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Para todos los públicos  Imprescindibles - Érase una vez Juan Marsé - Ver ahora
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Resulta ganador por mayoría

del Premio de lengua castellana Miguel de Cervantes 2008

don Juan Marsé Carbó.

Este hombre vestido de chaqué es escritor,

o como a él le gusta decir, narrador.

Según su opinión, los escritores

deberían evitar exhibiciones y homenajes mediáticos,

deberían centrarse en contar historias, a poder ser,

buenas historias.

Pero aquí está él recibiendo el Premio Cervantes,

el más prestigioso en literatura en lengua castellana.

Porque la verdad es que yo nunca me vi

donde ustedes me ven.

Los que me conocen saben que

me da mucho apuro hablar en público.

En 1958, Juan Marsé

publica su primer cuento en "Ínsula",

y a partir de ahí, a lo largo

de más de cinco décadas, nos ha entregado

novelas, cuentos y semblanzas periodísticas apoyadas

en la memoria.

Con su compromiso y su trabajo de fabulador

ha dado voz al vencido, al recién llegado, al mal querido.

Juan Marsé es un escritor y un narrador nato.

Es un autor que perdura, que interesa, que gusta.

Es un escritor que crea adicción, es decir, que tiene sus lectores.

Quizá el novelista más influyente

y más presente en la mente de los demás novelistas españoles.

"El tipo es bajo, desmañado,

poco hablador, taciturno y burlón".

"He aquí un hombre que espera un autobús en una parada

rumiando cualquier cosa".

"Visto de espaldas, mientras se aleja, es la imagen del pesimismo

y del celoso anonimato".

"Es terco y perseverante en sus amores

y en sus odios. Es también el espécimen

más vocacionalmente gandul que conozco".

-No, no le gusta demasiado viajar.

Él tiene un mundo interior muy

muy amplio.

Necesita su

su guarida.

Su despacho es el lugar

que más le gusta frecuentar.

El de Barcelona o el de Calafell.

-"Su actividad soñada es dimitir de todo,

incluso del tiempo y del espacio, de ahí quizá su actividad real,

matar el tiempo y el espacio con espejismos que reflejen

el rojo sol de la verdad".

"No se considera un intelectual

y soporta mal que le traten como tal".

-La fama, ¿no?

Él tiene una fama terrible, ganada a pulso,

de tipo difícil, esquivo.

Creo que él también se siente cómodo en ese papel de huraño

que hace de puertas para fuera.

De puertas para dentro

no es tan huraño.

-Marsé es un carácter que

que va a la suya.

Hace muy poco caso de lo que pueda decir la gente.

Es que es de los pocos autores que no les gusta hablar del oficio

ni de nada.

Marsé no habla, de hecho.

Marsé habla el "marseniano", que es un idioma propio.

Siempre tienes la sensación, cuando habla,

de que preferiría estar fumando

o contradiciendo los consejos de sus médicos.

Arropado por su familia en este viaje,

Marsé accede a la compañía de una cámara.

Pronto la imagen

del escritor misántropo se va, pero será difícil retratarlo.

Hablar de Juan Marsé con Juan Marsé es como hablar de otro.

Bueno, me gustaría verme reflejado como una especie

como una especie de

de Faulkner, por ejemplo, que tampoco le gustaba hablar

de la faena.

Se ponía a hablar de cosas del campo porque era un campesino.

Pero no lo sé hacer.

O como Ruffolo, que contestaba con monosílabos. Sí, no.

Sí, señor. No, señor.

Le encantaría ser Marsé y que la gente se imaginara

lo que quisieran de quién es, dónde vive, qué hace

"Pues han dicho que tiene un perro, que le gusta tal cosa,

pues han dicho que a veces va a este bar o a este local".

Esto a Marsé le encantaría, pero no es así.

¿Cuáles son sus preparativos

para ese día tan único?

-¿Mis preparativos? -¿Qué va a hacer?

-Pues le voy a dedicar bastante tiempo al nudo de la corbata,

porque es algo que me sale mal.

Voy a hacer eso.

No sé si tendré tiempo para hacer algo más.

-¿Lo del chaqué como lo lleva?

-Pues

Me cuesta mucho mirarme al espejo.

A mí me hicieron una pregunta desde las alturas y me dijeron:

"¿Marsé se pondría un chaqué o no?".

Yo dije: "Sin lugar a dudas".

"Si Marsé no se pone el chaqué, voy yo y le planto el chaqué".

-A mí también me sorprendió. Mi padre con chaqué.

No me lo imagino. Como si dijeras en tanga.

Y no, no, bien.

-Hola, buenas, me gustaría preguntarle

sobre el discurso. No sé si hará referencia

a la memoria histórica, que aparece en su obra. Explíquenoslo.

-Sí, haré referencia a la memoria histórica,

a la individual, a la transversal

y a toda clase de memoria, sí.

Sin memoria no somos nada.

Eso está muy presente en la literatura de Marsé.

Pero hay algo mucho más interesante todavía,

y son las trampas de la memoria.

Cómo la memoria distorsiona el pasado,

cómo estamos hechos de una mezcla extrañísima

de ficciones y realidades, de recuerdos inventados.

Eso es más profundo en Marsé.

Él conecta a través de un sentido de la recreación de la memoria,

del combate, del derrotado, toda esa estética

de la renuncia, pero al mismo tiempo sin resentimiento,

pero con una gran amargura.

Todo eso, cualquier lector lo puede adaptar a su paisaje.

Estoy hablando de una Barcelona mental,

una Barcelona de la memoria.

Tiene que ver con mi infancia, con mi juventud,

sobre todo, porque está vinculada a una época donde

la memoria individual y colectiva

estaba secuestrada, digamos, ¿no?

Estaba cuestionada.

En consecuencia, me pareció que había que recuperar

una serie de vivencias

que, oficialmente, algo así como que no habían existido.

El domingo 8 de enero de 1933,

Juan Marsé nace en Barcelona.

La Segunda República cuenta con dos años

de vida, es tiempo de esperanza.

Es el momento en que el país

se desliza hacia el desastre.

Juan Marsé Carbó nace siendo otro.

Es bautizado como Juan Faneca Roca, hijo del taxista

Mingo Faneca y de Rosa Roca, fallecida a los 15 días del parto.

Se cuenta que

un día, haciendo el taxi, Mingo Faneca recogió

a Pep Marsé y a Berta Carbó.

Y Berta, según esta historia que se ha explicado,

lloraba viéndole en el taxi.

Mi abuela, al parecer, tuvo un hijo que nació muerto,

aunque eso no está muy claro.

Los médicos le dijeron que no podría tener más.

Muy deprimida cogió un taxi y le contó al taxista su drama

y el taxista le contó el suyo, que tenía dos niños pequeños

y que los había metido en un hospicio y tal.

Y, bueno, le entregó la criatura y mi abuela,

que era muy creyente y católica, estaba convencida de que ese niño

se lo habían enviado y que iba a ser un artista.

Juan Marsé solo vuelve a ver a su padre biológico en dos ocasiones.

Tras la azarosa adopción, sus nuevos padres, Juan Marsé

y Berta Carbó, tendrán dos hijos más, Regina y Jordi.

1936.

Cuando cuenta con tres años, se desata

la Guerra Civil. Los efectos de esta guerra

tendrán un peso definitivo en la narrativa de Marsé.

Tengo recuerdos,

pero ya de mayorcito,

de los bombardeos en Barcelona en el año 38.

De las bombas cayendo, del sonido de las bombas

y de dormir en el metro, en estaciones de metro y en refugios.

El 26 de enero

de 1939, las tropas

nacionales entran en Barcelona.

Yo estaba en el balcón, supongo que sentado

en el suelo, y vi pasar a los soldados.

Mi padre estaba

a mi lado.

Y encendió un puro, o sea, se sacó un puro

y se lo encendió. O sea, llevaba un gran puro y lloraba,

y lloraba. De eso me acuerdo perfectamente.

El 1 de abril, el ejército sublevado

finaliza la guerra. Empieza la dictadura

del general Franco y la represión

política y social sobre los derrotados.

Pep Marsé, de convicciones catalanistas y de izquierdas,

no quiere exiliarse.

Se convierte en un sospechoso habitual

y entra y sale de la cárcel en repetidas ocasiones.

Berta Carbó trabaja como enfermera y mantiene a todos.

Son años difíciles.

O sea, tuvo una infancia muy austera

pero muy feliz.

Su casa era un circo de tres pistas a menudo.

Pasaban personajes muy interesantes que él ha explotado en su obra.

Dentro de la sede

del Instituto Cervantes,

en lo que fuera la cámara acorazada,

está la Caja de las letras. Junto a otros nombres propios

de la cultura, los premiados con el Cervantes ponen en una caja

lo que quieren llevar

al futuro. Hoy es el turno de Juan Marsé, que llega portando

su discreta caja legado.

Marsé dispuso que su contenido se desvele en 20 años.

No diré de qué se trata

porque no está bien,

porque es secreto,

aunque sí puedo anticipar

que contiene el secreto de la escalivada, que es

Risas

Es un plato catalán

que es muy bueno, que recomiendo.

Y aquí está el secreto de cómo hay que hacerlo.

Hay otras cosas,

pero creo que no son tan importantes como esta, la verdad.

-Ahora se ha cerrado. Ha quedado cerrada.

-"El rostro magullado

y recalentado acusa las estupefacciones sufridas

a lo largo del día, y algo en él se desploma con estrépito

de himnos y banderas".

"Este sujeto, sospechoso de inapetencias y como desriñonado,

podría ilustrar la manera de vivir y la

naturaleza social del mundo en que uno vive".

"Mientras el país no sepa qué hacer con su pasado,

no sabrá qué hacer

con su futuro".

De niño,

Marsé no encaja en un sistema educativo que exige

más rezos y cantos que lecturas. Pronto abandona los estudios.

Cara al sol con la camisa nueva, que tú bordaste

Él fue a la escuela hasta los 12 ó 13 años.

Y luego su madre lo puso a trabajar en una joyería.

Ella pensaba que yo tenía actitudes para el dibujo

y por eso propuso que entrara de aprendiz en un taller

de joyería, en un taller que era muy artesanal.

En sus inicios de aprendiz y recadero se patea de arriba abajo

la ciudad.

Estrecha su vínculo con la realidad de sus calles,

pobladas de estrafalarios, niños feroces, vencedores y vencidos.

Lejos de la escuela, el universo

estético y literario de Marsé se va formando de modo

instintivo, autodidacta.

Lee tebeos, dibuja y alquila novelas

en los quioscos y librerías del barrio.

Hoy asistimos a uno de los pocos actos que no agobian a Marsé.

La charla con lectores y estudiantes le gusta, le estimula.

Con ellos no tiene problemas en hablar de su vida, su formación

y sus amores literarios. Varios estudiantes

preguntan por tu comienzo de escritor, ¿cómo empezaste de lector?

-Yo me leí toda la colección de "El Coyote".

La compraba semanalmente.

Y muchas novelas del oeste.

Toda esa mitología que tenía que ver con el cine.

Es lo que leímos de críos.

Salgari y todas estas cosas.

"Los apuros de Guillermo" lo leían las niñas.

Fu Manchú es uno de los héroes personales de Marsé,

como la Betty Boop. Eran películas por episodios.

Sí, sí, había unos y Fu Manchú les hacía bajar una pared,

se cortaba y decía: "Continuará" Hasta el día siguiente.

Hasta que, de repente, me dio por volverme muy riguroso,

muy serio y muy formal.

Y entonces, de forma sistemática,

empecé a leer a Proust,

Joyce, Dickens,

a los verdaderamente importantes.

La pregunta, ¿qué te llevarías para leer a una isla desierta?

Pues Marsé se llevaría "La isla del tesoro",

un libro que le gusta.

Me dijo "La isla del tesoro", de Stevenson, un libro en el que

no sobra ni falta nada, que es el mayor elogio

que puede decir Marsé de un libro.

Debo referirme también,

como complemento importante de una formación muy precaria,

al cine y a sus queridos fantasmas.

-Gracias al hecho de que su padre era desratizador,

era un funcionario que desratizaba muchos cines de Barcelona,

pudo ir a los cines gratis.

Era realmente maravilloso ir al cine.

Y se iba muchísimo al cine.

En el momento en que se apagaban las luces, era un territorio nuevo.

Y era el territorio en el que por fin las cosas estaban a la altura

de nuestros deseos y anhelos.

Su familia cuando era un niño, en los cuarenta,

le había inculcado una filosofía de perdedor, de derrotado.

Oías continuamente comentarios

en casa, en todos lados,

sobre "no somos nada, no somos nadie,

en esta mierda de país".

Éramos el culo del mundo, ¿no?

Y en eso que vemos en el cine del barrio

"El símbolo del Zorro", una película estupenda

de aventuras. -Y en esa película del Zorro,

con sus espadachines, caballos y mujeres hermosas

con escotes prometedores,

en esos diálogos con el héroe, de pronto,

cuando el Zorro debe enfrentarse con el capitán Esteban,

alguien dice en la película:

"El capitán Esteban estuvo en una academia de esgrima en Barcelona".

Nos quedamos pasmados y maravillados

y casi incrédulos de que la ciudad de Barcelona, nuestra ciudad,

apareciese en esa película de Hollywood,

en boca de aquellos actores.

Algo así como la confirmación de que existía,

de que existíamos.

Se le abrió todo un mundo.

Dijo: "Si en las películas que voy a ver para imaginar un mundo mejor

para salir de la roña, la derrota y el fracaso,

hay una Barcelona que desconozco en la que el Esteban da esgrima".

Barcelona adquirió una categoría.

Era como si jugaras la final de la Champions.

La narrativa de Marsé nace y vive en una Barcelona popular.

Los barrios del Guinardó, el Monte Carmelo, la Salud y Gracia

constituyen el mapa mental en que sitúa a sus personajes.

Él crea un mundo,

geográficamente muy pequeño y literariamente muy grande.

Eso ocurre con los grandes escritores.

Son capaces de inventar una ciudad que no existe,

que es una exageración de varias ciudades pero que no es realista.

Escribí unos relatos

así como cuando tenía, no sé, 16 ó 17 años.

Y una vecina amiga de mi hermana Regina,

una chica que además me gustaba mucho,

tenía máquina de escribir y yo le pedía

que me los pasara a máquina.

Yo los escribía a mano y ella me pasaba esos cuentos a máquina.

Pero no sé hasta qué punto era una excusa, es decir,

no sé hasta qué punto yo escribía o no

para conseguir un cuento o para que ella me lo pasara

a máquina y así estar juntos.

Había un tipo de cosa confusa.

Se confundía vocación y deseo.

Después, sobre todo, haciendo el servicio militar en Ceuta,

pero eso ya en el año 53 ó 54,

mantenía correspondencia con otra chica del barrio,

con la que había tenido una relación,

y escribí cantidad de cartas en las que

evocaba ratos que habíamos pasado juntos

en su casa, sobre todo, y en el barrio, etcétera.

Como me aburría mucho en la mili, escribía un montón de cartas.

Y cuando regresé y se me ocurrió escribir la primera novela,

"Encerrados con un solo juguete", le pedí que me

dejara las cartas esas porque ahí había material.

En realidad, la novela surge de esa correspondencia, de esas cartas.

En la Barcelona de los cincuenta,

el movimiento editorial independiente despierta.

Entre recado y recado

de la joyería, Marsé acerca

a la recepción de la editorial Seix Barral su primera novela.

"Encerrados con un solo juguete" se presenta

al Premio Biblioteca Breve.

La editorial, capitaneada por Carlos Barral,

es la más dinámica del momento y reúne a escritores

de la talla de Gil de Biedma, J.M. Castellet o José A. Goytisolo.

El premio se declara desierto.

La novela llama la atención de Carlos Barral.

El editor contacta con Marsé.

Esa llamada supone su pistoletazo de salida como novelista.

A ese grupo de exquisitos

como Carlos Barral, Jaime Salinas,

a todo ese aparato supersofisticado

y superintelectualizado les encantaba tener un escritor obrero.

Ellos entendieron a través de la lectura del libro

que yo era un obrerete del barrio, ¿no?

Y en esa época como no abundaba, digamos, el tipo de escritor

surgido así de

La verdad es que casi todos eran señoritos.

Y supongo que había una cierta curiosidad.

Vamos, yo lo noté.

Juan Marsé es adoptado por la elite cultural de la ciudad

y se convierte en asiduo a las tertulias que Gil de Biedma

organiza en su sótano de la calle Montaner.

Salvando diferencias de origen y condición,

Marsé Y Jaime Gil consolidan una profunda amistad

que se mantendrá hasta la muerte del poeta.

Él encontró su hogar dentro de ese grupo.

Y tampoco era una cuestión que le obligara

ni a parecerse ni a copiar una forma.

Por no copiar, no ha copiado ni las buenas costumbres, o sea que

Y de manera muy especial, deseo mencionar a Carmen Balcells,

mi agente literaria de toda la vida, de esta

y la de más allá.

Sobre todo, desde que tomé prestada una ocurrencia de Groucho Marx

y le dije: "Querida Carmen, me has dado tantas alegrías

que tengo ordenado para cuando me muera

y me incineren, te entreguen el 10% de mis cenizas".

Risas

Le debo muchísimo a Carmen.

En el sentido de creer en mí

desde el primer momento, desde el primer día

que llegué a mi casa y estaba hablando con mi madre.

Y había publicado la primera novela

y ella vino y me dijo: "Quiero que me des permiso

para buscar salida a tus libros".

Yo creo que le dije: "No sé si voy a escribir otro".

No tenía clara la vocación.

Y dijo: "Tú no tienes por qué ocuparte de nada".

"Tú me dejas y ya está".

Y sí, pues así empezó.

En pocos años,

la agencia de Carmen Balcells

es la más influyente en el mundo en lengua castellana.

Entre sus clientes, han estado

García Márquez, Pablo Neruda, Vargas Llosa o Julio Cortázar.

Te cuida hasta el punto

de que se mete en tu vida, es decir,

si te conviene o no, en fin, cambiar de piso,

cambiar de mujer

En ese sentido, es entrañable, sí.

¿Cómo me va a abandonar?

No va a encontrar nadie que haga lo que hago yo.

Lo que yo he hecho, solo lo que he hecho.

A principios de los sesenta,

del entorno de la editorial Seix Barral surge la idea

de proporcionar a Marsé una estancia becada en París.

Largarse era algo importante.

¿Para qué? Bueno, estaba la cuestión de la libertad.

Podías ver un cine distinto, libros,

amoríos también, es decir, la represión sexual era un hecho.

Aquí era una cosa que te ahogabas.

Con algunas recomendaciones, Marsé

entra en los círculos del exilio español en Francia.

Muchos de sus integrantes

están afiliados al PC.

Nos juntábamos un grupo, lo que se llamaba una célula.

Y yo me aburría infinitamente.

No me interesaba nada, lo que pasa es que iba por una francesa.

Y los del partido le dicen que cómo sale con esta chica,

que no está bien, porque la chica era casada

y el marido estaba en la Guerra de Argelia.

La idea que tenían en París de la situación era sobre

las condiciones del obrero en España, y sus ilusiones

con respecto al futuro no se correspondían con la realidad.

Hablaban de una huelga general y era impensable una huelga.

Era una persona más interesada en ser buen escritor

que en hacer la revolución y conseguir que la gente

del mono y la llave inglesa tomara el poder.

Eso enseguida quedó claro que no lo veía él muy claro

que fuera a ocurrir de modo inmediato.

Tras gastarse rápidamente su beca,

Marsé busca ganarse la vida en París.

Alguno de los trabajos que hice en París fue dar clase de español

a unos franceses.

Eran

Eran unas señoritas francesas de clase muy acomodada

que iban al Liceo vestiditas impecables.

Cultas.

Yo entonces estoy por decir casi que inventé cosas

de mi infancia en el barrio chino,

en el Carmelo.

Y, bueno, ellas tenían como una especie de nostalgia de Arrabal,

de ahí surgió, en realidad, la idea de la novela.

Surgió de ahí.

Teresa, la protagonista, es un trasunto de todas ellas,

de todas esas chicas.

Esa esa

ese equívoco que sufre con el protagonista, que confunde

apariencia y realidad y le gusta dejarse llevar

por ambientes que no corresponden a su clase y todo eso.

Y en el momento en que sabe que tiene que escribir

"Las tardes con Teresa", él lo ha dicho,

cuando tiene que escribir una novela que pasa aquí,

el tío tiene que estar aquí. Y tuvo que venir.

Entonces pisa el barrio y va

a los bares y vuelve. Con todo lo que acumula aquí

se pone a escribir la novela.

Tiene que escribirlo aquí.

Con "Últimas tardes con Teresa"

consigue el Premio Biblioteca Breve de 1965.

Es su primer gran reconocimiento como escritor y el inicio

de una larga lista de premios.

"Últimas tardes con Teresa" es una

de las grandes novelas de amor de la literatura en castellano.

Una novela escrita con una energía, con una furia

salvaje, con una libertad enorme además.

Es una novela que cuando se publica en España, lo que se hace

es una cosa distinta.

Para mí esa novela se sale de todo, es enorme.

"Últimas tardes con Teresa", en realidad,

va contra la movida estudiantil, universitaria

de los años cincuenta, del 56,

de los "señoritos de mierda", que dice él,

que son niños de papá que están metidos en el PC.

En fin, de una burguesía

que coqueteaba con el izquierdismo

y que quería sentir

que estaban viviendo algo bueno.

Eso, curiosamente, a las izquierdas les sentó muy mal.

Porque, claro, consideraban que aunque fueran señoritos,

si se movilizaban contra el régimen, merecían respeto.

Y sí, en ese sentido, merecían respeto.

Pero en el otro, no.

Me contaron un día que había ido una chica de la universidad

porque habían hecho un trabajo sobre la novela.

La chica llegó con unos papeles y dijo: "Hemos llegado

a la conclusión de que lo que quería hacer

era un ajuste con la burguesía". Y Marsé dijo: "No".

Y ella: "Sí, no se habrá dado cuenta, pero es una".

-Dice él: "Ni idea, le aseguro".

"Igual me ha salido algo inconscientemente".

Y ella: "Pues lo hemos estudiado y usted no lo sabe,

pero es un ajuste con la burguesía".

Y Marsé, que se calentó, dijo:

"Mira, nena, te voy a explicar

qué me inspiró 'Últimas tardes con Teresa'".

"Yo siempre me he querido follar a una rubia de ojos azules como tú,

pero como soy feo, no he podido nunca,

entonces para mí la novela es una forma de embellecer mi mundo".

"He creado ese personaje, que podrías ser tú,

y si hubiera podido follarte, no hubiera escrito la novela".

Entonces la chica cogió los papeles: "Bueno, yo me marcho".

Como sucede con los personajes universales,

Manolo Reyes, el Pijoaparte, cobra vida propia.

Símbolo del desarraigo social de los inmigrantes del sur,

llega a Monte Carmelo

y se asoma a una Barcelona que es el escaparate de los sueños

de los recién llegados.

La finalidad de la literatura no es hacer que las cosas salgan bien

desde el punto de vista ideológico,

sino según la realidad, ¿no?

Y la realidad es que ese chico ese chico

era un pringado al principio de la novela

y tenía que terminar siendo el pringado, no le podía

¿Qué podía yo hacer, casarlo con Teresa? No, hombre.

El Pijoaparte me parece uno de los grandes personajes novelísticos

de todos los tiempos.

Me parece como el penúltimo avatar

de los grandes arribistas del XIX, ¿no?

La configuración social de Marsé es de Pijoaparte.

Se han retroalimentado el uno del otro.

El Pijoaparte

de Marsé y Marsé del Pijoaparte, como personaje.

La historia del señorito que triunfa en un mundo de señoritos

no me interesa nada.

La historia del tipo que llega con una mano delante y otra detrás

y dice: "Yo quiero también de eso que vosotros vivís".

"A ver si me hacéis un hueco". Este me interesa.

Sí.

En 1966, Marsé se casa con Joaquina Ollas,

extremeña de Cáceres.

Tienen dos hijos, Sacha y Berta.

Me casé por la iglesia por no disgustar a mi madre.

Es así.

Y le dije al cura: "Mire, yo no soy creyente,

se puede ahorrar el sermón y todo eso".

Y me dijo: "Sí, bueno, ningún problema".

Sin embargo, soltó un sermón, no muy largo, pero lo soltó.

Y yo lo miraba como: "Hostia, no habíamos quedado en eso".

Soy anticlerical, militante

e irreductible además.

Pero no no quiero presumir de eso.

Es una historia superrara, yo tampoco sé los detalles.

Ella, que era peluquera, trabajaba para una marquesa.

Era como su peluquera.

Y a esta marquesa, que era un poco excéntrica y rara,

le gustaba hacer como de mecenas de jóvenes artistas.

Y se ve que mi padre fue uno de sus protegidos o yo qué sé.

Mi padre se enamoró de su peluquera.

Joaquina fue una pieza básica y fundamental para que mi padre

haya podido dedicarse, realmente, a lo que le ha gustado,

que es la literatura.

Que exige muchísimo de las personas que están viviendo con él.

-Ella es el eje de todo.

Ella es la que aglutina

todo y la que maneja todo.

Es el pilar.

Que no sé cómo se hace.

A ver. Un dibujo del abuelo.

-Es difícil hacer a un viejo.

-A ver. -No, yo no voy a mirar.

-Yo sí.

Fuimos con él

porque tenía que ir a recoger el Premio Cervantes.

Le hacía ilusión que fuera su familia.

-Al abuelo no le gusta que le graben ni que le agobien.

-No quiere salir en la tele.

-Le decíamos que siguiera, que pronto acabaría.

¿Y entonces qué hago?

"En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme".

-Muchas gracias.

Te felicito. -Gracias.

-Bueno.

¿Perdón?

Sí.

Si acabo acabo de

Muy bien, ¿eh?

Hablan en catalán

-Le gustan mucho los niños.

Le divierten y le interesan.

Y se enrolla.

En fin.

Sí, eso sí. Sí, claro.

Hasta yo también, si quiero.

-Les cuenta historias y, sobre todo,

escucha sus historias.

Sí, sí, le inspiran.

Los aventis.

Niños que iban a ver una película y se inventaban cosas.

Mezclaban la realidad con la ficción. Es esto.

Eran una mezcla de cosas inventadas,

de películas que veíamos, de tebeos,

de alguna novela, si había empezado alguno a leer,

y eso era lo más interesante.

De repente, se introducían elementos reales.

Muy útil para la novela cuando escribí "Si te dicen que caí".

Tenía material, tenía muchas cosas, pero no acababa de cuajar.

Y cuando recordé lo de las aventis, se empezó a organizar

el relato de una forma coherente.

Me pareció que eran unas voces que cuentan, que reinventan

una y otra vez una historia, cada uno a su manera.

Si te dicen que caí, me fui

al puesto que tengo allí.

Considerada por muchos su mejor obra, "Si te dicen que caí"

toma el título del "Cara al sol", el himno falangista.

Es una novela laberinto que trastoca el tiempo narrativo.

A través de múltiples voces,

el tiempo se mezcla y construye un puzzle en el que retrata

a vencedores y vencidos en una suerte de memoria dialogada.

Yo creo que está un poco escrita en estado de gracia.

Yo no sé si Marsé sabía muy bien lo que estaba escribiendo.

Yo creo que se dejó llevar por algo que apareció.

Una especie como de vendaval.

Tenía ganas de despacharme a gusto con eso, de recuperar esas voces

de los chavales.

Pero descubrí enseguida que el libro no pasaría la censura,

que era inútil. Mientras lo escribía, lo sabía.

La primera edición es mexicana porque el libro aquí

no se publica hasta después de la muerte de Franco.

De ahí que él lo echa todo sabiendo que va a escribir

un libro que sabe que no se va a publicar,

que no sabe cuándo se va a publicar o si se publicará.

Se lió la manta a la cabeza y lo sacó todo.

"La consideramos, por tanto, denegable".

Cuando se publica en España "Si te dicen que caí",

revoluciona el panorama literario.

En 1974 Marsé empieza

a colaborar con "Por favor",

revista de humor corrosiva que tiene problemas

con el régimen.

Es una revista hecha con Martí Gómez,

Perich y Vázquez Montalbán.

Fue una revista que se nutrió de una serie de gente muy combativa

contra el régimen, muy audaz.

Llegaba siempre con el noticiero debajo del brazo,

con el cigarrillo,

y bebía bastante.

Entonces se sentaba allí y

alguien de la revista comentaba algo y decía: "Todo es una mierda".

Yo era el jefe de la redacción, me ocupaba de los trabajos,

de que llegara más o menos puntualmente lo que habíamos pedido.

Dibujos, textos,

Eso de redactor jefe, nada. Se lo ponían allí para que cobrara más.

De redactor jefe no hacía nada. Él lo que hacía era escribir.

Lo hacía maravillosamente bien.

Entonces escribió aquella mítica sección de "Señoras y señores".

Con la muerte del dictador llega la transición, se acaba

con la censura y se opta por el borrón y cuenta nueva.

Marsé denuncia el olvido

y a los tramposos que adaptan su biografía a los nuevos tiempos

en "La muchacha de las bragas de oro".

Era la primera que escribía

que no tenía que ver con el barrio, con mi mundo.

Pretendía hacer un chiste, una ironía

sobre el libro de Laín Entralgo, "Descargo de consciencia",

que me parecía una cosa bastante miserable.

Es decir, falangista de pasado siniestro que al escribir

sus memorias las modifica para presentarse limpio.

Limpio de culpa.

Esa relación entre la realidad y la ficción, lo que somos

y lo que inventamos, se ve mejor que en ninguna otra novela.

Por eso yo diría que es la novela más "marsista" de Marsé,

sin ser la mejor ni la más recomendable de Marsé.

Pero revela mucho de lo que es.

José Manuel Lara, fundador de la editorial Planeta

sigue los pasos a Marsé.

Un día coincidí en el ascensor con Lara y me dijo:

"Oye, ¿tú vas a ver a Marsé?".

"Dile una cosa. Dile que escribe muy bien,

pero que escribe complicado".

"Va adelante y atrás y, al final, no sabes si el chico se queda

con la chica. Yo me pierdo".

"Dile que escriba una obra en que todo vaya seguido".

"Chico conoce chica, se enamoran y a la cama".

"La escribe así y gana el Planeta, hombre".

Y escribió "La chica de las bragas de oro" y lo ganó.

El Premio Planeta es el mejor dotado de la literatura española.

Se le otorga a Juan Marsé en 1978.

El escritor accede

a sus mayores cotas de popularidad.

Parece que "La muchacha de las bragas de oro" es el "best seller"

de los Premio Planeta. -¿Quién lo dice?

-El editor, el señor Lara. -Eso se lo dice a todos.

-¿Usted cree que los premios literarios

redundan en beneficio de la literatura?

-El hecho literario es una relación personal entre el autor y su texto.

Ahí no pueden intervenir ni premios ni dineros, pocos o muchos.

-A un escritor de renombre como usted, ¿qué le mueve a presentarse

a un premio comercial? -El dinero.

-¿Nada más? -El dinero.

La versión cinematográfica de Vicente Aranda de la novela

es un éxito. La mayoría de las obras de Marsé

han sido llevadas al cine, pero no ha tenido buenas adaptaciones.

Las películas de Marsé, para definirlas

como una caricatura, serían muy malas películas

con una tía buena en el reparto.

Bueno, hay algunas que son horribles y otras que no tanto,

pero no le gusta ninguna. Estoy de acuerdo.

En cuanto a las adaptaciones de mis novelas, como no intervenía,

no Me desentendía completamente y ya está.

Al principio no, pretendía meter baza,..

pero vi enseguida que no había posibilidad alguna.

No tienes más remedio que plegar velas.

Tienen derecho a hacer su película.

Tienen derecho a equivocarse.

A mí "Un día volveré" me gusta muchísimo.

Porque ya es un poco el derrumbe del mito.

Marsé crea mitos

y luego los va destruyendo en su madurez.

Eso me parece muy interesante.

En varias obras de Marsé aparecen exiliados anarquistas

que acabada la guerra vuelven para combatir el franquismo.

En "Un día volveré" uno de ellos regresa con su revolver

en el equipaje, pero el arma está descargada,

el héroe cansado y el enemigo ya no tiene contornos tan nítidos.

Para unos, "Un día volveré" es una novela negra,

para otros, una metáfora de la transición con forma de "western".

Evidentemente, el cine es muy importante para él, está claro.

Pero como No ya solo como referente iconográfico,

que también, sino cómo él asimila

en sus novelas el cine. Eso me parece interesantísimo.

Cómo algunas de sus novelas son "western".

Marsé es un escritor épico.

Y eso es curioso porque la novela del siglo XX

lo que ha hecho ha sido prescindir de la épica.

Borges dijo que la épica del siglo XX la había hecho Hollywood.

O sea, "western". Por ahí va Marsé.

En la épica personal de Juan Marsé hay un viejo duelo pendiente,

aquel que mantiene con los que cuestionan la lengua en que escribe.

Yo he vivido siempre

en una sociedad bilingüe.

Esa especie de dualidad cultural y lingüística bilingüe

en Barcelona, en Cataluña en general,

para mí es una cosa natural

desde que era un chaval. Ahora, es

una situación anómala en la medida

en que la lengua de Cataluña es el catalán.

En consecuencia, Y es el idioma materno mío, ¿no?

En realidad, me gusta ser un escritor anómalo.

Anómalo, sin querer compararme, pero anómalo era

era Conrad,

polaco que escribía en inglés, Nabokov,

ruso que escribía en inglés, alemán y francés,

Esas situaciones fronterizas, a veces,

del escritor, esa especie de marginación, un poco,

incluso social, me parece que es conveniente.

A finales de agosto de 1984, Juan Marsé sufre un infarto

que acaba alejándole de la vida pública.

Dejó de beber,

dejó de fumar

y entonces, incluso, dice que dejó de preocuparse de los Goytisolos,

que es otra de sus obsesiones.

Él considera que los Goytisolos son como ninjas,

dice que hay miles de ellos que van saliendo,

se reproducen sin cesar.

1993.

Marsé recupera su materia prima.

Vuelve a su memoria, a sus aventis. Toma prestado el título

de una película del Hollywood de los cuarenta.

Construye de oídas una Shanghai imaginaria,

de cine, para que en aquella Barcelona de la posguerra

unos huérfanos de padre

sigan soñando.

Y en 2000 presenta su última obra maestra, "Rabos de lagartija",

que recibe el Premio Nacional de Narrativa.

"Rabos de lagartija", que es un libro reciente,

es extraordinario, es un esfuerzo extraordinario

de narración y de rigor

en la escritura.

Y él tiene mucha paciencia y es muy trabajador,

muy constante.

Y eso se nota cuando lo lees.

Es de las cosas que más admiro.

Y también la capacidad

de manejar las emociones sin ser sentimental,

sin caer en el sentimentalismo, sin ser cursi,

al revés, siendo áspero y duro.

Ser emocionante, emotivo.

Yo creo que Marsé es la precisión, la música

que toda estas palabras juntas componen,

y, sobre todo, la energía de combate,

o sea, en ningún momento hay nada leve, liviano,

todo es potente, rotundo.

Cada palabra está medida, buscada.

A veces, incluso, demasiado, ¿eh?

Incluso a veces casi puedes ver detrás de la frase

a unos chinos trabajando día y noche en el ferrocarril.

Lo voy trabajando.

Como quien hace una silla.

Algo de eso puede haber.

Pero eso es consecuencia de que no tengo

gran facilidad, me cuesta mucho escribir

y, por lo tanto, estoy obligado a volver una y otra vez

al texto hasta que le saco

algún partido. No tardo cuatro años en escribir una novela

porque quiera, si pudiera tardar dos, lo haría.

La escritura de Marsé es una escritura que no es brillante.

Ni él lo quiere. Es que él no busca lo brillante.

Es decir, él no trata de decirle al lector,

como sucede con otros escritores: "Fíjate lo bien que escribo".

"Fíjate qué frase más admirable". O qué imagen.

En fin, "no vas a poder olvidarla".

Es decir, él no persigue eso.

Es decir, él quiere

Incluso, diría que busca que sus palabras se vuelvan transparentes.

Sobre todo, el dominio del castellano,

la sensibilidad con los personajes.

Y para la gente de nuestra generación y formación,

diríamos de gente de izquierdas, o no sé ahora qué somos,

no sé si lo somos, pero lo éramos,

yo creo que era esa nostalgia,

ese afecto, esa compasión por los perdedores.

Siendo consciente de que en aquellos perdedores había mucha golfería.

La tan reiterada vocación, "hay que olvidar el pasado",

lógicamente no se aviene con la naturaleza de la escritura.

Hay que acotar nuevas parcelas de la memoria, hacer más denso

el laberinto cuidando pues

de dejar una traza de hilo, como hizo Teseo

aquella vez, para poder volver al exterior

y contarlo.

Sobre todo, en lo que a mí respecta, persistir en la búsqueda

de algo que nunca he sabido definir pero que tiene que ver,

por encima de cualquier finalidad, con alguna forma de belleza.

Gracias.

"No ha tenido mucho gusto

en haberse conocido".

"Habría preferido pasar de largo,

pero acepta el saludo hipócrita del espejo y la broma

de la vida. Al nacer

se equivocó de país,

de continente, de oficio y, probablemente, de sexo".

"Pero no hay nada que le aburra tanto como hablar de sí mismo,

así que basta".

"Vestido de diablo y ligero de equipaje,

algunos discos, algunos libros, algunas fotos,

se va por fin al infierno. 'Agur'".

(Música)

Imprescindibles - Érase una vez Juan Marsé

19 jul 2020

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