La jungla digital de internet, a examen en el I Encuentro Internacional de Derechos Digitales de Barcelona
- En este foro que se celebra en Barcelona se ha presentado la Encuesta sobre percepción de los derechos digitales
- El foro llega en un momento donde Europa abandera la regulación
“Se acabó la jungla digital. Se acabó el sentir que estamos en un entorno que es el salvaje oeste”. Estas palabras de Luisa Alli, portavoz del Observatorio de Derechos Digitales resume la jornada de apertura del I Encuentro Internacional de Derechos Digitales de Barcelona. El foro aborda sin tapujos temas que van desde la privacidad de nuestros datos hasta el impacto psicológico del uso de los dispositivos, con la presencia de expertos de todo el mundo que llevan años alzando la voz para conseguir un espacio digital más seguro. Entorno que hace tiempo dejó de serlo.
El encuentro llega en un momento en el que Europa abandera las políticas de protección de derechos digitales. Allí están Cory Doctorow, escritor y activista, Yaël Einsestat, experta en políticas tecnológicas, y a Anu Bradford, catedrática de Derecho y Organizaciones Internacionales, todos referentes que tienen muy claro que urge pedir cuentas a las grandes compañías tecnológicas antes de que sea muy tarde.
I Encuentro Internacional de Derechos Digitales
Encuesta sobre percepción de los derechos digitales
La Encuesta sobre percepción de los derechos digitales en España -un informe realizado conjuntamente entre el Observatorio de Derechos Digitales, Fundación Hermés, Fundación La Caixa, Universidad de Barcelona y Red.es- desarrollada a partir de 2500 entrevistas ha sido el gran anuncio en la sesión inaugural. El dato más citado: el 69% de los encuestados considera insuficiente la protección de los derechos digitales en España. Y también que hay casi consenso pleno -el 95%- que piensa que los menores siguen desprotegidos en internet y apoya medidas para limitar su exposición a los peligros digitales.
“Las personas no somos usuarios de unas grandes empresas que se benefician de nuestros datos o manipulan nuestras mentes. Somos ciudadanos y ciudadanas, y tenemos derechos que también tienen que ser plenos en el ámbito digital”, explica María González Veracruz, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. Para ella, el reto sigue siendo pedagógico, “hay que hacer que la ciudadanía conozca ese escudo democrático”, que ya existe en Europa, mientras se siguen desarrollando nuevos derechos para responder a los desafíos de la inteligencia artificial.
Preocupación especial por los menores
La preocupación por los menores también ha sido unánime. “Dentro de unos años nos llevaremos las manos a la cabeza de cómo no lo hicimos antes”, señala María González sobre las futuras restricciones de acceso a las redes sociales. También ha aprovechado para recordar la medida más reciente propuesta por el Gobierno de España en la Unión Europea, la prohibición de aquellos sistemas de IA que creen deepfakes o situaciones vejatorias con imágenes de mujeres y menores.
“Son los que nos están haciendo despertar de algo que no está funcionando bien”, matiza Luisa Alli en referencia a los menores, pero “también corren riesgos colectivos con menos formación, con más de 60 años. Una sociedad también tiene que ver en cómo cuida a esos colectivos más vulnerables”.
Luisa insiste en que el gran problema no es tanto que la gente conozca el término derechos digitales, sino “que convive con sus consecuencias a diario sin ponerles nombre”. Según la encuesta, más de la mitad de la población se siente poco protegida o directamente desprotegida en el ámbito digital. “Hay que asumir que ese espacio requiere el mismo nivel de protección que la vida física”, nos recuerda.
I Encuentro Internacional de Derechos Digitales
Estructuras que moldean el debate público
En la misma línea va el pensamiento de Yaël Eisenstat, directora de políticas de Cybersecurity for Democracy en la Universidad de Nueva York. Ha sido una de las voces más contundentes del encuentro. Según ella, durante demasiado tiempo hemos aceptado el relato de que las grandes plataformas eran simples canales neutrales para la libre expresión. Y eso fue así al principio. Ahora se han convertido en estructuras con enorme capacidad para moldear el debate público.
“Nos dijeron que internet iba a democratizar la información y que daría voz a más personas. Parte de eso era cierto”, explica Einsestat. “Pero mientras el poder se concentraba en un grupo cada vez más pequeños de compañías y sus herramientas se volvían más sofisticadas para dirigir cómo circula la información, fue imposible conseguir que la regulación fuese al mismo ritmo”, subrayando la urgencia de medidas reguladoras que las obliguen a una mayor transparencia.
Explica que el problema no está en el contenido tóxico, sino en un perverso modelo de negocio. No interesa fomentar la conversación pública saludable, sino el mantenimiento del usuario cuanto más tiempo sea posible para recopilar más datos y vender mejor la publicidad: “Está muy bien que sepan qué zapatillas quiero comprar”, resume. “El problema es que esas mismas herramientas sirven para vender discursos políticos”, que dañan la democracia. Enlaza esta idea con la del uso de algoritmos que producen más permanencia, interacción y rentabilidad.
Algoritmos que favorecen contenidos controvertido
No duda en recordar que documentos internos filtrados de Meta -compañía en la que trabajó varios meses- ya han demostrado que la compañía sabía que sus algoritmos favorecen el contenido controvertido. “Cuando un sistema convierte teorías conspirativas marginales en contenido de masas, el impacto deja de ser digital y pasa a ser político”, dice Yaël Einsestat. Así fue como ocurrió en el asalto al Capitolio, “muchas de las redes de desinformación, negacionismo electoral y organización extrema crecieron no solo por acción individual, sino porque los propios sistemas las recomendaban y amplificaban”. La solución a esto pasa, según ella, por la regulación, transparencia y diseño seguro, aspectos en los que Europa va por delante.
La entrevista de Yaël con RTVE Noticias termina abordando el tema más mencionado en las mesas redondas y las charlas, los menores. Para ello, su protección debe ser una prioridad política inmediate. “¿Cómo pueden usarse los datos de los niños? ¿Qué tipo de segmentación puede dirigirse a ellos? Poner a las personas por delante del beneficio debería ser el principio básico”, concluye.
I Encuentro Internacional de Derechos Digitales
Deterioro progresivo de las tecnológicas
Cory Doctorow ha sido otra de las voces internacionales más esperadas de este I Encuentro Internacional de Derechos Digitales. Escritor y activista, popularizó hace unos años el término enshittification (mierdificación) -el término ya existía cuando lo uso en el libro del mismo nombre-. Palabra provocadora para definir el deterioro progresivo de las grandes plataformas tecnológicas, que han sabido exprimir tanto a los usuarios como a las marcas publicitarias.
El proceso siempre es el mismo, detalla Doctorow. Primero, las plataformas son buenas para los usuarios. Y cuando los atrapa, empeoran la experiencia para favorecer a los clientes comerciales. Finalmente, sacrifican a esos clientes para maximizar sus propios beneficios. “Extraen todo el valor posible”, resume.
La culpa no es solo de la tecnología
Pero la tesis del escritor no solo culpa a la tecnología, sino también al entorno político que premia ese comportamiento. “Hemos creado un sistema que recompensa las peores ideas con más dinero”. También habla de leyes de la competencia que no se aplican, de reguladores capturados por las propias empresas y reglas de la propiedad intelectual que impiden corregir los defectos de los gigantes tecnológicos, estamentos que han alcanzado más poder que los gobiernos, según él.
“La gente no se vuelve vulnerable a las conspiraciones por culpa de Facebook, sino porque antes han vivido traumas reales provocados por instituciones que le han fallado”, afirma mientras recuerda la crisis financiera que destruyó la confianza de millones de ciudadanos en Europa.
Cory Doctorow ve preocupante lo que denomina como surveillance pricing. Precios y salarios ajustados en función de la información recopilada sobre nosotros. “Desde pagar más por un desayuno el día que cobras hasta cobrar menos por un turno de trabajo si una app detecta que tienes más deudas”
Balance Phone, un movil sin distracciones
Balance Phone, una alternativa contra el enganche digital
“Cogemos un smartphone y le quitamos los componentes adictivos”, así describe Balance Phone Albert Beltrán, cofundador de la compañía. La startup plantea una idea sencilla, rediseñar los smartphones eliminando su diseño adictivo.
El dispositivo mantiene las aplicaciones esenciales -mensajería, calendario, navegador-, pero elimina redes sociales o aquellas que despierten estímulos excesivos como las apuestas o la pornografía. Además, bloquea el acceso a servicios que buscan la retención del usuario.
Una idea que surge de una experiencia personal
La idea surgió de una experiencia personal. Tanto Beltrán como su socio intentaron reducir la dependencia digital del móvil sin éxito. “Vimos que no teníamos suficiente autocontrol para conseguirlo, así que decidimos crear una herramienta que nos lo facilitase”. Balance Phone no es un teléfono en sí fabricado por ellos. Es un móvil Samsung que lleva una capa de software al inicio que impide el acceso a los contenidos del teléfono. “Fuimos a China a ver si podíamos permitirnos fabricar nuestro propio móvil, pero no era viable”, recuerda Albert.
Con casi 10.000 unidades vendidas, asegura que el tiempo medio que pasan los usuarios conectados a este teléfono es de una hora y cuarenta minutos al día, tres horas menos que la media en España. “Es el mejor dato para saber que el producto funciona”.
Beltrán ha detectado un cambio social en los últimos años. “Cuando empezamos, los derechos digitales no eran un problema que estuviese sobre la mesa. Ahora sí, hay una conciencia brutal y eso son buenas noticias”, afirma. Un proyecto que resume bien el espíritu de este encuentro que busca un camino para llevar los derechos digitales a todos los estratos de la sociedad.