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Donetsk, principal escollo en las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania

  • Moscú ya ha tomado tres cuartas partes de esta región del Donbás, pero lo quiere todo
  • Kiev se aferra a la parte que aún controla y se niega a entregarlo sin luchar
El miedo, la resignación y el cansancio de los vecinos de Donetsk tras cuatro años de guerra
LARA PRIETO / ENVIADA ESPECIAL DE RTVE A DONETSK

Un camión de la Cruz Roja llega a Krasnogórivka, una pequeña ciudad al oeste de Donetsk totalmente arrasada por los combates. Cuando se detiene ya lo esperan en silencio algunos de los 80 vecinos que siguen viviendo allí. Antes de la guerra tenía más de 15.000 habitantes.

"Traemos para cada persona una caja con comida, otra con productos higiénicos y nueve garrafas de agua de cinco litros. Es una reserva para un mes y medio", nos explica Oksana Sitnik, responsable de la ONG local Cruz Roja de Donetsk. Trabaja codo con codo con Eduardo Anleu, del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Llegada del camión del Comité Internacional de la Cruz Roja a Krasnogorivka Lara Prieto

"La mayoría de la gente que está aquí son personas mayores que por alguna razón no han podido dejar el lugar o que voluntariamente han decidido quedarse", nos cuenta este trabajador humanitario guatemalteco.

Es el caso de Liudmila. Camina con un bastón y tiene dificultades para llevar esa ayuda humanitaria hasta su apartamento. Es el único piso de su edificio que quedó habitable tras un bombardeo y el posterior incendio.

“Fue muy duro. Para que no se quemara todo tuve que hacer guardia con un vecino. Estuvimos 24 horas de guardia echando agua a las ventanas”, recuerda.

Liudmila, a la puerta de su edificio dañado en un bombardeo Lara Prieto

No tiene calefacción, pero al menos desde hace un año hay electricidad. La pusieron en los pocos edificios en los que sigue viviendo gente. Krasnogórivka fue, junto con Márinka y Avdiivka (más al norte), uno de los bastiones de Kiev en esta zona. Al capturarlas, Rusia consiguió alejar el frente de Donetsk capital, una ciudad que controlan indirecta o directamente desde 2014 y que tiene casi un millón de habitantes.

La fase activa de los combates por Krasnogórivka duró más de seis meses. De la fiereza de la batalla dan muestra sus edificios. El paisaje es desolador. Prácticamente no queda uno intacto. La mayoría han sufrido daños muy importantes.

RTVE, en el Dombás controlado por Rusia

"Al principio tenía mucho miedo", recuerda Liudmila. "Después, con el tiempo, la gente se acostumbra a todo y nosotros también. Ya hemos aceptado esta vida. '¡Ah, mira!, viene un dron de esa parte'. Pues nos escondemos. '¡Ah, mira!, viene otro de la otra parte'. Nos escondemos también. Así ha sido. Nos hemos apoyado entre nosotros siempre y la gente ordinaria de ambas partes también nos ha ayudado. Primero los ucranianos y después los rusos", remarca.

Reacia al principio a hablar con nosotros, Liudmila se relaja cuando le explicamos que somos un medio de comunicación de España. Nos cuenta que trabajó más de tres décadas en una guardería, pero que se formó en la universidad: Filología y literatura ucranianas. Nos explica fuera de cámara que sus hijos viven en Rusia, pero que ella es ucraniana a pesar de haber recibido el pasaporte ruso. "Lo solicité inmediatamente. Claro, ¡cómo no! El pasaporte hace falta. ¿Cómo podría vivir sin él? Estuve en el hospital en julio del año pasado. Sin el pasaporte no podría. Así que tengo pasaporte. Y pensión", recuerda.

Liudmila, durante su conversación con RTVE Lara Prieto

Su mayor esperanza: que termine cuanto antes la guerra

"Estamos muy cansados. No creo que nadie rece más ni espere más que nosotros el fin de la guerra. ¡Hemos pasado tanta angustia en estos años! Esta guerra tan rara, con tanta destrucción, tantos desastres. ¿Sabe cuántas cosas hemos visto? Es realmente duro", relata entre apenada y serena.

La ciudad de Liudmila no es un caso aislado. Gran parte de la región de Donetsk ha quedado destruida por los combates. Aquí han tenido lugar algunas de las batallas más sangrientas de estos cuatro años de guerra a gran escala en Ucrania.

"Es una tragedia sin duda. La región ha sobrevivido a una tragedia humanitaria y económica. A día de hoy podemos decir que todos los habitantes del Donbás tienen el síndrome post traumático. La guerra aquí ha pasado arrasando". Así lo ve Andrei Purguín, uno de los líderes de las protestas y disturbios pro Moscú que acabaron con la autoproclamación de la República Popular de Donetsk en 2014. Rusia ya había tomado Crimea tras la huida del presidente prorruso Yanukóvich como consecuencia de las manifestaciones proeuropeas y revueltas del Maidán.

Hablamos con él delante del edificio administrativo de la capital regional en el que se autoproclamó en 2014 la República Popular de Donetsk.

El edificio en el que se autoproclamó la República Popular de Donetsk en 2014 Lara Prieto

A pesar de las consecuencias de todo aquello, Andrei defiende el proceso. “No teníamos otra opción” asegura.

La visión de los separatistas pro Moscú

"Los acontecimientos de Kiev fueron determinantes en los de Donetsk. Hay que entender que todo fue como una matrioshka (muñeca rusa) de tres capas. La primera era el intento de unir al pueblo dividido, por eso le llamamos ’la primavera rusa’. La segunda son los recuerdos de la Unión Soviética porque todo lo que se construyó en Donbás se construyó en tiempos de la Unión Soviética. Rusia es la heredera de la Unión Soviética", indica.

"Aquí la gente entendía que lo que se estaba planteando en Kiev implicaría la ruptura definitiva del Donbás con la Federación Rusa. La tercera capa es la fuerte identidad regional de la gente del Donbás. Para que los españoles nos entiendan diré que los habitantes del Donbás son como los vascos en España", agrega.

Así lo ven los separatistas pro Moscú. Los partidarios de la soberanía ucraniana del Donbás, a los que ampara la legalidad internacional, consideran que aquellas protestas fueron orquestadas por el Kremlin para montarle a Kiev una guerra a través de esos grupos independentistas armados por la propia Rusia.

El mismo año que empezó la invasión de Ucrania Rusia se anexionó todo el Donbás. Lugansk ya lo tiene, pero aún le falta por capturar en torno al 25% de Donetsk. Son unos 5.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a la superficie de Cantabria. Putin quiere la región al completo y trata de convencer al mundo de que lo van a tomar por las buenas o por las malas. Su condición innegociable para parar los combates es que Ucrania se retire de su propio territorio.

"Yo creo que Ucrania oficialmente no puede sacar sus tropas de allí. No puedo imaginar que la Rada vote para retirar las tropas de Sloviansk o de Kramatorsk. Tienen su Constitución, su código penal etc. Así que la vía intermedia que propone Trump (crear una zona mixta económica) es el camino que me parece más realista”, dice Purguín, que a continuación sentencia: “Donbás lo que necesita sin duda es la paz y Donbás sin duda necesita el reconocimiento internacional".

Donetsk, una región en ruinas clave en el incierto camino hacia la paz

En la calle hay ganas de paz, pero en general la gente no parece tener muchas esperanzas en que se consiga. Creen que hay un choque de líneas rojas. “Porque son condiciones inaceptables por ambas partes. De una parte, condiciones inaceptables, de la otra parte condiciones inaceptables. Ucrania también tiene sus principios, no quieren entregar territorio. Todos queremos la paz, ¿cuánto tiempo podemos seguir así?, se pregunta un vecino con el que hablamos en el centro de la capital regional.

Un cansancio más que justificado. La gente del Donbás ha encadenado dos guerras. Primero la que enfrentó al ejército ucraniano con grupos armados separatistas prorrusos con más de 3.000 civiles muertos, según la ONU. Después la invasión a gran escala ordenada por Putin en febrero de 2022. Esa ha provocado ya la muerte de más de 15.000 civiles en toda Ucrania.

Las exigencias territoriales de Rusia para pactar la paz

"Es que esto es nuestra patria"

En uno de los pueblos cercanos al frente y ya en manos de los rusos nos encontramos con Irina, que vive en un sótano en los bajos de un antiguo colegio junto a otros 17 vecinos. Cuenta por primaveras los años que ha pasado aquí. "Yo estoy desde 2022 así que será la quinta primavera aquí, el quinto año de la guerra", nos explica.

Al principio estuvo con su hija de 22 años y su madre, pero después decidió mandarlas a la parte ucraniana. Ella optó por quedarse con su marido. "Es que esto es nuestra patria, nuestra tierra, nuestras casas. Aquí estamos todos juntos y nos ayudamos unos a otros", nos dice.

Conocemos también a Liuba, de 76 años. Está enferma, pero se entretiene leyendo en la cama con ayuda de una lupa y una linterna. Ahora está con un clásico, "Jadzhi Murat” (“El caudillo tártaro”), la última novela de Tolstói. Se emociona cuando le preguntamos por el hipotético final de la guerra.

"Saldría corriendo a la calle y gritaría fuerte, quiero que todo se acabe. Tanta gente muerta, tantos niños muertos", recuerda con tristeza.

A pesar de tantas penurias y sufrimiento, o quizás por eso, ni Liuba ni Irina han perdido la esperanza de volver a vivir en paz. "Veo que los rusos ya se han instalado aquí, pienso que acabarán entrando en razón y ellos mismos dirán: ’¿Hasta cuándo va a durar esta guerra?’. La gente lleva cuatro años sufriendo. Yo tengo 76 años. ¿Cuánto me quedará por vivir? ¿Uno o dos años? ¿Y dónde? Si esto se acaba, ¿dónde vamos a vivir?", reflexiona Liudmila.

Son preguntas para las que ahora mismo, desgraciadamente, nadie tiene respuesta.