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La inteligencia artificial entra en el taller de restauración

  • La IA acelera los procesos previos para preparar la restauración de obras pictóricas
  • Existen software que identifican los daños de una obra en 5 segundos
La inteligencia artificial entra en el taller de restauración
VANESSA GÓMEZ

Hay entrevistas imposibles, pero que serían extremadamente interesantes para contrastar épocas. Fantasear con conocer la mirada de un profesional del siglo XIX sobre el presente inconcebible de la Inteligencia Artificial como Vicente Poleró y Toledo. Fue restaurador del Real Museo, hoy el Prado. Con 29 años, allá por 1853, publicó El Arte de la restauración, uno de esos manuales que se convierten en el faro de un gremio.

Acababa aquel tratado de 96 páginas, en letra pequeña y apretada, recomendando que sus compañeros practicaran con "esas mil adulteradas copias" que circulaban y "hacerlas dignas más que de ser conservadas, de servir de clínica". Y con esos recursos contaban para "entrenar" de la manera más verídica posible antes de colocar sus manos sobre las obras, hoy la IA les permite ponerse en situación sin ni siquiera llegar a tocar el cuadro, localiza los daños y está en camino de poder orientarles en aspectos tan delicados cómo hasta qué punto deben profundizar en la restauración o si hay riesgo de agravar el estado de la obra.

La IA radiografía los daños pictóricos

Como en otros campos, la IA necesita nutrirse, almacenar datos que la permitan "pensar". La información la hace más eficaz. En esa fase continúan profundizando en el proyecto Artdet de la Universidad de Granada. Lo encabeza Francisco M. García Moreno, del Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos y explica que acuden a las colecciones privadas para intentar ampliar su base de datos. El objetivo es fotografiar los daños que puedan presentar las obras. Cuantas más muestras de lesiones pictóricas obtengan, y más diversas sean, más ampliarán el conocimiento de la IA. Con entre 3.000 y 5.000 imágenes, lograron poner en marcha su software que es capaz de identificar tres tipos de daños: pérdida en la capa pictórica, desperfectos en el bastidor y detectar antiguas intervenciones. Con una fotografía en alta calidad del cuadro, resuelve la operación en menos de cinco segundos.

Detalle de los puntos marcados por la IA para la restauración / UNIVERSIDAD DE GRANADA Universidad de Granada

Este es un proyecto multidisciplinar, en él participan además expertos del Departamento de Pintura y Restauración de la Universidad, como el profesor Luis Rodrigo Simón que reconoce que ésta herramienta acelera el estudio de la obra antes de proceder a su restauración. De no existir enumera parte de ese trabajo que asume la IA: " hay que hacer croquis, diseños de esquemas...".

Además nos explica García Moreno que "tiene también un porcentaje de acierto que te dice... oye, la IA puede detectar este tipo de daños o no". Respecto a eso, su precisión está cuantificada en un 80,4% y sobre sus predicciones, el porcentaje se eleva prácticamente al 100%.

La IA aspira a convertirse en restauradora

La IA sin embargo puede ser aún más pretenciosa y no conformarse con mapear los daños pictóricos. Esa ambición se ha visto rubricada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts donde han llevado el proceso hasta el final. Todo empezó casi con el viejo método de Vicente Poleró y Toledo cuando un profesor, Alex Kachkine, compró en una subasta un óleo del siglo XV.

A partir de ahí, paso a paso. La IA primero situó 5.612 zonas en las que se apreciaban daños. Sin ninguna otra mediación, se dispuso a devolverle su estado original. Fue capaz de distinguir y utilizar para su restauración: 57.314 colores distintos. Con ese trabajo hecho, solo quedaba el más delicado para cualquier profesional, intervenir en la obra para restaurarlo. A falta de manos, el investigador volcó "esa restauración digital" en una especie de vinilo que posteriormente se coloca en la obra. Asegura que es reversible, que no estropea el original y que se puede disolver con agua.

Su rapidez es incuestionable e imbatible para un restaurador. Terminó su trabajo en solo 3 horas y media, calculan, que eso es 66 veces más rápido que si lo hubiera hecho un profesional. Lo que no se puntuó es la calidad de la factura final. El Arte carece de fronteras, aún está por ver, qué limites le pondrán en el taller de restauración.