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Diez años del caso de 'La Manada': el "grito colectivo" contra una violación grupal convertido en un 'basta ya' histórico

  • El caso de la violación en Sanfermines supuso un nuevo paradigma en lo social, político y legislativo
  • Puso en el centro el concepto del consentimiento y supuso el cambio del 'no es no' al 'solo sí es sí'
Diez años del caso de 'La Manada'

La madrugada del 7 de julio de 2016 una pareja que paseaba por Pamplona en pleno inicio de las fiestas de Sanfermines encontró a una joven de 18 años llorando en un banco. Fueron los primeros en enterarse de lo acababa de pasar: esa chica había sufrido una violación múltiple en un portal cercano.

Fue violada por cinco hombres que entonces tenían entre 26 y 29 años y que "obraron con pleno conocimiento" de que "no tenían el consentimiento" de la víctima y siendo conocedores de que "atentaban contra la libertad e indemnidad sexual de la joven", según rezó la sentencia del Tribunal Supremo que les condenó a 15 años de prisión, tras un largo, complicado y tortuoso recorrido judicial.

La joven fue penetrada bucal, vaginal y analmente en diez ocasiones en un "trato violento, vejatorio y humillante" que quedó registrado en seis vídeos de apenas un minuto y 38 segundos.

José Ángel Prenda, Jesús Escudero, Alfonso Jesús Cabezuelo -militar cuando se produjeron los hechos-, Antonio Manuel Guerrero- guardia civil entonces- y Ángel Boza fueron los integrantes de lo que se denominó socialmente como 'La Manada', por el nombre del grupo de WhatsApp en el que se jactaron, tras perpetrar la violación múltiple, del delito cometido.

Los cinco acusados por la violación grupal de los Sanfermines de 2016 en una imagen de archivo

Los cinco acusados por la violación grupal de los Sanfermines de 2016 en una imagen de archivo TVE

"Follándonos a una entre los cinco", "todo lo que cuente es poco", "puta pasada de viaje", decían, entre risas, mientras algunos de los integrantes del grupo 'Manada' celebraban el acto de sus amigos: "Cabrones, os envidio. Esos son los viajes guapos".

Lo ocurrido en aquella ignominiosa noche no era algo que, desgraciadamente, no hubiera pasado antes. Esta joven no fue la primera víctima de las 'manadas' que violan en grupo y tampoco fue la última. Ni siquiera fue la primera víctima de esa 'manada', ya que cuatro de ellos también fueron condenados por abusos sexuales a otra chica en Pozoblanco (Córdoba) mientras ella estaba inconsciente, en una agresión previa a los Sanfermines de 2016.

Un caso que marcó un antes y un después

Pero el caso de 'La Manada' en esos Sanfermines sí fue el germen de algo nuevo en España. Esta violación grupal marcó un antes y un después y se convirtió en la gota que colmó el vaso de la indignación social. Supuso un auténtico terremoto en las calles y configuró un nuevo paradigma en lo social, político y legislativo con gritos feministas como el repetido 'solo sí es sí' que pasó de lema a patrón social con el que toda mujer (y hombre) debe entender la importancia del consentimiento activo a la hora de establecer una relación sexual, sea esta del tipo que sea.

El simbólico grito de "yo sí te creo" -cuatro palabras cargadas de empatía y sororidad- atravesó la conciencia social y escenificó un nuevo 'basta ya'.

Esta violación múltiple fue un punto de inflexión que derivó en una reforma del Código Penal, una movilización feminista sin precedentes y una visibilización histórica de las grandes violencias sexuales sufridas por mujeres, pero también de los abusos cotidianos a los que hacen frente cada día.

Un año después de esta violación múltiple, estalló socialmente el trascendental 'Me too' para denunciar en diferentes sectores situaciones de acoso, abuso y agresiones sexuales, que no son aisladas sino estructurales.

"La víctima pudo ser cualquiera de nosotras"

Diez años después del caso de 'La Manada', la directora del Instituto Navarro para la Igualdad (INAI), Patricia Abad, explica a RTVE Noticias que, efectivamente, marcó de forma definitiva la "conversación social" y supuso un "cambio importante en todo lo que tiene que ver con la violencia sexual, el consentimiento, los derechos de las mujeres y las relaciones de poder".

Define lo ocurrido en Pamplona- con el foco añadido de ser unas fiestas conocidas a nivel internacional- como un "shock social" que despertó un "hartazgo colectivo" y una especie de solidaridad desbordante masiva con esa víctima por sentir que "pudo ser cualquiera de nosotras".

"Se gritó de forma clara 'esto no lo vamos a soportar más ni lo vamos a tolerar más' y se gritó que la justicia y la sociedad debían avanzar para mirar estas agresiones de otra manera", explica la directora del INAI, que añade: "Aunque muchas mujeres no hayamos sufrido una agresión sexual, este caso sí conectó con muchas cosas que nosotras vivimos en el día a día".

El foco se desplazó a los agresores

A juicio de Patricia Amigot, directora de cátedra de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de Navarra, actuó como un "catalizador" de la denuncia y la movilización que el movimiento feminista ha desarrollado durante décadas: "Este caso alteró el relato social patriarcal de la violencia sexual, desplazando el foco hacia los agresores y cuestionando la respuesta judicial y sus sesgos sexistas".

"Contribuyó a romper el silencio, a cuestionar la complicidad social con los agresores y a problematizar un imaginario patriarcal que durante mucho tiempo había naturalizado o minimizado estas violencias", explica, para añadir que "sacó a miles de mujeres a la calle porque conectó con las experiencias de desigualdad, miedo y violencia vividas de manera aislada y encontraron eco, reconocimiento e identificación".

Ese grito de denuncia desbordó las calles de toda España. En Pamplona ya había un movimiento muy potente de denuncia social contra el acoso y la violencia hacia la mujer, muy intensificado en las fiestas de Sanfermines, según explica a RTVE Noticias Begoña Zabala, de la Federación Estatal de Mujeres Feministas.

Otro punto de inflexión fue el asesinato de Nagore Laffage, también en un 7 de julio de 2008, en pleno arranque sanferminero. Unas fiestas, añade, en las que ya se habían producido otros casos de agresiones sexuales.

Zabala recuerda que tras el caso de 'La Manada' en Pamplona el impacto fue enorme: "Algunas chicas nos decían que se cruzaron por la noche con los miembros de 'La Manada' y que recordaban su actitud rara. Estar tan cerca de ellos hizo sentir que cualquier mujer pudo haber estado en el lugar de la víctima". Y esa sensación "de cercanía y conexión total" se extendió por todo el país, "aumentada por la indignación que generaba que ellos dijeran que había sido consentido", añade.

El consentimiento pasa al centro del debate

La directora del Instituto Navarro para la Igualdad destaca la importancia de que el consentimiento pasase a ocupar la centralidad del debate: "Hay que recordar que las primeras sentencias judiciales determinaron que, aunque no había consentimiento, no se entendía que hubiera una situación de violencia ambiental en el caso".

Y es que el Tribunal Supremo elevó de nueve a 15 años la condena a los cinco acusados para dejar claro que fue una violación múltiple y no abuso sexual, como inicialmente habían interpretado el Tribunal Superior de Justicia de Navarra y la Audiencia de Navarra, que no vieron violencia o intimidación al no apreciar "ningún acto expreso de fuerza".

Cabe detenerse aquí en los detalles y en la importancia de esta revisión de pena porque puntualizó cuestiones capitales en los hechos: concluyó que los agresores se valieron de un "auténtico escenario intimidatorio" para agredir sexualmente a la víctima en un portal sin que ella pudiera hacer otra cosa que adoptar una "actitud de sometimiento". El falló dejó claro que la víctima "en ningún momento consiente a los actos sexuales" y se refiere a la "angustia e intenso agobio que la situación le produjo por el lugar recóndito, angosto y sin salida en el que fue introducida a la fuerza". El alto tribunal habla de "clara denigración como mujer" y sentencia que no hacía falta una "actitud heroica" por parte de la víctima agredida para que los acusados tuvieran clara su negativa.

La víctima dejó claro en el juicio que "hicieron algo que ella no quería" y que se "sometió para que acabara". Cerró los ojos para "no enterarse de nada".

La violación causó estupor, pero el periplo judicial solo vino a aumentar la indignación social y la solidaridad con ella. Así, las dudas que la propia Justicia generó sobre lo que una víctima o no debe hacer en una situación tan desgarradora provocó un debate social de gran calado sobre conductas, a juicio de las expertas, "revictimizantes, históricas y, claro está, machistas".

No obedecía más que a un hartazgo colectivo de que se cuestione a una mujer por si se ha resistido o no, qué ha hecho y qué no en los momentos previos, durante y posterior a la agresión, llevado al extremo de que no hace tanto se preguntara a una víctima qué llevaba puesto en el momento de la agresión.

La propia víctima de 'La Manada' habló, tras la revisión satisfactoria de la pena, para decir que "lo peor no fue lo vivido, sino lo que vino después" en un proceso "largo, intenso y agotador".

Begoña Zabala rememora ese "calvario judicial" y recuerda que la víctima tuvo que oír a la defensa de los acusados que dijo, entre otras cosas, que en los vídeos se escuchaban "gemidos y jadeos" o que "el heritema hallado en la víctima era compatible con relaciones consentidas".

La experta en Estudios de Género y Feministas, Patricia Amigot, se refiere así al hecho de que en la primera sentencia no se apreciara en ellos ni violencia ni intimidación: "Todavía me resulta asombrosa esta ceguera en un caso tan brutal de violencia grupal, aderezada además con aquel voto particular de uno de los magistrados que no vio sino 'jolgorio' en aquellos hechos".

"La sentencia y su argumentación constituyó un excelente ejemplo del marco sexista de interpretación de esta violencia, una muestra del discurso patriarcal que resta credibilidad a las mujeres y tiende a exculpar a los agresores", apunta Amigot.

Cambio de mentalidad: del 'no es no' al 'solo sí es sí'

La directora del INAI pone de manifiesto la vital importancia de que se pasara en el ámbito social del 'no es no' al 'solo sí es sí' para que calara en la sociedad el mensaje de que "el consentimiento tiene que ser voluntario, libre y por supuesto, en cada hecho que sucede, podemos dar marcha atrás en una situación".

Y, aunque en el ámbito del consentimiento cree que "sigue habiendo dificultades", considera que en esto la sociedad ha avanzado y que cada vez más las relaciones entre hombres y mujeres están "más basadas en la libertad, respeto y consentimiento".

En relación al consentimiento, Amigot afirma que "a pesar de las resistencias, somos más capaces de cuestionar ideas preconcebidas que legitimaban el privilegio masculino de interpretar unidireccionalmente la voluntad de la mujer". "Durante mucho tiempo, y todavía ahora, escuchamos 'si subió a casa', 'si aceptó una copa', 'si no se resistió lo suficiente' en un marco que ha servido para justificar la violencia y trasladar la responsabilidad a las mujeres", concluye.

Un grito que fue de las calles al Código Penal

La sentencia de 'La Manada' fue definida por los movimientos feministas de España como "histórica" y creyeron que con ella se animaba a las mujeres a denunciar agresiones sexuales del tipo e intensidad que fueran.

El grito social pasó de la calle al Código Penal con la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, aprobada en el año 2022 y que tenía como ejes principales la supresión de la distinción entre abuso y agresión sexual, hacer del consentimiento expreso la clave para juzgar los delitos sexuales y garantizar una atención integral a las víctimas.

La ley denominada 'del solo sí es sí' no estuvo exenta de polémica porque provocó más de 1.200 rebajas de pena- entre ellas de 'La Manada'- y más de un centenar de excarcelaciones.

Tras una fuerte división en el Gobierno entonces de PSOE y Unidas Podemos, la norma fue reformada en 2023 sin el apoyo de este grupo y con un pacto entre el PSOE y el PP. Los socialistas dijeron que no se tocaba "ni una coma" en lo referente al consentimiento y se creó entonces un subtipo agravado dentro del delito de agresión sexual para que las penas sean más elevadas si concurre violencia o intimidación.

Las tres expertas entrevistadas coinciden en que tras el caso de 'La Manada' sí hay una mayor conciencia de la importancia de denunciar violencias sexuales, sean de la intensidad que sean, pero también lamentan que denunciar se convierta en un "proceso doloroso con altos costes personales, emocionales y judiciales", incluso en revictimización y exposición mediática. Destacan que hay que eliminar de raíz los sesgos en la justicia que aún persisten.

Los delitos contra la libertad sexual con penetración crecieron en el primer trimestre de este 2026 un 3,8% respecto a 2025, según datos del Ministerio del Interior, que atribuye, en parte, este crecimiento a una mayor disposición de las víctimas a denunciar.