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Winnipeg, el barco con el que Neruda salvó a 2.200 exiliados republicanos que iniciaron una nueva vida en Chile

  • Beñat Beitia y Elio Quiroga dirigen la película basada en el cómic de Laura Martel y Antonia Santolaya
  • Una cinta participada por RTVE, que se estrena en cines este 10 de julio
Ilustración de estilo dibujo animado con una niña sosteniendo una caja de "COLOR", acompañada por Pablo Neruda y otras dos personas, sobre un fondo de cielo nocturno y ciudad.
Detalle del cartel de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'

En 1939, el barco carguero francés Winnipeg, que apenas tenía capacidad para 100 tripulantes, llevó a Chile a más de 2.200 exiliados de la Guerra Civil española. Un viaje que organizó Pablo Neruda, que lo consideraba su "mejor poema". Una apasionante historia que la guionista Laura Martel y la dibujante Antonia Santolaya contaron en la novela gráfica Winnipeg, el barco de Neruda (2014) y que ahora Beñat Beitia y Elio Quiroga, llevan al cine en la película Winnipeg, el barco de la esperanza, una coproducción entre España, Chile y Argentina, que cuenta con la participación de RTVE y que llega a los cines este viernes, 10 de julio.

Hemos hablado con Beñat Beitia y Laura Martel, que también ha escrito el guion de la película junto a los directores. "Queríamos recuperar una apasionante historia silenciada que prácticamente es desconocida en España -asegura Beñat-. Y que creo que está muy de actualidad, porque pienso que no nos estamos portando muy bien con nuestras políticas migratorias, tanto a nivel nacional, con esas prioridades nacionales que se están aprobando, como europeo, con esos campos de deportación en terceros países que se han aprobado. Creemos que es importante recuperar estas historias para no repetir los errores del pasado. También queremos agradecer a Chile esa ayuda que nos prestó y que esta historia nos recuerde la necesidad de recuperar los valores básicos de la humanidad".

"Descubrí esta historia por casualidad -nos comenta Laura-, en una cena en mi casa con gente de la embajada de Chile. Y cuanto más leía sobre ella, más me daba cuenta de que es una historia preciosa. De esas que la vida nos regala y que tienen un final feliz. Pensé en hacer un documental y me fui a Chile para hablar con los supervivientes del Winnipeg y sus descendientes. Y me pasó una cosa curiosa, que todos eran gente amabilísima que enseguida me daban las fotos, cartas y recuerdos de sus abuelos, que me dejaban quedarme en sus casas... Eran increíblemente amables, generosos y muy felices. Y me di cuenta de que era debido al lo agradecidos que estaban. Como ya había un documental sobre el tema, decidí hacer una novela gráfica que ilustró, maravillosamente, Antonia Santolaya".

Tráiler de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'

"Sin Pablo Neruda, el viaje no hubiera sido posible"

La película nos cuenta la historia de Víctor, un padre viudo y su pequeña hija Julia, que abandonan España tras la caída de Barcelona a manos de los franquistas en enero de 1939. En Francia les aguardan campos de concentración y penurias. Pero hay una posibilidad de huir: embarcar en el Winnipeg, un carguero que Pablo Neruda y los cuáqueros de París han fletado, para llevarlos a salvo a un nuevo destino: Valparaíso, Chile, donde sueñan con iniciar una nueva vida.

"Sin Pablo Neruda esto no hubiera sido posible -nos explica Laura-. Pero tampoco sin la aportación de muchas otras personas. De hecho, la idea no fue de Neruda, sino de su esposa, Delia del Carril, que fue la que recibió una carta de María Teresa, la mujer de Alberti, contándole la penosa situación en la que se encontraban los españoles en los campos de refugiados de Francia. Fue ella la que le dijo a Neruda que deberían hacer algo. Y Neruda cogió el toro por los cuernos y habló con el presidente de Chile, Pedro Aguirre Cerda, para decirle que tenía que acoger refugiados. Y Aguirre le contestó: "Si tú los traes, yo los acojo". Por eso, Neruda fue nombrado cónsul honorario en París y empezó a recaudar fondos que llegaron de gente muy diversa, incluidos los cuáqueros, una organización religiosa. Neruda les advirtió de que los republicanos a los que iban a ayudar no eran religiosos pero ellos dijeron: "No nos importa si son pecadores o pescadores, son seres humanos que están en una situación desesperada y necesitan ayuda y nosotros les vamos a tender la mano". A partir de entonces, cada vez que Pablo Neruda brindaba lo hacía "por la vida, por la alegría, por la ilusión, por el amor y por los cuáqueros".

"Esta historia -añade Laura-, habla de que la humanidad, el amor, es el antídoto contra la barbarie y lo que nos puede salvar. Lo único que los humanos podemos hacer que no pueden hacer las máquinas es amar".

Imagen de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'

"Julia representa la esperanza y el futuro que transportó el Winnipeg"

Y es que la película habla del amor paterno-filial pero también del amor a los demás y del amor entre los pueblos: "Víctor, nuestro protagonista, está basado en Víctor Pey, un ingeniero madrileño que estuvo en la columna Durruti -nos explica Beñat-. A partir de él creamos a su hija Julia, que nos permite llegar a ese público de 12 años. Queríamos mostrar esos valores humanitarios a los niños, porque ellos representan esa sociedad del futuro que deseamos. Y mostrar su candidez y su inocencia ante una situación tan desastrosa como puede ser la guerra. Ese barco, al final, lo que transportó fue esperanza y futuro y Julia simboliza todo eso".

Cartel de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'

Por cierto, que el aspecto de la Julia adulta en la película, está inspirado en la pintora y grabadora chilena Roser Bru (1923-2021), que era una de las pasajeras del Winnipeg. "El personaje de Julia está basado en varias personas de las que entrevisté en España y Chile -nos comenta Laura-. Por ejemplo, en una mujer que se llama Margarita, que vive en Tarragona y que me contó una cosa preciosa: que a ella la vistieron de domingo para cruzar la frontera y creía que iba a misa porque era el traje de ir a misa. Ella me contó muchas cosas desde el punto de vista de una niña".

"También me inspiré en una mujer que se llamaba Julia, que me contó que lo único que se llevó de Barcelona a Francia fue su set de costura, ya que pensaba que era lo único que le iba a permitir ganarse la vida allí. Me contó que, en medio de la fealdad del campo de refugiados, lo único que la salvaba de la locura era mirar los colores de su set de costura. Eso me lo contó mucha gente, que necesitaban agarrarse a algo hermoso, un recuerdo, un objeto... para mantenerse sanos mentalmente. Lo de hacer que la Julia mayor fuera Roser, en la película, fue idea de los otros guionistas, pero es cierto que Roser fue uno de los símbolos de ese viaje del Winnipeg", concluye Laura.

En cuanto a las condiciones de vida en ese barco, durante el mes que duró la travesía, Laura Martel nos comenta: "Depende de quien lo cuente, porque los que fueron de niños lo pasaron genial. Para ellos fue la aventura de su vida. Mientras que las personas como Víctor, que cargaron a su espalda mucha de la responsabilidad del barco, lo pasaron mal, porque fueron los que sabían que a lo mejor no los aceptaban, que les acechaban submarinos alemanes... Pero teniendo en cuenta que venían de esos campos de refugiados de Francia en los que lo pasaron tan mal, porque en realidad eran campos de concentración, creo que el barco fue mucho más llevadero para ellos".

Imagen de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'.

Imagen de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'.

"Bienvenidos a mi país"

Preguntamos a Beñat Beitia por el aspecto visual de la película, ya que la novela gráfica era en blanco y negro: "Cada medio tiene su propio lenguaje y eso supuso una reestructuración absoluta a nivel visual. Hemos trabajado con un estilo europeo contemporáneo muy cuidado. Yo me he encargado también de la dirección artística de la película y el trabajo a nivel documental fue encomiable desde el principio, cuando ya decidimos acumular toda la información que podíamos necesitar. Además, hemos trabajado con el gran Miguel Francisco en el diseño de personajes (Angry BirdsBest FriendsKokoon o Stella). Y al ser una coproducción, hemos reunido el talento de los tres países, como los estupendos fondos que han creado en Argentina y Chile. Gracias a eso creo que hemos conseguido una verdad emocional y también matizar esa crudeza que podía tener la historia. Porque nuestro objetivo era que la película creara esos lazos emocionales y consiguiera provocar la reflexión y el diálogo. Algo para lo que creo que la animación es una herramienta excepcional".

"La idea -añade Laura-, es que al principio sea una historia dramática, porque los campos son dramáticos, pero que a partir de ahí sea alguien que lanza una mano y ya es coger esa mano. Hay algo en esta historia que a mí me parece precioso, y es que había una parte de la sociedad chilena que rechazaba a los refugiados por miedo, que a lo mejor era justificado. Pero al final acogieron muy bien a los refugiados. De hecho, uno de los pasajeros del Winnipeg me contó que, al desembarcar, se encontraron a un hombre con un cartel en el que ponía: "Refugiados fuera, Aquí no queremos más problemas". Pero cuando vio a una familia española con dos niños pequeños, tiró el cartel, se aproximó, sacó su cartera, le dio al padre todo el dinero que llevaba y les dijo "Bienvenidos a mi país". Es precioso".

70 aniversario de la llegada del Winnipeg a Chile

"Lo que está sucediendo actualmente es absolutamente deshumanizador"

En estos momentos, en los que aumenta el rechazo a la inmigración en Europa y Estados Unidos, Beñat Beitia insiste en la importancia de historias como las del Winnipeg: "Yo creo que todos tenemos en nuestra casa a algún familiar que emigró en busca de un futuro mejor. Y mirad como nos comportamos ahora con los que llegan a Canarias, por ejemplo. Ahora que se tratan de aprobar leyes de prioridades nacionales y cosas similares, tenemos que hacerle frente. Es absolutamente deshumanizador todo lo que está ocurriendo y la dirección en la que vamos es muy preocupante. Creo que esta película es más necesaria que nunca por los valores que transmite. Sobre todo, porque hemos olvidado que España ha sido, históricamente, un país de inmigrantes".

Imagen de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'

Algo con lo que Laura Martel está de acuerdo: "Muchas de las personas que lean esto pensarán, como yo, que nos sentimos impotentes. Nos sentimos ínfimos y que pensamos que no podemos hacer nada en estos temas que nos superan. Pero muchas veces la vida te pone en posición de ayudar y se puede hacer. Ojalá no repitamos errores del pasado, pero si los repetimos, repitamos también los aciertos. Echemos una mano, como nos la echaron a nosotros. De hecho, la novela gráfica está dedicada a todas las personas a las que alguna vez la vida les puso en situación de ayudar a alguien. No tenían por qué hacerlo, no se iban a beneficiar de eso. Podían no hacerlo y sin embargo lo hicieron. Esa es la gente que crea un mundo mejor, Así que yo les dedique a ellos el cómic".

"Yo reivindico el papel de las personas pequeñas a la hora de construir un mundo mejor. Por ejemplo esos herederos del Winnipeg, esos "hijos de Neruda", como ellos se denominan, ahora mismo son 11.000. Y el legado de ese agradecimiento ha traspasado generaciones. Generando un mundo de gente solidaria, amable y generosa", concluye Laura.

Winnipeg, el barco de la esperanza, se estrena en cines este viernes, 10 de julio.

Cartel de 'Winnipeg, el barco de la esperanza'