"Tengo miedo de que me devuelvan a Marruecos": las voces de los migrantes que entraron en Ceuta hace dos meses
- Alae y Abdesalam confiesan que cada día que pasa pierden más energía y fuerza
- Hablamos con migrantes y asociaciones locales sobre cómo viven su nueva realidad
Dos meses han pasado desde la entrada masiva a Ceuta. Más de 60 días de miedo, incertidumbre e indignación. Cientos de testimonios y una sola pregunta: ¿hasta cuándo? Migrantes y ceutíes tratan de sobrevivir a esta nueva realidad.
Abdesalam es consciente de que muchas personas le “miran mal” y que a él y a los demás migrantes les “temen”. Sin embargo, asegura que ese mismo miedo es el que siente cada noche cuando se va a dormir, y no sabe qué pasará al día siguiente.
Ahora, dos meses después de la crisis migratoria, dice sentirse afortunado por haber llegado a la ciudad autónoma tras vivir y ver todo lo que ocurrió el 30 de julio. Aunque los primeros días no fueron “fáciles”, a día de hoy asegura estar más “tranquilo”. “He conocido a personas que me tratan bien”, confiesa en una entrevista a RTVE.
Abdesalman lleva viviendo todo este tiempo entre las calles de Ceuta sin un sitio fijo porque teme acudir a algún campamento y ser devuelto a su país. Se siente cansado y muchas veces mareado después de tantos días a la intemperie: “Como de vez en cuando lo que me ofrecen los vecinos”, explica.
Cuando le preguntan por su futuro, no duda ni un solo segundo en responder: “Trabajar en lo que sea”, señala. Aunque los triajes para identificar a los migrantes ya están en marcha, se trata de un proceso que lleva su tiempo. Sin embargo, él lo tiene claro: “No quiero volver a mi país”, afirma con rotundidad.
Es lo mismo que piensa Alae, menor migrante que también llegó ese mismo día a Ceuta. Su caso es similar. No tiene techo. Ni casa. Deambula por la ciudad junto con otros migrantes desde hace casi dos meses. Come lo que le dan los ceutíes de la zona, y descansa y duerme en el suelo con mantas que le llevan. “Solo espero a que alguien me dé una solución”.
“Estoy muy cansado, pero esperaré a que Dios me ayude “
Aunque se siente agradecido por la ayuda, los días sin poder ducharse, descansar o comer suficiente ya le afectan a las fuerzas: “Estoy muy cansado”, —reconoce— “pero esperaré a que Dios me ayude”.
Dice que no quiere acceder a ningún centro temporal (CETI). En Ceuta el embolsamiento de Loma Colmenar o Loma Margarita son algunos de los espacios que se han habilitado. Pero confiesa que tiene miedo de lo que le pueda ocurrir por ser menor de edad: “Tengo miedo de que me peguen o que me devuelvan a Marruecos si acudo”, confiesa asustado.
Tres kilómetros a nado entre miedo y esperanza
Pero si hay algo en lo que coinciden ambos es en la llegada hasta la ciudad autónoma. Alae no recuerda todo lo que vivió para llegar a Ceuta. Aunque si hay algo que permanece dentro de él son los golpes que le propiciaron en la cabeza. Ocurrió el 30 de julio cuando, junto con más de 80.000 migrantes, cruzó la frontera hacia la ciudad autónoma para empezar una nueva vida. Sin embargo, su odisea empezó antes de lo que hubiese imaginado. Al atravesar Castillejos y sumergirse en el mar. “Estaba intentando subir hacia arriba para respirar, pero muchas personas me empezaron a bajar la cabeza muy fuerte”, recuerda.
““Vi morir a mis hermanos musulmanes en el agua” “
Ese día Abdesalam tuvo miedo. En el camino desde Castillejos hasta lanzarse al mar, le golpearon y empujaron: “Había cientos de personas”. Pero lo peor para él todavía no había llegado. “Me dolió mucho”, recuerda. Y, entonces, reflexiona sobre el porqué de ese dolor: “Vi morir a mis hermanos musulmanes en el agua. Me da mucha pena”.
Por su parte, Alae cuenta que el trayecto duró una hora y recuerda imágenes de “cientos de personas a su alrededor”. “Había mucha gente en el mar y cada uno intentaba salvarse a sí mismo”. A pesar de ello, el miedo no superó la necesidad de Alae de pisar tierra; un momento que nunca olvidará: “Estaba tan cansado que no podía ni moverme”, asegura.
Abdesalman, migrante de 21 años en Ceuta NAZARET PARRILLA
Los inicios para ambos no fueron fáciles. La incertidumbre del qué pasará y el rechazo de los ceutíes les acompañaron casi cada día. Abdesalam recuerda que hasta le intentaron matar: “Vecinos de aquí me amenazaron con pistolas. Y a veces todavía lo hacen, pero con la mirada”, dice.
Un comienzo entre lo difícil y lo imposible
Abdesalam y Alae tomaron la decisión de cruzar la frontera por una única razón: encontrar una vida mejor y que los sueños que se imaginaban, se convirtiesen en realidad. “Quiero trabajar y ayudar a mis padres y hermanos”, señala Abdesalam. En el caso de Alae, le gustaría ser “mecánico" como en su país. Aunque cuenta que trabajaría en cualquier empleo que le ofreciesen.
Alae es uno de los más de 2.400 menores que ya están registrados, que cruzaron de Marruecos a Ceuta esos últimos días de julio. Tiene 16 años y es de Tetuán. Abdesalam tiene 21 y es de Chefchaouen. Sus historias empezaron a la par cuando se enteraron a través de las redes sociales de que se iba a producir una entrada masiva a Ceuta. Ninguno dudó ni un momento en dejar todo atrás.
De este modo, ambos se llevaron apenas algunos enseres personales como sus móviles para comunicarse con su familia. No contaron nada a sus padres. Estuvieron sin hablar con ellos dos días. “No sabían que me fui. Al final conseguí cargar mi móvil y ahora puedo hablar con ellos”, dice Alae.
““
Por su parte, Abdesalam reconoce que su familia le pidió que volviera de inmediato: “Mis padres lloraron y me dijeron que regresara a casa. Que por qué había hecho esto”, confiesa. Aún con todo, él tiene clara su decisión: “Estaba preparado para lo que podía ocurrir y para lo que pueda pasar”, reconoce.
Para él su felicidad depende de la de su madre: “Si mi madre está bien, yo también”, dice. Y confiesa que su familia “no vive tan mal en su país”, pero que necesitan “mucho más” para tener una vida plena.
Ahora, dos meses después, no olvidan sus sueños: “Me gustaría ser futbolista, como en Marruecos”, confiesa Abdesalam con una sonrisa.
Aunque saben que será complicado cumplir sus deseos, no pierden la esperanza. Repiten que son “personas buenas” que no han venido para “pegar a nadie” y que lo único que quieren es trabajar. Pero son conscientes de la opinión que algunos ciudadanos tienen hacia ellos: “Hay migrantes que han venido para beber, pero nosotros no”, cuentan señalando al resto de sus amigos.
Hartazgo de los ceutíes y protestas
La entrada masiva del 30 y 31 de julio no solo ha cambiado la vida de miles de migrantes. Muchos ceutíes aseguran sentirse abandonados y tener miedo cada día. Algunos ya reciben ayuda psicológica sobre todo debido a la incertidumbre de no saber cuándo va a terminar esta situación.
Por todo ello, cada día muchos vecinos, sindicatos o asociaciones se movilizan en apoyo a la ciudad autónoma y en rechazo al Gobierno Central. Sindicatos como UGT o CSIF en Ceuta se han manifestado, por ejemplo, para exigir medidas “inmediatas de seguridad y control” en los centros educativos y en el personal docente.
También la Asociación de Tropa y Marinería Española lo ha hecho para luchar por “condiciones dignas” de los militares que están en Ceuta. Asegura que “viven una profesión de riesgo” y que están amenazados por los migrantes.
De igual modo, sindicatos médicos como la Confederación Estatal de Médicos de la ciudad también han salido a la calle para reclamar mejoras en sus condiciones laborales tras “jornadas eternas” de trabajo y “falta de personal”.
Y los vecinos de la ciudad llevan a cabo constantes movilizaciones con mensajes como “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” al vivir, dicen, una situación que está muy lejos de “llegar a la normalidad”.