Jóvenes y vivienda: ¿se está convirtiendo esta crisis en un callejón sin salida?
- El año pasado, menos del 10% de quienes compraron casa en nuestro país tenían entre 18 y 30 años
- Con dificultades para comprar, pero también para alquilar, los jóvenes se marchan cada vez más tarde de casa de sus padres
- En Navarra, la edad de emancipación plena supera, de media, la barrera de los 30
Que el mercado inmobiliario está desbocado es un hecho. La vivienda terminó 2025 con una subida del 13,1% y marcó un récord histórico con 2.230 euros por metro cuadrado. Es el mayor importe registrado en toda la serie histórica de la estadística de valor tasado de Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, que empezó en 1995.
Los jóvenes, cada vez más perjudicados
Uno de los colectivos más perjudicados por esta crisis es el de los jóvenes: la escalada de precios les está imposibilitando, en muchos casos, el acceso a una vivienda. El año pasado, menos del 10% de quienes compraron casa en nuestro país tenían entre 18 y 30 años, según los datos del Consejo General del Notariado.
En Navarra, los últimos datos revelan que la tasa de emancipación juvenil plena ha descendido a mínimos históricos. La edad media de emancipación se sitúa en 30,9 años, y esto indica que la edad para irse de casa sigue subiendo.
De vuelta a casa de los padres
El acceso a una vivienda, además de un derecho constitucional, es la legítima oportunidad de escribir un futuro propio. Pero muchos jóvenes se encuentran con cada vez más dificultades para avanzar en sus proyectos de vida.
Andrea tiene 27 años. Ha vuelto a Pamplona después de trabajar tres años en el extranjero, donde compartía piso con otros compañeros. De vuelta a su ciudad natal, está viviendo en casa de sus padres porque quiere comprarse una casa, pero no puede. “Ahora mismo las condiciones laborales no me lo permiten, y mucho menos, con los precios tan altos que hay de la vivienda”, explica.
Ni comprar, ni tampoco alquilar
Enola tiene 24 y vive en un piso compartido. Tiene pareja y empieza a soñar con emprender un proyecto de vida junto a él. Pero de nuevo, y aunque trabajan, las cuentas no les salen para poder pagar un piso de alquiler los dos juntos. “Con la edad que tenemos obviamente queremos irnos a una casa, tener una vida juntos, tener una familia… pero no podemos permitírnoslo”.
Ángela, de 21 años, se da de bruces con la misma realidad. Es de Zaragoza pero trabaja en Pamplona. A ella lo que le gustaría es vivir sola, porque tiene un trabajo con buenas condiciones que, en principio, se lo deberían permitir. Pero alquila una habitación en un piso compartido.
“Son precios muy altos, que a una persona sola le cuesta mucho asumir, aún con un sueldo normal, incluso bueno”, confiesa. Además, se queja que el precio de las habitaciones tampoco es viable: “Aunque es la opción más asequible, el precio de las habitaciones en pisos compartidos también está por las nubes”.
Cuando se rompe el pacto generacional
En este escenario, muchos jóvenes sienten que el pacto generacional se ha roto: “Siento que todo mi entorno estamos súper cualificados, intentando buscar empleo donde podemos, como esforzándonos mucho, y no vemos manera de ser recompensados en ese aspecto”, explica Andrea.
“Con todo lo que hemos estudiado, con todos los conocimientos que tenemos, con las ganas que tenemos de trabajar, y no poder permitirnos ni siquiera irnos a un alquiler…”, zanja Enola entre la frustración y la incredulidad.