijote de Miguel de Cervantes, nuestra novela más universal, tiene una magnífica adaptación televisiva de 1992, en cinco capítulos, con dos gigantes de nuestra interpretación: Fernando Rey (Alonso Quijano) y Alfredo Landa (Sancho Panza). La serie fue dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón, con un guion adaptado por Camilo José Cela. De Cervantes también tenemos en el Archivo su obra La gitanilla. Y otra serie: La ínsula de Barataria, basada en uno de los episodios de El Quijote.

El Quijote - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

En un lugar de La Mancha,...

...de cuyo nombre no quiero acordarme,...

...no ha mucho que vivía un hidalgo...

...de los de lanza en perchero,...

...adarga antigua, rocín flaco...

...y galgo corredor.

Una olla de algo más vaca que carnero,...

...guiso de carne pobre las más noches,...

...huevos con torreznos los sábados,...

...lentejas los viernes,...

...algún palomino de añadidura los domingos,...

...consumían las tres partes de su hacienda.

Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los 50 años.

Y los ratos que estaba ocioso se daba en leer...

...libros de caballería con tanta afición y gusto...

...que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza...

...y aún la administración de su hacienda.

-Han traído más libros.

¿Se va a terminar la sopa antes, eh?

Fue el rey Gradaso el primero que desafió...

...a la gente del castillo, haciendo sonar el cuerno...

...tan poderosamente que el castillo...

...tembló hasta sus cimientos.

El caballero defensor de la fortaleza...

...apareció en la puerta y montó su alado caballo.

Comenzó entonces un combate que apenas se puede imaginar.

El mago, volando en su corcel, comienza a elevarse y a elevarse.

El rey se defiende a duras penas con la espada.

Sus golpes hieren el aire,...

...pero sin rozar siquiera a su contrario.

De pronto, el caballero del alado corcel...

...quita el pañuelo y una luz cegadora,...

...como jamás se ha visto, deslumbra a Gradaso...

...con su mágico resplandor y cae al suelo,...

...como fulminado por un rayo.

Sin dejar de batir sus negras alas,...

...cargó luego el nigromante contra el otro caballero...

...y lucharon hasta que llegó la noche.

Pero el encantador que narra esta historia...

...no es otro que el pérfido conde Pinabelo de Baganza,...

...miembro de una familia de malvados,...

...a los que supera...

...en mentiras, encantamientos y perfidias.

Y así se le pasaban las noches, leyendo de claro en claro.

Y los días, de turbio en turbio.

Y del poco dormir y del mucho leer...

...se le secó el cerebro,...

...de manera que vino a perder el juicio.

Oh, amor.

¿Por qué me quejo de tus sinrazones...

...si en ti tiene más fuerza la sinrazón que la razón?

No hay razón para que tu falta de razón...

...no tenga mayor razón.

Amadís fue el solo, el primero, el único,...

...el señor de los caballeros que en su tiempo hubo.

-Palmerín de Inglaterra fue el más famoso caballero.

-Amadís, Palmerín, Belianís...

Mal año para el que diga...

...que otro caballero se igualó a Amadís, porque se engaña.

-Es cierto que Amadís de Gaula fue uno de los más famosos...

...caballeros andantes que jamás hubo,...

...pero Palmerín no le iba a la zaga.

-Ninguno se puede comparar al Caballero del Febo.

Si alguno se le compara es don Galaor,...

...que no era caballero tan melindroso ni tan llorón.

(LEE) La razón de la sinrazón que mi razón se face.

De tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo...

...de la vuestra fermosura.

-Me parece que la caballería es cosa de hazañas...

...y no de razones.

Hazañas y no razones.

Hazañas y no razones.

Hazañas y no razones.

Hazañas y no razones.

¡Fazañas!

(LEE) No se hizo esperar el mago.

Salió del castillo montado en su alado caballo...

...y se precipitó desde los aires contra su enemigo.

No llevaba lanza, espada ni maza, sino solamente,...

...colgando del brazo izquierdo, el terrible escudo...

...cubierto de seda roja y,...

...en la mano derecha, un libro abierto,...

...del que leyendo...

...hacía nacer extrañas maravillas.

Esgrimió el libro y...

-Pero ¿qué pasa aquí?

¡Qué desbarajuste!

¡No tiene edad para estos juegos! ¡Mide tus palabras,...

...que no hay historias más ciertas ni más altas empresas...!

-Y el poco dormir y el mucho leer...

Se le está secando a vuestra merced los sesos.

No hallaría yo mayor honra que hacerme caballero andante.

-Tómese la medicina de maese barbero.

Jamás tomaría yo una pócima...

...recetada por ese partidario de don Galaor.

Palmerín de Oliva.

Kyrie Eleison Montalbán.

-Tome algo de alimento, señor.

Tirante blanco.

-¿Por qué no salís a que os dé un poco el aire?

Harto aire ha de darme.

Cuando llegue a los campos de Montiel...

...y vaya deshaciendo agravios,...

...y poniéndome en ocasiones de peligro,...

...donde cobraré eterno nombre y fama.

Y si Amadís añadió a su nombre el de su patria,...

...así también voy a hacerlo yo.

-¿De qué nombre habla? ¿Cuál va a ser, mujer?

El que pienso llevar de ahora en adelante.

¡El mío!

El de Don Quijote de la Mancha.

¿Bucéfalo? (EL CABALLO RELINCHA)

¿Cisnecéfalo?

Uh... Leoncéfalo.

No, no, no, no...

¿Hipocéfalo?

Tiene que ser un hombre que sea famoso...

..y de estruendo.

Galopante.

Hipogrifo.

¡Esfingeante!

No, no... ¡No!

Tú vendrás a llamarte Rocinante.

Que es un nombre alto, sonoro y significativo.

Y que va bien al que será el primero sobre todos...

...los rocines que hay en el mundo.

Y si por mi buena suerte me encuentro por ahí...

...con algún gigante...

...o le acontece a los caballeros andantes...

...y le derribo.

O le parto el cuerpo por la mitad, le rebano la cabeza...

...y le venzo, lo rindo.

He de enviarle ante mi dama para que disponga de él...

...a su talante.

El caso es que ahora mismo no dispongo de ninguna dama.

Y así ocurrió encontrarla en el vecino lugar del Toboso.

(EL COCHINO CHILLA)

¡Altisidora!

Tobosea.

Dulcina. No, no, no.

Dulcinea.

¡Dulcinea!

Del Toboso.

¡Dulcinea de Toboso!

Dulce, músico y significativo nombre.

Señora, que los altos cielos que divinamente...

...vuestra divinidad con las estrellas os fortifican,...

...os hacen merecedora del merecimiento...

Risas. ...de vuestra generosidad merece.

Risas. ¡Eh!

Quién duda que en los venideros tiempos...

...cuando salga la luz, la verdadera historia...

...de los famosos fechos.

El sabio que los escribiere lo contará de esta manera.

Apenas sabía el rubicundo Apolo, tendido por la faz...

...de la espaciosa tierra a las doradas hebras...

...de sus hermosos cabellos,...

...y apenas la rosada aurora se mostraba por las puertas...

...y balcones del manchego horizonte,...

...cuando el famoso caballero Don Quijote de la Mancha,...

...dejando las ociosas plumas,..

...subió sobre su caballo Rocinante y comenzó a caminar...

...por el antiguo campo de Montiel.

-¡Eh!

¡Bribón!

¡Bribón, como te agarre!

Rocinante, ahí se nos pinta un castillo...

...con sus torres de reluciente plata.

¡Ánimo!

No fluyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno.

Que a la orden de caballería que profeso no atañe...

...hacerle mal a ninguno.

Y menos a tan altas doncellas como vuestras presencias muestran.

-¡Doncellas dice!

-Si lo que buscáis es posada, de todo hallara en esta venta...

...menos lecho que no lo hay.

Para mí, señor alcaide de la fortaleza,...

...cualquier cosa basta.

Que mis arreos son mis armas y mi descanso el pelear.

-Siendo así bien podéis bajar del caballo, señor caballero.

-¡Con cuidado!

(RÍE) Oh...

-Ayúdame.

¡Con cuidado!

-Enseguida.

-Eh... Ay.

-¡No hay modo de soltarlo, señoría!

Lo mismo da, puesto que no quisiera descubrirme.

Hasta que las fazañas fechas en vuestro servicio me descubran.

(TODA LA FLAUTA)

Nunca fuera caballero de damas tan bien servido,...

...como fuera Don Quijote cuando de su aldea vino.

Doncellas cuidaban de él,...

...princesas de su rocino.

¡Aaay!

Quema...

No, no, no se puede.

(TOSE) ¡Quema!

(RÍEN) ¡Ya está, señora doncella!

-¡Ay!

Lo que tengo es sed.

(RÍEN) -Os voy a dar de beber.

Gracias, señor castellano.

-Eche, eche. Ah...

¡Mi nariz! -¡Por el agujero!

¡Por el agujero! Mi nariz.

(LE DAN ARCADAS) (SE AHOGA)

(TOSE)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

No me levantaré de donde estoy...

...hasta que me concedáis un don que quiero pediros.

-Bueno, ¿y qué puede conceder mi humilde persona...

...a tan alto personaje?

El don que deseo pediros...

...es que mañana me habéis de armar caballero.

Y esta noche en el patio del castillo velaré las armas.

-Ah...

Alguien acercándose.

Si las tocas, lo pagarás con la vida.

Oh, señora mía Dulcinea, ayúdame...

...en esta primera afrenta que a tu avasallado pecho se le hace.

-Está loco.

¡Socorro, socorro que mata!

¡Ayudadme, compañeros!

-¡Toma, ladrón, hijo puta!

(HABLAN A LA VEZ)

Gente gritando.

-¡Perro rabioso, bellaco!

¡Alevosos traidores, bellacos! (GRITAN)

¡Atrás! (HABLAN A LA VEZ)

Veréis el pago que vais a llevar por vuestra sandez y demasía.

¡Atrás!

¡Canallas!

-¡Eh! ¿Qué estáis haciendo? ¿Pero qué hacéis? ¿Dónde vais?

¿Pero qué hacéis?

¡Quietos, quietos!

Dejadle, ¿no veis que es un loco?

Como está loco, librará de la justicia...

...aunque nos mate a todos.

¡Traidores!

¡Soez y baja canalla!

¡Venid! ¡Tirad a ofendedme!

-Señor, señor.

Con dos horas que veléis las armas es suficiente.

Vos lleváis cuatro.

Es hora de armaros caballero.

(LEE EN LATÍN)

¿Tenéis dinero?

¿Dineros yo?

¿Qué dineros? No traigo blanca.

Nunca leí en las historias de los caballeros andantes...

...que llevasen dinero...

...ni tuviesen que pagar por nada. -Os engañáis.

Los autores no lo escriben porque no ven necesario...

...escribir cosas tan claras.

Sus escuderos llevaban todo lo necesario.

¿Por qué no tenéis escudero? ¿Escudero?

-Llevaban dinero, camisas limpias.

¿También camisas limpias? -Sí, y otras cosas...

...como vendas y ungüentos para curarse.

Como ahijado mío, os aconsejo que no caminéis sin llevar de todo.

Os prometo, señor castellano,...

...hacer con puntualidad lo que me aconsejáis.

-¡Dios os guarde y os dé ventura en vuestras lides!

Lamentos.

-¡Ay! ¡Socorro!

Latigazos. ¡Ay!

¡Ay!

¡Socorro!

¡Ay, ah!

¡Teneos, descortés caballero!

Montad vuestro caballo y tomad vuestra lanza.

Yo os haré conocer que es de cobardes lo que hacéis.

-Es mi criado.

Todos los días, me pierde una oveja y quiere que le pague.

Por eso le castigo.

Por el sol que nos alumbra, que estoy por pasaros...

...de parte a parte con esta lanza. Pagadle ya.

-Caballero, el caso es que aquí no llevo dineros.

¡Pagadle sin más réplica y desatadle!

-Que se venga conmigo a casa y le pagaré lo que sea.

-No, por favor, que cuando me dejéis solo, me matará.

No, no lo hará, hijo.

Conque él me lo jure por la ley de caballería,...

...le dejaré ir libre.

Aseguraré tu paga.

-No, señor, mi amo no es caballero.

Es Juan Haldudo, un vecino de Quintanar.

-Vamos a casa, Andrés, que te pagaré.

Juro por todas las órdenes de caballería del mundo...

...que pagaré todo lo que debo. Y si no es así,...

...volveré a buscaros aunque os escondáis más que una lagartija.

-¡Ah! ¡Socorro! ¡No!

Gracias doy al cielo de haberme dado tan pronto...

...ocasión de ejercer mi oficio.

-¡Socorro! ¡Ah! ¡Caballero!

Oh, tú, sabio encantador, quienquiera que seas,...

...a quien toca ser el cronista de esta peregrina historia,...

...te ruego que cuentes puntualmente los agravios...

...que pienso desfacer.

Y no te olvides tampoco de mi caballo Rocinante.

¡Nadie pase de aquí!

Todo el mundo se tenga...

...si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo...

...doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha,...

...la sin par Dulcinea.

-Señor caballero, nosotros no conocemos a esa buena señora.

Si la viésemos...

...y fuese de tanta hermosura como decís,...

...de buena gana confesaremos la verdad.

Si os la mostrare, ¿qué mérito habría en confesar...

...tan notoria verdad?

El mérito está en que, sin verla, la habéis de creer,...

...confesar, afirmar, jurar... -Es un loco.

¡Y si no, conmigo sois en batalla,...

...gente descomunal y soberbia!

-Señor caballero,...

...por no cargar nuestras conciencias...

...confesando algo que pueda dañar la fama...

...de las emperatrices de la Alcarria y de Extremadura.

Os ruego, en nombre de todos estos príncipes,...

...que nos enseñéis un retrato de esa señora...

...y entonces ya diremos lo que queráis.

Aunque esté tuerta de un ojo y del otro le mane pus y azufre.

No le mana, canalla infame.

¡No le mana eso que decís!

Sino ámbar y perfume entre algodones.

Y no es tuerta ni jorobada sino más derecha que un huso.

Ahora pagaréis la gran blasfemia que has dicho...

...contra la que es dueña de mi vida.

¡Oh, mi señora Dulcinea, flor de la fermosura,...

...socorredme en esta heroica batalla!

Relinchos.

(ROCINANTE RELINCHA)

¡Estaos quietos! ¡Follones, malandrines!

¡Ya veréis cuando me levante!

¡Por Dios que os aniquilo...

...en este mismo sitio!

¿Dónde estás, señora mía, que no te duele mi mal...

...o no lo sabes, señora?

¿O eres falsa o desleal?

-Es el señor Quijano. ¿Qué hacéis aquí?

Oh, noble marqués de Mantua, mi tío y señor carnal.

-¿Qué le ha pasado a vuestra merced?

Las heridas no son muy grandes como para que se me acabe la vida,...

...señor marqués.

El valiente Abindarraez sabrá devolveros la mucha amistad...

...que usáis con el buen caballero.

Sepa, señor marqués de Mantua,...

...que por quien yo he hecho, hago y haré...

...los más famosos fechos de caballería que se hayan visto...

...es por la linda Dulcinea, señora de mi libertad.

-Que no, señor, que no soy ninguno de esos que dice vuestra merced,...

...sino Pedro Alonso, su vecino.

Y vuestra merced es el honrado señor Quijano.

¡Yo sé quien soy!

¡Y puedo ser Baldovinos y Beltenebros...

...y hasta los Doce pares de Francia!

Y a todas sus fazañas aventajarán las mías.

-Que sea enhorabuena.

-Despacio, despacio.

-Despacio.

-Cuidado.

Levantadle, levantadle.

¡No me toquéis, señor barbero! Llámese a la sabia Urganda...

...para que me cure de mis feridas. -Heridas no tiene,...

...no está más que molido.

Pero los males en la sesera ya es otro cantar.

Si estoy molido fue por culpa de mi caballo,...

...que dio una gran caída cuando luchaba con diez gigantes.

-Pues si gigantes hay en la danza,...

...a fe mía que los quemaremos antes del día de mañana.

-Diez gigantes dice. ¡Tiene la cabeza seca!

Diez o doce.

Canto del gallo.

-Eh, qué hace. ¡Atrás!

(RÍE)

(DELIRA)

¡No me toquéis!

(RÍE)

Sonido metálico.

-¡Chis!

-Tome vuestra merced, señor cura, y rocíe este aposento.

No esté algún encantador de los los libros.

-Y nos encante. -Dádmelos de uno en uno.

Quizás haya alguno que no merezca el castigo del fuego.

-No hay por qué perdonar a ninguno, todos tienen la culpa.

-Al patio, al patio, ahí se pude hacer una hoguera.

-Los cuatro libros de "Amadís de Gaula".

-Debemos condenarles al fuego sin excusa alguna.

-No, señor, que es el mejor del género de caballería.

-Está bien, se le perdona por ahora.

-"Las sergas de Esplandián", hijo legítimo de Amadís de Gaula.

-Pues en verdad que no le ha de valer al hijo la bondad del padre.

Al patio, señora ama.

-Este es el "Amadís de Grecia".

Y todos los de este lado me parecen del mismo linaje.

-Pues vayan todos al patio,...

...que por quemar, quemaría yo al padre que me engendró...

...si tuviera figura de caballero andante.

(LEE) -Don Olivante de Laura, príncipe de Macedonia,...

...que por sus admirables hazañas...

...vino a ser emperador de Constantinopla.

-Aquí está don Florismarte. Este arderá muy bien en la hoguera.

-¿Florismarte o Felixmarte? -Florismarte.

Al patio con ellos, señora ama.

-"Los doce pares de Francia". -Al patio.

-"El caballero Platín" -Acompañe a los demás.

-"Palmerín de Oliva". -Al patio.

-"Tilmaleón y Polendo", hijos del emperador Palmerín.

-Al patio.

He aquí el famoso caballero Tirante el Blanco.

Aquí está don Kyrie Eleison de Montalbán...

...y su hermano Tomás, valerosos caballeros.

Y las agudezas de la doncella placer de mi vida.

-Y "Los embustes de la viuda reposada".

-Os digo que en su estilo es el mejor libro del mundo.

Llevadlo a casa y releedlo, veréis que vale la pena.

Es "La Galatea" de un tal Miguel de Cervantes.

Lo guardo porque es amigo mío este Cervantes hace tiempo.

No es libro de caballería sino de poesía.

Ya tiene anunciada la segunda parte.

¡Don Rolando! ¡Sois don Rolando!

¿Quién os trae la fuerza de vuestros brazos?

¡Sois caballeros!

¡Angélica la bella!

¡Gente descomunal y soberbia!

Por cierto, señor arzobispo Turpín,...

...que es una lástima que los doce pares nos dejemos arrebatar...

...la victoria en este torneo.

-¡Cálmese, vuestra merced, y cuide su salud!

Ni me parece que ha de andar cansado y malferido.

¡Ferido no, pero molido y quebrantado...

...porque ese bastardo de don Orlando me ha molido...

...con el tronco de una encina!

Mas no sería yo Reinaldos de Montalbán...

...si en levantándome de esta cama, no me he de vengar.

Y ahora tráiganme de comer...

que tengo mucha hambre.

(BALBUCEA)

Ay... ay...

¡Ah!

¿Dónde está mi aposento? -¿Qué aposento?

¿Qué aposento va a ser?

El de mis libros.

-En esta casa ya no hay libros ni aposentos ni nada.

Todo se lo llevó el diablo. -No fue el diablo...

...sino un encantador que vino sobre una nube...

...y se apeó de una serpiente en la que venía montado.

Entró en el aposento y salió volando por el tejado.

Y dejó la casa llena de humo.

Y cuando acudimos a mirar no había ni libros...

...ni aposento.

Se marchó yendo grandes voces diciendo...

...que era el sabio Muñatón.

¿Muñatón? ¿Cómo Muñatón?

¿Cómo Muñatón? ¿Será Frestón?

¡Frestón! ¡Era Frestón, mi enemigo!

¡El mago Frestón!

¡Juro un día tomar venganza cumplida!

¡Frestón!

Ladridos.

Y fue costumbre muy usada, los antiguos caballeros dar...

...a sus escuderos una ínsula o una isla...

Para que la gobernaran.

Bien podría ser que antes de cinco o seis días...

...conquistase un reino o dos.

Y tengo determinado hacerte rey del alguno.

O sea, que si yo fuera rey por algún milagro...

...mi parienta vendría a ser reina.

Y mis hijos infantes.

¿Quién lo duda? Yo lo dudo.

Porque mi Teresa no vale dos maravedíes para reina.

Condesa le caería mejor.

Y eso con mucha ayuda de Dios.

Pero no te apoques tanto, Sancho.

Que no debes contentarte con menos de ser gobernador.

TERESA SUSPIRA)

-Te crees todo lo que te dice el señor Quijano.

Cuando te habla de riquezas y de ínsulas.

Pero si ni siquiera sabemos lo que es una ínsula.

Yo sé lo que sé.

-Pues cuéntamelo... para que yo también lo sepa.

No se hizo la miel para la boca del asno.

Risas.

¡Mira, Sancho, contempla lo que tenemos ahí delante!

La fortuna va guiando nuestras cosas...

...mejor aún de lo que deseamos. Porque ves allí, amigo,...

...más de 30 desaforados gigantes.

Ahora mismo pienso entrar en batalla con ellos.

Hay que quitarles las vidas para enriquecernos...

...con sus despojos...

...y arrebatarle sus reinos si es que poseen alguno.

Muy bien, señor, muy bien.

¿Y a qué gigantes se refiere? ¿Eh?

A aquellos que ves allí. ¿Allí?

A aquellos cuya soberbia es mayor aún que su estatura...

...y que agitan los cielos levantando una tempestad de viento.

¡Aunque mováis más de 100 brazos, os rendiré mi espada!

Mira, tan largos tienen los brazos.

Algunos los tienen de más de dos leguas.

Esta es buena batalla, Sancho.

Gran servicio a Dios...

...es quitar la mala simiente de la faz de la tierra.

¡Bruciferno!

¡Carmadón!

¡Nabor, el bello!

¡Taliagán!

¡Carnurón el malo!

¡Anfeón!

¡Carpatracio!

¡Bronastor el orgulloso!

¡Señor!

No son gigantes y lo que parecen brazos, son las aspas. ¡Señor!

Calla, Sancho.

Prepara a Rocinante.

Apresúrate, amigo.

Señor, son molinos.

Si tienes miedo, quédate y ponte en oración.

No es miedo, señor. Verá...

Lo que yo digo... Yo voy a entrar con ellos...

...en fiera y desigual batalla.

Preste atención vuestra merced.

Con todos mis respetos.

Son sólo molinos que mueve el viento.

Son molinos.

Son gigantes.

Socorredme, señora mía Dulcinea.

¡Non fuyades, cobardes y viles criaturas,...

...que un solo caballero es el que os acomete.

¡Aaaah!

Señor...

Señor, ya le dije que mirase bien lo que hacía,...

...pero vuestra merced no quiso escucharme.

Levántese. Levántese.

Calla, Sancho, calla.

¿Sabes lo que pienso?

¿Qué? Que el malvado Frestón...

...ha intervenido en esto.

¡Quedas avisado, Frestón!

De nada han de valer tus malas artes...

...contra la bondad de mi espada.

Póngase derecho, señor, que va de mala manera.

Estará vuestra merced molido de la caída.

Si no me quejo, Sancho, es porque los caballeros andantes...

...no deben quejarse por ferida alguna,...

...aunque se le salgan las tripas por ellas.

Pues yo pienso quejarme del más pequeño dolor que tenga.

A no ser que vaya también con los escuderos el no quejarse.

(RÍE) ¡Oh!

Puedes quejarte como y cuando quieras, amigo Sancho.

No he leído cosa en contrario en las reglas de la orden...

...de los caballeros andantes.

¡Ah!

¿Y del hambre puedo quejarme?

Mire, señor, que ya ha pasado la hora de comer.

Come cuanto te apetece, amigo Sancho,...

...que a mí todavía no se me hace menester.

¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Iah!

Aquí podremos, amigo Sancho, meter las manos hasta los codos...

...en eso que llamamos aventuras.

Aunque me veas en los mayores peligros, no has de ayudarme.

Sólo si mis ofensores son canalla y gente baja, puedes hacerlo.

Si fueran caballeros,...

...de ninguna manera te es lícito ayudarme.

Vuestra merced será bien obedecido.

Descuidad, por eso no os preocupéis.

No soy pendenciero y no pienso meterme...

...con caballeros, y menos si van armados.

Está bien.

¡Oh!

O yo me engaño o esta ha de ser la más famosa aventura...

...que jamás se haya visto.

¿Ves aquellos hombres de negro que vienen sobre dromedarios?

Pues deben ser unos encantadores.

Aunque parecen frailes.

Ya verás como llevan raptada a una hermosa princesa.

Como que son frailes.

Y de San Benito, señor.

Y detrás, el coche de unos viajeros.

Menester se face desfacer este entuerto.

Mire bien lo que hace, señor, no sea que el diablo le engañe.

Lo que yo digo es verdad, Sancho, y ahora lo verás.

Dejad, señores, libres a las altas princesas...

...que lleváis a la fuerza.

Os lo pide cortésmente este enamorado caballero.

¡Gente endiablada y soberbia,...

...haced lo que se os manda...

...o si no, preparaos para recibir la muerte!

-Nosotros no somos ni endiablados ni descomunales.

-Como muy bien podéis ver, somos sólo dos frailes.

Para conmigo no hay palabras blandas.

¡Que yo os conozco, canallas!

Ahora lo veréis. Vamos, Rocinante.

(LOS CABALLOS RELINCHAN)

Vuestra fermosura, señora mía,...

...ya puede hacer lo que mejor quisiere,...

...porque la soberbia de vuestros raptores...

...yace derribada por el fuerte brazo...

...de este caballero andante.

-Oye, caballero que mal andas,...

...si no dejas coche ahora mismo, así te mato, como estoy vizcaíno.

Si fueras caballero, que no lo eres,...

...ya hubiere yo castigado tu sandez.

-¿Yo no caballero?

Oye, yo vizcaíno y caballero y mientes si dices lo contrario.

Oh, señora de mi alma, Dulcinea,...

...flor de la fermosura,...

...socorred a este, vuestro caballero,...

...que en tan riguroso trance se halla.

-¡Vamos, señores, detenedlos!

¡Haced el favor de detener esta lucha!

¡No dejéis que se maten! ¡Sujetadle!

-¡Aparta! Si batalla no me dejan acabar,...

...a todos y a señora mato.

¡Aaaaaaah!

(AMBOS GRITAN)

Y aquí, de pronto, se interrumpe la historia,...

...justo en el momento en que el vizcaíno y don Quijote...

...levantan furibundos sus espadas para asestarse...

...un tan tremendo tajo... Bueno, que de haberlo logrado,...

...se habrían partido en dos el uno al otro.

No podía resignarme a la idea de que la historia quedara así,...

...truncada, y que tan noble caballero...

...no hubiese de encontrar algún sabio...

...que terminara de contar sus hazañas.

Hasta que un buen día...

¿Dónde encontraré alguien que sea capaz...

...de leerme esto en castellano?

-Sí, ahí dentro está.

¿Podríais traducirme al castellano...

...lo que está escrito en ese papel?

(RÍE)

¿De qué reís? (RÍE) De esa Dulcinea.

¿Habla ahí de... Dulcinea del Toboso?

-Ah. Así que conocéis la historia del caballero Don Quijote...

...y la bella Dulcinea.

¿Y qué dice?

-Aquí dice...

Esta sin par Dulcinea del Toboso...

...dicen que tuvo...

...la mejor mano de toda La Mancha...

...para salar puercos.

"Historia de Don Quijote de La Mancha".

Escrita por Cide Hamete Benengeli,...

...escritor...

...árabe.

(NARRA) Y sin que el sedero parara mientes en ello,...

...conseguí los papeles del saco.

Así pude continuar con la historia de Dulcinea,...

...de Sancho y todos los demás y completar el episodio...

...de Don Quijote y el valeroso vizcaíno,...

...a quienes dejamos con las espadas puestas en alto,...

...que no parecía sino que estaban amenazando...

...al cielo, a la tierra y al abismo.

-¡Aaaaaah!

¡Aaaah!

¡La rendición o la vida!

-¡Señor! ¡Señor! ¡Valeroso caballero!

Perdonadle la vida, por favor. Sólo es un escudero...

...de poca importancia. ¿Un escudero?

-Sí, que nos acompaña en este viaje.

¡Victoria! ¡Victoria!

¡Victoria!

-¿Qué estáis haciendo? Pues buscar lo que es mío.

-¡Salteadores, tú y tu amo! No, no lo dejo.

Es lo que me toca en las batallas que gane mi señor.

-¿Qué batalla? ¿Qué batalla? ¡Ladrón!

¡Pero...! ¡Ay, ay, ay, ay!

¡Por favor, dejadme! ¡Ay, ay!

¡Ay!

Y en pago a la libertad que habéis recibido...

...no quiero otra cosa sino que vayáis al Toboso,...

...os presentéis a la fermosa Dulcinea y le digáis...

...lo que por vuestra libertad he fecho.

-¡Arre!

¡Arre, arre!

Alguien arrea a los caballos.

Sea vuestra merced servido, señor Don Quijote.

Y, ahora, deme el gobierno de la ínsula que hemos ganado...

...en esta rigurosa batalla.

Ha sido una gran victoria.

Porque hemos ganado, ¿verdad?

Sí, Sancho. Ah.

Pues la ínsula, señor, que yo me siento con fuerzas...

...para gobernarla por muy grande que sea.

Estas aventuras, hermano Sancho, no son de ínsulas,...

...sino de encrucijadas,...

...y lo único que se saca es la cabeza rota.

El Quijote - Capítulo 1 - ver ahora

De Juan Valera es Pepita Jiménez, novela psicológica en torno a la relación entre un seminarista y una joven viuda. En la serie de 1978 actúan Tina Sáinz, Jaime Blanch, Luis Prendes, Manuel Tejada y Blanca Sendino, entre otros. También puedes ver en RTVE a la carta otra obra de Valera: Juanita la Larga.

Pepita Jiménez - Capítulo 1

De Vicente Blasco Ibáñez destacamos Cañas y barrouna dura historia de pobladores de la Albufera valenciana de comienzos del siglo XX. Alfredo Mayo, Manuel Tejada, Luis Suárez, José Bódalo, Victoria Vera, Ana Marzoa y María Jesús Lara son los protagonistas principales de esta producción de 1978. De Blasco Ibáñez disponemos asimismo de La barraca y las miniseries Entre naranjos y Arroz y tartana.

La obra cumbre de Leopoldo Alas Clarín es La Regenta, tejida en torno a un adulterio en una ciudad provinciana sumida en la incuria y la vulgaridad. Aitana Sánchez-Gijón, Carmelo Gómez y Juan Luis Galiardo son los protagonistas principales de esta miniserie de 1995 en tres capítulos.

La Regenta - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

La heroica ciudad dormía la siesta. Vetusta, la noble ciudad,...

...corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido,...

...y descansaba oyendo el familiar zumbido de la campana,...

...que retumbaba en lo alto de la torre de la Santa Basílica.

¡Anita!

En cuanto coges un libro se te va el santo al cielo.

Visita ya está aquí.

Llevo un día... No he parado desde que salí esta mañana a las ocho.

No tengo ni idea de cómo se las habrá arreglado Cuervo y los niños.

Pero, venga, mujer, que se nos hace tarde.

Con un libro en sus manos está en la gloria.

¿Habrás avisado a Don Fermín de que quieres confesar?

No sabía que debía hacerlo. Pues con lo solicitado que está...

..no sé yo si lo vas a encontrar. No va a estar sentado toda...

..la tarde en el confesionario por si se te ocurre aparecer.

¿Tú crees? A lo mejor Don Cayetano le ha dicho algo.

¡La infalibilidad! Un desafío formidable de la fe, rodeada por...

..la incredulidad de un siglo que se ríe. Es como estar en el circo.

¡Mejor! Así debe ser: Una aventura teológica parecida a las de...

..Alejandro Magno en la guerra y las de Colón en el mar.

Muy bien, hijo. Ese es el Fermo que a mí me gusta.

Madre, no he terminado. Termina, hijo.

El suceso tan esperado por el mundo católico, la definición del dogma...

..de la infalibilidad pontificia, llegó por fin el 18 de julio de 1870

Y confirmase así la doctrina del IV Concilio de Constantinopla.

Y se declara y define que el Romano Pontífice, goza plenamente,

de aquella infalibilidad de que el Divino Redentor ha querido proveer..

..a su Iglesia. Perfecto, ahora tengo que subirme.

No vuelvas tarde a cenar, que ya sabes que a mí se me pasa la hora.

Descuida, madre.

Teresina,¿quieres prepararme la sotana nueva? Voy a salir.

Sí, señorito.

¡Creí que no llegaría nunca! Buenas tardes, Obdulia.

¡Me tiene usted tan olvidada!

¿Cuándo va a tener la amabilidad de escucharme en confesión?...

No se haga usted de rogar. No me hago de rogar, señora.

Un día de éstos le mandaré recado. De todos modos le sugiero que...

..si tiene usted prisa, puede confesar con Don Custodio.

El la recibirá encantado. Si se da prisa, quizás lo alcance.

Acabo de verle salir de su confesionario.

No es lo mismo, Don Fermín.

El sacramento surte los mismos efectos, sea quien sea el confesor.

Deprisa, Celedonio.

Parece que hemos tenido faldas por aquí. Y si mi olfato no falla,

aseguraría que una viudita hermosa, es la que ha perfumado la sacristía.

Y me temo que iba muy ceñida...

Obdulia y yo somos grandes amigos. No cree en el sexto mandamiento.

Se hace tarde para el coro de Don Cayetano.

¡Vayan! No me esperen que quiero hablar con Don Fermín.

Noticias frescas, Don Restituto. Ahora le cuento.

¿Sabe usted quién estaba esperando a Don Fermín para confesarse?...

La Regenta en persona.

Ya he visto que el Arcipreste anda con secretitos con su Magistral.

Y mientras tanto, los demás aquí, de plantón.

Este Don Cayetano chochea. Está cansado de cargar con...

..los pecados de las señoras más conocidas de Vetusta, y se...

..las va dejando de herencia a su discípulo predilecto.

¡Y ahora le ha tocado a la Regenta!

Puede ser... o a lo mejor la iniciativa ha sido de la Regenta,

que ante la renuncia de Don Cayetano, ha elegido al Magistral.

Anita, es una mujer muy complicada, quiere traer a la religión...

..el romanticismo. Y aunque nadie lo sospecha en Vetusta...

..es una mujer desgraciada... Habrá usted oído hablar...

..de su padre, Don Carlos Ozores. Sí, algo he oído.

Don Carlos abandonó el ejército por la física y las matemáticas...

y por los muchos amoríos, hasta que se casó con una modista italiana,

que murió al dar a luz a Anita. Al morir su mujer, Don Carlos...

..contrató a una niñera para que educara a Anita, que por lo...

..que me contó debía ser una bruja. Cuando murió su padre, Anita...

..enfermó de repente y sus tías la trajeron a Vetusta.

Y la casaron con Don Víctor, que podía ser su padre...

O su abuelo. Anita tenía idea de ingresar en un convento.

¡Que barbaridad! Y la hice desistir. Quintanar era paisano mío y...

..acababa de llegar a la ciudad como Magistrado.

Como era amable, educado y con buena planta le cayó bien enseguida.

En fin, usted verá, Don Fermín: La Regenta no es un señora...

..como éstas de por aquí. Tiene mucho tesón, aunque no lo parezca.

Se somete a todo, pero por dentro siempre protesta.

Don Víctor es como Dios le hizo. Y como no hemos de buscarle...

..un amante para que se desahogue con él, lo mejor será...

..que ustedes se entiendan.

¿Esperan ustedes al señor Magistral?

Sí. Ya hace un buen rato. Queremos confesar:

Hoy no puede ser.

¿No te lo había dicho yo? Tienes razón.Ha sido una imprudencia

Anda, vamos a dar un paseo al Espolón.

¿Quiénes eran? Doña Visita y la señora Regenta.

¿La Regenta? Pero, hombre de Dios, ¡vamos, corra!

No, señor. Ya se han ido. Les dije que hoy no confesaba...

..el Sr. Magistral; y Doña Visita, que ya quería irse antes, cogió...

..a Doña Ana del brazo y se la llevó. Llevaban esperando 1 hora.

¿Qué pensará ese ángel de bondad? ¿Dijeron algo?

Doña Ana callaba. Doña Visita estaba incómoda por algo que...

..ya le había dicho ella a la señora Regenta. Creo que fueron...

..al paseo, porque Doña Visita dijo no sé qué del Espolón.

¡Al Espolón! Pero, Don Cayetano...

Nada, nada. Anita es una gran mujer que no merece un feo.

Pero si no fue un desaire... Yo nada sabía.

Desaire o no, yo quiero dar una explicación a mi querida amiga...

¡Al Espolón!

¡Santas y buena, señoras! Qué buen tiempo.

Cómo esto siga así, este año el invierno no llegará a Vetusta.

Bueno, Visita... Aquí tiene usted al señor Magistral y a la señora...

..Regenta, que a partir de ahora van a tener que ponerse de acuerdo...

..en muchas cosas. Yo me lavo las manos.

Precisamente Ana y yo estuvimos esta tarde en la Catedral...

..con tan mala fortuna que no conseguimos verle.

De haberlo sabido, la hubiera atendido con sumo gusto.

En cuanto nos enteramos, venimos en su busca. Ya le he hablado a...

..Don Fermín del gran interés que tengo por ti.

Le quedo muy agradecida.

Usted dirá cuándo le conviene. Mañana mismo, después del Coro,

la espero en mi capilla. Me permito sugerir a usted que, al cambiar...

..de confesor, es muy conveniente hacer confesión general.

"Si comió carne..."

"los parajes por dónde anduvo..."

¡Qué vida tan estúpida! "Los parajes por dónde anduve..."

¿Tienes frío? Ya no.

¿Tienes miedo? Yo no soy miedosa.

Hacemos como que éramos marido y mujer.

Sí, y yo era una madre. Yo no tengo... vivo con una señora,

que se llama unas veces Aya y otras Doña Camila...

¿Y tampoco tienes padre?

Está matando moros en el extranjero. Pero me quiere mucho y me manda...

..vestidos, el dinero y todo eso. Oye ¿cómo son las madres?

Dan muchos besos. ¿Y también cantan?

Sí, pero yo ya soy mayor para que me canten.

¿Dormiste o no con ese truhán?

Sí, dormimos juntos..., pero fue sin querer.

Solo queríamos ver la luna y contarnos cuentos.

¡Qué escándalo! ¡De tal palo, tal astilla!

Estás en pecado mortal y ahora mismo vas a ir a confesarte.

Mañana escribiré a tu padre contándole lo que tú eres...

Y a tus tías... Sí, también a tus tías para que todos en Vetusta...

..sepan cómo ha salido la niña.

Pero si no hicimos nada.

Más vale que te calles, que ya hemos tenido suficiente por hoy,

¡Toda la noche buscando a la señorita!

Y prepárate, porque en octubre vas a ir interna a un colegio.

¡Petra!

¡Petra!

La señora está llamando. Algo pasa.

Ya, ya. Otra vez el ataque...

¡Ana! ¿Qué pasa? ¿Qué tienes?

¡Ay, el ataque de siempre!

No veo...

Me estallan chispas en los párpados y en la cabeza;

mira, tengo las manos frías y pesadas, como si no fueran mías:

Voy a traer la tila, señora.

Acércate...

Siéntate aquí y háblame.

¿Ves? Ya lloras; buena señal.

La tormenta de nervios se deshace en agua. El ataque ha acabado.

Sí, ya me siento mejor.

Ay, Quintanar...

Me siento tan sola...

Te quiero mucho... te necesito. Eres la madre que no he tenido.

Bueno, tranquilidad. Y no te alteres...

Gracias, Petra.

Eres tan bueno...

Bueno..., me voy a retirar. No resisto al sueño...

¿No quisieras un hijo? ¡Sí!

¡Siempre juntos! ¿Verdad?

Pues claro... Es que te quiero mucho.

Ya lo sé; y yo a ti... Pero, ahora debes dormir.

Tienes razón... Voy a dormir.

Buenas noches.

¿Sí? ¿Está peor la señora? No, no, no es eso, hija. Es que...

quiero que me llames cuando oigas ladrar, ya sabes, Don Tomás...

Y que la señora no se entere, que no le gusta que me vaya temprano.

Sí, señor. En cuanto ladre Don Tomás...

ELLA SE PONE A LADRAR.

iré a llamarle. ¿No hay más?

No... y acuéstate, que estás muy a la ligera y hace mucho frío.

SE PONE A LADRAR.

¡Qué nochecita! ¿No ha dormido bien?

Anita se puso mala, con el ataque. Pero lo peor vino después.

Una vez superado el mal momento, no conseguía que se durmiera.

¡Si supiera que su esposo la engaña y sale de casa 2 horas antes...

..de lo que ella piensa!

Cuando me metí en la cama no podía dormir y leí unas páginas

de Calderón:"El médico de su honra". La honra, ¡qué buen tema!

¿Sabe usted lo que le digo? Que si mi mujer fuese capaz de caer...

..en liviandad digna de castigo, la mataría.

Aunque yo tengo mi teoría sobre el adulterio:lo mejor sería celebrar...

..el matrimonio "in artículo mortis" es decir, el último día de vida.

No acabo de cogerlo. Es muy sencillo:

Al morir uno de los dos esposos, la Iglesia y el Estado, previa...

..declaración de las partes, podrían sentenciar con conocimiento

de causa: "esto fue un matrimonio". Todo lo demás es prejuzgar.

Tiene su sentido...

Claro. Eso evitaría de raíz el adulterio.

Pero en el caso de ustedes dos no existe la más remota posibilidad...

..de que se dé ese supuesto. Yo sé el respeto y admiración que...

..inspira Anita.En Vetusta decir la Regenta es decir la perfecta casada.

Ya sé que es un absurdo, pero yo la mataría.

Eso está bien para las comedias, pero en el mundo real un marido...

..debe perseguir al seductor ante los tribunales y la mujer...

..debe ir a un convento.

Eso sí que es un absurdo. Llegado el caso, mis atrocidades...

serían dignas de poner en versos de Calderón.

EL MAGISTRAL DA UN GOLPE.

¡Voy señorito!

¿Qué quería el señorito? Yo... no te he llamado.

Juraría haber oído... No. ¿Qué hora es?

Las ocho y diez. ¿Y mi madre?

Duerme todavía. Subió anoche tarde de la tienda, por las cuentas.

Está bien. Tráeme el desayuno.

¿Tengo misa esta mañana?

No. Si no fuera por mí no sé lo que iba a hacer.

TERESINA SE PONE A CANTAR.

CONTINUA CANTANDO.

¿Le molesta?

Sí, vuelve luego, ya lo recogerás cuando yo no esté.

¡Está ya tan lejos todo aquello! Fuiste mi primer amor... serio.

El primero que me hizo escaparme de casa... ¡Cómo se puso mi padre!

Sí, pero luego te casaste con Cuervo.Lo preferiste a mí.

No digas mentiras. Tú sí que has caído esta vez.

No sé a qué te refieres.

Basta con ver esa mirada lánguida.

Antes de que continúes debo advertirte que te equivocas.

Pero te diré una cosa: no va a ser una conquista fácil. Ya sabes...

..lo que dicen: "La Regenta es inexpugnable"...

aunque vete tú a saber... una mujer casada peca menos que una soltera

cometiendo una falta, porque al fin y al cabo,la casada no se compromete

Lo sé por propia experiencia, y me cuesta aceptar que ella, por muy...

..Regenta que sea... pueda resistir al amor de Alvaro Mesía.

Querida, es un capricho...

Ella es hermosa; te lo juro.

Eso salta a la vista.

No está todo a la vista. Si la vieras cuando le da un ataque.

¡Cómo salta sobre la cama! ¡Cómo se ríe!

Tiene los ojos llenos de lágrimas, y quejas en su garganta...

¡Da unos abrazos a las almohadas! Cualquiera diría que son...

..pesadillas de amor.

-Te costará mucho trabajo. -Puede que no tanto.

-Ya tragó el anzuelo. -¿Tú crees?

-Mucho tiempo llevas pensándolo. -¿Y quién te lo ha dicho?

-Estos. -Y lo de ella, ¿cómo lo sabes?

¡Curioso! ¡El que no estaba enamorado...!

¡Bah!...¿Enamorado? Pero es natural que quiera saber...

..cómo está ella... para echar mis cuentas.

Mira, si le hablan de ti, palidece o se pone roja como un tomate.

Yo la observo... por curiosidad, claro. Porque a mí...

¿Pero tú no eres su mejor amiga?

No tiene más intimidades que las de dentro de su cabeza. A no ser...

..que ahora se lo cuente todo al Magistral...

Pero está enamorada, no te quepa duda.

Por las noches cuando me acuesto, siento una voluptuosidad...

..pecaminosa, y confieso que me gusta abandonarme a ella. En ese...

..momento tengo malos pensamientos. Hija mía, de sus pecados...

..no podemos hablar todavía. Primero necesito conocer a la mujer.

¿Por dónde debo empezar? Sus recuerdos...

Me quedé sin madre al nacer. Siempre he querido tener una madre,

y ser madre también. A los 10 años me escapé de casa y pasé toda...

..la noche con otro niño en una barca. Ese recuerdo no me...

..ha abandonado nunca. Nunca supe si pequé entonces.

Es su acusada sensibilidad la que provoca esa culpabilidad.

Solo fue un inocente juego de niños.

Dí por cierto que eso era el pecado y acepté ciegamente la conducta...

..que me impusieron, sin discutirla. Probablemente debo acusarme...

..de soberbia.

¿Qué hay? ¿Ha venido esa dama?

¡Una hora! Confesión general...

¡Qué barbaridad!

Rezar era mi único consuelo...

Pero eso me ponía nerviosa y, a veces, me daba un fuerte dolor...

..de cabeza y me hacía llorar. Ni aquellos anhelos de usted,

buscando a Dios antes de conocerle, eran pura piedad.

Veamos, si usted se encuentra una pepita de oro que no vale...

..una peseta, ¿se creerá millonaria? Eso sería absurdo. Pero por eso,

¿va a tirar usted la pepita?

Pero siga.

Esa sensación de melanconlía ha vuelto a menudo. Sobre todo...

..después de la muerte de mi padre, cuando me di cuenta de que...

..estaba sola en el mundo. Entonces vine a Vetusta, pero mis tías...

..me observaban como a un bicho raro Una tarde les oí que decían que...

..un marinero había abusado de mi inocencia siendo yo pequeña, y...

..que tal vez fuese como mi madre. Entonces decidí que tenía que...

..salir de aquella casa. Apareció Quintanar y me casé.

Ya pasa de hora y media... Le contará los pecados de sus abuelos.

Aunque no parezca una confesión, ¿me da usted su absolución?

Le he hablado con palabras que nunca había usado,pero quedan tantas

Hija mía: esa historia merece que yo medite mucho. Su alma es noble,

pero usted está enferma. El alma tiene su terapéutica y su higiene.

Al confesor es preciso considerarle como un padre espiritual, con quien

uno se desahoga y las esperanzas se afirman y las dudas se desvanecen.

Si todo esto no lo ordenase nuestra religión, lo haría el sentido común.

La Religión es toda razón, la salvación es un negocio,

el gran negocio de la vida.

EL MAGISTRAL LE DA LA ABSOLUCIÓN.

Amén.

Ayer vi al Magistral y a la Regenta hablar en el Espolón.

Cierto. De Pas iba con el Arcipreste, y la Regenta con Visita.

Es más, el Magistral se puso rojo.

Pues yo sé más. El Arcipreste ha pedido a Anita que cambie...

..de confesor, porque... Mesía le pone varas a la Regenta.

¡Esto es demasiado! Se puede hablar sin fundamento, pero no tanto.

Vaya por el Magistral y el secreto de confesión, pero la Regenta...

Es usted un imprudente.

No he dicho que la Regenta tome varas, sino que Álvaro quiere...

..ponérselas, lo cual es distinto.

-¡Hombre! ¡La Regenta es mucho...! -Reconocerán que Álvaro también...

..es mucho hombre, y muy entendido en eso que llaman Economía Política.

¡Tonterías! En lo referente a la decencia de esa señora,

pongo la mano en el fuego. Yo soy muy inglés y no consiento...

Pues yo, estoy seguro. Algo hay entre Mesía y la Regenta. Me lo...

..ha dicho el Marquesito que es íntimo de Mesía.

Petra, vamos a dar un paseo al campo. No tengo ganas de ir a casa.

Como usted quiera, señora. ¡Vamos!

Buenas tardes, Doña Paula. Al grano, Campillo.

No, si no es importante... Venga, Campillo, que estoy...

..muy ocupada y no tengo tiempo para circunloquios.

Esta tarde su señor hijo confesó a la Regenta.

Eso ya lo sabía.

Es que también estaban por allí el Señor Arcediano y Don Custodio...

La confesión duró 2 horas y media. Oí al Arcediano que esta noche...

..iba a ir a la tertulia de Visitación, y por si acaso...

Lo que faltaba... ¡Otra vez está aquí la Brigadiera!

Decía usted... No,nada,cosas mías.Usted ha cumplido

¡Teresina! Abrele la puerta de la tienda. Y mira que no pase nadie.

Miente usted. No le creo, y ese señor por muy Presidente del...

..Partido Liberal que sea, ya puede desistir con la Regenta.

Si no quiere creerlo, manténgase en la ignorancia.

¡Y lo mantengo! ¿Me ha oído?

Y eso, vaya a decírselo a Mesía.

No parece sino que don Alvarito se come los niños crudos y que...

..todas las mujeres se le abren de piernas. Y además... ya está viejo.

Quizás de joven,no digo que no haya tenido alguna aventurilla, pero...

..de ahí a creer todo lo que por ahí se cuenta hay un abismo.

Ahí viene nuestro presidente, dígaselo a la cara.

-Don Álvaro. -Hola.

-Buenas tardes. -Buenas tardes a todos.

¡Cuánto bueno, Don Álvaro! ¡Hola Paquito!

Siga usted, Ronzal. Ya verá como Don Álvaro le da la razón.

Hoy por hoy,la moralidad de nuestras familias es el mejor escudo.

Vamos, que en estos tiempos de moralidad...

En Vetusta la vida no tiene atracción por el vicio. No digo...

..que todo sea virtud, pero faltan las ocasiones. Y la sana...

..influencia del clero hace mucho. El Obispo es un santo...

el Magistral... también.

¡Hombre, el Magistral... No me venga usted a mí con cuentos!

Probablemente el Magistral no sea un místico pero tampoco un solicitante.

¿Qué es eso de solicitante?

Que se aprovecha de la confesión para tirarle los tejos...

..a las penitentes... -¡La duda ofende!

¡Qué va a ser un solicitante el Magistral!

El verdadero pecado del Magistral es la avaricia y la ambición.

Por lo demás es un sabio y un gran orador, mejor que el Obispo.

Don Fermín no es un santo, pero no hay que hacer caso de lo de Obdulia

ni Visitación con él. ¡Si lo sabré yo!

Señores, esto es escandaloso. El señor Magistral es una persona...

..muy digna. ¡Y hago la cuestión personal!

Díjolo Blas... El Magistral tiene embobado al Obispo, metido...

..en un puño al Clero; se ha hecho millonario en los años que lleva...

..como Provisor. Y en cuanto al confesionario nada quiero decir...

..porque más vale no hablar. En fin, que no hay por donde cogerlo.

El día que haya un gobierno liberal, saldrá con la sotana...

..entre las piernas. He dicho. -Hay notable exageración en...

..todo lo que usted ha dicho. -Es voz popular.

Petra, ¿por qué no te vas a dar una vuelta? Quiero estar sola.

Como mande la señora.

La virtud empieza por un esfuerzo ligero, y al día siguiente,

ese esfuerzo es menos costoso, y su eficacia mayor...

..por la velocidad adquirida, por la inercia del bien.

Esto es mecánico. Y después, cuando ya no se teme a la tentación,

se encuentran edificantes cosas que antes eran peligrosas.

El que llega a cierto grado de fortaleza, la presencia del mal...

..le edifica a su modo, por el contraste.

¡Déjame!

La señora está sola y ni siquiera le he dicho que venía a verte.

Pero bueno...¡qué mujer más rara!

¡Siempre tan fría, que parece que desconfía de todo!

¿Y tu señor?

¿Ese? Es un alma cándida. Algo tiene de viejo verde,

porque lanza unas miradas... Pero de ahí no pasa. Cuando me...

..quiere decir un piropo, le da tantas vueltas, que una se pierde.

La rara es ella. Muy callada. O no tiene nada que tapar o lo tapa...

..muy bien. Creo que está muy aburrida. Ahora le ha dado...

..por la iglesia. Una hora la he esperado en la puerta de la Catedral

con la carita toda ilusionada ha salido de confesar.

¡Petra!

¡Petra!

¿Por qué has tardado tanto? Ya se está haciendo de noche.

Como vi que la señora estaba ensimismada, aproveché para ir...

..a ver a mi primo Antonio al molino, que está aquí cerca.

Algo tienes tú con tu primo...

Es muy guapo y dice que está enamorado de mí, tal vez me case...

..con él, pero más adelante. Yo no quiero llegar sola a la vejez.

¡Pero si eres casi una niña! Sí señora.

Vamos, que es tarde.

En cuanto resolvamos este pequeño problema técnico, difícil se les...

..va a poner a los zorros entrar en los gallineros.

Ya está resuelto Quintanar. Permítame.

Colocado así, el hocico del animal deberá tocar en esta zona e...

..inmediatamente su cabeza quedará aprisionada entre el cogote...

..y la quijada inferior. Y así queda atrapado pero no muere.

Así lo cogemos sin que haya sangre.

Esta máquina será para corregir, quiere la enmienda del culpable,

pero no su destrucción. Los zorros que cacemos sobrevivirán.

Buenas noches, Ana.

Hola Anita.Nosotros te esperábamos esta tarde en mi casa.

No hemos salido de casa hasta hace un rato.

Nos permitirán al menos que las acompañemos...

Debe aburrirse mucho en Vetusta. Sí, a veces... ¡Llueve tanto!

Y aunque no llueva, usted no va a ninguna parte.

Será que usted no se fija en mí. Salgo bastante.

Señora, usted dondequiera que esté debe llamar la atención...

..aun del más distraído. Estuve confesando esta tarde.

Lo sé. Con el Magistral. ¿Y cómo lo sabe usted,

si quiere decírmelo? Me lo ha contado su amiga Visitación

¿Y sabe lo que le contesté? Que no entendía qué falta le hacía a usted

confesar... No hay demonio capaz de tentar a La Regenta.

¿Y por qué se le ha antojado al espantajo de Don Cayetano...

..encajarte ahora esa herencia?

¿Qué herencia?

Esa señora, La Regenta, que por lo visto se ha creído que mi hijo...

..no tiene más que hacer que hablar con ella.

Estuviste dos horas en el confesionario. ¡Dos horas!

Madre, es usted injusta.

Fermo, yo sé lo que me digo. Tú eres demasiado bueno.

Te endiosas y ni oyes, ni ves, ni entiendes.

Deja, ya sirvo yo.

¡Teresina!

Dígame señora.

Poco has tardado... Anda, sirve tú, yo no tengo ganas.

Ahora puedes retirarte y acostarte, si quieres.

Ya recogeré yo. Pero estáte atenta por la noche,

por si el señorito necesita alguna cosa.

Sí, señora. Buenas noches.

Sabrás que Glócester y Don Custodio estarán ahora haciendo comidilla...

..de la confesión de la otra; que si ha durado 2 horas, qué, qué...

..pueden hablar en 2 horas... Mañana lo comentará toda Vetusta.

Ya murmuran...

Y por eso hablo yo: porque estas cosas en tiempo.

¿Recuerdas la Brigadiera?¿Recuerdas lo que dio que hacer aquella...

..miserable calumnia?...Fermo, no basta la virtud,hay que aparentarla.

Pero madre, ¿no ve cómo a pesar de sus comentarios yo los callo?

Sí. Hasta ahora; pero tantas veces va el cántaro a la fuente...

El Obispo es una malva; no es un obispo, es un borrego, pero...

¡Le tengo en un puño! Ya lo sé, y yo en otro; pero...

..si su Ilustrísima da otra vez en la manía de que pueden decir...

..verdad los que calumnian, estás perdido.

Don Fortunato no se mueve sin orden mía.

¡Ah, no! No te fíes. Es porque te cree infalible; pero el día...

..en que le hagan ver tus escándalos... estaremos perdidos.

Pero, ¿qué escándalos? Está usted exaltada... Ve usted visiones.

Bueno, yo, yo me entiendo. Con que Glócester...

Y Don Custodio. ¿Qué han visto?

¿Qué pueden decir esos miserables? Pura envidia. Glócester querría...

..confesar a la de Quintanar, es natural, él es muy amigo de...

..darse tono y le gusta que digan si enamora a las beatas o no...

¡Es un farolón... y un malvado! Madre, exagera; ¿cómo un sacerdote?

Fermo, tú eres un papanatas. ¿Tú no sabes que de nosotros...

..dicen mil cosas? Glócester, Don Custodio, Foja, y el mismísimo...

..Mesía, con toda su diplomacia, pasan la vida desacreditándote.

Que si hacemos y acontecemos en Palacio; que si entramos...

..en el Provisorato desnudos y ahora somos los primeros accionistas

del Banco; si tú cobras esto y lo otro; si vendemos aras; si tú...

..hiciste que cambiaran las de todas las parroquias del Obispado...

..para que te comprasen a ti las nuevas; si tú robas a los que...

..te piden dispensas; si yo cobro diezmos y primicias en la diócesis.

¡Basta, por Dios!

Y por contra, tus amoríos, tus abusos de confesor.

El día menos pensado nos tumban. Eso no, madre. Los tengo a todos...

..debajo del zapato, y los aplasto el día que quiera.Soy el más fuerte.

Siéntate, que no he terminado. Ese es el único flanco que...

..podemos presentarles, Fermo. Acuérdate de la otra vez.

Aquella era... una mujer perdida.

Pero te engañó, ¿verdad?

No, madre, no. Pero,¿qué sabe usted? Me repugnan esos recuerdos.

Fueron cosas de la juventud. Pero, ¿por qué tiene usted que temer...

..que me vuelva a descuidar ahora?

En la época de la Brigadiera yo no tenía experiencia.

También Salomón cayó. La mujer es omnipotente, bien lo sé yo.

Pero la Regenta no es la Brigadiera. Ni la Reina de Saba.

La Regenta... ¡La Regenta!

Todos dicen que es una señora incapaz de pecar,pero¿quién lo sabe?

¿Qué hace dos horas confesándose? Quizás sean murmuraciones, pero...

..cuando el río suena... No es la primera vez que lo oigo.

¿Qué oye usted?

Que Don Alvaro Mesía está enamorado de La Regenta. O, por lo menos,

que quiere enamorarla como a otras. Eso son calumnias, madre.

Mesía es tu enemigo, aunque no lo quieras creer. Yo lo sé.

Y diría más; es tu rival, y quiere ejercer sobre la ciudad el dominio

que tú te has ganado con tu esfuerzo. Es buen mozo, como tú,

y listo también. Es arrogante, y tiene el prestigio del amor, que...

..le permite contar con las mujeres de muchos personajes de Vetusta,

y a veces con los personajes mismos gracias a las mujeres;

es el Jefe del Partido Liberal. Y al mismo tiempo el brazo derecho...

..y la cabeza del Marqués de Vegallana, que mira por dónde,

preside el Partido Conservador. Todo el mundo sabe que el Marqués...

..cree resolver sus propios asuntos cuando, en realidad, no hace...

..sino obedecer a Mesía, que cuida de los negocios conservadores...

..lo mismo que de los liberales. ¿Y cómo sabe todo eso?

Yo no me duermo en los laureles... Vetusta necesita siempre tener...

..un amo.¿Y por qué no ha de estar ya Mesía disputando ese dominio?

¿Acaso no es posible que La Regenta, ¡esa santa!, y Don Alvarito...

..estén de acuerdo para tenderte una trampa?

Si quieres llegar a obispo, ¡cuidado con la Regenta!

¡Cuidado con las confesiones de dos horas!

Madre, yo sé que le debo a usted todo lo que soy,y que su instinto...

..me ha llevado siempre por el camino correcto...

pero esa sospecha es una injusticia. La Regenta es un ángel.

Lo demás es basura de unos cuantos miserables.

¡Vaya! ¿De modo que es eso?

EL ACTOR RECITA UNOS VERSOS.

¡Hola Quintanar!

Anita se encontró en la calle del Comercio con Álvaro...

y fueron paseando hasta la Plaza Nueva,¡solos! Me lo ha contado Paco.

Esto está que arde. Esta vez Anita cae. Álvaro está dispuesto...

..a comérsela, aunque anda con algunos remilgos que no me dan...

..muy buena espina... Al fin y al cabo, todos somos de carne y...

..hueso, y ella no va a ser menos. -No sé...

Me parece que la Regenta tiene Quintanar hasta que la muerte...

..los separe... ¿Por qué no habrá venido al teatro?

Va mañana a comulgar.

¡Ay Jesús! ¿Quién me sujeta? ¿Quién está aquí?

¡Señora! ¿Qué es esto? ¡Ladrones!

¡Qué ladrones! ¡No! ¡Calla! Ven acá, quítame esto...

¡Qué estropicio! ¿Pero qué haces ahí parada?

¡Es un idiota! Tanto botánico, ornitólogo, cazador... y yo cazada,

en una trampa. Solo piensa en Frígilis... un hombre que injerta...

..gallos ingleses en españoles. Cálmese, señora, ya cede.

10 años entre ese par de sonámbulos. ¡No puedo más!

¡Ay, señora! Ha roto los tiestos nuevos... y la vitrina del herbario.

Si hubiese sido yo, me despedía Don Víctor...

EL ACTOR CONTINUA RECITANDO.

CONTINUA RECITANDO.

¿Y Anita?

No ha habido forma humana de convencerla. Anda algo enferma.

Anoche tuvo una de sus crisis nerviosas. No sé qué tiene.

La vida que lleva Anita no es sana. Necesita variedad y actividad.

Esa niña es demasiado formal. Necesita airearse, ir y venir.

Sí, señora. Yo opino lo mismo, pero parece que todo le aburre...

que vive allá, en sus sueños. Pues hay que ayudarla...

..para que no sucumba a esas tendencias melancólicas.

O toma usted medidas o Anita caerá en otra crisis.

¡Tonterías! Desde mañana yo me encargo de que Anita no pare en casa

Cuente usted conmigo.

Ana... ¡Ana...!

¡Petra!

¿Llamaba el señor?

¿Qué ha sido esto?

Yo no he sido. Habrán entrado los gatos.

¡Cómo! Pero, ¿por quién se me toma a mí?

¡El disgusto que se va a llevar Frígilis! Pero, ¿quién anduvo aquí?

¡Ana! ¿Has visto esto?

Ha sido culpa mía. Iba a escribir una carta a Don Fermín, y entré...

..a oscuras a buscar papel. Esa trampa aprisionó mi brazo y,

con el susto,empecé a dar manotazos. Entonces, ¿de qué gatos hablabas?

Y tú, ¿por qué no se lo has dicho?

Señora, no sabía si debía... Si debías, ¿qué?

Al amo no se le oculta nada. Ahora márchate.

Siento que te hayas llevado un disgusto, pero tampoco fue mi culpa.

Si no fueras dejando todas esas cosas por ahí...

¡Si estará loca la pobrecita!

HACE SONAR LA CAMPANILLA DE LA PUERTA.

-Buenos días. -¡Hola, ricura!

La señora está todavía en su tocador arreglándose.

No importa, hay confianza.

Disculpe, ¿estorbo? No. Llega a tiempo. Este botón...

¡Cuidado! Me hace cosquillas. Me alegro de poder hablar a solas.

Sin que nos oiga Ana. ¿Hay novedades? ¿Está peor?

No, pero... No vamos a hablar de lo de anoche. Hay que actuar.

Ya le dije en el teatro que puede contar conmigo.

Estoy a su disposición. Seré la sombra de Anita. ¡Faltaría más!

¿Le importa?

Pues, lo acepto. Todas las fuerzas son pocas para conseguir que...

..Anita vuelva a ser la de antes.

SUENA UNA CAMPANILLA.

¿Me ha llamado la señora? Sí, espera... Creí que llamaban.

Sí, era Doña Visitación. ¿Tan temprano? ¿Y dónde está?

Entró rápidamente y se metió en el despacho del señor.

Bueno. Petra, en cuanto termines de vestirme llevarás esta carta...

..al señor Magistral, y debe llegar cuanto antes.

Sí, señora.

¡Anita, mira quién está aquí!

¡Hola! Pero, ¿cómo te las arreglas...

..para estar tan pronto en la calle? Y no sabes la de cosas que ya hice.

No sirvo para estar en casa. Para eso está Cuervo, aunque no se...

..las arregla muy bien, pero... ¡que espabile!

No, no me mires así. ¿Quién guía la casa? Yo.

¿Quién organiza el presupuesto? Visitación también. Así que salgo...

..y me divierto. ¿Y tú qué haces todavía sin vestirte?

A vestirte y a la calle. No quiero que lleguemos los últimas...

..a casa de los Marqueses. Son los días de Paquito.

Pero... es que hoy... Estoy muy nerviosa.

¡Guerra a los nervios! Condeno esta vida que haces y desde mañana...

..mismo empezamos otra nueva. Iremos a todas partes y, si me apuras,

mando a Paco o al mismísimo Mesía, el simpático Tenorio de Vetusta,

a que te enamoren. ¡Qué atrocidad!

¡Programa!: Teatro, tertulia en casa de la Marquesa, al Espolón...

..todas las tardes y a la Catedral cada vez que predique Don Fermín.

Y esto hay que cumplirlo.La Marquesa Don Robustiano y Paquito me ayudarán

Y esa señora me ha dicho que está dispuesta a sacarte de tus casillas.

Pero, Quintanar... No quiero más nervios.

No quiero que Frígilis me vuelva a decir que no eres feliz.

¿Qué sabe él? Bien sabes que él te quiere,

y que es nuestro mejor amigo... esto está en marcha,seré inflexible.

Y tiene cómplices.... ¡No, no transijo!

¡Qué alfiletero tan bonito! ¿Te gusta? Está a tu disposición.

No me lo digas dos veces, que ya sabes que soy una urraca.

LLAMAN A LA PUERTA.

Ve Teresina. Ya termino yo.

¿Sabe usted lo que estoy pensando? ¿Qué, Teresina?

Que el señorito se parece a la Torre de la Catedral.

¿Quién llamaba? Petra, la doncella de la señora...

Regenta. Pregunta por usted.

Buenos días, señor Magistral.

Vengo de parte de Doña Ana.

¿Es usted la criada de la señora de Quintanar?

Sí, señor, su doncella.

Traigo una carta para Usía. ¿Y no es más que eso?

No. ¿Entonces...?

La señora me ordenó que le entregara esta carta urgente,

y la criada podría perderla... Aquí no se extravían las cartas.

Si vuelve otra vez, se la entrega a Teresina... es de confianza.

Perdóneme Usía. No hay de qué, agradezco su celo.

Buenos días, señora. ¿Qué quería usted?

Era un recado para el señor.

Voy a salir. Tengo que felicitar a Paco Vegallana.

Pasaré también por Palacio...

¿Qué te quiere esa señora?

No lo sé, todavía no he abierto la carta.

¿Una carta? ¡Vaya, vaya!

Adiós, madre, me marcho. ¿Tan temprano?

Sí, ya le he dicho que tengo un día de mucho trabajo.

¿No la vas a leer? Luego, en la calle.

No será urgente. Por si acaso, léela ahora.

"Mi querido amigo: Hoy no he podido ir a comulgar; necesito ver...

..a usted antes; necesito reconciliar. No crea usted que...

..son escrúpulos de ésos contra los que usted me prevenía; creo que...

..se trata de una cosa seria. Si usted consintiera en oírme...

..esta tarde un momento, mucho se lo agradecería su hija espiritual...

..y afectísima amiga, que besa su mano, Ana".

¡Jesús, qué carta! ¿Qué tiene?

¿Te parece bien ese modo de escribir al confesor?

Parece cosa de Doña Obdulita. ¿No decías que la Regenta era discreta?

Esa carta es de una tonta o loca.

Ni es loca, ni tonta, madre. Me escribe como a un amigo.

Mira, Fermo, ya te lo dije ayer... No quiero más cartitas, no quiero...

más conferencias en la Catedral. Que vaya al sermón si quiere...

..buenos consejos; allí hablas para todos los cristianos, que vaya...

..a oírte al sermón y nos deje en paz.

Me alegro de poder contar con su docta opinión, Don Fermín.

¿No cree usted que convendría retirar 3 ó 4 metros la Catedral...

..para encontrar la justa proporción con la plazuela?

Le digo a usted que eso es imposible

En Vetusta todo debería estar alineado, como en Nueva York.

Mi marido es un majadero, como todos los maridos.

De buena te has librado quedándote viuda. ¿Qué le importará a él...

..que una casa sea más alta que otra?

Buenas días.

Buenas días.

Señor Magistral, tengo mucho gusto en saludarle.

¿Saben ustedes que el señor Magistral se queda a comer?

¡Me parece una magnífica idea, aunque empiezo a dudar que hoy...

..se coma en esta casa. Por cierto Don Cayetano, vamos a echar...

..una mirada a los hornillos.

Recibí su mensaje.

Ya te lo dije ayer: ¡Cuidado con el Magistral, que tiene mucha...

..teología parda!

Cuánto tiempo sin verle, don Fermín.

El bueno de Don Fermín ya ha caído otra vez en poder del...

.."Gran Constantino", que se tiene creído que empleando las rentas...

..de su pobre marido en dotar a monjas o levantar conventos...

..obtiene ya bula para dar la tabarra a todo el clero de Vetusta.

A la tarde, a la vuelta del Vivero, si a usted le parece,

podemos darnos una vuelta por allí y así usted me aconseja...

Lo haría de mil amores, señora, pero esta tarde me es imposible.

En cuanto terminemos de comer, tengo que irme.

Te has quedado muy callado...

Lo de la teología parda no era más que una broma, hombre.

Al fin y al cabo, Don Fermín no es más que un cura.

Mira, Visita, tú me conoces.

Y sabes que no hace falta que nadie me instigue para que yo sea capaz...

..de pensar groseramente de clérigos y mujeres.

¡No te pongas así!

Yo no creo en la virtud... Ni tú tampoco.

Los curas son hipócritas y la lujuria mal contenida se les escapa

..a borbotones por donde puede. ¿Has visto cómo la mira?

Cuando he tenido influencia sobre alguna mujer, la he prohibido...

..que se confesase. Que me lo cuente a mí. Al fin y al cabo...

..es lo que hacen los curas: aprovecharse del confesionario...

..para escuchar los secretos de las mujeres, incluso de sus apetencias.

Y no es que piense que el Magistral busca en Ana la satisfacción de...

..vulgares apetencias, pero, por lo fino... es muy probable...

..que intente seducirla. El campo está abonado y él lo sabe.

Eso me pone de mal humor.

Esta excelente comida, servida así, es miel sobre hojuelas.

Me gusta que me sirvan muchachas muy jóvenes y bonitas.

Será de mal tono, pero todos mis convidados están contentos...

..con el servicio. -Y que lo diga, Doña Rufina.

He observado que a las señoras no les gustan los criados;...

...en cambio, a los hombres siempre les gustan las buenas mozas,...

...aunque sea en la sopa.

A mí, esta moda de mi mujer me da lo mismo.Yo en casa... nada.

Ni siquiera dentro de la población. Cuando quiero correrme...

..una juerguecita me voy por la provincia.

¡Pero bueno! ¿Aquí es que no come nadie?

Coman ustedes. Yo por nada del mundo perdono mis sardinas. Dirán que...

..es una manía, pero es privilegio de los ricos tener las mañas...

..que nos venga en gana.

¿Ya había probado el pato a la naranja que hace Pedro?

¿Pedro?

Sí... el cocinero de los marqueses. Gracias a él la cocina del Marqués,

es la primera de Vetusta.

Dicen que los cocineros salen caros y gastan mucho, pero dónde...

..van a parar... ¿Sabe usted que es socialista?

Aunque claro, al señor Magistral los placeres del mundo...

..no le llamarán la atención. Por cierto, Don Fermín,

¿usted cree que la gula es pecado?

La virtud no está reñida con saber apreciar una excelente comida.

Pero usted sabe muy bien qué es la gula. Y la gula, sí es pecado.

¿Siempre? Siempre.

Yo derribaría San Pedro sin inconvenientes y hacía el mercado.

La fatalidad me ha llevado a militar en un partido reaccionario:

mi nacimiento, los compromisos de clase...pero yo soy liberal.

-Parece que pican. -¿Qué es lo que pica?

-Los pimientos, señora. -Bueno,Anita,esta tarde al Vivero...

Estás hecho un papanatas. Miras y nada.

Cuando te he puesto a su lado con el mejor propósito.

Hay que ser prudentes, hija mía. Hay moros en la costa.

Si yo aprovechase la excitación de la comida,

me perdería para mucho tiempo.

Estoy segura que ella está pensando lo mismo que tú.

¿Tú crees? Esta ocasión no es una ocasión.

¡La dama no pierde ripio!

¡Dichosos los ojos! Buenas tardes, Paula.

¿A qué hora salió mi hijo de su despacho?

¿Cómo quieres que yo lo sepa?

Siéntate. No tengo tiempo.

Fermín no ha aparecido por casa desde esta mañana.

Habrá ido a comer a casa del Marqués

¿Sin avisarme? ¿Y por qué?

Porque hoy es el cumpleaños de Paco Vegallana.

Cuando aparezca por aquí, dígale que todavía le espero para comer.

Pero si ya son más de las cinco... Pues por eso.

Don Fermín, ¿por qué no viene usted con nosotros al Vivero?

Me es imposible. Me esperan y ya llego con retraso.

Señora Marquesa y amigas, les agradezco tan exquisita comida.

Y el agradable paseo.

¡Qué desfachatez!

Parece mentira, Don Fermín. ¡Mira que hacernos este desaire!

Es usted muy desagradecido. La obligación antes que la devoción.

Es un insensato, no sabe lo que es la diplomacia ni el disimulo.

Claro que como domina al Obispo... Ni los poetas sirven para ministros,

ni los místicos para obispos.

Y mire usted que ir en carruaje descubierto...

¿Han visto que iba al lado de La Regenta?

Sí. Junto a ella.

Permítame decirle que su colega está dejado de la mano de Dios.

¡Hola! ¿Eres tú? Buenas tardes, Don Fortunato.

¿Me puedes leer esto? No veo bien.

"Ya decía Santa Teresa, que no podemos tener soberbia, sino...

..más bien ser humildes y temerosos, viendo cómo el señor...

..nos quita el poder"

Chico, ¡apestas! ¿Que apesto? ¿Por qué?

Hueles a bebida. A ron... qué sé yo.

A propósito, ¿por qué no has avisado a tu madre?

¿De qué? De que comías fuera...

Pero, bueno, ¿usted sabe? Claro que sí, hijo mío.

Primero vino tu madre hecha un basilisco, luego dos veces más...

..Teresina de su parte. Que si al señorito le habría ocurrido algo,

que si la señora estaba asustada, que si yo tenía que saber algo...

¡Me trata como a un niño! Te quiere tanto la pobrecita...

Ven, hija mía.

Dime, ¿has visto pasar dos coches? ¿Para dónde?

Para arriba. Uno con 2 caballos. Hace poco.

No, señor, me parece que no...

Pero,¿qué hace allí toda esa gente? Y a estas horas...

Mande usted... Nada, nada, hija mía.

Deben de ser ellos. ¡Vaya horas!

Viene con el otro...¡Que indecencia! Se la quieren echar en los brazos...

Buenas noches, señorito.

¡Teresina! ¡La cena!

¿Le duele la cabeza, madre? Me ha dolido.

¿No te sientas? No, no tengo hambre...

Tengo mucha sed. ¿Estás malo?

No, madre, no es eso. Entonces, siéntate.

Ya he dicho que no ceno.

Déjale, no cena. Ella no lo había oído, hombre.

No sé como tiene cuerpo, ¡la pobre!

¿Por qué? ¿Por qué...?

Ha ido esta tarde 2 veces al Obispado, una vez a casa del...

..Arcipreste, 2 a la Catedral... Está agotada la pobre.

¿Y a qué ha ido? A buscarte, Fermo.

A eso ha ido. Y yo también.

Mal hecho, madre. No soy un niño para que se me busca de casa en casa

Todo esto es ridículo. Si está mal hecho,

ya puedes empezar a reñirme. Un hijo no riñe a su madre.

Pero la mata a disgustos; la compromete, compromete la casa,

la fortuna, la honra, la posición, todo... por una...¿Dónde has comido?

Con los Marqueses de Vegallana; era el cumpleaños de Paco; insistieron.

¡Basta! ¡Basta de disimulos!

Has ido allí a buscar a esa... señora... Has comido a su lado...

Has paseado con ella en coche descubierto,lo ha visto toda Vetusta

Parece que necesitas el escándalo, quieres perderme.

¡Madre...! ¡No hay madre que valga!

¿Te has acordado hoy de mí? Me has dejado comer sola,

mejor dicho, no comer. ¿Te importó que me asustara?

¿Y qué has hecho hasta las 10 de la noche?

¡Madre, por Dios! Ya no soy un niño...

A ti no te duele que tu madre se impaciente. La madre es...

..un mueble que sirve para cuidar la casa. Tu madre te da su sangre,

se arranca los ojos por ti, pero tú no eres un niño, y das tu sangre,

y los ojos, y la salvación... por una mujerota.

¡Madre! Está usted insultando a una mujer honrada; es una santa.

Es como las otras. ¡Si la oyeran a usted!

¡Tonterías!Si me oyeran me callaría. Fermo, tú no te acuerdas, pero...

..yo sí. Te conozco y tengo en cuenta todo, pero de estas cosas...

..no podemos hablar tú y yo, ni a solas; ya me entiendes...

Pero bastante buena he sido, bastante he callado y he visto.

Nada,no ha visto usted nada. Pero he comprendido...

Nunca te hablé de estas porquerías, pero ahora parece que te complaces

en que te vean. Madre, es indecoroso que usted...

..y yo hablemos, aunque sea en clave, de ciertas cosas.

Tú lo has querido. Lo de hoy ha sido un escándalo, y lo que yo temo...

..es que el Obispo se entere de lo que ya dicen.

¡Qué dicen! ¡En 2 días! ¡Glocester y Don Custodio!

¡Qué enemigos, Dios mío! ¡Nada más que bestias!

Sí, pero, ¿no ves que te tienen ganas? ¿Que llueve sobre mojado?

Conocen al Obispo. Saben que sólo por ahí pueden atacarte...

Que le digan a Camoirán que has robado el copón...

No lo cree, pero eso sí. ¡Acuérdate de la brigadiera!

¡Qué brigadiera, madre!

Fermo, ¿no te ha ido bien guiándote yo? ¿No te saqué de la pobreza?

Sí... Y eternamente yo... ¡Ah, no, déjate de eternidades!

No quiero palabras, quiero que sigas creyéndome a mí; sé lo que hago.

Tú predicas y alucinas al mundo con tus buenas palabras. Y yo dirijo...

..el juego. Si siempre ha sido así, ¿por qué te me tuerces?

¿Por qué te me escapas? Si no hay nada, madre...

Sí, sí lo hay. Ya no eres un niño; es verdad,

pero si eres un tonto... Sí, un tonto con toda tu sabiduría.

Recuerda: Te he hecho un hombre a costa de sacrificios, de vergüenzas,

de las que tú no conoces ni la mitad, de vigilias, de sudores,

de cálculos, de paciencia, de astucia y hasta de pecados.

El mundo es tuyo porque tienes talento, eres sabio y elocuente.

Pero eres mi hijo y tengo derecho a exigirte que no malgastes todo...

..lo que yo te he dado. Si me haces caso, podremos seguir adelante.

¡Ladrones!

¡Sinvergüenzas!

¡Ladrones usted y su señora madre, señor Magistral...!

Señora... es que... ¡Calle, Froilán!

Es que es Don Santos. ¿Crees que estoy sorda? Cállate.

Eso va por usted, señor Magistral.

No se haga usted el sordo.

-¡Por Dios, Don Santos! -Buenas noches, amigo.

Tú sí eres un hombre honrado... y te aprecio...

Pero ese carcunda, ese comeostras, ese maldito tirano de la Iglesia,

-..es un ladrón y lo sostengo. -Ya es hora de acostarse.

¿Quiere que le abra la puerta de su casa?

¿Qué casa? Yo no tengo casa...

Yo les espío. Y ahora el consentido de Don Froilán Zapico está...

..echando las cuentas ahí dentro con la madre del Magistral.

Quiere que vaya y... Calle.

Ese idiota pasa por ser el propietario del negocio, pero ya...

No es más que otro esclavo de Doña Paula, como el Obispo.

Ella misma lo casó son su criada que antes había dormido a cuatro...

..pasos del Magistral. Si lo sabré yo.

¡Ministro de Dios! ¡Y un cuerno! El ministro soy yo, honrado...

..comerciante, que no hago la forzosa a nadie, que no robo...

..el pan de nadie, que no obligo a todos los curas de la diócesis...

..a comprar en mi tienda cálices, patenas, vinajeras, y hasta aras.

Don Santos, a la cama. No puedo consentir que siga escandalizando.

¿A dónde...? Pero si yo no duermo nunca... ¡Déjeme!

Derribe usted esa puerta, señor Pepe. Usted representa la ley.

Ahí están contando mi dinero.

A la cama.

Me han arruinado señor Pepe... Ya no tengo nada de mi negocio.

LLAMA EL SERENO A LA PUERTA.

¡Ahí va la llave!

La Regenta - Capítulo 1 - ver ahora

Escrita por Gonzalo Torrente BallesterLos gozos y las sombras retrata las profundas pasiones y odios en una imaginaria localidad de la Galicia costera de la década de 1930. Eusebio Poncela, Amparo Rivelles, Charo López y Carlos Larrañaga integran el plantel de actores de esta serie emitida en 1982 en TVE en 13 capítulos.

Los gozos y las sombras - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

(NARRADOR) Los mandones de Pueblanueva habían sido siempre

un Churruchao, un Deza o Sarmiento o un Aldán o Quiroga.

Y por primera vez, alguien ajeno al clan mandaba.

Pero mandaba por conquista, no por herencia;

por la fuerza de su dinero, no de bóbilis, bóbilis.

Mandaba por redaños y nadie se movía.

Los que tenían en casa muchachas de buen ver,

esperaban ansiosos la llegada de Carlos Deza

para asistir al rito de la venganza sólo porque Cayetano Salgado

se había acostado con ellas o acabaría acostándose.

-La sota de oros. -¡Este don Baldomero...

tiene todos los triunfos! -Ya está usted como todos los días.

-¿Se decide o qué? -¡Sí, hombre!

¿Recuerda usted a don Carlos Deza, don Cayetano?

¿Que si le recuerdo? Naturalmente.

Somos de la misma edad, meses más, meses menos...

Mire usted,

Carlos y yo...

¡y ese anarquista muerto de hambre de Juanito Aldán!,

jugábamos de niños.

-¿Entonces quedamos en que eran ustedes muy amigos?

Eran presumidos, ¡insoportables!

Muchas veces subíamos a las ruinas del castillo.

Y entonces ellos fingían hablar con el fantasma del conde

y a mí no me dejaban escuchar la conversación

porque, según ellos, yo era un siervo.

-¿Usted un siervo? -¡No puedo creerlo!

-¿Estará enterado entonces de los rumores?

¿Qué rumores?

-Del regreso de don Carlos.

¿Pero usted no sabía nada?

¡Le toca jugar a usted!

-Sí... ¡el as de bastos y el tres!

(NARRADOR) La venida de Carlos Deza, si bien se considera,

no fue venida sino regreso.

Le precedieron anuncios y aun profecías,

especie de bombo y platillos

con los que se quiso rodearlas de importancia.

Carlos Deza era el nuevo señor,

el que iba a desbancar a Cayetano.

El tren que trajo de Viena a Carlos le dejó en París.

Tenía un día entero hasta tomar otro tren que le llevara a España.

Y Carlos decidió pasear por la ciudad

hasta la hora de su cita con Gonzalo Sarmiento,

favor que le pedía doña Mariana en su última carta.

(CARTA) -Te pido que, si pasas por París,

vayas a ver a mi primo Gonzalo; no será una visita agradable

porque Gonzalo es una calamidad.

Quiero que me traigas tu impresión sobre su hija Germaine.

Creo que está en un colegio a pesar de sus 20 años.

Pero si es posible, me gustaría que la vieses y hablases con ella.

(HABLA EN FRANCÉS)

Busco a don Gonzalo Sarmiento.

-¿Qué...? Yo soy.

Pase. Pase, por favor, pase.

¿No me diga usted quién es?

Usted es Quiroga, el hermano de Eugenio.

No. Soy Deza, Carlos Deza.

-¿Pero es usted de Pueblanueva? Sí, eso sí.

-Me pareció usted un Quiroga, ¿no lo conoce?

Tiene que conocerle, él es de Pueblanueva.

Lo siento pero no le conozco,

hace más de 15 años que falto de Pueblanueva...

exactamente 18. Ahora estoy de regreso.

-Entonces, si no le manda Eugenio, ¿quién le envía?

Doña Mariana. -Ah...

Ah, sí, sí, Mariana.

Siéntese, por favor, siéntese, póngase cómodo.

Gracias. -No puedo preguntarle

cómo está porque usted no viene de allí.

Además hubo carta de ella hace pocos días.

Todos los meses escribe; yo le mando las cartas a mi hija.

Doña Mariana me encargó que la visitara en el colegio.

¿Puedo hacerlo? -No.

No es posible, está en Normandía.

Claro que Germaine se alegraría mucho de conocerle.

Pero la visita no es fácil.

El reglamento del colegio es muy estricto y solo a los padres

o algún acompañante de los padres se le permite las visitas.

Y yo no podría acompañarle a usted hasta la próxima semana

y tendría que retrasar mucho su viaje.

Tengo aquí unas fotografías para enviar a Mariana.

¿Quiere llevárselas usted? Sí, sí, con mucho gusto.

Es muy guapa. -Son recientes,

se las hizo en el colegio hace un par de semanas. Es Germaine.

Se parece mucho a su madre. Mariana se cuida mucho de nosotros,

de mi hija... le paga los estudios

y quiere, naturalmente, que vayamos a vivir con ella.

Iremos, claro, ya no duraré mucho.

Es mi mujer; lo pintó Eugenio Quiroga,

al que me refería a su llegada.

Era un buen pintor y no pudo haberme hecho mejor regalo.

Suzanne murió pronto y no tenemos otro retrato suyo.

Me extraña mucho no haber sabido de él,

se marchó de París empezada la guerra.

Me prometió volver... ¡y ni escribió siquiera!

¿No se habrá muerto?

Naturalmente usted tendrá muchas cosas que hacer

y, como yo tengo salir, me espera un momento y saldremos juntos.

Claxon.

Murmullo.

-El señor llega.

Alboroto.

-¡Oiga, por favor, tiene que subir con la maleta a la baca,

aquí no hay sitio! Lo siento, tiene que subir.

Aquí no hay sitio, por favor.

Lo siento, pero tiene que subir arriba, aquí no hay sitio.

Suba, por favor. Sí, sí, gracias.

-¡Venga, venga!

Alboroto de viajeros.

-¿Tiene billete, señor? No, no, deme uno. ¿cuánto es?

-Poco, señor. 1,25 sólo, señor.

-¡Déjeme, señora, déjeme!

-Puede subir. -¡Apártese!

-Rosario, hija, ven aquí, déjale un sitio para el señor.

Siéntese.

¿No se caerá la maleta, verdad? -No, no se preocupe.

-Ahí, señor, ese es su asiento.

Gracias.

-¿Está cómodo el señor? Sí, sí.

¿El señor es don Carlos Deza, verdad?

Sí. ¿Cómo lo sabe?

El señor no tiene por qué llamarme de usted. Soy Rosario, la hija

de Galán, un casero del señor. Soy como la criada del señor.

¿Quiere decir que vive en mi casa? No,

mi padre lleva arrendadas unas tierras y una casita suyas;

las lleva ya desde hace varios años, en vida de mi abuelo.

¿Trabaja usted mis tierras? Yo no, señor, mi padre,

yo soy costurera. Y ya le dije que no me trate de usted.

La que va a su lado es mi madre. -Servidora, señor.

Alboroto de los viajeros.

Alboroto.

¡Ay, señor, qué alegría...!

No puedo oírla. -Perdone, señor,

digo que nos alegra mucho su llegada.

Ahora que ha venido, nos arreglará el pago que le hacemos.

¡La tierra da poco y doña Mariana nos ha subido la renta 15 duros!

Ya sé, ya sé que son cosas de doña Mariana.

Porque ni el padre del señor ni su madre, que Dios tenga en gloria,

hubieran tocado la renta antigua.

Rosario, no ves que el señor se está mojando.

No, no se preocupe. -¡Pues no faltaría más,

tápale con el mantón, mujer, tápale!

Ya llegamos.

Mire, la casa del señor.

¿Estuvo usted alguna vez allí? Sí, cuando murió la señora,

asistí al velatorio. Ya va para cuatro años.

Flauta.

Voces pregonando.

Campanadas.

Alboroto de los aldeanos.

¿Se encarga de mi maleta? -Sí, señor.

Mugido.

Canto de un gallo.

Mugido.

-¡Carlos!

¡Querido Carlos!

¡Qué mal día trae, criatura!

¿Pero cómo se te ha ocurrido venir encaramado con el frío que hace?

El frío no importa, esa muchacha me tapó con su mantón.

-¡Qué buena pieza está hecha la Rosario!

Mugido.

Ladridos.

Ladridos.

Motor del coche.

-¡Sardinas, sardinas, grelos, grelos, sardinas!

¡Sardinas frescas, grelos...!

-¿Recuerdas mi casa? No, casi no recordaba la mía.

-Tu casa está hecha una ruina.

El tiempo que estés aquí serás mi huésped.

Quizá me quede poco tiempo. -Es natural.

¿Qué vas a hacer en Pueblanueva? Este es el último rincón del mundo.

Sólo una vieja loca como yo puede vivir aquí.

Pero aún me queda bastante que hacer.

Claxon.

-Esa es una de las hermanas de Juanito Aldán.

¿Te acordarás de él? Sí, de Juanito Aldán sí,

pero de las hermanas no.

Claxon.

-Tu madre nunca quiso que vinieses y tenía, a su modo, razón.

No debes venir para quedarte.

Pero yo ahora me alegro de que hayas venido,

porque lo que aquí puedas saber y conocer te hará más hombre.

¿No esperabas esto, verdad? O al menos no tan pronto.

Desde luego no lo esperaba.

-Es posible que me haya precipitado y que las conversaciones serias

debiera haberlas dejado para dentro de algunos días.

Pero ya ves, salió solo.

No obstante, no hace que hablemos de esto ahora.

Sin embargo hemos comenzado. -He comenzado yo, tú no.

Estoy algo confuso. Lo inesperado

no es sólo que usted me hable de mis padres,

usted misma es inesperada. -¡Soy una vieja loca!

Por ejemplo, he tenido un hijo

que no tiene mío más que la vida física y el dinero.

Creí que era usted soltera. -Lo soy.

No creo haber dado lugar ni haber pretendido que...

usted me hiciera una confidencia de esa naturaleza.

-Lo primero que te dirán en Pueblanueva

es que doña Mariana Sarmiento ha tenido un hijo de soltera.

¡Te lo dirán además bien adobado de mentiras! Pero, en fin...

esto puede quedar para más tarde. Ahora cuéntame,

no sé nada de ti y quiero saberlo todo o quizá necesite saberlo.

Nunca se te ocurrió que fueras tan importante

para una persona que apenas te conocía, ¿verdad?

Comprendo, sin embargo, que no es por mí mismo;

que el interés que usted siente lo recibo en herencia. ¿No es eso?

-No sé por qué me parece que vamos a entendernos.

¡Y me alegra, caramba, ya lo creo que me alegra!

¿Estuviste en París? Sí,

vi a ese pariente suyo que me decía en su carta.

-¿Y Germaine, cómo es Germaine?

No lo sé, está en un colegio y no pude verla.

Pero le traigo un retrato suyo.

-¿Es linda, eh?

Si su padre no fuese un cabezón,

esta chica hace muchísimo tiempo que estaría conmigo.

Es mi única heredera.

¡Gonzalo es un imbécil, lleva 35 años en París!

Quiso ser escritor y no pasó de mendigo.

Tuvo que vender su patrimonio. Ahora vive de lo que le mando.

Lo hago por la chica, no por él.

Y en estas condiciones se atreve a rechazar lo que le ofrezco.

¿Pero, bueno, qué piensa, que yo no sabría educar a mi sobrina

o que Pueblanueva es poco para ella?

Tengo la impresión de que su primo vive con alguien.

No estaba muy tranquilo conmigo y deseaba echarme cuanto antes.

Era evidente que quería ocultar algo.

-Puede suceder que se haya vuelto a casar o... ¡Ay, bueno, allá él!

Mira, cuanto antes se lo lleve la trampa, mejor para su hija.

Tictac de un reloj. ¡Ven aquí!

Entonces, hijo, ¿qué vida hacías en Viena?

La de estudiante pobre. -¿No te alcanzaba el dinero?

¿Cómo decidiste regresar?

Necesitaba encerrarme una temporada.

Es posible que haga oposiciones para una cátedra.

-¿Tienes novia? ¿Novia o amante?

No te avergüences de decírmelo porque carezco de prejuicios.

Había una mujer de la que deseaba separarme.

-¿La quieres?

No. Creo que no la he querido nunca.

-Una de las cosas que temía es que una mujer tirase de ti.

Y sin embargo, sería lo natural.

(GRUPO) Negras tormentas agitan los aires,

oscuras nubes nos impiden ver.

Pero mientras llega el dolor y la muerte,

contra el enemigo nos llama el deber.

El bien más preciado es la libertad,

luchemos por ella con fe y con valor.

¡A las barricadas, a las barricadas,

por el triunfo de la Confederación!

¡A las barricadas, a los parapetos

por el triunfo de la Confederación!

El bien más preciado es la libertad,

luchemos por ella con fe y con valor.

¡Alza la bandera revolucionaria

por el triunfo de la...! -¡Vamos!

¡Compañeros, os habla Juanito Aldán!

Abucheos. ¡Compañeros, por favor, un momento!

¡Compañeros, escuchadme, por favor!

Everything is all right. Keep going.

¿Sucede algo? -Sí, señor, Juanito Aldán

y los suyos están dando un mitin a la entrada del astillero.

¡Venid conmigo todos, vamos, todos!

Abucheos. -¡Compañeros, por favor!

Abucheos.

¡A vosotros...!

¡Vosotros, bajad! -¡Trabajadores de este astillero

a las órdenes de un patrón autoritario,

autoritario, absolutista, aunque se disfrace de cordero!

¡Cacique del mocho! ¡Eh, venid conmigo, vamos, todos!

-¡Hombres del pueblo limpio,

a quienes un mísero salario

os convierte en esclavos del capital!

¡Nosotros, los hombres libres,

os queremos recordar

que el trabajador no puede aceptar la tiranía del capital!

(OPERARIOS) ¡Fuera!

Abucheos.

Abucheos.

(ABUCHEAN)

-¡Un día llegará en que sólo el pueblo libre

posea los medios de producción!

(LO ABUCHEAN)

-¿Qué más da pesca que astilleros?

¡Todo eso debe ordenarse al bienestar del pueblo libre!

Abucheos.

Demostradles que no dicen más que tonterías.

Abucheos.

-Pero a eso sólo se puede llegar

con la solidaridad de todos los trabajadores.

Abucheos. ¡Compañeros, compañeros...!

¡Calma, calma, no os dejéis provocar, tranquilos!

¡Tranquilos, es una provocación!

¡Calma, calma, tranquilos!

¡Atrás, Xirome, Xirome, no os dejéis provocar!

Abucheos.

Hay que permanecer juntos. Debéis permanecer juntos...

Abucheos.

-A mí siempre me han gustado

la ópera italiana y los cuplés picarescos.

Y cuando quiero oírlos, como ya no voy al teatro,

pongo uno de estos discos.

Música de cuplé.

¿Bailamos? ¿Sabes lo que dice la letra?

No... no sé bailar, eh. -"¡Ay, qué tío tan atroz!

¡Qué pellizco tan feroz me dio en la parte posterior saliente,

que me ha dejado toda la región doliente!

Pero luego se calmó. (RÍEN)

¡Es divertido...!

¡Me alegro mucho de que hayas venido!

Tú no eres ambicioso, ¿verdad?

Sí... tengo algunas ambiciones.

Lo que me falta es pasión para realizarlas.

-¿Te acuerdas de Cayetano Salgado?

Sí. ¿Un chico rico que jugaba con nosotros, no?

-Algo más que un chico rico.

Pero sí es verdad, jugaba con vosotros.

Jugaba contigo y con Juanito Aldán.

Ahora es el amo aquí.

También estuvo fuera, como todos vosotros.

¿Qué sucede que todos os vais y volvéis luego?

Pero él ha vuelto de otra manera.

Estuvo en Inglaterra, en Estados Unidos, se hizo ingeniero

y ahora dirige los astilleros.

Es muy rico, ¿sabes? Más rico que yo.

Cualquiera, en su lugar, habría elegido otro sitio para vivir.

Los astilleros, podría dirigirlos desde La Coruña, por ejemplo.

Sin embargo, él vive aquí.

Sirenas de barcos. -Compañeros,

ahora vamos a salir todos juntos sin perder los nervios.

Algarabía.

(RÍE)

Gritos.

Música de guitarra.

-Señora, Xirome quiere verla.

-Que pase.

¿Qué ocurre? -Lo de siempre, señora: palos.

-¿Pudieron más? -Hay dos heridos por bando.

-¿Cómo andáis de vino? -Mal.

-Paga una ronda o dos... ¡o las que hagan falta!

Y si alguno tiene apetito, que coma también.

-Hirieron en la cabeza al señor Aldán.

-Ahí va el dinero. -¿No es mucho?

-Ya me devolverás lo que sobre, si sobra.

Pero no me gustaría que ganasen los de la UGT.

Bueno, esto hay que celebrarlo.

¿Qué es lo que celebramos?

-La paliza que mis hombres darán a los de Cayetano.

No entiendo nada.

Y menos esa mención de la UGT.

Eso me ha sorprendido más que otra cosa.

-Los del astillero están afiliados a la UGT solo porque mis pescadores

pertenecen a la CNT. ¿Sus pescadores?

-Todos los barcos de Pueblanueva son míos.

Un mal negocio, puedes creerme, en estos tiempos de poca pesca.

Si cierro a cero la temporada me daré por contenta.

Pero aunque pierda dinero no amarraré los barcos.

¿Por qué lo hace?

¿Por filantropía? -No, hijo,

por hacerle la pascua a Cayetano.

Él quiere acabar con la pesca, no porque le estorbe

para su negocio, sino por ser el amo

y que aquí nadie gane un real que no sea suyo.

¡Y a mí no me da la gana!

Ya sé que al final ganará él...

Pero será cuando yo muera.

Lo siento por los pescadores, les hará pasar hambre

y entrar por el aro antes de admitirlos en el astillero.

El que me herede no querrá jugarse el dinero

por una terquedad mía.

Tú, por ejemplo no lo harías, ¿verdad?

¿Yo?

-¿No comprendes? Con mi dinero, mis barcos

y mis tierras puedo legar al que me herede

ciertas obligaciones morales.

No creo, incluso, que ningún notario se atreviese

a escribirlas en mi testamento. La gente es imbécil.

Si se me ocurriera dejar el dinero a un hospital

lo encontrarían razonable...

Pero si lo dejo para que se impida a Cayetano Salgado mandar

en el pueblo y hacer su santa voluntad,

lo encontrarían disparatado.

Y, sin embargo...

El padre de Cayetano es mi amigo.

No fue nunca mi amante, como dicen por ahí, no.

Es un amigo.

Bueno, todo lo amigo que puede ser un perro fiel.

A él le duele la enemistad entre su hijo y yo,

pero piensa que todo el lío se arreglará como en las comedias,

con una boda: Cayetano Salgado y Germaine Sarmiento.

¿Lo encuentras bonito?

A la madre de Cayetano le parece de perlas

porque ella siempre soñó que su hijo fuera el dueño

de esta casa. A mí me parece monstruoso.

Si me sobrina se casara con él, estoy segura

de que mis huesos se levantarían

y vendrían una noche a asesinarla.

Cayetano me repugna.

Será de la primera persona que te hablen en el pueblo,

antes que de mí, porque a mí me odian,

pero a él le temen.

Te contarán que es un conquistador, que no hay mujer que se le resista,

y el que te lo cuente tendrá sus razones

para convencerte,

porque es muy probable que su mujer, si aún es joven,

o su hija, si la tiene, se hayan acostado con Cayetano.

La chica que vino contigo en el autobús,

Rosario, La Galana, es la de turno.

Lleva con ella un mes o cosa así,

le durará lo que tarde en encapricharse de otra.

Disparos.

-Eso han sido los del astillero.

Griterío.

¿Quiere que vaya a ver qué sucede?

-No, no quiero que te mezcles en este lío.

Sin embargo recuerde que Aldán está allí.

Gritos.

Me gustaría hacer algo, pueden necesitar ayuda.

-Ve a la Taberna de El Cubano, al final del puerto,

es algo así como el cuartel general de los pescadores.

Ve con cautela, hijo.

El reloj da la hora.

Griterío. -¡Cabrones!

Griterío.

Gritos.

Buenas noches.

Soy médico y pensé si...

¿Ha pasado algo?

-¡Carlos!

Carlos Deza, soy Aldán, ¿no recuerdas?

¿Juan? -Sí, claro.

¿Cómo estás? ¿Qué te pasa? Estás herido.

-No es nada, no te preocupes.

¿Qué tal estás? Bien.

-Ya sabía que habías llegado.

Es el doctor Deza, de quien tantas veces os hablé.

Buenas noches.

-Sidoine. Ya nos habíamos visto.

-Andrés. -Buenas noches.

-Antonio. Hola.

-Bienvenido. -Don Carlos.

-Yo soy Carmiña, este es mi padre, El Cubano.

-Está bien, ahora vete y deja al señor en paz.

-¿Quiere verla? Me parece que no es nada.

No es nada, hace falta limpiarla un poco.

-El boticario, fue por árnica y esparadrapo.

Esto es una agresión, Juan, ¿por qué no les denuncias?

-¿Denunciarles?

Don Carlos no sabe que el espolique de Cayetano

es oficial del juzgado.

Romperían la denuncia y cualquier noche de estas

darían una paliza al denunciante.

-¡Nosotros estamos contra esto!

¡No somos asalariados de nadie!

Yo trabajé en Cuba y sé lo que es la libertad.

Por defenderla, en una huelga, perdí esta pierna.

-Bueno, ya está aquí el árnica.

¡Ah, es usted!

Entonces, ya no hace falta el árnica.

¿Usted es el boticario? -Sí, señor, Piñeiro,

Baldomero Piñeiro, farmacéutico.

Por favor, ¿puede hacerlo usted? -Cómo no.

Anda, Carmiña, sujeta esto.

Yo conocí a su padre,

claro que entonces yo era un rapaz.

Pero le recuerdo bien:

muy señor, buena figura, siempre solitario,

de una raza que ya no hay.

¡Oiga! No me tome a mí por uno de estos, ¿eh?

Abucheos. Yo no soy de CNT,

yo soy monárquico de los de antes.

Abucheos. Absolutista, claro.

Pero a pesar de las discrepancias políticas

somos aliados contra el enemigo común.

Jaleo.

-El árnica. -Ya, hijo, ya.

-Don Carlos, árnica no habrá en esta casa,

Risas. pero vino y sardinas no faltan.

-¡El absolutismo es lo más conveniente

para la redención de las clases humildes!

En tiempos de los grades reyes la monarquía y el pueblo

se habrían aliado contra los tiranos

y los habrían vencido.

Hala, ya está, hombre, eso no es nada.

-No hay nadie.

-Vámonos.

-Buenas noches. -Mete eso ahí.

-Adiós, don Carlos. Adiós.

¡Dame, tú! -Adiós.

Adiós. -Buenas noches.

-Oye... -Hasta más ver.

-Es costumbre dar a todos la mano. Ah, bueno.

-Vamos. Adiós.

(TODOS) Adiós. -Ahora, don Carlos, vamos

a mi casa a tomarnos una copa. -¡Ya está todo arreglado!

(TODOS RÍEN) -No os preocupéis,

¡que es un hombre muy importante!

(RADIO) -Respuesta al discurso político de la diputada

Dolores Ibárruri...

(CAMBIA DE EMISORA) (RADIO) La rubia explosiva

Jean Harlow, la primera rubia platino

de la pantalla, una de las más prominentes

seductoras vampiresas ante quien los hombres mueren

de un modo fulminante, que consiguió fama

de mujer temible gracias a su tipo

extremadamente provocativo y también a su matrimonio

malogrado con Paul Bern que terminó trágicamente,

parece ser que se lleva muy mal con su actual marido,

alega crueldad porque lee en el lecho conyugal.

La puerta se abre. Como saben...

-¿Eres tú, Baldomero?

-Entre. Entre por aquí, don Carlos.

Por aquí. Pasa tú también, Juanito.

Está usted en su casa, don Carlos. -¡Ah!

-Lucía... -¿Cómo me pilló?

(RÍE) No deberíamos haber venido

sin avisar. -No se preocupe.

Ya sabe cómo son las mujeres. Deme la gabardina.

Póngase cómodo.

La pobre Lucía no tiene mucha salud.

Se pasa todo el día leyendo,

cuando no está en la iglesia, claro, es muy religiosa,

pero como todas las mujeres, un poco coqueta.

(RÍE) Pero siéntese, siéntese, en mi butaca.

La pondremos aquí.

Hala, sienta, siéntate.

Bueno, y ahora nos tomaremos una copita.

-Ah.

-No sabe cómo se le esperaba, desde que dijo que volvía

no hemos hecho más que hablar de usted,

como si fuese un redentor, yo, por motivos particulares.

Ante todo, ¿cree usted en Dios?

¿Es usted como yo, católico, apostólico y romano?

¿Por qué?

-Porque si no lo es, no me sirve.

Y si lo es tendré que explicarle algo previamente.

Yo sé mucho de religión.

¿Ha estado usted en el seminario? -¡Caray, sí!

¿Por qué me lo pregunta?

No, por nada, se me ocurrió de pronto.

-Pues sí, estudié toda la carrera, colgué los hábitos

dos meses antes de ordenarme.

Me gustaban las mujeres.

Si no fuera por ellas yo podría ser santo.

Son mi pecado.

Los otros vienen detrás.

Me gustan las mujeres, sí.

Me gustan con las tetas en punta, bien duras.

Es una especie de obsesión. (RÍE)

-Este marido mío tienen la costumbre de llegar

de repente con visitas y una...

-Si quieres puedes acostarte, nosotros venimos

a hablar de política. -¡Vaya por Dios!

La tiene una sola todo el día,

y para una vez que...

Pero siéntese, por favor, don Carlos.

Gracias.

-¿Fue una pedrada? -Sí.

-Ya me lo contó Baldomero. -Sí.

-Ya le habrán explicado quién es Cayetano.

¿Se lo habrás explicado, Baldomero?

-Deja, deja.

-¡Ay! Una vergüenza.

Sobre todo para las mujeres, no respeta a nadie.

-Mujer, afortunadamente tú no puedes decirlo.

-Ay, ¡qué sabréis los hombres! -Pues yo...

-¿O es que no hay otro modo de faltar al respeto

que tocar y decir groserías?

Hay también miradas.

Y de las miradas de Cayetano no se ha librado ninguna.

Ni yo misma y...

(TOSE)

Y eso que ahora, desde que tiene a La Galana,

anda un poco más calmado.

Lo malo son los días entre...

una querida y otra.

Le aseguro que nos mira a todos como si fuese

al mercado a ver a quien va a comprar.

A La Galana la he conocido

en el viaje... -Ahí tiene, una moza decente,

costurera. Se hubiera casado

con un hombre de su igual.

La vio Cayetano, le dijo dos cosas y metió a su padre

y a su hermano en el Astillero.

(SUSPIRA) ¿Qué iba a hacer ella?

-¿Que qué iba a hacer?

¡Mandarle a paseo!

Es lo que haría una mujer decente.

Lo que pasa es que en este pueblo...

no hay moral. -¿Qué sabrás tú?

-Digo que no hay moral, un pueblo donde todo tiene

su precio y donde el único que puede comprar es el rico...

Es un pueblo sin moral.

-¡Oh! Todo no, Baldomero.

A mí no puede comprarme Cayetano.

-¡Mujer, no me refería a ti!

-Sabes de sobra que a Cayetano le haría mucha gracia.

En fin, que le gustaría.

Si yo no fuese como soy.

Oh...

¿Conoce usted al padre Osorio, don Carlos?

Es un hombre extraordinario, le aseguro que es...

-Un chiflado. -Cállate, hereje.

Es un verdadero santo.

Es el director espiritual de un grupo de señoras y chicas

con las que Cayetano no se atreve.

-Es un fraile que no me gusta.

Estuvo en el extranjero y entiende la religión a su modo.

Para mí, un hereje.

Todo lo que sea entender la religión de otra manera

que nosotros... herejía.

-¿Qué sabrás tú? -¿Cómo?

-Bueno, don Baldomero, dejemos las discusiones

para otro día.

-Ya sabe que ha tomado posesión de su casa

para todo lo que usted guste mandar.

(TOCA UNA MELODÍA CON LA FLAUTA) -El flautista de Pueblanueva.

Ande.

Flauta. Vamos.

-Ahí lo tiene usted.

Los gozos y las sombras - Capítulo 1 - ver ahora

Emilia Pardo Bazán es la autora de Los pazos de Ulloaun retrato de la Galicia profunda de la década de 1880 en la que se entrecruzan pasiones, religión y caciquismo. Fue adaptada por TVE en 1985 en cuatro capítulos, con José Luis Gómez, Omero Antonutti, Victoria Abril y Charo López como principales protagonistas.

Los pazos de Ulloa - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

No disparen, no disparen.

(Ladridos)

No disparen, no disparen.

Soy hombre de paz y no llevo bolsa.

¿Voy bien hacia la casa del marqués de Ulloa?

¿Oíste, Ratón?

Así que es usted el recomendado del señor del halaje.

Servidor y capellán.

¿Oíste Primitivo?

¿Y no será usted por un casual el señor marqués de Ulloa?

Ulloa, Ulloa.

Dime, ¿quién soy yo, señor abad?

(RÍE)

El mismo, sí, señor, soy yo en persona.

(RÍEN)

Pues, permítame que le entregue en mano

una carta de su señor tío de Santiago, el señor del halaje,

que me encomendó con sumo cuidado para usted.

Gracias.

Mi tío.

(Mugido)

Creo que sus primas le mandan recuerdos también.

Siempre tan bromista mi tío.

Dice aquí que me manda un santo.

Para redimirme, como si yo estuviese lleno de pecados.

Dime, ¿tengo muchos, señor abad?

Ninguno, aquí todos conservamos la inocencia bautismal.

Muy bien, señor abad. ¿Ha visto?

Así que usted se llama..., ¿cómo dice aquí?

Julián, Julián. Para servirle a usted muchos años.

Bien, entonces, bienvenido, Julián. Vámonos.

¿Qué le parece, señor abad? Que ahora ordenan, mequetrefe.

Oh, perejilillos con escarola. Y con guantes.

Y con guantes, señor abad, y con guantes.

Un día llegó un viajero

en un burro viejo y brotón.

Ligero llegó de equipaje,

cargado su corazón.

Mira los pazos de Ulloa,

lejos del mundo y de Dios.

Mira los pazos de Ulloa,

cargado su corazón.

(Música)

El escudo de mi casa.

(Música)

Bueno, ya estamos aquí.

¿Ha visto, don Julián? Mire, mire.

Mire la panza que tiene el señor abad.

Aquí se come muy bien, ¿verdad que sí, Ratón?

Venga, daos prisa, los perros están muertos de hambre.

¡Sabel!

Prepara la cena.

Primitivo, no te entretengas, vamos, vamos.

Ocúpate del equipaje del señor cura, hombre, échale una mano.

Sí, señor.

¡Sabel!

Corre.

¡Sabel!

Escóndete.

¡Sabel!

Señor.

Coge las maletas del cura y prepara la cena, ¡vamos!

El silencio de la mesa es más sagrado que el de la misa, abad.

(RÍEN)

Estate quieto, Hocico.

Con su permiso, señor abad.

No, no, no, por favor. Ya basta, gracias.

(RÍEN)

Esto está bueno, ¿eh?

¡Ay! ¡Ay!

Vamos a ver.

No es nada.

Toma.

Oiga, que le va a hacer daño.

No, está acostumbrado.

Es capaz de beberse dos o tres de estos.

Lo chupa, lo chupa.

(RÍE)

Pero el vino es veneno para las criaturas.

Vete con tu madre.

Ahora va usted a probar el mejor tostado de toda Galicia.

Molende del 59.

Sin perder todo el gusto de la pasa,

no empalaga y se parece al mejor Jerez.

Es como el Jerez.

Vamos, don Julián, pruébelo.

¿Qué, te gusta? Bueno.

Yo poco entiendo de vinos, como no tengo costumbre.

Fuera de la misa, quiero decir.

Miento, alguna vez tomo un anisete,

pero siempre después del café.

(RÍEN)

El que no bebe no es hombre.

¿Qué quieres, hijo?

¿Me lo da? ¿El qué?

El vino.

Ah, no, no, no, el vino no.

Para ti si te lo bebes de un trago.

Por favor.

No seas bárbaro, Primitivo. ¿Pero qué están haciendo?

Te lo has bebido, ¿eh?

Lo van a matar.

En vista de que ni bebe ni come, le acompañaré a su habitación.

Vamos. Como quiera, señor marqués.

(RÍEN)

(Ladridos)

Vamos, hombre, vamos.

(Ladridos)

Mañana hablaremos tranquilamente, que descanse.

(Ladridos)

(Ventana)

(Viento)

(Música)

(Risas)

(Música)

Bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito es el fruto de tu vientre.

Atiende, Sabel.

¿Esta soy yo? No, no eres tú.

Pero todo será tuyo al morir el amo.

Todo tuyo.

Pongo al cielo por testigo. Calla, Satán.

¿Cuando será?

Aquí está tu suerte, aquí.

(Música)

Virgen María, divina intercesora.

Acompáñame en esta hora.

(Música)

¡Que venga el señor con su pata de palo!

(Música)

(RÍEN)

(GRITA)

(Música)

(Gallo)

Don Julián, el chocolate. Sabel.

Oiga, otra vez dé dos golpes en la puerta antes de entrar.

Me estaba peinando y sentí que me llamaba, señor.

Aunque la llamase, aunque la llamase,

no me gusta, no me gusta. Usted perdone, no sabía.

El que no sabe es como el que no ve.

Está bien, por esta vez pase.

Oiga, Sabel,

yo acostumbro a decir misa siempre antes del chocolate.

Hoy no podrá. ¿Por qué?

Porque tiene la llave de la capilla el señor abad

y entre que se va al pueblo y se le despierta...

Hoy no podrá. Vaya por Dios.

¿Y es este el cuarto donde se queda el señor abad

cuando llega al Pazo? Sí, señor.

Pero hará mucho tiempo que no duerme aquí, ¿verdad?

Sí, mucho tiempo.

Porque si es así, habría que sacudir un poquito el polvo

y pasar la escoba de vez en cuando, ¿no le parece?

El señor abad nunca me mandó barrer el cuarto.

Sí, pero a mí me gusta la limpieza, Sabel.

Bueno, pues no se preocupe,

que yo se lo arreglaré todo muy arregladito.

Gracias.

Sabel,

por favor, no deje que emborrachen al chiquillo.

Además, ese tal Primitivo no me gusta nada.

Es mi señor padre.

Pues, eso que le he dicho que quede entre usted y yo, ¿no le parece?

(LLORA)

¿Qué le pasa ahora?

Sabel, ¿por qué llora usted? Sabel.

Bueno, bueno, pues a veces es bueno llorar.

(LLORA)

(RÍE)

¡Fuera!

¡Márchese!

¡Haga el favor de salir de este cuarto

y no vuelva a entrar aquí!

Y no me traiga nunca más ni el agua, ni el desayuno ni nada.

Si me quiero lavar, ya buscaré la fofaina

y si no, ¡prefiero estar sucio!

(RÍE)

Perucho, ponlo a secar.

¿Pero qué hace usted?

Tengo razones para atender a mi propia limpieza, señor abad.

Don Eugenio, de la parroquia de al lado, de Naia.

¿Qué tal, don Eugenio? ¿Cómo está usted?

Muy bien.

Me parece que se le va a perder la ropa.

¡Perucho!

(RÍEN)

Este don Julián se lava mucho, ¿sabe?

No fuma, tampoco bebe.

-Son mortificaciones, señor abad.

-Mortificaciones, no, afeminaciones.

(RÍE)

Se ha descuidado mucho la educación de este niño, señor abad.

Don Julián, me gustaría invitarle a la fiesta del patrón de Naia.

Ah, con mucho gusto.

(Música misterio)

¿Quién es ese? El Tuerto de Castrodorna.

Viene de Portugal, es de los nuestros.

(ESTORNUDA)

(Música)

(Pájaros)

Ahí está.

(Gruñidos)

Venga, sacarle, rápido.

Venga, hombre, daros prisa.

Ay, Perucho, ¿qué tal? Bien.

Venga conmigo, voy a enseñarle algo que le gustará.

El archivo de la casa, está un poco descuidado.

El antiguo administrador era un verdadero desastre.

Un título de nobleza.

Pero si esto es una maravilla, señor marqués.

¿Verdad? La historia de su casa.

Pero es una pena, señorito,

si le parece arreglemos esto como Dios manda.

Lo podemos hacer los dos juntos. ¿Hacer qué?

Sí, podemos separar lo antiguo de lo moderno

y de lo que esté estropeado pues se hace una copia.

Lo que esté roto se pega. Ah, sí, se pega, se pega.

Tengo una cita con dos perdices.

Oiga. (RÍE)

Perucho.

A ver, Perucho, ¿te gustaría que esta moneda fuera para ti?

¿Y el vino?

Que no quiero que bebas vino, mil hombre.

Bueno.

¿Tú te sabes las letras? Sí.

Bueno, pues si me aciertas qué letra es esta, te doy la moneda.

¿Qué letra es? La A.

¿A? Muy bien, A. ¿Y esta?

A. Esta no es la A, es la O.

O. O.

¿Y esta? A.

No, hombre, no, esta es la I. I.

¿Y esta? Esta, esta.

Ummm.

I. A.

No, esta es la I. A, E, I.

¡Perucho! Perucho.

Perucho, ven aquí.

Más respeto al señor cura.

Con esto no tenemos ni para empezar.

Mira, Perucho, ahora lo están despellejando.

Después lo cortan y nos lo comemos.

Vamos, acércate, no tengas miedo, que no te va a comer,

acércate.

Vamos.

Perucho, vamos a bebernos la bota tú y yo. ¿Qué te parece?

Atraco por disparo y luego a dormir la casa.

¿Cuánto vino tiene una bota? ¿Que cuánto vino tiene?

Ya lo sabrás cuando nos la bebamos.

Venga, Manuel, venga.

(Música)

Ahora me toca a mí.

Pinto, pinto, gorgorito, quien se queda es un borrico. ¡Ya!

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.

-Anda, ocúpate de ese pintamonas que me está haciendo un retrato.

(CANTA)

Este cacique, este cacique de Barbacana

que anda amenazando al personal con partidas y matones

para ganar las elecciones.

Pero está listo, porque aquí la gente no se deja amedrentar.

-Aquí la gente lo que está es más que harta de los liberales.

Han prometido mucho, pero les cuesta otorgar.

-Pues yo creo que lo importante en el hombre es la libertad

y luego ya viene todo lo demás. ¿No crees, Hocico, tú qué piensas?

-Pensar, pensar, lo que se dice pensar.

-Mira, por ejemplo, gracias a los liberales

tú puedes pensar lo que quieras.

Y lo que es más importante, incluso puedes decirlo.

-Pues yo, como un hombre como todos nosotros,

para mí lo importante es poder comer.

-Claro, claro, exactamente, tiene razón.

-El que más y el que menos está enojado con el poder,

que no hace nada.

Lo que la gente quiere es paz y orden.

-Cierto, muy cierto, ese era el tema de mi sermón

en la misa de hoy, la paz y el orden.

-Pues como ganen los conservadores carlistas,

habrá paz y orden. Vaya si la habrá.

Nada más ordenado y pacífico que los cementerios.

Diga usted que sí, señor Trampeta,

que al personal lo que de verdad, lo que de verdad quiere

es lo malo conocido que somos ustedes,

a lo bueno por conocer que son los señoritos y los curas mandando.

-Hocico, cuando tengas que hacer sentencias de orden político,

me consultas antes.

-¿Pero es verdad o no es verdad? -Que te calles, leñe.

-Todos los males le vienen al hombre por no saber estarse quietecito.

-Bueno, hasta luego. (TODOS) -Hasta luego.

-Miren, mire cómo corre, como si Dios se le fuese al campanario.

-Andaba yo detrás de una perdiz agachadito, agachadito,

sin perro que me llevase y estaba por montar a caballo de un vallado

cuando oigo: "Tris, tras, tras, tris, tipidí, tipidá".

El andar de una liebre más lista que las centellas

y con perdón de las barbas.

De repente, "bum", una cosa del otro mundo

me pasa por encima de la cabeza y me tira del vallado abajo.

(RÍEN)

-Sería una alma en pena.

-Que no, que no era una alma en pena.

Era la maldita liebre que pasa por encima de mí

y me tira patas arriba.

Bueno, vamos allá.

¿Por qué no convence a don Julián

para que venga con nosotros a la cacería?

Excelente idea.

(RÍEN)

Andaba yo agachadito, agachadito.

Detrás de una perdiz cuando...

¡Qué cosa más guapa!

(CANTAN) "Tris tras tras tris, tipidí, tipidá".

Están cerca, las huelo.

(RÍEN)

Buen día, ¿eh?

Ánimo, don Julián, la escopeta ya está cargada.

Solo tiene que apretar el gatillo. Aquí, ¿eh?

Silencio.

Apunte. ¿Dónde?

No veo nada. Sin miedo.

Pero si ahí está el perro.

Ahora, dispare. Está el perro.

Dispare.

(DISPARA)

Vámonos, no tiene ni idea.

Buen tiro. No se aprende en un día.

Es don Julián, el gatillo flojo.

(Gaita)

(RÍE)

(Música)

(Disparo)

Bueno, Perucho, pero tú de esto no digas nada a nadie, es un secreto.

Y además, de ahora en adelante lo tienes que hacer todos los días,

porque los niños, vamos a ver,

los niños si no se lavan cuando son chicos,

no crecen, ¿sabes? Pues el abuelo no se lava.

Sí, es verdad, pero cuando era chico se lavaba, seguro,

por eso está tan grande.

Bueno.

¿Cuántos años hace que no te lavas? ¿20?

40. 40, no sabía que fueras tan viejo.

Por aquí, por aquí no has visto el estropajo en tu vida.

(RÍEN)

La otra también.

Y ahora el agüita, el agüita que viene del cielo,

el agüita, el agüita.

Yo te bautizo, don Pelucho.

(Mugido)

Sí, pero el señor marqués me ha dicho que a dos reales.

-El señor marqués puede decir misa, el que lleva las cuentas soy yo.

-No, no, no.

-No ni no ni mierdas.

Perdono el préstamo del año pasado, que yo perdono, pero no olvido.

-Es usted un mal hombre y algún día le puede ocurrir algo.

-Vete al carajo.

-Venga usted, padre, y arrime el hombro.

Que vive usted como un cura.

Cada uno tiene su cruz, Primitivo, cada uno tiene su cruz.

No sé qué cruz llevará su paternidad,

todo el día paseando y rezando.

Primitivo, eso que hace usted con los campesinos se llama usura.

Además, está prohibido por la ley, usura.

Lo que debería estar prohibido es que alguien meta las narices

donde no le han llamado, digo yo.

Usura, usura.

Usura, usura, usura.

(Música misterio)

Barbacana te espera, vamos.

(Música)

(CANTAN EN GALLEGO)

Don Eugenio, mire.

(Mugido)

Qué alegría estar todos juntos. Es una alegría, sí.

Mariano. -Hola, ¿qué tal?

(Música)

¿Vieron qué bonito está el valle? Está precioso, precioso.

-Diciéndose por la cabeza tiene usted que estar

por el feudalismo y teocracia.

¿A qué sí?

Si yo no entiendo de política, don Máximo.

A otro perro con ese hueso, padre Julián.

Todos los pájaros de pluma negra vuelan hacia atrás.

Y si no, ¿está usted conforme con la libertad de cultos?

¿Cómo voy a estar yo conforme con esa barbaridad?

Todos los curas están de acuerdo con ese bandido de Barbacana,

que se trajo de Portugal al asesino de Castrodorna, El Tuerto,

uno que cosió a puñaladas a su mujer.

Barbacana y los curas lo sacaron de la cárcel

para meterlo en política.

-Dile que se vaya.

-Eh, Tuerto.

-Señor. -Márchate, vete.

No me gusta que se deje ver por aquí. -Hasta que le necesitemos.

-No le haga caso, Julián, aquí el peor cacique

es el tal Trampeta, que chupa la médula de los pobres paisanos

y se dice liberal.

-No esté de acuerdo en absoluto, no estoy de acuerdo.

(GRITA)

-¿Qué es eso?

Esto es un atentado la razón, un atentado a la autoridad.

-Lo siento, señor.

-Este es Trampeta.

-Es delicioso.

Vamos, Primitivo, nos esperan las perdices.

Marqués, quédense con nosotros un rato.

-Quédese, marqués. -Las perdices pueden esperar.

No tengo tiempo, vamos, Primitivo. Don...

-Parece que prefiere las perdices.

(Música alegre)

¿Pero hay más platos? 26.

Hay que dejar bien al santo.

-En mi parroquia se sirven 52.

-Sí, pero porque cuenta los postres.

-Representa las 52 semanas del año.

Dios mío.

(Música alegre)

Hoy en día es difícil encontrar buenas criadas,

y esta parece muy dispuesta.

Perdone, no entiendo lo que quiere decir, señor arcipreste.

Es mucha hembra para usted, don Julián.

Déjame, ya basta, ya basta, señor abad.

Se ha enfadado el curita.

(Música)

Perdonen usted el enfado, don Eugenio.

Yo no soy una persona de genio vivo,

pero hay desvergüenzas que me sacan de tino.

Póngase usted en mi caso.

Hay que tomarse las cosas con filosofía, una guasa es una guasa.

(Trueno)

Don Eugenio, no solo tenemos el deber de ser de gentes,

sino de parecerlo también.

Lo importante es tener la conciencia tranquila.

Sí, pero yo no puedo soportar que hablen de mí

como si tuviera algo que ver con esa muchacha.

Es que ni la miro a la cara.

(RÍE) No, si a la cara se le puede mirar.

Además, no iba a tener la desfachatez de pegársela al marqués

con el capellán de la casa.

¿Y que tiene que ver el señor marqués?

(RÍE)

¿Pero está usted seguro?

(RÍE)

Eugenio.

¿Se hace usted el bobo?

Entonces, el chiquillo Peruchinio. ¿Pero está usted ciego?

Es que me da tanta pena ese niño. Pero, hombre, parece mentira.

Estos hijos de nadie luego son como cada cual.

No se me enfurruñe, Julián, no se me enfurruñe.

No, don Eugenio.

(Trueno)

(Música alegre)

Qué buen mozo es el gaitero, ¿eh?

(Música alegre)

(Ladridos)

¿Qué te pasa, Peruchinio?

Ven aquí, ven.

¿Quién te ha hecho eso, quién?

(GRITA)

Ven aquí, zorra, ven aquí, zorra.

Yo te enseñaré a bailar, yo te enseñaré a bailar.

(LLORA)

Te vas a acordar de mí, zorra, zorra.

Zorra, zorra, te voy a dar, te voy a matar.

Don Pedro, don Pedro.

¡Don Pedro!

¿Pero es que no me has oído, Sabel?

¡Levántate y vete a hacerme la cena!

Busque quien le haga la cena y que se quede aquí.

Yo me voy, me voy, me voy, me voy.

(LLORA)

¿Qué has dicho? Yo me voy, me voy.

Madre mía de mi alma, ¿por qué vine aquí?

(TOSE)

¿No has oído lo que dijo el señorito?

Sí, he oído, señor padre, he oído.

Pues venga, no le hagas esperar.

Señor marqués, ¿no quiere que tomemos un poco el aire?

(Pájaro)

Dios mío de mi alma,

dame fuerzas para poder decirle que yo también me voy a ir.

Señor marqués, siento tener que decirle...

No, no malgaste la saliva inútilmente.

Me coge en un momento en que un hombre no es dueño de sí mismo.

Ya sé, ya sé que no se debe pegar a las mujeres.

No, si no se trata de eso, señor marqués.

Pero depende de la mujer que sea.

Bien, pero tampoco se puede ir por el mundo pegando a la gente,

porque la cena llegue tarde, ¿no? Por favor.

Pero si no ha sido por la cena.

Lo que he debido hacer es romperle una pierna.

Así, al menos durante algún tiempo, no podría ir al baile.

Mire usted, señor marqués, perdóneme la libertad que me tomo,

pero yo no puedo seguir bajo el mismo techo

donde un cristiano vive con duunvirato,

yo no puede ser cómplice, don Pedro, por favor.

No hace falta que me perdigue, ¿eh? Y no me pida cosas imposibles.

Soy todavía joven y además soy un hombre.

Y yo también. Y además soy un pecador.

Don Pedro, pero, cómo, ¿cómo le puede pegar usted

a esa cosa tan inferior a su categoría y a su nacimiento

como esa criada de cocina?

¿La criada? Una zorra, una puta.

Esa mujer, Primitivo, La Bruja y el resto de la familia

me están comiendo vivo. Ya.

Son capaces de hasta envenenarme.

¿Y por qué se preocupa usted por una cosa tan fácil de arreglar?

Póngala en la calle. Como si no hubiese probado.

Pero Primitivo amenazó con pegarle un tiro en las nalgas

a la que se presentase para sustituirla.

Tuve que hacerme la cama solo,

así que acabé pidiéndole a Sabel que volviera.

Pues cambie de mayordomo.

¿Primitivo? Sí.

Primitivo no sabrá casi leer,

pero es listo como una centella.

Usted lo ha visto, ¿no? ¿Ha podido usted con él?

No.

Oiga, don Pedro, ¿y no ha pensado usted en irse de aquí?

¿Irme? Sí.

¿Adónde voy a ir? Aquí soy el rey.

Estoy acostumbrado a pisar tierra mía y andar entre árboles.

Que corto si quiero.

Ya, pero yo no digo que fuera para siempre,

sino por una temporada.

A lo mejor puede usted encontrar una señorita que fuera de su agrado.

Usted, don Pedro, no es mal parecido.

¿Piensa usted que no se me ha ocurrido eso?

¿Cree que no sueño todas las noches

con un chiquillo que se me parezca?

Y no sea hijo de una bribona como esa.

¿Eso qué es? ¿Un zorro?

Sí, el peor zorro de los contornos, Primitivo.

(Ladridos)

(Gallo)

Señor, yo es que no me quedo aquí ni aunque me lo mande el obispo.

Ya, ya sé señor que un pastor no abandona nunca sus ovejas,

pero es que aquí de ovejas, nada.

Son lobos, lobos.

Quiero que me acompañó usted a Santiago.

¿Ah sí? Precisamente...

Pues, venga, ya puede darse prisa,

necesitemos llegar a Cebre antes del mediodía

para coger la diligencia.

Quiero darle una sorpresa a mi tío y, de paso, a conocer a las primas.

Ay, don Pedro, qué alegría me da usted.

No sabe qué alegría me da.

La yegua no sirve para el camino.

¿Qué le pasa? Pues que está sin herrar.

¿Sin herrar? No importa, yo iré a pie

y usted y el equipaje en la burra. Eso es.

No hay burra. ¿Qué le pasa?

Es que le han metido dos puñaladas.

Pues vamos a pie y en paz y tú nos acompañes.

No puedo.

Han venido los leñadores y solo yo sé los árboles que tienen que cortar.

Entonces, busca un mozo para las maletas

y tráeme la escopeta.

¿No me has oído?

Sí, señor marqués.

Muy bien, don Pedro, muy bien.

(RÍE)

Vamos allá. Gracias, Dios mío.

(Pájaros)

Aquí mataron a un hombre, era un hijo de la gran puta.

Que Dios lo tenga en su gloria. ¿Ah sí?

Sí.

¿Y por qué fue, señorito? ¿Por alguna venganza o qué?

Una pendencia de borrachos al volver de la feria.

(Música misterio)

¿Que pasa?

¿Qué pasa, don Pedro?

Nada, nada, que creía haber visto una liebre.

Ah, Primitivo, vaya, se decidió a acompañarnos a Cebre.

Sí, ya dije los árboles que el señor quería talar.

Muy bien.

(DISPARA)

Maldita sea, he fallado, se me ha escapado esa perdiz.

Bueno, andando, que se hace tarde.

Tú, Primitivo, ve delante, que conoces mejor que nadie el camino.

¿No lo conoce el señorito? Sí, lo conozco, lo conozco.

Pero es que a veces me distraigo.

Mamá, ¿te ayudo?

No, hijo, no. Ana, no me des guerra.

Rita, Carmen, Marujita y Marcelina.

Cuatro hijas tiene el señor del halaje,

que espera que den Santiagos como lo vas.

Pero aún no se ha dicho la última palabra.

Mientras Perucho sea el único hijo, es también el único heredero.

(RÍEN)

-Corre, que te cojo, que te cojo.

Venga, que te cojo.

Te cogí.

(Música)

Érase una vez un rey muy malo, muy malo,

que se comía a la gente

y tenía una hija muy bonita, muy bonita y pequeñita.

Quería comerla porque era el coco

y tenía una cara muy fea, muy fea.

Dijo el rey: "Me voy a comer a mi niña, así, así".

Le vio un pajarito y le dijo:

"Si no te la comes y me la regalas, te doy un hijo".

Va y dice el rey: "Bueno".

Va y se casó el pajarito con la niña

y le cantaba cosas muy bonitas, muy bonitas tocando la gaita.

(Campanas)

Como siempre, tarde.

-Yo no veo nada. -Hola, niños, soy mamá.

Tengo caramelos para todos, a ver.

¿No me conocéis? ¿No me conocéis de verdad?

Soy vuestra madre, con las ganas que tenía yo de veros.

Ven, ven aquí.

Este sí que pesa, cómo ha crecido, por Dios.

Qué guapo está.

Precioso.

(Música)

Es grande, es grande Santiago,

pero no más grande que una montaña ni más largo que un río.

(RÍE)

(Timbre)

¿Habitaciones? Julián, Julián, escuche, Julián.

Yo creo que esta noche no voy a poder dormir

si antes no me cuenta cómo son mis primas.

(Música)

Yo no me atrevería a definirlas por separado, señor marqués.

Todas mantienen el porte y la educación propia de su familia.

Siendo de carácter diferente, eso sí,

tienen en común un comportamiento virtuoso.

(HABLA EN FRANCÉS)

¿Cómo es? -¿El marques?

-¿Gordo? ¿Alto?

-No, como guapo es guapo, un poco bruto, pero distinguido.

A mí me gusta más el cura.

-¿Los ojos? ¿Son castaños? -Guapo, brutito, distinguido.

Guapísimo.

Viene un hombre y la casa se desbarata.

-No saliste Moscoso ni Cabreira, chico.

Saliste pardo por los cuatro costados como yo.

De haber nacido en otro tiempo,

habríamos hecho grandes cosas, hijo mío.

¡Dios! Qué grandes vasallos si hubiera buen señor.

Todavía quedan grandes cosas por hacer.

Además, no crea que es pequeña cosa cazar perdices, tío.

Si conociera Los Pazos, todo montaña, bosque.

A don Julián le ha gustado, ¿verdad, Julián?

Todo es grande y pequeño, porque todo es obra del señor.

(RÍEN)

Todos, señor, todos. -Todos, Bibiana, todos.

(RÍEN)

Estos curas con sus cosas.

¿Y dónde están mis primas? Apuesto a que no vas a reconocerlas.

(RÍEN)

Y tú no le digas nada.

Mira, ahí tienes una.

(Música)

No, no, no me digas nada.

Tú eres, eres Rita.

Soy Manolita, hola, primo.

(RÍEN)

(Música)

A ver si sabes quién es esta.

Claro que lo sé, es, es, lo sé, lo sé.

Tú eres Marcelina.

No, ella es Carmen, yo soy Marcelina.

Marcelinucha, pero me llaman Nucha.

Buenos días, Julián. ¿Cómo está su madre?

Bien, bien, la pobre hace mucho tiempo que no la veo.

Buenos días, papá.

Oye, Nucha, ¿y a mí no me das un beso?

¿Es verdad que has venido a Santiago para buscar novia?

(RÍEN)

Sí. Pues entonces no te beso.

Uy, el pavo, estás echando humo.

Si te quemas, te mato.

Un chorrito para ti y otro...

Vamos. (GRITA)

Un adorno, venga, que nos vamos.

Nos esperan, a ti sobre todo, vamos.

¿A dónde me llevas? ¿A donde voy?

A mí gusta mucho esa parte.

Pues yo creo que es más campo que El Pasaje.

Depende de lo que llueva.

Dame, Bibiana, dame.

Dame, mujer.

Perdone, se me ha ido el santo al cielo.

(RÍEN)

Puñeta.

Estos cuchillos no.

Hay que decirle a Bibiana que llame al afilador.

-Es que papá siempre se empeña en cortar el pavo por el esternón.

-Manolita, deja a papá que lo corte por donde quiera.

-Pero si no lo corta. -Él lo hace así.

-¿Por qué no pruebas tú, primo? ¿Me permite?

Cedo gustoso el honor a nuestro invitado, adelante.

(RÍEN)

Maldita sea, mira cómo me ha puesto.

Le ha puesto perdido.

Estos pavos de ciudad solo comen y duermen.

Son todo grasa.

Y estos pavos de aldea son algo torpes y groseros.

Mira, este es mi niño. ¿Quién?

Mi niño Gabrieliño. Ah, tu hermano Gabriel.

Gabrieliño. ¿Traigo el te? No, un cenicero.

Julián. Sí.

Componiendo una palabra con la primera sílaba

de cada uno de los nombres de los elementos

que componen la base ática, esa palabra sería "citociescitova".

"Citociescitova".

Ya lo sé, metopa el espacio que medie entre los triglifos

en el friso dórico.

(Campanas)

Primo, ¿sabes lo que es metopa?

(Campanas)

Ven conmigo, primo. -¿Y Carmen?

Que Santiago no es solo Santiago.

Qué ganas tengo de ver a Gabrieliño. Yo también.

¿Te acuerdas cuando le hicieron este retrato?

Mira qué rico está.

(Campanas)

¿Lo ves? Desde aquí se ve la catedral, pero también...

(Campanas)

Vamos, primo, ven conmigo. Ven.

(Música)

Nucha, ¿qué te parece si le decimos a Bibiana

que prepare unas empanadas para nuestro invitado?

Seguro que le gustará. Sí.

(Música)

Vamos, señorita, venga. Venga, señorita.

(Música)

Vamos, a volar.

(Música)

Desde que murió mi mujer, ella ha velado por sus hermanas y por mí.

Dios la bendiga.

(Música)

Oye, tonto, ven aquí.

Vete a la puerta de la iglesia y pregúntale a la señorita Carmen

cuándo cae en martes el Viernes Santo.

-¿Cuándo cae en martes el Viernes Santo?

-Pues cae donde cae.

-¿Cuándo cae en martes el Viernes Santo?

-Estos arcos de la derecha son muy armónicos

y yo creo que le dan un gran realce

a este ala de la Iglesia, ¿sabes, sobrino?

Sí, lo veo, lo veo.

¿Cuándo cae en martes el Viernes Santo?

-¿Sabéis lo que dice el tonto?

Que cuándo cae en martes el Viernes Santo.

Primo, ¿sabes lo que dice el tonto?

Que cuándo cae en martes el Viernes Santo.

Cada día está más tonto.

Dice Bibiana que los tontos son santos.

-Volvamos.

-¿Sabes cuando cae en martes el Viernes Santo?

Depende, creo que cambia cada año.

(RÍEN)

(Campanas)

Carmen, te quiero.

-Que viene mi padre, vete.

-Apártate, mequetrefe. ¿Como se atreve? ¡Largo de aquí!

Calma, calma. Calma, tío, calma.

Váyase, hágame caso.

Sin duda, mi tío le ha tomado por otro,

pero ya veo que se ha equivocado.

Parece usted todo un caballero.

Váyase y aquí no ha pasado nada.

Eso, circule, circule. Gracias, primo.

(Campanas)

Gracias. No hay de qué.

(Ladridos)

Rita, está muy bien, pero que muy bien.

¿No le parece usted?

De eso, el señor marqués sabe más que yo,

pero depende, ya verá usted.

¿Depende? ¿De qué?

Su carácter, sus virtudes, su ingenio.

Parece una hembra sana y tendrá hijos sanos.

Más fuertes aún que Perucho, el de Sabel.

La casta de los señores del halaje es muy saludable gracias a Dios.

No, no, no. Beba, beba.

Es que no tengo costumbre. Una vez al año nunca hace daño.

¿Sabe lo que estoy pensando, Julián? No, no lo sé.

Bien sabe Dios que no lo sé.

Cuando la he visto sobre el caballo he pensado que...

Vaya, no sé.

Era un arrebato, señor marqués.

Es joven. Sí, sí, pero no es eso.

Sí, sí, que es joven, es joven y un poco... ¿cómo se dice?

Yo juraría que se deja. ¿Que se deja qué?

Sí, hombre, sí, que toma varas.

Para casarse no es cosa de que la mujer no sea segura.

La prenda más esencial de una mujer es la honestidad.

Lo que pasa es que la señorita Rita tiene el genio así, franco y alegre.

Vamos, no me venga con disimulos.

Usted conoce bien mis primas.

Además, usted de los sacerdotes tienen trato,

aconsejan, escuchan,

así es que, Julián, dígame lo que sabe.

Pues, mire, yo creo que estas bodas entre primo y prima

me parece muy bien.

Clases iguales, no hay desproporción...

Bueno, bueno, Julián, déjese de rodeos, al grano.

Si he de casarme, quiero saber con quien me caso.

Las señoritas son buenas.

De todos modos, aunque yo supiese algo,

me guardaría muy mucho de propagarlo, ¿comprende?

O sea que para usted son perfectas.

Perfecto, perfecto, no hay nadie, señor marqués.

Ya ha visto usted a Carmen,

tiene un novio estudiante y, además, materialista.

Pues la verdad es que mucha materia no parece tener.

¿Y Manolita? ¡No me hables de Manolita!

Hábleme de Rita.

Rita es una muchacha de primer orden.

Solo que aquí difícilmente le iba a salir novio.

Las jóvenes como Rita siempre terminan casándose

con algún forastero.

Don Pedro, yo,

puesto a escoger, no lo dudaría,

me quedaría con la señorita Marcelino.

Nucha. La señorita Marcelino.

(RÍE)

Nucha, pero si Nucha es una cosa insignificante.

(Trueno)

Es un tesoro, señor marqués, un tesoro.

(Música créditos)

Los pazos de Ulloa - Capítulo 1 - ver ahora

Carmen Martín Gaite ganó en 1957 el Premio Nadal con Entre visillos, adaptada por TVE en 1974 en 15 capítulos con Charo López, Inma de Santis, Alicia Hermida, Amparo Pamplona y Pepe Sancho, entre otros. La novela relata la vida de un grupo de chicas de clase media en una ciudad de provincias de la España de los años 50.

Entre visillos - Capítulo 1

Fiodor Dostoievski escribió Crimen y castigo, protagonizada por un joven estudiante (Rodia Raskólnikov) que comete un asesinato del que no tardará en arrepentirse profundamente. José Luis Pellicena, Nélida Quiroga, Lola Gaos, Ana Belén, José Calvo, Rafael Guerrero y Marisa Paredes figuran en el reparto de esta serie de 1970 en 15 capítulos. También puedes disfrutar de otras dos novelas del gran escritor ruso: El idiota El jugador.

Crimen y castigo - Capítulo 1

Nuestra propuesta de Liev Tolstoi es Ana Karenina, retrato de un escandaloso adulterio en la aristocracia de la Rusia zarista decimonónica. La serie consta de 20 capítulos, emitidos en TVE en 1975, con actores como María Silva, Paco Valladares, Pablo Sanz, Luisa Sala, María Massip, Inma de Santis, Daniel Dicenta y Amparo Baró. De Tolstoi también tienes disponible su novela Resurrección.

Ana Karenina - Capítulo 1

Entre las obras de Victor Hugo sobresale Los miserables, que narra las andanzas de un hombre que sale de prisión y pugna por integrarse en una sociedad que le rechaza (la convulsa Francia decimonónica). TVE produjo en 1971 una serie en 19 capítulos, con José Calvo, Andrés Mejuto y Teresa Rabal en su plantel de actores.

Los miserables - Capítulo 1

Alejandro Dumas escribió un clásico como El conde de Montecristo. El argumento de la novela gira en torno a la fuga y posterior venganza del conde Edmundo Dantés, injustamente encarcelado 15 años en la isla-prisión de If. La serie de 17 capítulos fue emitida en TVE en octubre de 1969 y está interpretada en sus principales papeles por Pepe Martín, Emma Cohen, José María Escuer y Pablo Sanz.

El conde de Montecristo - Capítulo 1

El francés Honoré de Balzac escribió Eugenie Grandet, adaptada en 1969 por Cayetano Luca de Tena. Fue interpretada por Pablo Sanz, Maite Blasco, Pepe Martín, Mary González y Asunción Villamil. Eugenie es una mujer insatisfecha, víctima de un padre avaro y tiránico, en la Francia del primer tercio del siglo XIX. De Balzac puedes ver igualmente su Papá Goriot.

Eugenia Grandet - Capítulo 1

De Charles Dickens es David Coperfield, la historia de un buen chico al que se le trunca una infancia feliz cuando aparece un padrastro en su vida. TVE emitió la serie en 21 capítulos entre 1969 y 1970. En el reparto, entre otros, Paco Valladares, Manuel Dicenta, Fernando cebrián, Clara Suñez, Blanca Sendino, Lola Herrera, Víctor Valverde y Gaby Álvarez.

David Copperfield - Capítulo 1

Del norteamericano Mark Twain tenemos su Príncipe y mendigo en una adaptación de 1966 en cinco episodios. Fue dirigida por Pedro Amalio López y protagonizada por Juan Ramón Torremocha, Francisco Morán y Emilio Gutiérrez Caba, entre otros. Ambientada en la Inglaterra del siglo XVI, narra la historia paralela de dos niños físicamente idénticos: uno, el mendigo Tom Canty; otro, el príncipe Eduardo.

Príncipe y mendigo - Capítulo 1

La obra más conocida de la británica Charlotte Brontë es Jane Eyre, novela de la que tenemos una adaptación en 15 capítulos dirigida en 1971 por Domingo Almendros y protagonizada por María Luisa Merlo, Rafael Arcos y Mercedes Prendes. Es una historia de superación personal y lucha contra la injusticia de una chica huérfana en la Inglaterra victoriana.

Capítulo 1

Británica era asimismo Jane Austen, autora de Emma, obra adaptada para TVE en 1967 en cinco capítulos con Lola Cardona, Miguel Aguado, Ana María Vidal, Luisa Sala, Arturo López, Alberto Bové, Pepe Martín, Lola Herrera, Pastor Serrador y Manuel Torremocha en el reparto. Se trata de una comedia de crítica social ambientada en la Inglaterra rural de principios del siglo XIXDe Austen también puedes ver íntegramente en nuestra web Persuasión y La abadía de Northanger.

Emma - Capítulo 1

RTVE

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