El insomnio crónico duplica el riesgo de depresión: el círculo vicioso entre dormir mal y la salud mental
- Hasta el 90% de los pacientes que tiene depresión también sufre alteraciones del sueño
- El insomnio es, a la vez, un síntoma y un factor de riesgo para la depresión en una relación bidireccional
El sueño y la depresión tienen una de las relaciones más estables en psicopatología y se estima que hasta el 90% de los pacientes que tiene depresión, también padece alteraciones del sueño, desde dificultades para conciliarlo a despertares precoces (insomnio de inicio) pasando por hipersomnia (somnolencia excesiva durante el día).
Por tanto, o bien por exceso de sueño o por falta de él, la práctica totalidad de las personas con depresión sufren, y mucho, en el momento de meterse en la cama.
Este martes se celebra el Día Mundial de la lucha contra la depresión y la Sociedad Española del Sueño (SES) aprovecha para alertar sobre este binomio complejo y cómo el insomnio afecta a este trastorno mental.
María José Aróstegui es psicóloga y miembro del grupo de trabajo de Insomnio de la SES y afirma que la evidencia científica actual ya no ve al insomnio "solo como un síntoma, sino como un factor de riesgo causal" de la depresión, de forma que hablaríamos de una relación bidireccional en la que los problemas del sueño son, a la vez, causa y consecuencia.
El doctor Ginés Sabater, vicepresidente de la Asociación española de enfermos de sueño (ASENARCO), asegura, en una entrevista con RTVE Noticias, que existe una "relación muy clara y, además, muy bien demostrada científicamente".
"Las personas que sufren insomnio de manera crónica tienen más riesgo de padecer depresión, y a su vez, la mayoría de las personas con depresión tienen algún problema de sueño. Dormir mal no solo acompaña a la depresión, sino que puede favorecer la incidencia y la prevalencia de la enfermedad", explica, para sentenciar: "La depresión y el insomnio se alimentan mutuamente: si no tratas ambos, no curas ninguno".
La falta de sueño afecta a la regulación de la amígdala
La psicóloga apunta a que las personas con insomnio crónico tienen un riesgo dos veces mayor de desarrollar una depresión mayor en comparación con quienes duermen bien y esto es porque la falta de sueño afecta la regulación de la amígdala (la parte emocional del cerebro): "Nos hace más reactivos a los estímulos negativos y menos capaces de procesar el estrés, creando el caldo de cultivo perfecto para un trastorno del ánimo".
Esta estrecha relación, explica la portavoz de la SES, tiene una explicación neurobiológica ya que ambos trastornos (la depresión y el insomnio) comparten las mismas "rutas en el cerebro". Así, la desregulación de la serotonina, la dopamina y la noradrenalina afectaría tanto al estado de ánimo como a los ciclos de sueño-vigilia, y el sistema de respuesta al estrés (el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal) suele estar hiperactivo en ambos trastornos, "manteniendo al cuerpo en un estado de alerta que impide el sueño y agota los recursos emocionales".
Abunda en la misma idea el doctor Sabater, que explica que los neurotransmisores que intervienen en el insomnio y la depresión tienen acciones comunes: "La serotonina es el precursor de la melatonina y ambas usan la misma 'materia prima' para fabricarse, como es el triptófano. Pautamos fármacos que aumentan la serotonina en el espacio entre dos neuronas para tratar la depresión, y ese aumento hace que se genere más melatonina. El efecto contrario, obviamente, une la baja cantidad serotonina y melatonina con depresión e insomnio".
Añade que la depresión y el insomnio no son solo problemas psicológicos, sino trastornos de regulación neurobiológica del cerebro y del reloj interno.
Un 14% de la población adulta tiene insomnio crónico
Todo se complica más en una sociedad como la nuestra que no duerme bien, con datos generales más que preocupantes. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), un 48% de los adultos no tiene un sueño de calidad y el 54% de los españoles duerme menos de las horas recomendadas- entre siete y nueve en edad adulta-.
La Sociedad Española del Sueño cifra en el 14% de la población adulta española, alrededor de 5,4 millones de personas, el porcentaje de los que sufren insomnio crónico. Una cifra, señala la SES, "alarmante per se" y más si se analiza el impacto del insomnio crónico sobre la salud física y mental de la población.
Todo ello sumado a un consumo de benzodiazepinas que sitúa a España entre los países líderes mundiales y con una normalización absoluta del mal dormir.
La estructura de sueño de una persona con depresión es la de un dormir más ligero y fragmentado, tal y como explica el presidente de ASENARCO, que detalla: "Hablamos básicamente de dos tipos de insomnio: el de conciliación, a la persona le cuesta iniciar el sueño, se suele despertar más durante la noche y no vuelve a poder dormir, y el insomnio de madrugada, con el típico el despertar precoz, levantarse demasiado pronto sin poder volver a dormir".
Además, añade, hay cambios en el sueño REM (sueño profundo): suele aparecer antes de lo normal y con más intensidad en la primera parte de la noche y el resultado es un descanso poco reparador, aunque la persona pase muchas horas en la cama.
Remite la depresión si se trata el insomnio
La psicóloga Aróstegui afirma que socialmente cada vez está permeando más la idea de que el sueño no es un estado pasivo, sino un proceso activo de limpieza cerebral y regulación emocional. Sin embargo, en su opinión, aún falta que se entienda que "cuidar el sueño es, literalmente, medicina preventiva en salud mental".
Desde la Sociedad Española del Sueño afirman que ensayos clínicos recientes muestran que, en pacientes con depresión, cuando se trata el insomnio de forma específica, las tasas de remisión de la depresión se duplican en comparación con aquellas personas que solo reciben tratamiento para el estado de ánimo.
La evidencia científica demuestra este extremo con ensayos que apuntan la mejora en los pacientes con depresión cuando se someten a terapias cognitivo-conductual para el insomnio.
Y añade que la evidencia científica advierte que el insomnio a menudo actúa como un síntoma residual. "Si la depresión mejora, pero el insomnio persiste como síntoma residual, el riesgo de recaída es altísimo".
Sabater detalla que durante años se pensó 'si curamos la depresión, el sueño se normaliza', pero lo cierto es que "el insomnio es un trastorno independiente y en un 40-80% de los pacientes con depresión persiste el insomnio, aunque mejore el ánimo". Dormir mal es un factor de riesgo, de cronificación y de recaída para la depresión. "Tratar la depresión sin tratar el insomnio es aceptar una curación incompleta", añade.
El doctor apunta a medidas conductuales y educativas para el tratamiento del insomnio- como base, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I)- y, en segundo lugar, los fármacos, que pueden usarse "bien pautados por el médico, pero con un plan claro, tiempo limitado y revisiones".
Por último, desde ASENARCO también abogan por una "muy necesaria" mejora en la 'cultura del sueño' en nuestro país y recuerda que la OMS apunta a las tres columnas básicas para la vida saludable: dieta, ejercicio y sueño.
En este sentido Sabater alerta: "Hemos normalizado dormir poco y mal como si fuera parte de la vida moderna, pero el sueño es un pilar biológico de salud. Mejor cultura del sueño significa educación desde edades tempranas, hábitos coherentes con la luz y los horarios, y entender que el sueño regula la emoción, la memoria, la energía y la salud mental. Sin esa cultura, llegamos tarde cuando el problema ya está cronificado".
La mala relación con el sueño puede empezar con algo puntual- estrés, vivir un duelo, un cambio laboral- pero si se mantiene durante semanas o meses, el cerebro aprende ese patrón y se instala el insomnio.
Guía práctica del buen dormir: ¿cuántas horas?
-Recién nacidos (0-3 meses): Entre 14 y 17 horas.
-Bebés (4-11 meses): Entre 12 y 15 horas.
-Niños (1 y 2 años): Entre 11 y 14 horas.
-Niños (3-5 años): Entre 10 y 13 horas.
-Niños (6-13 años): Entre 9 y 11 horas.
-Adolescentes (14-17 años): Entre 8 y 10 horas.
-Jóvenes (18-25 años): Entre 7 y 9 horas.
-Adultos (26-64 años): Entre 7 y 9 horas.
El decálogo del sueño
-Establece unos horarios fijos de acostarte y levantarte.
-Respeta las horas del sueño.
-Busca la luz solar al levantarte.
-Realiza ejercicio físico al menos 30 minutos al día.
-Ordena las comidas: la cena, dos horas antes de ir a la cama.
-Evita las siestas largas superiores a 20 minutos.
-Evita dispositivos electrónicos al menos dos horas antes de ir a la cama.
-Organiza tu dormitorio con separación de ambientes de trabajo, estudio, ocio.
-Evita hacer actividades estresantes antes de ir a la cama.
-Si eres fumador, deja el tabaco.
FUENTE: ASENARCO