El terremoto mató a su familia y Cristal sobrevivió tras la nevera: los Rosales Rausseo encarnan la tragedia nacional
- Su vivienda se derrumbó por completo en Catia La Mar, estado de La Guaira, como otros más de 600 edificios en Venezuela
- Murieron la madre y el padre, Dámaris y Romy, y dos de las tres hijas, Adriana y Esmeralda, cuenta su pariente en Huelva
El destino de la familia Rosales Rausseo encarna la tragedia nacional de Venezuela por el terremoto del 23 de junio. Infinito dolor y un poco de esperanza. Dos semanas antes, el padre, Romy, la madre, Dámaris, y sus tres hijas, Adriana, Esmeralda y Cristal, celebraban felizmente la fiesta de los 15 años de esta última, la menor. Vivían en un piso en la planta baja de un bloque de cuatro alturas en la ciudad costera de Catia La Mar, en el municipio de Vargas, perteneciente al estado de La Guaira, al norte de Caracas.
Su vivienda pertenecía al sector Suma de la Urbanización Hugo Chávez Frías, nombrada como el antiguo presidente bolivariano. Los habían realojado en ese conjunto estatal después de que su barrio anterior sufriera los efectos de unos deslizamientos, explica en la ciudad española de Huelva la emigrante venezolana Aquina Rivas Rausseo, prima hermana de Dámaris.
Agarrados a la verja
El 23 de junio, pasada las seis de la tarde hora local, dos terremotos desgarraron el norte de Venezuela, con epicentro en La Guaira. Esa madrugada, en España, Aquina ya no pudo dormir. A su móvil llegó el mensaje de voz de su tío Delvalle Rausseo, de 83 años, que le daba la fatal noticia. El anciano contaba que su hija Dámaris, sus tres nietas y su yerno habían quedado sepultados al derrumbarse su edificio.
En las horas siguientes rescataron los cadáveres de los padres y de sus hijas mayores, Adriana y Esmeralda. A los esposos los encontraron con las manos agarradas a la verja de la salida, como si hubieran estado a punto de salvarse, cuenta Aquina Rivas Rausseo. Cayeron todos los edificios de la manzana, añade.
El día siguiente, encontraron a la niña de 15 años. Cristal sobrevivió gracias a que su cuerpo se quedó por debajo de una nevera ligera, que la protegió de los muros caídos, cuenta su pariente de Huelva.
El entierro final
Mientras seguían buscando supervivientes y muertos entre las ruinas de los más de 600 edificios desplomados, en la funeraria Vallés, en La Florida, Caracas, velaban los cuatro ataúdes de la familia, cada uno con su foto y su nombre. Sus deudos tuvieron la amarga suerte de haber recuperado pronto sus restos y de poder sufragar el funeral y el entierro final en el cementerio, en la tarde del domingo 27 de junio. Varios vídeos domésticos muestran ese trance en la funeraria, y cómo todos arropan a los abuelos maternos de las muchachas. Con ellos vive por ahora Cristal, su nieta superviviente, asistidos por el pastor evangélico Osvaldo González.
Ataúdes de Dámaris Rausseo, su marido y dos de sus hijas, muertos en el terremoto de Venezuela. El funeral se celebró en Caracas el 27 de junio. Cortesía de la familia Rosales Rausseo
Desde Huelva, a más de 6.600 kilómetros al este, Aquina y su consuegra, Zoraida Marcano, siguen con pena la situación de su país. Viven en la calle Pío XII de Huelva, a pocos metros del Parque Municipal de Bomberos del que, en sentido inverso, partieron hacia Venezuela varios rescatadores liderados por Antonio Nogales y una perra husmeadora, llamada Tina, para buscar personas, vivas o muertas, bajo los escombros. Las dos mujeres, de 70 y 68 años, se preguntan qué va a ser de Cristal y de sus abuelos, y piden ayuda: para ellos, para Venezuela.
Explican que los ancianos tuvieron que dejar su domicilio en Caracas por el temor a que haya sufrido daños, y que ahora están, según les ha indicado el pastor González, en la carretera vieja de Caracas a La Guaira, en la vía Ojo de Agua, en la parte alta del sector San Onofre. Si la ayuda internacional pasa por allí, que pregunten por el señor Delvalle Rausseo.