Sesenta años del Carnaval de Notting Hill, entre celebración y memoria
- En los años cincuenta, los migrantes caribeños eran víctimas habituales de ataques racistas
- Tras una serie de disturbios, la reacción de la comunidad fue organizar una fiesta para reivindicar su cultura, música y danza
Dos millones de personas se reúnen en estos días en Notting Hill, en el oeste de Londres, en la fiesta callejera más grande de Europa. Para las comunidades caribeñas instaladas en el Reino Unido, el carnaval ha sido una herramienta de reivindicación de su cultura, y de lucha contra el racismo y las discriminaciones. Seis décadas después, organizadores y participantes siguen recordando y defendiendo este legado.
A las 11 de la mañana del domingo llegó el momento tan esperado para los 50 niños y niñas de la KCS Mas Band. A esa hora recibieron luz verde para entrar en la ruta del Carnaval de Notting Hil y una feliz y colorida banda de pequeños y adolescentes se abrió paso en el carretera, al ritmo de músicas caribeñas pinchadas por un DJ desde un carroza. Con ellos, padres y amigos, todos liderados por Kris, el fundador de la banda: "Es siempre algo único", sonríe, mientras da las últimas instrucciones. Para todos empieza un recorrido de horas, en un circuito que rodea el barrio del oeste de la capital británica. Un paseo que van a presenciar cientos de miles de personas que han acudido, como cada año en el último fin de semana de agosto, a la fiesta callejera más grande de Europa.
Durante dos días, Notting Hill se convierte en una gran celebración de la cultura caribeña, con bandas de música y de disfraces, conciertos, sound-systems —potentes equipos de música con DJs— y puestos de comida instalados en cada esquina de Notting Hill.
Puesto de comida. GUILLAUME BONTOUX
El domingo es el día de los niños, el lunes, festivo en el Reino Unido, el turno de los adultos, en lo que se considera como el día grande del carnaval. Para Kris, será ante todo un momento de disfrute, tras meses de trabajo al frente de su banda de pequeños: "Si no has empezado en enero, entonces vas tarde", nos asegura este gerente de restaurante de 47 años, que lleva más de una década al frente de la KSC Mas Band. Cada verano, organiza talleres para niños y adultos del barrio. Los pequeños crean y elaboran sus disfraces y sus coreografías, los grandes ayudan a la confección y la logística.
Taller de disfraces. GUILLAUME BONTOUX
"Es ahí donde se siente la esencia del carnaval", nos asegura Kris. "Se reúnen varias generaciones, niños, padres, abuelos, amigos. Es además algo inclusivo: tenemos gente en silla de ruedas, personas sordas, gente muy mayor. Todos se unen para trabajar juntos. El carnaval une a las comunidades". Stardust, de 8 años, es ya toda una veterana en la banda de disfraces. Afirma llevar "al menos cinco ediciones" en las calles de Notting Hill: "El carnaval me encanta. Tiene mucha energía y me hace muy feliz", nos cuenta mientras luce, orgullosa, el disfraz de elaboración propia, "inspirado en una película con una historia de cartas". A su lado, su hermana mayor, Rainbow, puntualiza: "El tema es la Reina de Corazones, nos inspiramos en Alicia en el país de las Maravillas".
Stardust y Rainbow. GUILLAUME BONTOUX
Mantener vivo el legado del carnaval
Durante semanas, padres e hijos prepararon el desfile en el Paddington Arts Centre, un centro sociocultural en Westbourne Park, en el oeste de la capital británica. Bajo la batuta de Kris, se afanaron en dibujar, pintar, recortar y colocar los disfraces sobre estructuras de mimbre. "Es mucho trabajo, mucho esfuerzo, pero es muy bonito poder después vestirse con él", admite Rainbow. Para Kris, que creció en Notting Hill, todo este trabajo forma parte de un proceso de transmisión. "Yo también fui uno de estos niños", explica. "Es muy importante involucrarles, que conozcan el arte del carnaval, que los niños que viven en la zona y lo ven en sus calles puedan disfrutar realmente de él".
En este 60 aniversario, mantener vivo el legado del Carnaval de Notting Hill es un reto. Lo reconoce Ansel Wong, uno de los organizadores del evento: "Las personas de mi generación damos mucha importancia a preservar las artes, la cultura y la historia, pero mis hijos y nietos tienen una perspectiva diferente, con gustos musicales distintos y una visión diferente sobre el tipo de disfraces que quieren lucir". A sus 80 años, este trinitense llegó a Londres al principio de los años setenta y sigue siendo un actor central de la vida del carnaval. Insiste en la importancia de "recordar sus raíces": "Fue fundamental en el proceso migratorio de los caribeños al Reino Unido. La comunidad buscó labrarse su propio espacio físico con su arte y cultura". El carnaval, analiza Wong, "fue una oportunidad tanto para exhibir y mostrar nuestra identidad como para resistir frente a las discriminaciones".
No eran pocas cuando nació el evento en 1966. Su creación es de hecho una historia de "resistencia y reivindicación", nos cuenta Yvette Reinfor, historiadora local: "Los caribeños llegaron al Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial para reconstruir el país", recuerda Yvette. Es la famosa generación Windrush, el nombre del primer barco que llegó en 1948. "A pesar de ser trabajadores esenciales, no fueron bien recibidos. Llegaron a un país hostil, con gente abiertamente racista", añade.
Yvette Reinfor, historiadora local. GUILLAUME BONTOUX
En Londres, muchos acabaron viviendo en Notting Hill, que poco tenía que ver entonces con el glamour de las pequeñas casas de colores y el ambiente "burgués bohemio" popularizado por una famosa comedia romántica. "Era una zona muy desfavorecida, todavía dañada por la guerra, con destrozos de los bombardeos y casas en ruinas", recuerda Yvette Reinfor, que organiza cada semana paseos en el barrio para rescatar la historia de aquellos lugares.
Una respuesta contra el racismo y las discriminaciones
En los años cincuenta, los migrantes caribeños eran víctimas habituales de ataques racistas. Tras una serie de disturbios, la reacción de la comunidad fue organizar una fiesta para reivindicar su cultura, su música y su danza. Claudia Jones, una periodista y activista comunista estadounidense, deportada a Londres en el periodo del macartismo, impulsó el primer carnaval caribeño en 1959. Fue en un recinto cerrado, en Camden, en el norte de la capital británica.
A los pocos años, el concepto de la celebración cambió por completo, casi por accidente, en una fiesta infantil en Notting Hill. Entonces una steel band, una banda de tambores de acero tradicionales de Trinidad y Tobago, liderada por el músico Russ Henderson, decidió abandonar la fiesta y pasearse por el barrio.
"Entonces, los niños y la gente que estaban ahí empezaron a seguir a la banda por las calles", rememora Dexter Khan, un trinitense de 83 años, presente aquel día en Notting Hill. La fórmula se estableció oficialmente en 1966, una fecha considerada ahora como el año del nacimiento del carnaval. "Lo que pasó desde entonces es increíble", nos dice Dexter, diseñador de disfraces durante décadas y reconocido, como Jones y Henderson, como uno de los pioneros del carnaval. "No podíamos imaginar que llegaría hasta dónde ha llegado", admite con una gran sonrisa, sentado en el Tabernacle, un centro cultural-bar-sala de espectáculos que oficia como sede de la organización del evento.
Dexter Khan. GUILLAUME BONTOUX
"El carnaval ha cambiado mucho", reconoce Dexter. Pasó de un día a dos, con el del domingo reservado a los niños, en los años setenta, una década marcada por fuertes tensiones de los participantes con la policía. Fue incorporando también nuevos estilos musicales: a la soca y el calipso y las steel bands —grupos de tambores de acero tradicionales de Trinidad y Tobago— se sumaron el reggae, el dub y el dance-hall llegados de Jamaica, y se instalaron sound-systems y escenarios en las calles.
El Carnaval de Notting Hill se hizo global, con un poder de atracción quizás sólo superado por su alter ego brasileño de Rio. "Las cosas han cambiado, hemos tenido nuevas influencias", asegura Ansel Wong. "Somos diferentes del carnaval de Trinidad, que nutrió el origen del nuestro. También de Rio o de Miami. Con los años, hemos también desarrollado una identidad propia, una identidad muy británica, pero sin perder nuestros raíces".
Un aniversario con muchos retos
Los retos también han evolucionado. Entre las críticas recurrentes formuladas al carnaval aparece la seguridad. Cada año, hay decenas de detenidos por desorden público, pero también por actos más graves como enfrentamientos entre bandas rivales, que aprovechan la multitud para ajustar cuentas. Desde el inicio del siglo, cuatro personas murieron por apuñalamiento durante las celebraciones, la última hace dos años. Sin negar los problemas —"tenemos que mejorar la seguridad", asume—, Ansel Wong lamenta que la cobertura del evento se centre casi únicamente en eso: "Por desgracia, los medios siempre terminan asociando el carnaval a conductas y actividades delictivas, nunca a los disfraces, las danzas o la música".
"Esta percepción oculta todo lo que aporta", asegura el responsable. "Cómo fomenta el desarrollo de diversas expresiones artísticas, ayuda a la cohesión comunitaria y también su contribución a la economía local, estimada en más de 400 millones de libras (cerca de 470 millones de euros)". Aun así, la financiación del evento requiere mucha inversión pública —para la policía, el personal sanitario, los transportes…— y eso relanza inevitablemente, cada año, cuestiones sobre la sostenibilidad económica y el futuro del carnaval. Hay un debate recurrente sobre establecer un precio de entrada, algo que no convence a Ansel Wang, por ejemplo, quien considera que "la gratuidad forma parte de la esencia del carnaval".
La posibilidad de moverlo a un recinto acotado, como sugieren cada poco las autoridades, tampoco gusta… a nadie. "No es una opción", dice Kris, evocando a la trayectoria del evento desde 1966: "El Carnaval de Notting Hill nunca pidió permiso para ser lo que es hoy".
En esta fecha aniversario, participantes y organizadores enfatizan esta dimensión, y coinciden en la importancia —y la necesidad— de transmitir a las nuevas generaciones el legado del carnaval. De recordarles la historia de quienes se echaron a las calles de Notting Hill hace seis décadas. "Deberían saber por qué luchamos entonces, nuestras protestas contra el racismo y el acoso policial", asegura Dexter. "Luchamos. Hicimos lo que teníamos que hacer y sigo sintiéndome orgulloso de ello", nos dice con una gran sonrisa. Aunque igual de importante para él, asegura, ha sido "transmitir la cultura de Trinidad a Londres: los disfraces, la música, las steel bands… todo eso forma parte de la historia de esta ciudad. De joven, nunca pensé que eso ocurriría." A los jóvenes actuales, Dexter les pide "disfrutar de la gran fiesta, pero que nadie olvide de dónde viene".