La crisis migratoria en los comercios y bares de Ceuta: "Está siendo como un Covid"
- La Cámara de Comercio ceutí eleva a 33 millones de euros las pérdidas directas tras la entrada masiva de migrantes
- Periodistas y agentes de seguridad han sustituido a los turistas en una ciudad al límite
Hamsa no duda. La entrada masiva de migrantes en Ceuta ha sido "como un covid" para el restaurante donde trabaja, en el centro de la ciudad. Y José Antonio, dueño de un negocio de pescado en salazón frente al mar, va en la misma línea: "Nos hemos quedado sin playa, sin feria, sin mercado medieval. Nos hemos quedado sin nada", lamenta. Son los efectos de un mes de crisis migratoria, que ha supuesto, según la Cámara de Comercio local, 33 millones de euros de pérdidas directas, casi un 20 % más de lo que se había estimado inicialmente.
Vamos donde comenzó todo. En la frontera con Marruecos, en la tristemente famosa playa del Tarajal. Sabemos que es ese lugar porque lo hemos comprobado en el mapa, pero parece otro al de hace cuatro semanas. Se percibe tranquilidad y rutina, con gente que entra al pequeño local de café ubicado junto al puesto fronterizo o que va y viene con sus maletas ya sea porque viaja al vecino país o viene de él. Legalmente, claro. Nada apunta a que es el mismo lugar de hace 30 días, donde murieron ahogadas casi 90 personas solo en el lado español.
La playa del Tarajal de Ceuta, con el espigón de fondo, el 30 de agosto de 2026 Rodrigo García
"Un colapso". Eso es lo que vivió Lahasen en su pequeña tienda de ultramarinos aquella calurosa jornada de julio. Hoy, atiende con normalidad a sus clientes y a nosotros: "Tuve que cerrar dos días. Sin suministro. Había mucha cola también. Es que no se puede, como estoy solo...", dice. En total, estima que perdió unos 100 euros por cada jornada que echó la persiana.
Cuenta que los migrantes que llegaron en masa a su local, que abrió hace 23 años, no fueron a pedir. Iban con dinero. Pero eran muchos y difícil afrontar algo así. "Es que esto ha venido de sorpresa. La llamada de internet (en referencias a las convocatorias para cruzar a España) y esto y lo otro... Colapsó todo", insiste. Este ceutí de abuelo marroquí reconoce que "cuando se puede, se ayuda, pero cuando no se puede, no se puede... Es que uno, dos... se puede hacer algo. Pero cuando hay multitud, ya no se puede, ni el Estado puede con esto", remarca..
"El Estado sabe lo que tiene que hacer. Nosotros no tenemos nada en las manos. Pero el Estado tiene capacidad de todo", señala cuando le consultamos cuál cree que es la solución a esta crisis.
El comerciante Lahsen, en el centro, atendiendo a unos clientes en su tienda de ultramarinos de Ceuta Rodrigo García
"A la gente le da miedo salir de casa"
Como ya imaginábamos, no muchos están dispuestos a hablar a la prensa. Entramos a algunos locales en los que amablemente descartan contar su experiencia. La situación es muy sensible.
Bajo un sol de justicia, caminamos bordeando el mar. En el aparcamiento de la playa del Chorrillo, ya más cerca del centro, se ubica un pequeño local de salazones que se llama La Pesquera. Su dueño, José Antonio, quiere hablar. Está muy enfadado. Con sus pescados tendidos en cuerdas al sol, se sincera: "¿Cómo lo vamos a vivir? No nos creíamos esto. Cuando entraron los supuestamente 80.000 o 100.000, que no se sabe, esto era una locura. Mi negocio lo tuve en una semana cerrado porque estaban todos aquí tirados en el suelo con cartones".
José Antonio aún no ha hecho estimaciones de las pérdidas. "Bueno, ya las pérdidas han sido que aquí a la gente le da miedo salir de casa. Le da miedo bajar porque este sitio es más de tránsito de ellos", indica en referencia a los migrantes.
Y destaca lo que ha supuesto que, por la crisis, la ciudad haya decidido cancelar la Feria de Ceuta, que se tenía que haber celebrado en la primera semana de agosto, y el mercado medieval, que se suele instalar entre finales de ese mes y primeros de septiembre. "Tenemos a los niños metidos en casa, escondidos porque no pueden salir. No podemos. Yo tengo dos nietas con 12 y 13 años y no las puedo sacar a la calle. No te fías, no puedes. Lo estamos pasando aquí fatal", reconoce.
José Antonio, propietario de La Pesquera, un negocio de pescado en salazón en una playa de Ceuta Rodrigo García
Un horizonte de incertidumbre
Este domingo, en un comunicado, la Cámara de Comercio informó de que la crisis por la entrada masiva de extranjeros desde Marruecos ha golpeado "con más fuerza de lo previsto", con pérdidas directas que ascienden a 33.038.768 euros, un incremento del 19 % respecto a la estimación inicial. El organismo indicó que buena parte del tejido empresarial llega a septiembre con un horizonte de "incertidumbre".
La caída del consumo, la caída de turismo y la percepción de inseguridad han mantenido la actividad en mínimos durante todo agosto y el comercio ha sufrido una reducción media de facturación del 53 %, mientras que la hostelería y la restauración han anotado un desplome del 50,7 %.
"Dentro del comercio y la hostelería ha sido como el covid, más o menos. La gente no sale, tiene miedo. Tuvimos que cerrar tres días y no se puede, la situación es insostenible. Y sigue estando igual un mes después, no hay apenas soluciones", dice Hamsa. Y lo hace en el restaurante El Pescaíto donde trabaja, un negocio familiar ubicado en pleno centro ceutí, una zona donde, al menos a priori, se percibe un flujo de personas y una rutina mucho más normalizadas que en los barrios más cercanos a donde acampan muchos de los 5.000 migrantes que se estiman quedan aún en la ciudad de los al menos 70.000 que entraron irregularmente hace un mes.
Hamsa Driss ante el restaurante en el que trabaja en el centro de Ceuta Rodrigo García
Donde antes había turistas, ahora hay periodistas
Eso sí, basta con poner un pie en la ciudad para comprobar que gran parte de la ausencia de turistas la compensan la cantidad de periodistas, políticos, policías, guardia civiles o militares que han desembarcado en la ciudad para, cada uno en sus funciones, trabajar durante la crisis. Y alojarse en sus hoteles y comer en sus restaurantes.
"La periferia siempre está más dañada, pero los comercios todos, porque la gente tiene miedo y no sale. Las noches, por ejemplo, ya apenas nadie sale a cenar", señala el joven. Recuerda que el día que sucedió todo, incluso con la puerta cerrada, los migrantes recién llegados la "forzaban" para poder entrar. "Tuvimos que cerrar y terminar el día con los pedidos a domicilio nada más, sin atender en en salón y terraza".
Ellos tampoco han hecho la cuenta de lo perdido porque aún no ha terminado agosto, pero cuando se cancelaron las fiestas ya habían hecho todos los pedidos de bebidas y resto de productos. "Con todo comprado y pasa esto un día o dos días antes de la feria, no puedes tú devolver toda esa mercancía. Y muchas cosas se pierden", recalca.
A la pregunta de qué espera ahora, Hamsa es tajante. "Dicen que van a dar ayuda al comercio y tal, pero no te puedes fiar porque lo mismo hicieron en el covid y hay gente que le ha llegado una carta con que tiene que devolver la ayuda que le dieron. Que eso es pan para hoy y hambre para mañana", sentencia. Respecto a los migrantes, no duda: "La solución es por donde han venido, que se vayan, pero ya. La burocracia es lo que tiene". "Esa es la única solución", había dicho también el dueño de los salazones.
La Cámara de Comercio advierte también de que, cuando los migrantes abandonen la ciudad, la ocupación podría sufrir un nuevo desplome si no regresan los visitantes habituales. Además, la organización revela que el 74 % de las empresas ha introducido cambios en sus plantillas, como reducción de jornadas, reorganización de turnos, aplazamiento de contrataciones y vacantes sin cubrir.
Agentes de policía vigilan en la playa del Trampolín de Ceuta, donde acampan cientos de migrantes irregulares Rodrigo García
Otro tipo de comercio... en alza
Por último, acudimos a la playa del Trampolín, donde cientos de migrantes se encuentran acampando actualmente. Está ubicada muy cerca del colapsado Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Y el trajín de personas es espectacular. Van y vienen a por la comida que les entrega la Cruz Roja. Muchos han instalado chozas improvisadas, otros cogen su bolsa y se van. Es una zona con muy pocos locales comerciales o bares.
Y los propios migrantes han instalado, por grupos o individualmente, sus particulares mercados con comestibles o ropa que de una u otra forma han ido adquiriendo. Pero también se ve a algunos ejerciendo, todo concentrados, de peluqueros.
Un migrante corta el pelo a otro en la playa del Trampolín de Ceuta Rodrigo García
"¡Mira, mira! Esto por un euro". Nos dice Abdelghafour, que junto a Achraf e Imad vende un brick de leche por un euro y cuatro cigarrillos por la misma cantidad. En la mesa tienen también unos pocos zumos, tres croasancillos embolsados, una lata de caballa en escabeche y una bebida energética. Nos asegura que lo compró él previamente. Y ahora lo vende.
Tres jóvenes migrantes venden productos en el campamento de la playa del Trampolín, en Ceuta Rodrigo García
"En Marruecos, solo amo a mi familia", nos confiesa. Y al ser consultado por la posibilidad de que acabe volviendo a su país por decisión del Gobierno español, sentencia: "¿Marruecos? No. No quiero ir a Marruecos. En Marruecos estás bien si eres rico. Si no eres rico... no".