Kayla E. se enfrenta a su desgarradora infancia en 'Dulce basura': "Mis padres nunca me quisieron"
- Una sorprendente novela gráfica nominada a los Eisner y ganadora del premio Ignatz
- Más noticias sobre cómic e ilustración en El Cómic en RTVE.es
Nominado a los Premios Eisner al mejor cómic biográfico y ganador del Premio Ignatz a la mejor novela gráfica del año, Dulce basura (Reservoir Books), de Kayla E., es uno de los debuts más sorprendentes de los últimos años. Un libro que, bajo su estética infantil, nos cuenta la desgarradora infancia de su autora, marcada por el abuso sexual a manos de su hermano (que sus padres consentían), los traumas, la pobreza, el fanatismo religioso y las maternidades rotas.
En una rueda de prensa telemática, Kayla nos confiesa (desde carolina del Norte) por qué ha querido publicar este cómic tan íntimo: “Antes de publicarlo, extraje unas secciones que vendía a modo de fanzines en festivales de cómics, para ver un poco cómo la gente lo percibía, porque yo nunca había dicho en voz alta lo que me había pasado antes. Siempre lo había mantenido en secreto. Fue entonces cuando me di cuenta de que, por difícil que fuera contar lo que me pasó, significaba muchísimo para algunos lectores”.
“Hablar conmigo –continúa-, les brindaba a ellos la oportunidad de contar experiencias similares que habían vivido. Y entre nosotros surgió una conexión maravillosa, gracias a la que fui capaz de mostrarme vulnerable y valiente a la hora de contar, en voz alta, lo que me había pasado a mí. Y esto está provocando algo muy potente para los lectores o las lectoras, porque lo que cuento son secretos, son tabús, que es lo peor que puedes admitir que te haya pasado siendo una niña”.
“La mayoría de personas que escriben sobre abusos que han sufrido no se atreven a ir tan lejos, porque es durísimo y da mucho miedo –añade Kayla-. Pero una vez superado ese miedo, ahora me siento valiente, me siento confiada, me siento empoderada. He logrado dejar atrás eso que me paso, que ya no me duela tanto y sacar algo bueno de ese dolor. Por eso me siento agradecida de poder compartir este trabajo y hablar de una forma auténtica de lo que me sucedió. Y eso se ha convertido en una experiencia bella y sanadora”.
Página de 'Dulce basura' (Reservoir Books)
Un puzle que Kayla construyó en secreto durante años
Kayla empezó a construir este libro cuando era una adolescente: “Lo escribí en secreto durante unos diez años y nunca pensé que nadie lo iba a ver nunca –nos confiesa-. Lo primero que escribí es la página dos, donde mi yo niña se suicida. Dibujé esta página como en una explosión de inspiración, sin planificación, sin ningún tipo de sketch previo, sin ninguna experimentación. Fue un día en mi habitación, después de que me hubieran pasado cosas horrorosas en el instituto”.
“Además –continúa-, en esa época bebía, tomaba drogas y mi salud mental era una auténtica pesadilla. Y ni siquiera sabía por qué. No seguía ningún tipo de terapia y tampoco tenía palabras para describir lo que me pasaba, mi adicción o mi dolor. No tenía ningún tipo de apoyo”.
“Ni siquiera me permitía dibujar a mí misma porque pensaba que no tenía derecho a malgastar el papel con mis cosas -añade. Así que tiré todo lo que había dibujado antes. Pero seguía teniendo ese ansia urgente de hacer arte, aunque no sabía cómo empezar ni tenía dinero. Así que abrí el ordenador y dibujé esa primera página. Luego el logo, la cara de Kayla, elegí la paleta de colores… todo lo puse ahí tal y como está”.
“Y seguí trabajando mientras vivía con mis abusadores, con mi familia biológica, día tras día -continúa Kayla-. Para mí esos dibujos eran como un grito silencioso de ayuda. Intentaba montar esas piezas de puzle como un ejercicio puro de intentar entender qué me pasaba y que me había pasado. En esas páginas no había ningún tipo de censura ni de intención, ni siquiera me preocupaba la narrativa. No tenía ningún tipo de miedo porque sabía que mis padres no iban a leer esto. Por tanto, podía profundizar tanto como yo quisiera. Y es lo que hice: fui tan lejos como pude en cada etapa”.
Páginas de 'Dulce basura' (Reservoir Books)
“Afortunadamente encontré algunos mentores que fueron las únicas personas con las que compartí Dulce basura, artistas como Chris Ware, que fue mi mentor, Tim Hensley o Ivan Brunetti que fueron sumamente generosos conmigo y opinaban sobre los dibujos que yo los enviaba. Me ayudaron a crecer como dibujante y fue increíble que mis héroes fueran mis primeros lectores”, añade la dibujante.
“Y después de estar en recuperación y terapia durante casi diez años, estar sobria y no tener ya ningún tipo de contacto con mi familia biológica, fue cuando decidí compartir este trabajo con el mundo. Porque mi mentor, Mark Newgarden, me dijo: “Kayla, tienes un libro excelente y tienes que compartirlo. Y eso me petó la cabeza. Porque nunca pensé que ningún editor estuviera dispuesto a publicar algo tan raro. Pero él creyó en mí, fue un héroe para mí”.
“Aun así, cuando vendí el libro a Fantagraphics, pasé cuatro años revisándolo, reescribiéndolo y añadiendo nuevas historias, porque mi memoria estaba mucho más clara, más despejada. Había recuperado el lenguaje necesario para describir lo que me había pasado. Tenía la perspectiva del tiempo y la distancia, incluyendo esa distancia física con mmi familia. Así que lo rehice poco a poco, hasta que sentí en mis entrañas que lo tenía. Y el final del libro también supuso el final de mi familia biológica. Rompí definitivamente cualquier contacto con ellos, hasta con los primos o los tíos. Porque todo el mundo sabía los abusos que había sufrido y nadie había hecho nada”.
“Afortunadamente, cuando finalmente se publicó el libro, la respuesta de los lectores fue extraordinaria”, concluye Kayla.
Páginas de 'Dulce basura' (Reservoir Books)
“Los cómics eran como mi mundo seguro”
El diseño del libro es un homenaje a los cómics que Kayla leía de pequeña, como los de Archie. “Esos cómics eran como mi mundo seguro. Me enseñaron que podía haber orden en el mundo, que las cosas podían ser alegres y que los niños podían estar en un espacio seguro. Sobre todo, los cómics de Archie, que eran un contraste brutal con mi vida, ya que Riverdale era una ciudad muy bonita, habitada por gente muy guapa y con muchos amigos. Cuando los leía y luego veía mi habitación pensaba: “Aquí hay algo que no funciona”. Esos cómics fueron mi vía de escape de la realidad”.
“Así que –continúa la dibujante-, cuando empecé a hacer cómics sobre mi infancia decidí basarme en esos tebeos. Necesitaba vivir en ellos, contar la historia con ese estilo visual. Pero, aunque este formato es un homenaje a esos tebeos, que me salvaron, también es una crítica, porque, en cierto modo, esos cómics proyectaban una distorsión de lo que era una ‘buena vida normal’”.
“Porque yo soy una mujer latina y lesbiana –añade-. Y para los autores de esos cómics de los años 60 no existía. Por eso, hay algo empoderador en ese acto de decir lo cojo y ahora es mío. E insertar la historia de esta niña golpeada, pegada, maltratada… en esa narrativa romantizada blanca de los años 50. Por eso creo que hay una tensión absoluta entre mi amor por esos tebeos y, no diría odio, pero sí una crítica del mundo del cómic, que para mí es sumamente importante. Porque yo soy una friki del cómic y quiero homenajear esos títulos y referencias, pero también analizar su relación con los lectores”.
Páginas de 'Dulce basura' (Reservoir Books)
Ese dibujo de apariencia infantil contrasta completamente con el contenido tan dramático del cómic. “No tomé ninguna decisión formal al comenzar a dibujar Dulce basura –nos explica Kayla-. Las circunstancias eran tan brutales cuando yo empecé a hacerlo que todo se basó en mi instinto. No quise pensarlo demasiado para no presionarme, porque soy una artista muy cuidadosa y si me paraba a reflexionar podía perder esa energía frenética detrás de la creación de este libro, que era algo que yo intentaba visualizar, que intentaba explicarme a mí misma”.
“De hecho, han sido mis lectores los que me han hecho entender que las decisiones de color, línea y forma crean una experiencia de lectura muy intensa, sobre todo tratándose de un tema tan potente. Hacer este cómic fue una experiencia muy instintiva y estoy súper contenta de que haya sido así, porque el trabajo que yo estaba haciendo antes, para que otros sí lo vieran, no era ni por asomo tan potente. Creo que este ejercicio me ha liberado completamente como artista”.
“Las lectoras y lectores me han dicho que esas tan claras, crean una disonancia con el tema. Y tienen razón, porque si el dibujo hubiera sido tan oscuro como el contenido había sido como el horror dentro del horror. Habría sido demasiado. Por eso, esa estética clara de mediados del siglo XX se convirtió en el contenedor perfecto para contar esta historia tan dura”.
En cuanto a introducir pasatiempos, anuncios o incluso recortables de muñecas en la historia, Kayla nos comenta: “Quería que fuera un libro muy interactivo e incluso animo a la gente a recortarlo, a resolver los pasatiempos… Al invitar a los lectores a participar en esos juegos infantiles, se crea una conexión más directa con ellos. Por ejemplo, hay una sopa de letras al principio del cómic que es como un aviso a navegantes, porque tienes que encontrar palabras como incesto, alcoholismo… Por eso también decidí que la estructura del libro no fuera lineal ni cronológica para que el lector pudiera jugar a reconstruir la historia. A pesar del tema, yo creo que el libro es bastante divertido, aunque puede ser por mi sentido del humor”.
“Pienso que una vez que está publicado, el libro pertenece a los lectores y ellos son los que tienen la última palabra. Ese es el compromiso más bestia que puede tener un lector con el texto, hacer todo el viaje que le propongo e implicarse o no con lo que le estoy contando. E incluso resolver esas sopas de letras. Si los lectores entran en ese juego, para mi será sumamente emocionante. Eso es una consecuencia inesperada de la forma que adopta este libro”, concluye Kayla E..
Páginas de 'Dulce basura' (Reservoir Books)
“Temía convertirme en una psicópata como mis padres”
Kayla nos comenta que, tras sufrir esos abusos: “Desde los veintipocos años temía convertirme en una psicópata como mis padres o mi hermano. Por eso empecé a leer muchísimos libros de autoayuda, textos espirituales y libros sobre traumas. Porque simplemente decir a un niño que es especial, que es amado, puede ser la clave para que conserve su salud mental”.
“Yo no encajé sola las piezas, tuve algunas personas que me ayudaron en ese sentido –añade-. Al principio me preguntaba por qué no podía recibir ese amor que yo sentía por los demás, porque amo a los niños e incluso soy vegana porque no quiero matar ni a una mosca. Pero temía que a los 30 o 40 años pudiese convertirme en un psicópata. Y ese temor me paralizaba. Tenía muchísimo miedo, incluso pánico. Por suerte, después de esas lecturas, pude revisar mi infancia y entender que yo no tenía la culpa de nada”.
“También después de esas lecturas comprendí que mi abuela tenía el mismo trastorno de personalidad que mi madre. Mi abuela fue muy cariñosa conmigo y me alentó a leer, pero no lo había hecho con mi madre, que acabó odiándome porque nunca había mostrado ese cariño con ella. Y descubrí que era muy normal que madres que habían maltratado a sus hijas, mostraran ese cariño por sus nietas para torturarlas aún más. Era una situación muy dolorosa, porque mi madre no me quería y, aunque pareciese que mi abuela sí, en realidad me estaba utilizando para seguir haciendo daño a mi madre. Era una tortura super compleja y, en el fondo, mi madre fue el chivo expiatorio de la familia, la que más abusos sufrió”.
Páginas de 'Dulce basura' (Reservoir Books)
“Al final, por lo menos, yo he salido mejor que cualquiera de mi familia. Soy la única que ha ido a la universidad, la única que está sobria y la única que creo que no soy violenta. Y fue gracias a que algunas personas me salvaron, como un profesor que se sentía orgullosa de mi y colgaba mis trabajos en el colegio; otra profesora que me dio su número de teléfono porque intuía que yo no estaba segura y quería ayudarme; o un profesor de arte que intuyó que yo tenía talento y me alentó muchísimo. Algo que mis padres nunca habrían hecho”.
“Finalmente -añade Kayla-, un banquero inversor que también era un filántropo vio algo especial en mí y empezó a actuar como mi mentor. Me hizo prometer que iba a presentar los papeles para Harvard. Incluso cuando en ese momento yo era una persona sin techo, porque me habían echado de casa, vivía con amigos y me estaba muriendo de hambre. No tenía internet, no tenía ordenador, mis cosas cabían en una bolsa de basura. Como no podía pagar ni las tasas, el me las pagó y me permitió usar su ordenador y todas las cosas de oficina que necesité”.
“Todas esas personas me salvaron la vida en algún momento –concluye- Si no fuera por ellas no estaría aquí. Porque la mayoría de los niños que pasan por lo que yo pasé no sobreviven. Yo no tenía casa, era una sintecho, nunca supe lo que era ser amada por mi madre o mi padre. Mis padres nunca me quisieron, pero sí fui amada por otras personas a las que les debo todo. Ese último mentor ya ha fallecido, pero pudo venir a mí graduación en la universidad. Y fue un momento muy emocionante”.
Después del éxito de crítica y público de su primera novela gráfica preguntamos a Kayla, que actualmente es directora creativa de Fantagraphics, por su siguiente trabajo: “Tan pronto como terminé Dulce basura, empecé a escribir y dibujar cómics. Y mi experiencia fue radicalmente distinta, porque el proceso de escribir ese libro muy duro y ahora podía, por fin, divertirme haciendo cómics. Había recuperado la confianza para hacer cómics mucho más alegres y ligeros”.
“Llevo cinco años sin contacto con mi familia biológica –añade- y estoy abierta a mi completa recuperación. Por eso estoy escribiendo un nuevo libro, The Knot is Not, en el que hablo sobre las prácticas espirituales que desarrollé a partir del momento en el que dejé de beber, que me han dado mucha paz y mucha serenidad. Actualmente cultivo flores, cocino, leo libros y soy feliz con mi esposa. Quiero que mis lectores sepan que se puede salir del horror y encontrar la felicidad. No sigo ninguna tradición religiosa ni a ninguna iglesia, pero si a un poder supremo y leo textos seleccionados. Me quedo con las cosas que alimentan mi espíritu”.
“Y en ese nuevo libro, que será una continuación de Dulce basura, hablo sobre cómo me salvé de la psicopatía y de la violencia. E incluso incorporo a mi yo adulto con la niña que fui. Es un libro que tendrá muchas capas y que voy compartiendo poco a poco con la gente. Podéis encontrar un extracto del libro en la web del MoMA y veréis como hablo sobre mis prácticas espirituales. Tardaré unos años en acabar este libro, pero ahora trabajo mucho más deprisa”.
Portada de 'Dulce basura'