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Las voces de Lorca y Lorca, en todas partes

  • Se cumplen 90 años de la Guerra Civil que dejó el país sembrado de fosas, con miles de desaparecidos. Uno de ellos, Lorca
  • Informe Semanal, desde el Museo Reina Sofía, recuerda el legado del poeta granadino, vigente nueve décadas después
  • Su obra sigue representándose, reinventándose y siendo objeto de estudio
Las voces de Lorca y Lorca, en todas partes
El poeta Federico García Lorca, apoyado sobre un piano. Getty Images
CARMEN BONET

“Granada tiene dos ríos, ochenta campanarios, cuatro mil acequias, cincuenta fuentes, mil y un surtidores y cien mil habitantes.

Tiene una fábrica de hacer guitarras y bandurrias, una tienda donde venden pianos y acordeones y armónicas y sobre todo tambores.

Tiene dos paseos para cantar, el Salón y la Alhambra, y uno para llorar, la Alameda de los Tristes…”.

Es un fragmento de la conferencia Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre. Federico García Lorca la leyó por primera vez en Buenos Aires en octubre de 1933, aunque una parte ya la había ofrecido, con canciones, junto a la cantaora La Argentinita en Madrid esa primavera.

Solo su título nos habla ya de una de sus pasiones, la música; porque Federico, desde niño, estuvo rodeado de música y de canciones… Y aprendió a tocar la guitarra y el piano. Son elementos que nunca desaparecieron de su obra. Acompañaban sus conferencias y aparecían también en momentos clave de sus obras teatrales. Sin la música, la obra de Federico no hubiera sido la misma. Una música, con mayúsculas, que está presente de una u otra forma, en todos aquellos y aquellas que integraron la llamada Generación del 27, de los que Lorca se ha convertido en el más universal. Según nos explica Samuel Diz, concertista de guitarra e investigador de la música de la Generación del 27, "cuando abrimos las Obras Completas de Federico García Lorca, comenzamos a descubrir terminología musical…".

Aunque hasta ahora no hayamos podido escuchar su propia voz en alguna de sus múltiples conferencias, o de sus intervenciones en la radio en Argentina, Lorca sigue muy vivo en las múltiples manifestaciones artísticas que provoca e inspira en nuestros días. Y esa es también su voz.  

Para muchas generaciones, el primer contacto con el autor fue a través de su teatro y alguna lectura obligatoria cuando aún eran adolescentes en el colegio o el instituto. Para otros, con más años, y algunas inquietudes políticas, Lorca era también una víctima más de la represión y la guerra, un “desaparecido”.

La pista de Lorca desde Dublín a Granada

Algunos de ellos pudieron leer allá por 1971 el primer libro del irlandés Ian Gibson, un entonces joven profesor de la Universidad de Londres: La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de García Lorca. Publicado en español por la Editorial Ruedo Ibérico en París, fue prohibido inmediatamente en España por su contenido antifranquista.

Después, llegaron muchos más libros… El hispanista y escritor Gibson lleva prácticamente toda su vida, desde que tenía diecisiete años y se encontró con El Romancero gitano por primera vez en una librería de ocasión de Dublín, siguiendo las huellas de Federico. Su obra, su vida, y también su muerte.

La obra de García Lorca acompaña también desde muy joven, casi un niño, al poeta granadino, y hoy director del Instituto Cervantes, Luis García Montero. Descubrió algunos de sus poemas en la biblioteca que sus padres tenían en el salón de las visitas, cerrado con llave; poemas que hablaban del río Genil, de los paisajes y lugares de niños que jugaban en la calle y en los campos.

García Montero, que leyó el libro de Gibson sobre la represión en Granada, también asistió en 1976 al primer homenaje público a García Lorca el año en que empezó sus estudios en la universidad. Para entonces, su vocación por la poesía y su relación con Federico eran ya una realidad. Estudioso de la Generación del 27, siempre destaca “el diálogo entre la tradición y la vanguardia” en la obra de García Lorca, “un camino que después se consolida en la poesía española”.

Sobre el escenario y dentro de la piel de Lorca

Historiadores, poetas, cantantes, músicos, dibujantes, pintores, actrices o actores….Cualquier manifestación artística sigue hoy interpretando y reinterpretando las múltiples y variadas obras y composiciones de Federico García Lorca, dándoles su voz.

El actor Juan Diego Botto es uno de ellos. En Una noche sin luna, de la que es autor, y bajo la dirección de Sergio Peris-Mencheta, no solo le da voz a las palabras del poeta, sino que se mete en su piel. Algo que para Botto supone “un viaje maravilloso”. 

Y aunque no sepamos dónde están los restos del poeta, uno más entre tantos miles que se esconden en fosas comunes aún por desenterrar; aunque no sepamos cómo sonaba su voz mientras cantaba acompañándose al piano, o cuando presentaba las obras de La Barraca sobre el escenario improvisado en las plazas de los pueblos. Aunque no sepamos todo eso, podemos imaginarla cada vez que alguna de sus canciones, sus poemas o sus obras de teatro suenan en algún lugar. Esa es su voz, esas son sus voces.