Despertar la curiosidad científica en la España vaciada
- Las fundaciones sin ánimo de lucro desarrollan iniciativas para llevar la ciencia a estudiantes en pueblos pequeños
- Entre los objetivos figura mejorar la percepción que los niños tienen de sus propias capacidades
Lucas, de siete años, vive en Casar de Periedo, una pequeña localidad cántabra donde la educación científica parece poco más que alquimia. Un cartel en el parque donde suele jugar con sus amigos todas las tardes y que anunciaba un taller para aprender ciencia divirtiéndose le despertó las ganas y la curiosidad y ahora todas las semanas se asoma, al menos durante un tiempo, a una ventana formativa que se atisba lejana en la España vaciada.
Una extraescolar que se sale de lo "típico" y donde, semana tras semana, apenas hay bajas. Lucas acude "encantado" al taller que ofrece la Fundación Margarita Salas, como explica su madre, Joana, a RTVE Noticias. Durante una hora y media, aprende junto a otros menores de edades similares —todos compañeros del mismo colegio, de apenas 60 alumnos— curiosidades científicas e históricas que luego no duda en compartir al día siguiente en su centro escolar.
Hasta los días de lluvia quiere ir y sale de clase igual o más "motivado" que cuando entró, explica su madre, agradecida por una posibilidad que daba por imposible en Casar, un municipio dependiente del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal, e incluso en la cercana Torrelavega, la principal ciudad de referencia para todo el área.
Lucas es uno de los más de 250 niños y niñas de entre seis y 12 años inscritos a los talleres formativos de la Fundación Margarita Salas. Esta asociación, fundada con el objetivo de honrar el legado de la científica asturiana y de promover la educación científica, dispone actualmente de 19 aulas en 17 localidades, dentro de una red en la que la España rural ocupa un papel esencial.
Que vean que en los pueblos "también se hace ciencia"
La directora de Educación y Divulgación de la fundación, Isabel Molina, explica que el objetivo del programa no pasa tanto por expandirse constantemente sino por estar allí donde pueda generar un "impacto". Sembrar la semilla de, quién sabe, quizás futuros científicos, a través de niños "que ven que en sus pueblos también hacen ciencia" e introducir modelos referenciales que calen en estas pequeñas mentes.
Un objetivo similar al que busca Ruralbotic, un programa de robótica educativa dirigida a alumnos de centros rurales y que aspira a incentivar las vocaciones STEM —el acrónimo inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— en todos los pequeños, con independencia de su código postal. El curso pasado llegó a cerca de 1.500 alumnos, mediante un programa en tres fases que arranca primero por la formación de profesores, una segunda etapa de enseñanza en el aula y una tercera y última en la que los alumnos prueban con su kit los conocimientos adquiridos y someten su propio robot a diversos desafíos.
Ruralbotic arrancó en Castilla y León y se ha expandido a la Comunidad de Madrid y a Teruel, con el foco puesto en centros rurales agrupados donde niños de distintas edades comparten aula. "Son los niños que luego lideran el desarrollo de sus territorios", subraya Laura González, responsable de programas de la Fundación Asti, de la que depende este particular experimento formativo que, por lo visto en los últimos años, también cala.
Exhibición de robótica en el programa Ruralbotic Anais Art Fundación ASTI
Joana tiene claro que Lucas repetirá el próximo curso en el aula de la Fundación Margarita Salas, uno de los síntomas más claros de que estas clases, estructuradas por proyectos, funcionan y gustan. Este interés "nos hace ver que verdaderamente está funcionando", recalca por su parte Isabel Molina, satisfecha por los buenos resultados que muestran los testimonios y las encuestas de satisfacción rellenadas por los propios alumnos o sus familias.
Un enfoque de género
Estas mismas encuestas muestran que a los niños y a las niñas les gusta la ciencia por igual. No existe sesgo de género en un interés que, a tenor de otros estudios, si comienza a asomar con el paso de los años. Un sondeo divulgado el año pasado por la ONG Save the Children evidenciaba que en primaria a ocho de cada diez niñas les gusta o les encantan las ciencias, pero al llegar a la adolescencia esta proporción cae hasta el 51 por ciento.
Los expertos coinciden en la importancia de los referentes, porque no es lo mismo mirarse en Marie Curie, lejana en tiempo y espacio, que en la astronauta española Sara García Alonso. Laura González advierte de que es en tercero o cuarto de primaria cuando "las niñas empiezan a dejar de verse como posibles ingenieras tecnólogas", por lo que en las clases de Ruralbotic no sólo se trabajan conceptos de robótica sino también cuestiones como la colaboración dentro de un equipo o el reparo de roles, lo que "ayuda muchísimo a que rompan estereotipos de género, a que se visualicen y se proyecten dentro de posibles trabajos futuros". En definitiva, a que tanto niños como niñas "se sientan capaces".
En esta línea, Isabel Molina señala que la Fundación Margarita Salas evalúa dentro de sus alumnos la "autoeficacia", cómo se perciben ellos y ellas, y las curvas van hacia arriba entre todos los alumnos del programa. Todos los niños pueden y quieren sentirse capaces de traspasar el umbral de la ciencia, sean niños o niñas, sea en ciudades o en pueblos.