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Columna

Mantener la emisión y no especular en un estudio a oscuras ante un folio en blanco: la labor de RNE en el apagón

  • La radio pública contribuyó a disminuir el caos y a calmar la ansiedad en una de las jornada más inquietantes
  • El transistor a pilas se convirtió aquel día en un objeto de deseo imprescindible junto a la linterna
Un año del apagón: así se vivió en RNE
CARLOS NÚÑEZ

"Han saltado los plomos de todo un país". Con esta frase recogí el testigo de la programación especial en RNE por el apagón del siglo, que arrancaron las periodistas de RNE Sandra Urdín y Elena Guijarro el 28 de abril de 2025, un día para la historia del que ahora se cumple un año. Ellas recibieron y manejaron el primer impacto de la noticia, las dificultades en las conexiones, y los primeros mensajes de calma al ciudadano. Fui escuchando la transmisión mientras trataba de llegar caminando a Prado del Rey, pues el coche se había quedado 'atrapado' en el garaje.

Me asaltaron recuerdos de los años 90 sacando el dedo pulgar al pasar por la madrileña avenida de los Poblados hasta que un amable taxista, que no estaba de servicio, me recogió y me llevó a la Casa de la Radio. Carreras, decisiones de la dirección en tiempo récord, y una preocupación que surgió de inmediato: hay que mantener la emisión a toda costa. Inevitable cierta congoja al ponerme ante el micrófono en una programación especial que se emitía por todas y cada una de las emisoras de Radio Nacional, sin guion y sin tener la certeza de qué estaba pasando, más allá de que la península Ibérica se había ido a negro.

El peso de una responsabilidad que pude compartir con la periodista Lourdes Maldonado y el entonces colaborador de su programa, el periodista y escritor Euprepio Padula. Recopilar los datos, resolver lo que se pueda y no especular. Como un mantra repetía todo eso en mi cabeza justo antes de que dieran las cuatro de la tarde.

Es el apagón del siglo: han saltado los plomos de todo un país

Inquietante, extraña y llena de dudas y caos. Así recuerdo la jornada del 28 de abril de 2025, la del gran apagón. Llegamos a sentir la desazón de un estudio a oscuras y un folio en blanco. Ordenadores apagados y una escaleta vacía. Sólo la voz. Pero al mismo tiempo recuerdo el trabajo en equipo, la satisfacción de saber que hay una red de compañeros, jefes de área, productores, técnicos, que remaron a una para mantener una emisión especial que duró más de ocho horas. Con Maite Antona, José Antonio Piñero y otros colaboradores que se fueron sumando hasta que dimos el testigo a Ángela Fernández y el programa Podría ser peor.

Nos afanamos en ir resolviendo dudas, dando paso a conexiones, y ofreciendo certezas en medio de una situación difícil para miles de ciudadanos. Algunos atrapados en trenes, otros pendientes de recoger a sus hijos en colegios, o de las baterías de máquinas sanitarias imprescindibles para la vida.

Esa urgencia contrastaba con las plazas llenas de gente, las pipas y la cerveza compartida alrededor de un transistor a pilas, convertido aquella jornada en objeto de deseo imprescindible, junto a la linterna. Qué suerte y qué generosidad sentimos al ver entrar por la puerta del estudio 101 a Jorge Morales de Labra, ingeniero, divulgador, experto en el sistema energético y fundador de Próxima Energía.

Mientras el Consejo de Seguridad Nacional estaba reunido en la Moncloa, desde la radio pública ya dábamos claves técnicas de lo que había podido pasar, de cuáles serían los siguientes pasos y cómo sería el restablecimiento del sistema eléctrico. Mantuvimos los teléfonos abiertos y, mientras fue posible, los oyentes también nos abrían los oídos a nuevas dudas. ¿Qué pasa con los animales en las granjas automatizadas? ¿Cuántas personas estaban atrapadas en ese instante en ascensores, en trenes? ¿Había algún tiempo límite para el funcionamiento mínimo de los hospitales?

Fuimos navegando en ese mar de dudas, actualizando y contando historias desde la calle, gracias al esfuerzo técnico y a la ayuda de todos los compañeros, redactoras, jefes de área, implicados en ir resolviendo esas y otra decenas de preguntas. Con el paso de las horas fuimos dando forma a lo que pasaba. Pudimos dar orden al caos y contribuir a calmar la ansiedad de un país sometido a una de las jornada más inquietantes y extrañas. Sentíamos la misma desazón y dudas que los ciudadanos, y pudimos poner nuestro granito de arena, de orden en medio del caos.

Tienen nuestra palabra, seguiremos aquí el tiempo que haga falta.