La frontera entre Detroit y Windsor, símbolo de una amistad amenazada por Trump: "Es ridículo convertir a Canadá en el enemigo"
- El puente Gordie Howe supone una nueva vía de conexión en plena disputa comercial y política
- En Míchigan, la política arancelaria de Trump ha golpeado de lleno a sus ciudadanos

El puente internacional Gordie HoweRTVE
Este verano, el jugador profesional de hockey sobre hielo Gordie Howe (1928-2016) dio nombre a un esperado puente internacional entre la ciudad canadiense de Windsor, en Ontario, y la estadounidense Detroit, en Michigan. Nació al sur de Canadá, pero Howe desarrolló la mayor parte de su carrera en los Detroit Red Wings, donde jugó 25 temporadas que le convirtieron en un héroe tanto en su país natal como en esta ciudad del norte de Estados Unidos. Sin embargo, lejos de la unidad que pretendía simbolizar su nombre, este cruce ha nacido entre tensiones políticas y comerciales, marcadas por los aranceles que Washington a impuesto a su vecina —y otrora amiga— Ottawa.
"Canadá era, tradicionalmente nuestro mayor aliado, nuestro mejor amigo y ahora nos odian. Y el turismo canadiense a EE.UU. se ha reducido drásticamente", sostiene David, un librero jubilado, mientras cruza por primera vez la pasarela peatonal del puente Gordie Howe, rumbo a Canadá. "No sé si me atrevo a decir Canadá nos odia, sobre todo cuando se trata de Míchigan y Detroit, porque llevamos mucho tiempo manteniendo una relación muy estrecha, pero sé que están muy decepcionados y tristes, igual que yo y que muchos habitantes de este estado", asegura María, que camina a su lado, y lamenta que el Gobierno estadounidense está "descontrolado".
Es un día laborable por la mañana, pero no son los únicos que se han acercado, muchos por primera vez, a caminar por esta nueva pasarela para peatones y ciclistas. El puente se inauguró este verano, pero no sin polémica, ya que estaba prevista una ceremonia conjunta entre EE.UU. y Canadá que nunca tuvo lugar. Ottawa, que pagó por adelantado el coste de la obra, celebró la inauguración en solitario y ese día el primer ministro de Ontario, Doug Ford, reconoció que la relación con Washington se había vuelto más compleja, aunque aseguró que el puente ejemplificaba lo que ambas naciones "pueden lograr juntas".
Gordie HoweBruce Bennett Studios / Getty
Aunque el puente llevaba meses construido, su apertura se retrasó meses. El Gobierno canadiense adelantó que no compartiría con EE.UU. los ingresos derivados de los peajes hasta que no recuperase su inversión inicial, efectuada hace 15 años y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con bloquear su apertura hasta que Ottawa aceptara "compartir" la propiedad. Asimismo, su construcción se enfrentó a la negativa de los propietarios del vecino Puente Ambassador, el cruce fronterizo comercial más transitado de EE.UU., que aspiraban a mantener su monopolio. Su dueño, Matty Moroun, financia la campaña de Trump.
"No querían que esto fuera público porque, en primer lugar, cobran tarifas más bajas para viajar por la zona", se queja David. "La gobernadora (de Michigan, la demócrata Gretchen Whitmer) quería que, cuando se inaugurara, se celebrara una gran fiesta, pero al final no ocurrió", recuerda Rachel. "Aunque muchos ciudadanos de Detroit se reunieron allí para lanzar un mensaje: "Nos alegra teneros aquí, Canadá".
Según datos del Gobierno de Canadá, el corredor Windsor-Detroit concentra aproximadamente el 30% del comercio entre Canadá y EE.UU. por carretera y, por ambos puentes, circulan más de 274 millones de dólares en mercancías al día.
David, María y James cruzan hacia Canadá por el Gordie Howe BridgeRTVE
Lo "ridículo" de convertir a Canadá en el enemigo
James, que también camina con ellos, cree que los canadienses "reconocen lo descabellado y ridículo que es convertir un país como Canadá en nuestro enemigo". Sobre todo, añade, "cuando nuestro presidente está intentando entablar amistad con históricos enemigos como Rusia". Estados Unidos mantiene aranceles del 50% sobre diversos productos canadienses y en enero anunció nuevos gravámenes a los vehículos y al acero provenientes de Canadá a partir de enero de 2027. Asimismo, la Administración Trump prohibió en septiembre la importación de productos lácteos, muchas bebidas alcohólicas y motocicletas.
"Soy un estadounidense orgulloso y amo a mi país, pero me avergüenzo y me da miedo mi Gobierno", sostiene James. "El hijo de mi vecino de al lado se fue a Irlanda y yo le dije: 'Demuéstrales allí que no todos los estadounidenses estamos locos', y él me contestó: 'Voy a decirles que soy canadiense'", bromea David. "Como vamos a hacer esta ruta a pie hasta Canadá, acabo de renovar mi pasaporte", comenta María, que lleva consigo una tarjeta de identificación. "Antes no me parecía necesario, pero soy mujer, soy latina, soy bibliotecaria y soy liberal. Así que me siento un poco nerviosa", añade. Las cosas han cambiado.
Una pareja en bicicleta en el Gordie Howe BridgeRTVE
Unos metros más atrás, por la misma pasarela y también rumbo a Windsor, caminan Eleonora y Tom, un matrimonio residente en Detroit. "No sé por qué Trump se está metiendo con Canadá, no lo entiendo", comenta ella. Además, "nos vemos afectados por los aranceles, así que ¿en qué se supone que nos ha beneficiado?", añade. "Trump dijo 'haremos eso y conseguiremos que las empresas manufactureras vuelvan aquí' y eso no está pasando", continúa.
"Al final somos nosotros quienes pagamos. Van a cobrar un arancel a alguien por traer algo a nuestro país y nosotros vamos a pagarlo más caro", comenta Tom, que se queja de que el presidente estadounidense "siempre anda metiéndose con Canadá o llamándoles el estado número 51 y cosas por el estilo". "Son tonterías. Es un país soberano y han sido buenos amigos durante todos estos años", afirma. A su regreso a la Casa Blanca, Trump incorporó a Canadá entre sus ambiciones territoriales y ofreció "protección gratuita" bajo su futura "cúpula dorada" si se unía a su país.
Un estado golpeado por los aranceles
Michigan es el epicentro de la industria automovilística en EE.UU. y, aunque ya no tiene tanto peso como en décadas pasadas, este sector da empleo a buena parte de su población. Según la gobernadora Gretchen Whitmer, el 70% de las piezas de automóvil fabricadas allí se envían a Canadá y México durante el proceso de producción, por lo que los aranceles golpean directamente a las cadenas de suministro. Además, las tarifas impuestas a materiales como el acero también elevan los costes.
"Es difícil encontrar a alguien en Michigan que esté de acuerdo con la política arancelaria contra Canadá", expone a RTVE Noticias Dante Chinni, periodista natural de Detroit y profesor en la Michigan State University. "Esto de que Trump quiera convertir al país vecino en el enemigo no tiene buena acogida. De hecho, incluso (el candidato republicano al Senado por Míchigan) Mike Rogers entiende que nadie apoya convertir a Canadá en el hombre del saco", añade el experto, que cree que la presencia del presidente en este estado "no beneficia" a Rogers.
RTVE
Trump orquestó un mitin el pasado domingo en Port Huron, una zona de Míchigan en la que obtuvo el 66% de los votos en las elecciones presidenciales de 2024. Un día antes, el expresidente Barack Obama y la candidata demócrata a la Casa Blanca Kamala Harris visitaron Detroit, donde se concentra una gran mayoría de votantes demócratas. Densamente poblada, los votos de esta ciudad pueden determinar si el estado se pinta de azul o de rojo. "El hecho de que organizara el mitin allí significa que no lo quieren cerca de Detroit", asegura Chinni.
Conocedor de la mala acogida que tiene su política arancelaria en este estado, Trump prometió en Port Huron que la disputa comercial con Canadá se resolvería "pronto". "Tenía que hacerlo", se defendió el presidente, que aseguró que los canadienses están dispuestos a concederles "cualquier cosa". La realidad es que el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha destacado en los últimos meses por su postura anti-Trump y está abogando por estrechar lazos con otros socios alrededor del mundo, particularmente con la UE. El año pasado, ganó las elecciones con un mensaje muy claro: "Trump quiere rompernos, pero no sucederá".

