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Sepultado 15 horas bajo la nieve

  • El especialista en deportes extremos Jorge García Tamurejo sobrevive a una avalancha en los Alpes franceses
  • Le ha dejado algunas secuelas físicas, pero su pasión por el riesgo sigue intacta
Jorge García Tamurejo, superviviente de una avalancha en los Alpes Franceses
Rubén Caballero - RTVE Extremadura

Casi nadie sobrevive a una avalancha de nieve que te sepulta, sin embargo, Jorge García Tamurejo, CEO de Aventura Extrema, de Almendralejo (Badajoz), lo ha conseguido. Quedó sumergido a tres metros durante más de quince horas en los Alpes franceses, y logró salir con vida en una historia que él mismo define como un milagro.

Me despedí de todo el mundo. Me veía atrapado, no podía moverme

Jorge quedó inmovilizado justo antes de escalar una pared vertical de hielo de 50 metros, "me despedí de todo el mundo. Me veía atrapado, no podía moverme", recuerda. La avalancha lo alcanzó de lleno, cubriéndolo cuando se preparaba para iniciar la ascensión.

Explica que la clave de su supervivencia estuvo en que se encontraba junto a la pared de hielo y la nieve cayó verticalmente: "Al quedarme pegado a la cascada, siempre hay oquedades entre el hielo y la pared. Creo que eso me salvó la vida, porque por algún lado entraba un poquito de aire".

Fortaleza mental y resistencia física

Bajo cero, solo, casi inmóvil y a oscuras, logró mantenerse con vida gracias a su fortaleza mental y a su piolet de escalada. «No podía cavar hacia delante; tenía que hacerlo alrededor de mi espalda para hacerme hueco y así abrir un túnel hasta llegar arriba», relata el extremeño.

Como las manos se me quedaron congeladas, todavía me falta sensibilidad

Cuando consiguió emerger, se desplazó por un bosque nevado y logró alcanzar un túnel de carretera con un comunicador de SOS que le permitió alertar a los servicios de rescate. Pasó tres días ingresado en la UCI con hipotermia severa y fallo renal, pero se recupera sin secuelas graves. «Como las manos se me quedaron congeladas, todavía me falta sensibilidad, porque los nervios se congelaron un poco», explica.

Con sus 40 años, Jorge es adicto a la adrenalina: vuelo con traje de alas, paracaidismo y puenting. Desde Almendralejo, dirige su empresa de aventuras y nos asegura que, tras la experiencia, su pasión por la montaña sigue intacta. «Me río porque estoy bien, pero fueron momentos bastante duros», confiesa.