David Bowie: diez años sin el artista en constante evolución
- Más que un cantante de éxito, Bowie fue un creador de tendencias, siempre un paso por delante
- Murió el 10 de enero de 2016, dos días después de cumplir 69 años y de publicar su último disco
El 10 de enero de 2016 una noticia inesperada sobrecogió al mundo entero: David Bowie había fallecido en Nueva York a causa de un cáncer de hígado, apenas dos días después de cumplir 69 años y de publicar su nuevo álbum, Blackstar.
Durante año y medio, Bowie había llevado su enfermedad en estricto secreto y solo algunos allegados conocían su situación médica. Entre ellos, el productor Tony Visconti, uno de sus más fieles colaboradores, quien tras el fallecimiento aseguró que el músico había concebido el disco como su “regalo de despedida”.
Una obra final cargada de simbolismo y música oscura desde la misma portada, una estrella negra sobre un fondo blanco, en la que no aparecía el nombre ni la imagen del artista que, seguramente, más influyó en la evolución de la música pop como concepto durante el último tercio del siglo XX.
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Transcripción completa
Dos días antes de
fallecer, David Bowie publicó el que sería su último
álbum, Black Star. Consciente de que era su testamento, su
última oportunidad de decir, este soy yo, Bowie, el artista total,
experimentó con nuevas
formas, nuevos sonidos, en una meditación artística sobre la muerte.
Tenía 60
años, su legado ya había trascendido la música y la moda, y el cine, donde
también fue una estrella
Decidido a reinventarse con cada álbum, fue un intelectual con
un don para contar historias y para preguntarse una y otra vez quién soy y
dónde estamos ahora
La revista
Rolling Stone lo incluyó entre los mejores cantantes, compositores y
artistas de todos los tiempos
Y esos zapatos, le preguntaba a un periodista, ¿son de hombre, de mujer o
de bisexual?
Son solo zapatos, tontos.
Desde sus inicios se atrevía a mostrar una identidad de género líquida,
un yo que era múltiple porque lo entendía como una construcción, como
una ficción.
Como
él mismo admitiría, pagó su adicción a las drogas con una depresión maníaca,
asomándose a uno de sus temores
la locura. Pero lo superó.
Su capacidad para
transformar el dolor en arte, la protección de su intimidad y el apoyo
de su familia y amigos
le ayudarán a reinventarse.
David Bowie sumó éxitos y fracasos, pero
nunca renunció a crear espectáculos desafiantes, a buscar lo verdadero
Lo mejor, decía, siempre está por llegar
Porque David Bowie no fue simplemente un cantante de éxito: fue un compositor excelso pero, sobre todo, un creador de tendencias, siempre un paso por delante de todo, un artista inclasificable en permanente evolución, para quien la teatralidad fue un elemento tan importante o más que la propia música. Por eso, se le recuerda tanto por sus temas inmortales ("Starman", "Space Oddity", "Heroes", por citar solo algunas de las más conocidas) como por los personajes a los que dio vida: Ziggy Stardust, Aladdin Sane, The White Thin Duke o el Profeta Ciego, su reencarnación final.
"Si te sientes seguro en el área en la que estás trabajando, no estás trabajando en el área adecuada", era uno de sus lemas, como declaró en 1997 en un documental.
David Bowie, caracterizado como Ziggy Stardust, junto al guitarrista Mike Ronson davidbowie.com
Artista prematuro
Nacido en 1947 como David Robert Jones en Brixton, un barrio en el sur de Londres, Bowie creció en la austeridad de la posguerra pero muy en contacto con el cine y de la música a través de sus padres y de su hermanastro Terry Burns, diagnosticado de esquizofrenia y que fue crucial en su formación cultural.
A los 15 años, un puñetazo durante una pelea le dañó gravemente el ojo izquierdo, cuya pupila quedó permanentemente dilatada, dando la impresión de que tenía los ojos de distinto color, a partir de entonces una de sus principales características físicas.
Por esa época empezó a formar sus primeras bandas, como The King Bees, The Manish Boy o Davey Jones & The Lower Third, sin ninguna repercusión. En 1966 cambió su nombre artístico para evitar confusiones con Davy Jones, de The Monkees, y probó suerte con distintos géneros, incluido el music-hall, en una muestra de que la reinvención iba a ser una constante en su carrera.
El rumbo empezó a cambiar en 1969, con su segundo disco, que incluía el tema "Space Oddity", un gran éxito en el Reino Unido que se vio aupado por su coincidencia con la llegada del hombre a la Luna.
Auge y caída de Ziggy Stardust
Pero su eclosión definitiva llegó en 1972, con la publicación del disco The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, para el cual Bowie se reinventó como Ziggy Stardust, la estrella del rock alienígena y bisexual que irrumpió como un ciclón en un momento en el que la masculinidad tóxica era el estado natural de los rockeros de la época. Su imagen futurista y andrógina dio pie a la estética glam y estableció como norma que, a partir de aquel instante, la teatralidad pasaba a ser un elemento tan importante (o más) que la propia música.
Marc Bolan, líder de la banda T. Rex fallecido en 1977 y, seguramente, el mejor exponente del glam rock después del propio Ziggy Stardust, recordaba que la imagen de Bowie en el programa de televisión Top of the Pops en 1972 con un brazo alrededor del guitarrista Mick Ronson —hoy totalmente inofensiva— fue escandalosa en su momento. “Al día siguiente, se desató el caos en el patio. Bowie era marica y, si te gustaba, tú también debías de serlo”.
En el momento de mayor popularidad de Ziggy Stardust, Bowie decidió ‘matar’ a su criatura y, durante un concierto en el Hammersmith de Londres el 3 de julio de 1973, anunció que aquel era el último show, para desolación de sus seguidores, que no podían comprender la decisión de su ídolo. Pero cuando Bowie daba un paso, ya estaba pensando en el siguiente.
La trilogía de Berlín
En la segunda mitad de los 70 Bowie, instalado en Estados Unidos, vivió una etapa oscura marcada por su adicción a la cocaína y se adentró en el soul de Filadelfia con discos como Young americans (1975) y Station to station y temas como "Fame", compuesta junto a John Lennon y el guitarrista Carlos Alomar, que significó su primer número 1 en América. Fueron los años de The Thin White Duke, otro de sus personajes, en este caso un distante y elegante aristócrata, que supuso una transición entre el glam de Ziggy y su etapa berlinesa.
En 1976 interpretó su primer papel protagonista en el cine, dando vida a un extraterrestre en El hombre que cayó a la Tierra, de Nicolas Roeg. En la gran pantalla realizó apariciones —con mayor o menor fortuna— en cintas como Feliz Navidad, Mr. Lawrence (1983), Dentro del laberinto (1986), La última tentación de Cristo (1988) o El truco final (2006), donde dio vida a Nikola Tesla en uno de sus papeles más recordados.
David Bowie como The Thin White Duke en 1976 davidbowie.com
Pero Bowie pronto dejó Los Ángeles para regresar a Inglaterra, donde se vio envuelto en una polémica cuando utilizó un saludo nazi ante la multitud que lo esperaba, una muestra de la desconexión de la realidad que vivía el artista en aquel momento y que él mismo atribuyó al abuso de las drogas, negando cualquier tipo de simpatías con esa ideología totalitaria.
Esta fue una de las circunstancias que le llevaron a mudarse a Berlín, aún dividida por el muro. Allí se desintoxicó y, de la mano del productor Brian Eno, vivió una de sus etapas creativas más destacadas. Influido por el llamado Krautrock de bandas alemanas como Kraftwerk o Can, grabó la llamada ‘trilogía alemana’ (Low, "Heroes" y Lodger), con densas atmósferas y letras vanguardistas, que influyó de forma decisiva en el desarrollo del after punk y la música electrónica posterior.
Robert Smith, líder de The Cure y símbolo del rock alternativo, señaló años atrás que Low era “el mejor disco nunca grabado” y que la primera vez que lo escuchó cambió toda su percepción del sonido. Bandas como Joy Division, Depeche Mode o Nine Inch Nails deben mucho a esta etapa berlinesa de Bowie quien, como haría en otras ocasiones, prefirió el riesgo al éxito seguro.
Estrella mundial
Tras cerrar con Scary monsters (1980) su etapa más innovadora y colaborar con Queen en el tema "Under pressure" (1981), David Bowie se tomó un descanso del que regresó en 1983 con Let's dance, su disco más vendido, lo que le llevó a codearse con las grandes estrellas del pop del momento y que tuvo continuidad con otros trabajos como Tonight (1984) o Never let me down (1987).
Sin embargo, el éxito global no le satisfizo del todo y años después reconocería que la popularidad tuvo como precio cierta desconexión con su público. Fueron los años de las grandes giras mundiales en enormes recintos, como The glass spider tour, que le trajo a España en 1987, aunque con menos repercusión de la esperada.
Con su habitual capacidad para sorprender, Bowie dejó de lado su carrera en solitario y pasó a formar parte de la banda Tin Machine, influido por el sonido guitarrero de grupos indies del momento, como Pixies o Sonic Youth. Con ellos grabó dos discos que se saldaron con malas críticas y escasas ventas.
A partir de los años 90, convertido en una celebridad, fue desapareciendo progresivamente del primer plano. Aunque mantuvo su insaciable creatividad, cada vez la ofreció de forma más espaciada y sin que sus trabajos llegaran a obtener la repercusión de antaño.
David Bowie en 2002, durante una firma de discos en París FRANCK FIFE / AFP
Retirada y problemas de salud
En 2004, durante un concierto en Hamburgo, Alemania, sufrió un infarto y tuvo que someterse a una angioplastia, un revés en su salud que llevó a un discreto retiro, por lo que en los años siguientes solo reapareció para colaboraciones puntuales.
Después de años de silencio, el 8 de enero de 2013, coincidiendo con su 66 cumpleaños, publicó el sencillo "Where are we now?", avance de su álbum The next day, para el que volvió a contar con su productor de confianza Tony Visconti. El disco alcanzó el número 1 en Reino Unido, el primero para Bowie en 20 años, lo que le motivó para seguir grabando.
Pero en el verano de 2014 le fue diagnosticado un cáncer de hígado, una circunstancia de la que solo informó a su familia y a un cercano grupo de colaboradores, aunque se mostró empeñado en que la enfermedad no le iba a impedir grabar un nuevo disco. Bowie se sometió a quimioterapia y trabajó en sus nuevos temas junto a Visconti y un grupo de músicos de jazz. Pero tres meses antes de su fallecimiento, los médicos le informaron de que la enfermedad era terminal.
Cuando el 8 de enero de 2016 se publicó Blackstar, su vigésimo quinto disco de estudio, fue recibido como una obra maestra a la altura de su creador, uno de sus trabajos más redondos que, a la postre, fue su testamento sonoro. El videoclip del tema "Lazarus" que acompañaba al lanzamiento, en el que Bowie aparecía con los ojos vendados y levitando sobre la cama de hospital, avanzaban la despedida del artista británico.
Apenas unas horas después, las redes sociales del artista hicieron público el fallecimiento y, con ello, la desaparición de una de las estrellas del rock más reconocidas de la historia. Porque, al igual que sucede con unos pocos elegidos como Elvis Presley, The Beatles o Bob Dylan, es casi imposible no rastrear la influencia de Bowie en cualquier artista posterior.
Flores, fotos y velas recuerdan a David Bowie tras su muerte en 2016 CHRIS RATCLIFFE / AFP
Su capacidad para innovar y cambiar de manera constante son un ejemplo para cualquiera que pretenda dedicarse a la creación. Quizá por ello, diez años después de su muerte y seis décadas después de iniciar su trayectoria artística, David Bowie sigue siendo un ejemplo de modernidad y vanguardia y su obra, lejos de pertenecer al pasado, sigue presente entre nosotros.