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Fabiana y Scarlett, el primer matrimonio homosexual de Bolivia: "Los derechos son difíciles de ganar"

  • Fabiana Justiniano y Scarlett Rocha han batallado durante cuatro años para contraer matrimonio legalmente en Bolivia
  • "Ser pioneras en algo te hace vivir cosas feas y dolorosas", admite Fabiana

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Fabiana y Scarlett, recién casadas, comparten un beso tierno y emotivo, con copas de champán en mano y anillos brillando, en un entorno nocturno decorado con luces.
Fabiana y Scarlett durante la celebración de la boda Cedida

Ni siquiera durante la mañana previa a su boda, Fabiana Justiniano y Scarlett Rocha estaban totalmente seguras de que fueran a poder casarse. Llevaban tres años y diez meses acumulando negativas, escritos, recursos y tribunales. A las cinco de aquella tarde tenían prevista la celebración en Santa Cruz de la Sierra, emplazada en los llanos orientales de Bolivia. Horas antes seguían pendientes de que el registro civil consiguiera algo aparentemente tan sencillo como imprimir un certificado en el que figuraran dos esposas.

“Hasta esa misma mañana no sabíamos si realmente iba a pasar”, reconoce Scarlett Rocha en una entrevista con Hora América, de Radio Exterior de España. La incertidumbre terminó cuando aparecieron por fin los papeles. “Empezamos a llorar porque ahora era algo físico. Todo el proceso habían sido papeles, idas y vueltas, y esa mañana por fin pudimos verlo: era el certificado de matrimonio”, relata Scarlett.

Era también un documento histórico. Fabiana y Scarlett se convertían en la primera pareja del mismo sexo en contraer matrimonio legalmente en Bolivia, un país donde ese derecho continúa sin estar reconocido de manera general. Su victoria es, por ahora, individual, fruto de una resolución judicial, pero abre una vía que otras parejas podrían intentar recorrer.

Fabiana y Scarlett, durante la ceremonia Cedida

La carta que inició el proceso

Su historia comenzó lejos de los tribunales. Fabiana y Scarlett iniciaron su relación en marzo de 2022. Meses después comenzaron a vivir juntas y decidieron casarse. En un taller escucharon a una funcionaria del registro civil preguntarse por qué ninguna pareja homosexual había solicitado todavía el matrimonio. “Nosotras queremos ser esa pareja”, se dijeron.

Sin conocimientos jurídicos y sin imaginar el camino que tenían por delante, redactaron una carta en el ordenador y acudieron al Servicio de Registro Cívico (Serecí) con sus certificados de soltería. El 12 de octubre de 2022 comenzó formalmente una batalla que se prolongaría durante casi cuatro años.

El primer portazo llegó enseguida. “No me quisieron recibir la carta porque me dijeron que en Bolivia no era legal el matrimonio homosexual”, recuerda Fabiana Justiniano en Hora América. Pero ella se negó a llevársela de vuelta. “Yo, como boliviana, tenía todo el derecho de pedirlo, aunque no fuera legal todavía”, explica.

Nos dijeron que nuestro matrimonio era inmoral

Aquel gesto aparentemente menor —conseguir que una administración aceptara una simple carta— fue el primer peldaño de un laberinto burocrático. Tuvieron que esperar respuestas, recurrir silencios administrativos, volver a presentar documentos y finalmente acudir a los tribunales.

Y no todo fueron obstáculos jurídicos. También tuvieron que enfrentarse a la incomprensión y los prejuicios. Fabiana recuerda especialmente uno de los argumentos utilizados durante el proceso: "Nos dijeron que nuestro matrimonio era inmoral". En otro momento, incluso las identificaron erróneamente como personas trans.

“Nos estaban diciendo que no, pero sin siquiera entender bien por qué nos decían que no”, lamenta Fabiana. Esa falta de empatía de algunos funcionarios fue uno de los aspectos más duros de todo el recorrido.

Scarlett y Fabiana durante el enlace nupcial Cedida

Una sentencia que no acabó con la espera

El 13 de marzo de 2026 llegó finalmente la victoria judicial. Después de dos acciones de amparo constitucional, una resolución favorable ordenó hacer posible su matrimonio. Parecía el final. No lo fue.

El sistema informático del registro civil no estaba preparado para inscribir a dos mujeres como cónyuges. Donde el programa esperaba encontrar «esposo y esposa», tenía que poder aparecer «esposa y esposa». La adaptación que debía demorarse unas semanas terminó prolongándose durante meses.

“Tuvimos nosotras que llamar y presionar”, recuerda Scarlett sobre aquellos meses posteriores a la sentencia. La pareja llegó a plantearse volver a los tribunales para exigir que se cumpliera la resolución que ya habían ganado.

Hasta que, apenas diez días antes, recibieron finalmente una fecha: 7 de agosto. La noticia desató otra carrera contrarreloj. Había que organizar una boda en apenas diez días y, paradójicamente, todavía sin la certeza absoluta de que el engranaje administrativo funcionaría llegado el momento.

Un 'milagro' colectivo

“Solo teníamos diez días para armar algo, aun así sin la certeza”, ha explicado Scarlett sobre aquellos preparativos. Familiares y amigos comenzaron entonces a movilizarse.

En la entrevista con Hora América, Scarlett recuerda aquella movilización como una celebración colectiva: “Fue un proceso bien comunitario”. Unos ayudaron con la tarta; otros, con los vestidos y los preparativos. “Al final la celebración fue mejor de lo que hubiéramos manejado las dos. Fue muy lindo”.

Tras casi cuatro años peleando contra la Administración y ante los tribunales, el significado del matrimonio para ellas resulta mucho menos abstracto de lo que podría parecer. Para Scarlett, supone ante todo la tranquilidad de saber que la familia que han construido tiene protección jurídica. Poder ser reconocidas como cualquier otro matrimonio y no tener que justificar constantemente su vínculo.

Sentar un precedente

Para Fabiana, en cambio, hay también una mirada hacia quienes puedan llegar después. “Lo más importante es que esto va a generar jurisprudencia y va a ayudar a otras personas a que no sea tan complicado”, ha señalado. “La pasamos súper mal, pero vamos a abrir el camino para que cuando vengan otras parejas no tarden tanto”.

Porque su boda no significa que el matrimonio igualitario se haya legalizado automáticamente en Bolivia. La resolución se refiere específicamente a su caso y el marco general continúa pendiente de cambios. El precedente, sin embargo, puede servir a otras parejas para reclamar el mismo derecho, como ocurrió anteriormente con las uniones libres entre personas del mismo sexo.

Esa dimensión colectiva es algo que Fabiana reivindica. "Me gustaría de que se recuerde que los derechos son difíciles de ganar y que no sería posible sin un apoyo comunitario entre todos, porque si bien nosotras somos la cara de esto, hay que reconocer que atrás de nosotras hay un equipo gigante, entre abogados, psicólogos y activistas que estuvieron ahí poniendo el hombro”, señala en Hora América. Y advierte del precio que suele pagar quien abre una puerta por primera vez: “A veces ser el pionero te hace vivir muchas cosas muy feas, dolorosas y complejas”.

Hoy las dos intentan mirar incluso los peores episodios con humor. La boda provocó una enorme repercusión dentro y fuera de Bolivia, con mensajes de apoyo pero también ataques en las redes sociales. Su historia llegó a medios internacionales y convirtió una celebración privada en un símbolo de una batalla que continúa abierta. “Todos los logros, aunque a veces solo se vean en dos personas, se hacen entre todos”, resume Fabiana.