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Manuel Moreno, autor de 'Extremo': "Música, cine y arte mainstream se han ablandado. Ya no hay nada arriesgado"

  • El escritor madrileño analiza cómo la censura de la transgresión nos "ha llevado al fascismo"
  • Su nuevo ensayo recorre la historia de la radicalidad cultural en los últimos 50 años
Manuel Moreno, autor de 'Extremo': "Música, cine y arte mainstream se han ablandado. Ya no hay nada arriesgado"
Cosey Fanni Tutti y Genesis P-Orridge, de Throbbing Gristle, con un perro y cabezas de muñecas en 1978 Ruby Ray/Getty Images
Javier Villuendas
Javier Villuendas

Satanismo, coprofilia, rockeros con uniforme nazi, quema de iglesias, velas en vaginas, cabezas taladradas, snuff movies, profanación de símbolos nacionales, QAnon, 4CHAN y hasta bebés apedreados… la minuciosa exhibición de atrocidades e intrahistorias de sus ‘simpáticos’ protagonistas que nos brinda 'Extremo: cómo la cultura de la transgresión y su censura nos llevó al fascismo' (ed. Libros Walden), de Manuel Moreno, es un estudio de cómo los límites y la libertad funcionan como un acordeón, que se reduce y ensancha, según los ciclos. Y ahora estamos en uno recesivo, afirma.

¿Por qué? Él mismo da las claves en esta entrevista, pero influyen las redes sociales, cómo no, en un compendio, una biblia oscura que apunta a referencial en el género, y en la que, tras estudiar a fondo a los grandes contraventores de la moral y la sociedad del siglo XX, desemboca por su reprobación y desaparición en el actual auge conservador porque toda “acción implica una reacción”. Y cita el inmenso matiz del periodista británico John Higgs: "No todas las contraculturas son positivas". Súbanse al pasaje del terror y disfruten.

Pregunta: ¿Antes transgredíamos más y ahora censuramos más?

Respuesta: Sí, en general se transgredió más antes y se censura más ahora. Y se ha dado un poco la vuelta. Ahora los que alardean de ser transgresores son más de derechas que de izquierdas. Ellos han interpretado que el nuevo mainstream es el feminismo, la corrección política, lo woke o como lo quieras llamar, y que, contra eso, ser transgresor es ser de derechas. Mientras que en los 70 u 80 era más de izquierdas porque era hacer burla de la Iglesia, por ejemplo. No es que haya más corrección política que en los 90, pero hay redes sociales. Y en el momento en el que alguien se ofende, eso se puede hacer viral y en 24 horas te han cancelado, quitado tu obra, tu película, has perdido tu contrato… Entonces la gente se arriesga menos. Hay más censura y más autocensura. La gente ya lo sabe y no se arriesga.

Pero, cuando se dice que hay cosas de los 70, 80 y 90 que hoy ya no se podrían hacer, hay que recordar que entonces tampoco se podía. En el libro repaso muchas polémicas con La Naranja Mecánica, La Última Tentación de Cristo, todo el rollo de la música industrial de Nine Inch Nails, Marilyn Manson… Ahí había muchísima gente que estaba en contra y muchísimas protestas. Pero, como no había redes sociales, al final ¿quién tenía un altavoz? Algunas instituciones, políticos, organizaciones religiosas y poco más… No tenías demasiado altavoz por mucho que te ofendieras. Hablo en el libro de la peli Snuff, que era de ficción y vendieron como que asesinaban a una mujer y en teoría era real. La promoción que hizo el productor fue dar un chivatazo a asociaciones feministas para que organizaran manifestaciones delante de los cines que la proyectaban. También fue la policía. Y la gente quiso verla simplemente porque había gente en contra. Pero hoy en día ya no sería una manifestación en el cine sino recogida de firmas, tuits virales… Las redes sociales han hecho que todo cambie. No nos ofendemos más, sino que hay más altavoz.

P: ¿Sin esta censura no habría llegado el fascismo?

R: La censura en realidad empieza en la derecha. Lo que pasa es que hay ciertos entornos progresistas, los de la pegatina de Parental Advisory (Advertencia para los padres), que son políticos demócratas. Cuando cierto progresismo empieza a ser tan conservador como los conservadores es que ya no hay vuelta atrás, ya es todo el mundo contra ciertas cosas. Además, antes, cuando era más fácil llegar a todo aquello porque no estaba prohibido, pues no tenía tanta fuerza. Como que con un halo de misterio y malditismo lo haces más atractivo. Antes era muy habitual ver imágenes gore, cosas nazis, etcétera en portadas de discos, en tiendas o fanzines. Y si no te interesaban, pasabas. No ibas a poner una queja a la oficina del Defensor del Pueblo para que retiraran eso que a ti te había incomodado. El problema es que con internet es muy fácil que todo se expanda, y en seguida hay alguien con @policia, @fiscalia, etc. Y cuando una parte de la nueva izquierda se ha dedicado a eso, lo otro ha cogido fuerza. Si estás todo el día llamando facha a la gente deja de ser un insulto y ellos se lo han cogido con orgullo.

P: ¿Las últimas décadas del siglo XX fueron un paraíso para la libertad artística y el contenido extremo?

R: Sí, pero en los 80 más que en los 90. Todo empieza en el momento en que se elimina la censura y se inicia una especie de carrera para ver quién es más transgresor y más provocador. Se puede mostrar violencia, sexo, todo tipo de fetichismos… Aquí siempre se habla de la censura de Franco, pero en el 75 había censura parecida en Inglaterra y en muchos otros países occidentales. Y el Código Hays existió hasta el 68 en Estados Unidos, que regulaba lo que podían mostrar las películas de Hollywood. No podían salir relaciones extramaritales, un policía corrupto, etcétera. Entonces, en el momento en que eso se libera hay una carrera y tienes que ser más transgresor que el anterior. En los 70 todavía está algo mal visto, en los 80 hay más libertad y ya en los 90 es cuando empieza a sumarse a la censura conservadora alguna progresista. Y en los 2000 ocurre la matanza de Columbine, porque se supone que los chicos estos eran fans de ciertas películas, y luego ya el 11-S, que no se puede bromear con nada que cause dolor a las víctimas ni en general. Se eleva a un pedestal el estatus de víctima.

P: El contexto es clave. Throbbing Gristle, el grupo del pandrógino Genesis P-Orridge que inventó la música industrial, vestían imaginería nazi hasta que vieron que media escena iba así y que había partidos nazis irrumpiendo de nuevo.

R: Sí. En el prólogo hablo de Steve Albini. Él había sido muy provocador cuando tenía su grupo Big Black. Y luego reconocía que lo había sido porque en esa época nadie pensaba que aunque dijeras comentarios homófobos, machistas o misóginos lo fueses. Era una batalla superada, según él. Nadie podía pensar que pudieses decirlo en serio. Throbbing Gristle se vestían de nazis, pero en ese entorno artístico punk, al principio nadie podía pensar que lo fueran. Con Death in June pasa un poco lo mismo, pero el grupo de Genesis deja de hacerlo porque empieza a ser posible que alguien piense que son nazis, porque hay otros grupos que son realmente nazis. Y con Death in June hay que plantearse si lo eran de verdad o era una provocación. Si te llaman nazi todo el tiempo y te da igual y sigues haciendo lo mismo igual tan antinazi no eres…

P: La lista de rockeros con el uniforme nazi es larga. Y Brian Jones, de los Rolling Stones, se queja: "Con esta melena y un uniforme nazi, ¿es que no ve la gente que era satírico?". Ahí hablas del literalismo: o sea, la incapacidad de apreciar el contexto y la ironía de la gente.

R; Ahora el literalismo está más presente, lo vemos más. Igual que antes había una carrera de ser más transgresor ahora ha habido una carrera de haber qué famoso cae.

P: En esta veta nazi otro caso es el de Kanye West, cuya reciente gira en varios países fue prohibida. No en España.

R: El problema es generalizar. Habría que mirar los casos uno a uno. Con el caso de Kanye West hay una enfermedad mental. Su pareja de entonces, Kim Kardashian, lo dijo. Se le fue la olla y dijo no sé qué. Otra época iba de nazi... ¿Pero qué van a decir los Gobiernos? Aunque fuese por un brote psicótico, el tío siguió diciendo Heil Hitler y sacó una camiseta oficial que era una esvástica. Si son cosas que están prohibidas en ciertos países, no digo que esté bien, pero si la ley dice eso está un pelín más justificado.

P: "Hola, somos Gabinete Caligari y somos nazis". Eso dijeron en un concierto pero ¿se lio mucho? Ahora sería impensable, pero ni siquiera con proclamas más actuales y propaíses que todos nos podemos imaginar...

R: A Gabinete tampoco les afectó mucho porque entonces no eran nadie y luego sí fueron famosos. En esa época los primeros singles llevaban un rollo post-punk y con imágenes así como totalitarias. La portada de uno es la foto de Brian Jones vestido de nazi, de hecho. Sería un poco polémica, pero igual que lo de las Vulpess. O sea, es polémico si lo ven las señoras en la tele. Si lo ven los 100 o 200 chavales que van a Rockola, no. Porque estás en el contexto. No piensas que son realmente nazis, que tienen ocho apellidos arios y hornos crematorios en casa.

P: Citas a Greil Marcus que dice que la misma provocación se desgasta y se puede normalizar. Como la 'ventana de Overton', ¿no? El primer comentario racista escandaliza, el segundo menos y el noveno ya es normal.

R: Sí, con Trump es así. Al final, te acostumbras a todo. Pues con la transgresión es lo mismo. Si Elvis movía la pelvis, los Rolling eran más sexuales… Además, como cada vez que te censuran algo es más publicidad, pues también jugaban con eso. Tú veías esos contenidos en tiendas de discos o ciertas películas, pero te habías acostumbrado. Así que necesitabas siempre algo nuevo, algo más bestia. Ya no vale otra peli gore más con las tripas ahí colgando. Y se empezó el rollo de que fuera real, que has visto una muerte real en una época en la que no era tan fácil. ¿Qué es mejor que esta película en la que han matado a alguien? Pensar que la han matado de verdad. Ahora mismo coges el móvil y tardas dos segundos en ver un muerto real, pero entonces no.

P: Los tabúes si no se rompen con constancia vuelven a su lugar de origen, sostienes.

R: Hace diez años fue condenada una chavala a la cárcel por hacer un chiste de Carrero Blanco que todos hemos oído a lo largo de décadas. Si en los 70 no era delito, en los 80 tampoco ni en los 90, no tiene sentido que en 2010 o 2020 sea delito. Los tabús no se rompen, solo se dilatan. En el momento en el que dejas de presionar, y como ha dejado de haber una cultura de la transgresión tan presente, han vuelto muchos tabúes. Y al revés. Ahora tú puedes decir que eres nazi. En Estados Unidos hay youtubers con millones de seguidores que dicen que son nazis y eso hace 15 años no habría ocurrido. Y en la calle. A mí en los 90 me pegaron dos veces los neonazis. No había vuelto a verlos, pero últimamente he visto a chavales con toda la estética de pies a cabeza. Eso había desaparecido, se había convertido en tabú y ahora ya no lo es.

P: En esta menguante época para la transgresión, ¿los humoristas han 'desfarmeado aura'? ¿Han perdido prestigio corrosivo?

R: Sigue habiendo cosas. El otro día caí en que no hay humoristas en la tele. O sea, en La Revuelta sí hay, pero no salen a contar chistes. Ahora los humoristas son como presentadores o tertulianos. En el Un, dos, tres... responda otra vez o No te rías que es peor salía uno y contaba un chiste. Eso ya no existe. Y cuando uno sale a un nivel un poco más mainstream y dice algo un poco bestia se monta. No estamos acostumbrados. Sigue habiendo humoristas cafres pero que tienen que actuar en una salita de 30 personas y lo suben a su Instagram. A mí me salen a veces cosas, aunque no españoles, y son bastante bestias, pero es más de nicho.

P: A la vez internet está más cafre que nunca.

R: Es que es de nicho, de doscientos millones de nichos. Pero todo lo que es una cultura mainstream, sea música, cine, arte o humor está mucho más suavizado y homogeneizado, se ha blandificado. En música ya no hay nada arriesgado. Ya no digo mainstream sino incluso dos niveles por debajo. O mínimamente experimental. Porque lo que buscas es el like. Entonces nadie se la juega. De alguna manera está el campo perfecto para volver a hacer algo un poco experimental, un poco transgresor, un poco arriesgado.

El músico Boyd Rice y el líder de un grupo neonazi fotografiados para una revista de adolescentes femeninas Libros Walden

P: "No todas las contraculturas son positivas", afirma John Higgs.

R: Está resurgiendo el fascismo o Trump, que es una reacción a la época de Obama. Parecía que con Obama íbamos a ser buenos unos con otros, entender al prójimo y ser empáticos y ahora Elon Musk está diciendo que la empatía es el mayor mal de la civilización occidental. Y no es tanto por criticarlo, pero creo que se les ha escapado que era algo lógico, porque toda acción tiene una reacción. Y si nos vamos mucho hacia la izquierda, aunque no una izquierda tradicional, digamos, va a haber una reacción hacia la derecha. Si nos ponemos feministas, va a haber una reacción misógina. Si nos ponemos súper a favor de los derechos de los gays, va a haber una reacción homófoba. A mí me sorprenden los comentarios del tipo: "Es que no puedo entender cómo alguien no puede estar a favor de esto". Yo sí lo puedo entender. ¿Cómo que no lo puedes entender? ¿Cómo puedes pensar que todo el mundo piensa igual que tú? O sea, ¿no ves cómo son los resultados de las elecciones? ¿No has salido a la calle nunca? La gente no es exactamente igual que tú. Vivimos en una cámara de eco y pensamos que todo el planeta es como nosotros. Ojalá, pero no. O sea, las 300 personas que sigues en redes sociales piensan como tú. Pero no, hay gente que piensa de otra forma. Digamos que en ciertas cosas la reacción era esperable. Alexandra Ocasio-Cortez decía el otro día que el Woke 1.0 (La cultura de la cancelación, el #Metoo, etcétera) fue a veces una locura, pero ella misma había promovido ciertas cosas. Era esperable una reacción en contra.

P: ¿Una sociedad que incorpora lo extremo, como portadas de discos gore y herejías varias, es más sana democráticamente?

R: Creo que es positivo saber que eso existe. Por ejemplo, las 'alertas de contenido'. En Filmin lo veo a veces. Te pones una película de terror y sale lo de "cuidado que esta película puede contener escenas de violencia y terror"... O sea, ¿quién va a ver esta película de terror y se va a sorprender de que haya violencia? No quiero decir que todo el mundo, toda la sociedad, tenga que ver obligatoriamente imágenes de asesinatos. Simplemente que quien quiera consumir ciertos contenidos pueda, mientras sean legales… Porque cuando lo prohíben lo haces mucho más atractivo.

P: De las historias extremas que has investigado, ¿cuál es la que más te ha impactado?

R: Los Accionistas de Viena, los padres del arte corporal, eran muy bestias. Sangre, escatología… y en público en 1960 y 70. Algo así empiezan a hacer COUM Transmissions luego, que eran un poco lo mismo. Genesis P-Orridge describe una performance de cuando estaba en COUM y era muy bestia. Tipo: "Pusimos un enema de sangre y lo que salió lo lamió Cosey Fanny Tutti del suelo". Eso en cuanto a contenido extremo sin más, simplemente de hacerlo lo más bestia posible. Pero luego hablo de organizaciones ocultistas y extremistas como la Orden de los Nueve Ángulos y Tempel ov Blood, que es como medio secta, medio grupo terrorista. Sus referencias son todo lo que sale en el libro: Charles Manson, la Iglesia de Satán, industrial, imágenes gore, pederastia y todo junto para conseguir sacrificios humanos. O lo mismo en 764, que es el ciberacoso bestia que todos los meses sale algún detenido. Me ha parecido muy bestia descubrir eso, porque es como que esto existe y tiene un fin. Son activos, chavales obsesionados con todos estos contenidos y los usan como Biblia para conseguir que otros chavales más débiles se rajen a sí mismos, maten a sus mascotas o incluso maten a la gente.

P: El libro no deja de ser una historia de la libertad y de sus cambiantes límites.

R: Sí. Antes había censura en los años 50, lo del Aullido de Allen Ginsberg o El Almuerzo desnudo de Burroughs, que estaban prohibidísimos. Y ahora lo ves y es como que no tiene más chicha. O cuando Elvis bailaba y escandalizaba. Los límites se van ampliando cuando se elimina la censura y luego van cerrándose por un lado, abriéndose por el otro. Es como la 'ventana de Overton' pero de la cultura y de la sociedad. El libro es un poco sobre los límites culturales y sociales de estos últimos 50 años.

P: ¿Qué has aprendido?

R: Que los avances sociales son dos pasitos hacia delante y uno para atrás. El problema es que en los últimos años hemos retrocedido más de un pasito porque quizá habíamos avanzado más de dos pasitos. Se había avanzado mucho en los derechos de las minorías y por eso la reacción ha sido mayor. No parece fácil ahora mismo una reacción de igual tamaño a esto. Seguramente haya un pasito para adelante y volver a donde estábamos antes de Trump. Hay cosas que son cíclicas y cosas que vuelven. Y creo que debería volver una cierta cultura de la transgresión, o simplemente más arriesgada, aunque sea en el nicho otra vez, en el underground del que empezó. Eso es una forma de iniciar un nuevo camino.

P: ¿Crees que llegará?

R: No soy muy optimista, pero creo que la gente se está cansando mucho de las redes. Si la gente sale de las redes, del algoritmo y de internet, si buscas algo diferente... Y sobre todo ahora con la Inteligencia Artificial, que no te va a dar nada arriesgado, nada nuevo, ni difícil ni extremo. Es un nuevo camino para el arte hecho por humanos. Porque la Inteligencia Artificial no lo va a hacer.