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La protección de los derechos digitales, clave para el futuro de internet

  • El Día de internet llega en pleno debate sobre los límites de las tecnológicas
  • Hablar de internet es sinónimo de democracia, memoria o privacidad
Varios ponentes sobre un escenario. En la pantalla de fondo se lee La responsabilidad de crear contenido para la generacion zeta
I Encuentro Internacional de Derechos Digitales
Manuel González
Manuel González

El día Mundial de Internet suele ir asociado a sus virtudes como conector global, acceso al conocimiento o la democratización de la información. Pero en 2026, puede que al celebrar este día ya no tenga sentido hablar de qué podemos hacer navegando por internet, sino qué efectos tiene sobre los miles de millones de personas que se conectan cada segundo. El paraíso de la información se ha plagado de minas que condicionan nuestras decisiones, que negocian con nuestros datos incluso después de morir y ha amplificado con la IA los rasgos más oscuros de la sociedad actual.

Estos temas estuvieron presentes en el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales. El foro, que tiene detrás al Mobile World Capital Barcelona, reunió a filósofos, investigadores, activistas, políticos y expertos tecnológicos preocupados por la protección de los derechos fundamentales en el entorno digital. La red ha pasado a estar dominada por plataformas privadas, controlada por algoritmos opacos y modelos de IA capaces de alterar la vida de los usuarios a gran escala.

Exposición en el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Alianzas para salvaguardar la democracia

La erosión de la democracia a causa de la desinformación y manipulación en redes sociales fue uno de los ejes centrales de este encuentro. “Parte de lo que es una democracia es una conversación, no puede estar en manos solo de tecnólogos”, explica la filósofa y escritora Carissa Véliz. Autora de un libro imprescindible para entender los tiempos que corren, Privacidad es poder (Editorial Debate), un congreso de estas características sirve para “generar alianzas entre políticos, activistas, académicos y ciudadanos” -esenciales en este debate y razón por la que el acceso era gratuito- frente a un sistema tecnológico que “no respeta fronteras”. 

Para el analista digital, Genis Roca, cuando lo digital lo atraviesa todo, es inevitable que haya espacios para la discusión colectiva. “La democracia consiste en elegir, pero antes necesitamos pensar qué queremos. Este tipo de eventos es ese momento colectivo de mirar qué hay en el armario y qué sociedad queremos vestir”, opinaba Carl Öhman, investigador sueco, sobre la valía de estas jornadas.

Imagen de Carissa Véliz participando en una mesa redonda durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Carissa Véliz en el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

La IA, la máquina que profetiza el futuro

Carissa Véliz era una de las figuras más esperadas en este encuentro sobre derechos digitales. A punto de publicar Profecías (Editorial Debate), la tesis del nuevo libro donde advierte de los peligros de la predicción de las tecnologías actuales. “Hemos comenzado a tratar esas predicciones como si fueran hechos objetivos “, explica a RTVE Noticias. “La democracia se ha erosionado por una cultura de la adivinación”. Para Véliz, las empresas tecnológicas se han acostumbrado a funcionar proyectando comportamientos futuros a partir de datos del pasado: qué vamos a consumir, qué contenido nos interesa, qué decisiones tomaremos al día siguiente. “Convertir la predicción en el centro del funcionamiento social tiene consecuencias políticas profundas”, advierte la escritora.

Para desarrollar esa idea, la filósofa ha viajado atrás en el tiempo, a un mundo habitado por profecías. Del mismo modo que las civilizaciones antiguas consultaban los oráculos para conocer el futuro, muchas de las decisiones sociales, económicas y políticas que se toman en la actualidad se apoyan en algoritmos que anticipan comportamientos. Aunque parezca magia o brujería, son cálculos de datos. “La tecnología es distinta, pero el papel que juega no es tan diferente al oráculo de Delfos o la astrología” afirma Carissa Véliz.

Carissa Véliz entrevistada por RTVE Noticias durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Carissa Véliz entrevistada por RTVE Noticias durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Predicciones que amplifican los sesgos

La capacidad de predicción de la inteligencia artificial ha hecho que la democracia haya perdido parte de su valor a la hora de trazar el progreso tecnológico. El poder excesivo de las grandes plataformas les ha permitido estar en posición de diseñar el futuro. Carissa advierte de que “si no tenemos alianzas internacionales, vamos a dejar que un grupo muy pequeño de personas en Silicon Valley lo diseñe”.

A pesar de sus advertencias, rechaza el apocalipsis tecnológico. “No es demasiado tarde, la democracia no es una conquista definitiva, sino una construcción permanente”, sostiene. Y es importante recordar que “seguimos siendo seres analógicos. La mayor parte del mundo lo es”, defiende la escritora. “El agua virtual no te va a quitar la sed”. Recomienda las conversaciones cara a cara, la atención en los demás, la experiencia compartida, como herramientas de resistencia democrática. Son, para ella, los recursos infalibles para hacer frente a los modelos digitales que quieren captar nuestra atención de forma infinita. 

La huella digital tras la muerte

Carl Öhman, al igual que Carissa Véliz, también trazó en la Ciudad Condal una conexión entre pasado y futuro para hablar de algo menos explorado: la muerte digital y la huella que dejamos en internet.

En 2019, Öhman publicó junto a un colega una investigación que estimaba que en 2070 podría haber más usuarios muertos que vivos en los servidores de Facebook. Una cifra elaborada a partir de datos demográficos de Naciones Unidas cruzados con estadísticas de la plataforma de Meta. La pregunta resultante fue: ¿qué ocurre con esa memoria digital acumulada? 

El investigador de la Universidad de Upsala siempre ha visto internet como una especie de cementerio gigante. “Los archivos son estructuras que construimos para los muertos”, explica. "El problema, que los vivos también se han mudado a esos archivos". 

Carl Öhman entrevistado por RTVE Noticias durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Carl Öhman entrevistado por RTVE Noticias durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

2.000 millones de personas dejarán su huella digital en 2070

En las próximas dos décadas, calcula que 2.000 millones de personas dejarán tras de sí cantidades ingentes de información digital. Las consecuencias de esto van más allá dejar almacenadas fotos, mensajes o perfiles de quienes ya no estén. Es un tema político, “convierte la memoria colectiva en un problema de poder”, dice.

Öhman Ilustra la idea con un ejemplo centrado en una sola persona. Elon Musk, como dueño de X (antes Twitter), controla el archivo completo publicado en su red social sobre el movimiento MeToo, y toda la información del Black Lies Matter o la Primavera Árabe. “Nunca antes tan pocas personas habían controlado los registros históricos”, resume. Y la consecuencia es que “el patrimonio de la humanidad ha sido externalizado hacia empresas tecnológicas privadas con sede en Estados Unidos”. Acceder a esos archivos el día de mañana dependerá de decisiones corporativas. 

Con la IA, la conciencia digital histórica se complica. Según su visión, “los modelos generativos funcionan como una condensación de millones de voces humanas -del presente y del pasado-, comprimidas en un único agente”. La inteligencia artificial se transforma en los ecos del pasado y no los de una máquina. 

Carl Öhman entrevistado en el escenario principal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Carl Öhman entrevistado durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

La IA como reflejo de la sociedad, para lo bueno y lo malo

Las reflexiones de Carl Öhman se acercan de forma sorprendente al pensamiento de Carissa Véliz y de Genis Roca, dos nombres presentes en el I Encuentro de Derechos Digitales. Los tres, a su manera, describen la IA como un reflejo de nuestras estructuras sociales. Para Roca, “la IA es un espejo colectivo. Cada vez que hay un algoritmo machista, lo que hay detrás es una historia machista. Cada vez que aparece un algoritmo xenófobo, lo que ha es una historia xenófoba”. La inteligencia artificial, según él, no inventa los sesgos, sino que los hereda, los automatiza y los multiplica.

Las tres visiones se entrecruzan. Para Véliz, las predicciones algorítmicas perpetúan el pasado. Öhman habla de la IA como una voz colectiva compuesta por millones de muertos. Y Roca sostiene que los sistemas inteligentes nos obligan constantemente a enfrentarnos a los defectos que nos han dado forma.

Genis Roca entrevistado en el escenario principal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Genis Roca entrevistado durante el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Los derechos digitales, germen de un nuevo movimiento sindicalista

Más centrados en los problemas actuales y no los del pasado, Genís Roca, en su participación en el encuentro, aprovechó para hablar de la construcción de los derechos digitales comparándolos con el nacimiento del sindicalismo en la Revolución Industrial.

"El gran fenómeno de la era industrial fue la masificación del trabajo. De repente aparecieron fábricas con miles de empleados, pero sin instituciones preparadas para aprender sus derechos. El sindicalismo surgió para ordenar ese mundo”, recuerda Genis Roca mientras imagina qué pensaría la opinión pública de los primeros sindicalistas.

Dice que hoy en día, los datos son el detonante de un nuevo movimiento laboral. “Se ha masificado la producción y la explotación masiva de la información personal. Aún faltan estructuras sólidas que defiendan los derechos de los ciudadanos en el ecosistema digital”. Para Roca, nos encontramos en pleno proceso de gestación de un nuevo tipo de sindicalismo.

Julian Assange, “primer sindicalista digital”

Una revolución a la que pone nombre y apellido, Julian Assange. El impulsor de Wikileaks es para Genis el primer sindicalista de la era digital. “No porque encaje literalmente en esa categoría, sino porque abrió un debate fundamental del poder informacional del Estado y el derecho a publicar determinados datos”, indica desde su perspectiva como experto en transformación empresarial. “Defendió una causa que nadie le había pedido y pagó un precio personal enorme”, añade. Su conclusión es que las sociedades digitales están en fase de construcción de instituciones capaces de equilibrar las desigualdades tecnológicas y satisfacer nuevas necesidades fruto de la realidad digital.

Ana Freire junto a otros contertulios en el escenario princiapal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Ana Freire junto a otros contertulios en el escenario princiapal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Vulnerabilidades digitales

La investigadora Ana Freire centró su intervención en el foro en las nuevas vulnerabilidades digitales que internet, redes sociales y la hiperconexión han generado en los últimos años. “La tecnología está alterando el funcionamiento del cerebro y las emociones humanas”. Resalta dos: la cognitiva y la emocional.

La primera afecta a la atención. “El cerebro humano alterna entre atención voluntaria -la que usamos para leer o concentrarnos- y la involuntaria, producida por estímulos externos”, explica. Esta última es la que potencian las redes sociales mediante notificaciones constantes, scroll infinito, avisos sonoros, etc. “Es una sobreestimulación constante que afecta a la corteza prefrontal, la región cerebral ligada a la concentración, y puede producir fatiga cognitiva, por ejemplo”, indica Ana Freire.

La otra vulnerabilidad digital reciente, la emocional, también es muy preocupante porque “las plataformas no solo estudian nuestros estados de ánimo, sino además los emocionales, analizando lo que consumimos para maximizar el tiempo de retención”, puntualiza. En menores y adolescentes, con el cerebro en etapa de desarrollo, el impacto puede ser devastador. “Hay investigaciones que relacionan el uso masivo de redes sociales con problemas de salud mental”.

Para la investigadora, estas vulnerabilidades no son un problema tecnológico, sino también educativo y político. “La tecnología ha ido tan rápido que nos hemos quedado atrás en educación y legislación”, resume.

Francis Haugen en el escenario principal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Francis Haugen en el escenario principal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales

Frances Haugen, contundencia con las redes sociales

El broche de oro del encuentro de derechos digitales de Barcelona lo puso Francis Haugen, exingeniera y exempelada de Facebook y autora de Los papeles de Facebook (The New York Times, 2021). Se ha convertido en una de las voces más influyentes contra las prácticas de las empresas tecnológicas. 

Han pasado cinco años desde que Haugen compareció ante el Senado de Estados Unidos, tras filtrar miles de documentos de Meta. Sostiene que el panorama apenas ha cambiado. Poco han hecho los poderosos por aplacar el poder de las plataformas. Ha sido lo contrario, han aprendido a reducir equipos de seguridad y moderación, aumentando los beneficios. 

Una jven fotorafía el carte de la exposición

Exposición "Hoy es un buen día para hablar de derechos digitales"

La movilización social impacta en las redes sociales

Pero parece que algo está cambiando gracias a la movilización social de las familias y asociaciones. El creciente impacto de las redes sociales sobre los menores ha empezado a movilizar a sectores políticos, judiciales y sociales. 

La solución para Haugen pasa por cambiar los incentivos económicos. “El capitalismo falla cuando los incentivos están desalineados”, ha dicho en Barcelona. Propone una medida de choque: que los anunciantes publicitarios destinen parte de su inversión a plataformas que “publiquen métricas transparentes sobre daño infantil, acoso sexual, calidad del sueño o impacto en las relaciones personales”.

La intervención de Haugen fue un buen resumen del tema transversal del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales, unificar “una voz colectiva para decidir cómo debe ser el entorno digital”. ¿Quién diseña el futuro? ¿Bajo qué intereses? Hablar de internet ya es sinónimo de derechos digitales, democracia, memoria, infancia, privacidad, salud mental y ciudadanía. La red como una extensión ciudadana en el siglo XXI.