Adiós a la Verja de Gibraltar, adiós a una forma de vivir 40 años después de su apertura
- Más de 15.5000 trabajadores transfronterizos, según datos del Ayuntamiento de La Línea, cruzan a diario esta frontera
- RTVE habla con trabajadores que cruzan la frontera a diario en este reportaje
La Verja desaparecerá y con ella, lo hará también una forma de vivir. La distancia que separa a llanitos (como se conoce comúnmente a los habitantes del Peñón) y a los gaditanos es de poco más de un kilómetro. Es de las fronteras más pequeñas del mundo, y, sin embargo, en esos pocos metros, acumula una de las desigualdades más notables en cuanto a la renta de sus dos extremos.
Más de 15.5000 trabajadores transfronterizos, según datos del Ayuntamiento de La Línea, cruzan a diario esta frontera para ir a sus puestos de trabajo en Gibraltar. Trabajadores con nombre propio, como Miguel. Él reside en la Línea y lleva 40 años trabajando en Gibraltar. Su despertador siempre suena mucho antes de la hora a la que tiene que entrar a trabajar: las ocho de la mañana. Porque, sabe de primera mano, que la cola en la frontera es una cuestión a tener en cuenta cada mañana. Espera que se elimine pronto, confía en ello, aunque reconoce que han sido muchos años de promesas. "Normalmente cuando tengo más problema es a la hora de salir. Coincidimos todo el mundo y se forma más cola. Pero esta es mi realidad, hasta que me jubile parece ser", nos dice entre la esperanza y la resignación.
Según el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, este acuerdo ha tenido muy presente mejorar la calidad de vida de los trabajadores transfronterizos. Con él, dice, se va a garantizar el cumplimiento de sus derechos laborales y se eliminará cualquier tipo de discriminación existente hasta el momento.
El alcalde de La Línea echa en falta más detalles
Juan Franco, alcalde de La Línea, dice echar en falta más detalles sobre esta cuestión. "Hay muchos problemas que se han puesto constantemente encima de la mesa y en más de 600 páginas no se tienen en cuenta", puntualizaba en una rueda de prensa convocada pocos minutos después de hacerse público el texto del acuerdo. No encuentra en el texto, dice, cifras concretas sobre cómo se piensa lograr, si habrá un fondo destinado a ello y con qué cantidades comenzará a operar ese fondo. Teme, dice, que una vez derribada la Verja, se les abandone a su suerte. Por ello, asegura que desde el ayuntamiento estarán "muy vigilantes, activos, siendo protagonistas y reivindicando."
Si todas las promesas que guarda este acuerdo se cumplen, ¿cómo se reflejaría en la vida diaria de los transfronterizos? Para empezar, lo más directo y visual será que ya no tendrán que atravesar una frontera, ni enseñar el DNI para ello. Podrán cruzar de La Línea a Gibraltar y viceversa, libremente tanto personas como mercancías. Otra cuestión que cambiaría sería el sistema de pensiones. Según Juan Franco, un cálculo estimado es que, por 40 años cotizados en Gibraltar, a los trabajadores transfronterizos se les queda una pensión de poco más de 600€. Eso cambiaría.
Juan José Uceda, ex trabajador transfronterizo y miembro de la asociación ASCTEG, confía en que el acuerdo traiga prosperidad a este colectivo y que "jamás se vuelvan a repetir aquellos años que sufrimos cuando la frontera estaba cerrada". Para él y para el resto del colectivo, lo que más les preocupa es "la equiparación en todos los sentidos. Que no haya discriminación en un lado y otro para ningún trabajador, que no haya colas, que se garanticen unas pensiones de calidad y que se cumpla eso que llaman prosperidad compartida." Los problemas que vayan surgiendo, asegura, se irán solucionando. Porque tanto él como los 300.000 habitantes de la zona, son muy conscientes de que esta es una situación totalmente nueva, a la que habrá que irse adaptando y ver dónde falla y dónde se están haciendo las cosas bien.
Y ahora, avanzando esos metros de frontera, llegamos al Peñón, dónde la noticia también ha sido bien recibida. Fabián Picardo, ministro principal de Gibraltar, aseguraba horas más tarde de hacerse público, que es un buen acuerdo pero que "no es perfecto." Y dejaba claro que "no es un acuerdo que hayamos elegido negociar. Es un acuerdo que hemos tenido que negociar". Pero pensando en los ciudadanos a un lado y otro de la Verja, añadía "Elegimos la cooperación, pero retenemos el control", dejando claro que el tema de conservar y preservar la soberanía británica en El peñón siempre va a ser una prioridad.
El acuerdo de Gibraltar no sólo es para los trabajadores transfronterizos una garantía de que sus derechos laborales y su economía será, todo apunta, más próspera. Sino que ayuda a enterrar, aún más hondo, un miedo en la zona que, con los años se ha ido disipando pero que muchos aún guardan en su memoria. Una época en la que familias tuvieron que vivir separadas y miles de trabajadores perdieron su empleo por el cierre duro e inminente de la frontera.
Historias como Francisco Oliva, periodista y escritor cuya experiencia en esa época le inspiró a escribir varios libros. Vivía en La Línea. Su padre era británico y su madre linense. Y, poco antes de su cierre, decidieron irse a Gibraltar antes de que volver ya no fuera una opción. Toda su vida cambió: "fueron momentos difíciles, de adaptación a una situación completamente nueva. Mi abuela vivía al otro lado de la frontera. Se cambiaron 15 minutos de recorrido a un viaje intercontinental". Por sus vivencias, él es uno de los partidarios de que este tratado no se tome a la ligera y se cumpla lo acordado.
Manuel Márquez, ya jubilado, también fue un trabajador transfronterizo. Uno de los muchos que se fueron al Peñón a ganarse la vida. El cierre de la frontera lo vivió casi de casualidad, en un viaje familiar que realizó y que iba a ser, teóricamente, solo para ocho días. En ese tiempo, le salió trabajo allí. Dejó atrás a sus padres, que siguieron viviendo en La Línea y junto a su hermana probó suerte en la colonia británica. Allí le fue bien, nos dice, ganaba más dinero del que podía aspirar al otro lado de la frontera.
“Tuve que saltar al mar y cruzar a nado para poder asistir al funeral de mi padre“
Sin embargo, una noche de noviembre recibió la noticia de que su padre había fallecido. En aquel entonces, no era motivo para conseguir la autorización para cruzar la frontera. Tuvo que saltar al mar y cruzar a nado para poder asistir al funeral de su padre. No había tiempo de ir a Marruecos y volver (una táctica muy utilizada en aquel entonces para sortear el cierre, pero en la que se tardaba un día en hacer). Recuerda aquel impulso, todavía, emocionado.
Sin darse cuenta, dice, "allí estaba yo, agarrado a los barrotes, empapado, había cruzado." Consiguió asistir al funeral "gracias a que hay agentes buenos, que hablaron con el comandante y me escoltaron. Aunque había otros que proponían llevarme directamente al calabozo". Y aunque tuviera que ir escoltado por la Guardia Civil española, recuerda con alegría que sí pudo despedirse de su padre. "¿Cómo no iba a hacerlo?" es la reflexión que nos hace aún a día de hoy.