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Curiosidad, indiferencia o necesidad de aparearse: así reaccionan los animales ante un eclipse solar

  • La idea de que "creen que se ha hecho de noche" se queda corta ante la evidencia científica
  • Cada especie responde según su ecología, su dependencia de la luz e, incluso, su capacidad de asombrarse
Eclipse solar: cómo reaccionan los animales a este fenómeno
Los animales más desarrollados cognitivamente, como los chimpancés, parecen demostrar curiosidad ante los eclipses.

Los eclipses solares alteran el comportamiento de los animales, pero no de la forma simplista que durante años se ha dado por sentada. La idea de que "creen que se ha hecho de noche" se queda corta ante la evidencia científica acumulada, que apunta a un fenómeno mucho más complejo: cada especie responde según su ecología, su dependencia de la luz e, incluso, su capacidad de asombro.

Uno de los trabajos más llamativos se realizó durante el eclipse de 2017 en el zoo de Riverbanks, en Carolina del Sur, Estados Unidos. El 75% de las 17 especies observadas —mamíferos, aves y reptiles— modificó su comportamiento, generalmente adoptando conductas propias del atardecer. Sin embargo, hubo comportamientos que fueron más allá: uno de los más sorprendentes fue el de las tortugas gigantes de Galápagos, que comenzaron a aparearse durante el pico del eclipse, algo que fue calificado de "notable" y "extraño", ya que normalmente son muy sedentarias.

Además, un gorila macho cargó contra el cristal con aparente ansiedad. En este sentido, las expresiones más extremas de ansiedad se observaron en las jirafas, los flamencos y los babuinos. Durante la totalidad, las jirafas exhibieron varios comportamientos indicativos de este sentimiento, como balanceo, galope en grupo y formación de grupos compactos. Los babuinos y los flamencos también se agruparon durante el eclipse, a pesar de la tendencia natural de ambas poblaciones a dividirse en subgrupos.

Aunque esta reacción parece deberse más a un efecto contagioso que a una tendencia natural. Durante otro eclipse posterior en abril de 2024, se repitió el experimento en el zoo de Fort Worth, Texas, esta vez con un aforo de público mucho más reducido y controlado. Los animales volvieron a mostrar conductas propias del atardecer, pero los signos de ansiedad observados siete años antes en Carolina del Sur fueron mucho más leves. La conclusión de los investigadores fue que buena parte del estrés no parecía deberse al eclipse en sí, sino al contagio de la reacción eufórica de los visitantes —gritos, aplausos y fuegos artificiales— registrada en 2017.

El avance más importante en cuanto a la comprensión del comportamiento animal durante los eclipses llegó a partir de un trabajo científico a gran escala. Un estudio publicado en Scientific Reports en 2025 analizó el comportamiento de las aves durante el eclipse de abril de 2024 mediante una red de dispositivos bioacústicos con inteligencia artificial distribuidos por Norteamérica. Por primera vez se pudo medir la respuesta de las aves a escala continental: en las zonas donde la ocultación del Sol superó el 99%, las vocalizaciones descendieron de forma brusca. Ya no se trataba de observaciones aisladas en un zoo o en un único bosque, sino de un patrón registrado simultáneamente a lo largo de miles de kilómetros.

La curiosidad de los grandes simios

Los grandes simios ofrecen quizá las escenas más fascinantes ante estos fenómenos astronómicos. Un estudio publicado en 1986 documentó a un grupo de 16 chimpancés durante un eclipse anular en el Centro de Investigación de Primates Yerkes, en Atlanta (Estados Unidos). Conforme el cielo se oscurecía, los animales fueron subiendo a la estructura más alta del recinto hasta reunirse todos allí. En el momento de máxima ocultación permanecieron orientados hacia el Sol y la Luna, y un ejemplar juvenil llegó incluso a señalar con el dedo hacia el cielo. Cuando el fenómeno concluyó y regresó la luz, descendieron y retomaron su rutina.

Para Antonio Osuna Mascaró, investigador del Messerli Research Institute de Viena, la respuesta depende de la especie. "Los cambios que se dan con los eclipses tienen una relación muy directa con la luz, aunque también cambian la temperatura, el sonido o incluso el viento, y todo eso hay que tenerlo en cuenta", explica a RTVE Noticias. Aun así, cree que los animales con mayores capacidades cognitivas pueden reaccionar de otra manera: "Cuando hablamos de animales cognitivamente muy sofisticados, estos pueden mostrar comportamientos de curiosidad ante un fenómeno tan extraño".

"En los grandes simios, como los chimpancés, encontramos comportamientos de extrema curiosidad compartida, social, ante los eclipses. Que es exactamente lo que mucha gente va a hacer el próximo 12 de agosto", expresa este especialista en cognición animal.

Precisamente este es, para él, el aspecto más interesante del estudio de los chimpancés llevado a cabo en 1986. "Se subían a la estructura más alta que tenían y se sentaban todos allí a observar el eclipse con gran curiosidad", describe, pero añade un matiz importante: "No todos los chimpancés mostraron interés por el eclipse", que es algo que hay que tener "muy en cuenta" porque "cuando la gente habla del comportamiento animal suele hacerlo como si todos los animales fuesen un bloque, y cada chimpancé representase a todos los chimpancés, pero eso no tiene por qué ser así en ningún caso, casi para ningún comportamiento". "Hay diferencias entre individuos y entre poblaciones. Desde los insectos hasta las ballenas, cada individuo tiene una personalidad diferente", recalca.

Tal y como recuerda Osuna Mascaró, la escena de Atlanta recuerda a otra célebre observación del primatólogo Geza Teleki, quien describió cómo un grupo salvaje de chimpancés adultos subía cada tarde a una colina para contemplar las puestas de sol en silencio, un comportamiento que utilizó, al igual que Jane Goodall con sus famosas "danzas" ante cascadas o tormentas de los chimpancés de Gombe, para defender que los grandes simios poseen una vida emocional y una capacidad de asombro mucho más rica de lo que se ha podido creer.

En las aves, la respuesta obedece a la ecología

En las aves, en cambio, la respuesta parece obedecer sobre todo a la ecología de cada especie. Según cuenta Osuna Mascaró, las aves diurnas tienden a guardar silencio cuando la oscuridad es total, mientras que las especies crepusculares pueden comenzar a cantar al iniciarse el eclipse y repetir ese comportamiento cuando vuelve la luz. Las nocturnas, por el contrario, se activan durante la oscuridad.

Eclipse solar 12 de agosto: ¿Cómo responden los animales?

En las aves, la respuesta a los eclipses parece obedecer sobre todo a la ecología de cada especie. Igor Zhuravlov I. ZHURAVLOV / GETTY IMAGES

"Yo no diría que simplemente se creen que se ha hecho de noche", afirma. "Es más interesante preguntarse por sus motivaciones. Las aves no tienen por qué estar confundidas". El investigador recuerda, por ejemplo, que las abejas dejan de volar durante la totalidad porque apenas pueden orientarse con tan poca luz, mientras que otras especies parecen modificar su comportamiento siguiendo los cambios que experimentan sus presas o sus depredadores, en el primer caso para asegurarse el alimento, y en el segundo para evitar acabar en el menú de nadie. Además, existe un detalle llamativo: estos cambios no aparecen de forma gradual. "No ocurre prácticamente nada hasta que el eclipse supera el 99% de ocultación. Es entonces cuando sucede", resume Osuna Mascaró.

"En función de la ecología de cada especie de ave, la respuesta que se espera de ella ante un eclipse es diferente", asevera este especialista en cognición animal, y describe cómo "por ejemplo, en España, que el eclipse se va a dar en el norte, lo esperable sería que los gorriones, herrerillos, verderones, carboneros… Todas esas aves que son diurnas deberían entrar en silencio durante el eclipse. Luego las aves crepusculares, que suelen cantar durante los momentos de transición, como los mirlos o los petirrojos, seguramente canten al principio del eclipse, después se callen y luego vuelvan a cantar al final del eclipse. Y finalmente las aves nocturnas, como pueden ser los chotacabras, seguramente canten durante el eclipse".

Aunque los estudios al respecto son aún muy limitados, los eclipses constituyen un experimento natural extraordinario para la ciencia y el estudio del comportamiento animal. En cuestión de minutos provocan un cambio brusco en la luz, la temperatura y otros factores ambientales sobre miles de kilómetros cuadrados, permitiendo observar cómo responden especies que, en muchos casos, jamás habían vivido un eclipse antes. Su reacción, por tanto, no depende de la experiencia, sino de los mecanismos biológicos y cognitivos con los que interpretan un mundo que, durante unos instantes, deja de comportarse como siempre.