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No todo lo que reciclamos se recicla

  • Este jueves comienza la Cumbre del Clima en Dubái, la COP28, “En Portada” aborda el problema que suponen los plásticos en el medio ambiente
  • Europa no tiene capacidad para reciclar todo el plástico que consume y lo vende a Turquía, pero gran parte acaba tirado en vertederos

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En Portada - La huella del plástico

Caminamos sobre miles de plásticos: bolsas de patatas, botellas de champú, trozos de pequeños botes de yogur o de zumos… Se oye el chasquido y el crujir del material aplastándose a cada paso. Tendríamos que estar pisando arena de la playa, suave y delicada. Pero la realidad es que esta costa está sepultada bajo una marea de plástico. Y es plástico europeo.

Estamos en la desembocadura del Río Seyhan, en Turquía. Sus aguas van a parar al mar Mediterráneo. En lugar de arena y naturaleza, lo que se extiende ante nosotros son arbustos y riachuelos de agua cubiertos de desechos: “Mira, este plástico viene de Irlanda, lo pone aquí”, dice Sedat Gündoğdu, el único biólogo marino de Turquía que estudia el impacto del plástico importado a su país. Y señala la etiqueta de lo que parece una bolsa de frutos secos, “este tipo de plásticos no se pueden reciclar, pierden mucho valor en el proceso y nadie los quiere”, explica.

Este bote es de Bélgica, pone que se recicla, sin embargo está abandonado aquí, en esta playa del Mediterráneo turco

Luego lo arroja al suelo y vuelve a agacharse para recoger más basura y mostrarme su procedencia. “Mediterranean Magnolia“, lee con dificultad en otra etiqueta, “diría que este bote es de Bélgica, pone que se recicla, sin embargo está abandonado aquí, en esta playa del Mediterráneo turco. Qué ironía”, dice resignado Sedat Gündoğdu.

Una persona camina por la orilla de la desembocadora de un gran río.

En la desembocadura del Río Seyhan, en Turquía, en lugar de arena y naturaleza hay arbustos y riachuelos cubiertos de desechos plásticos. ÁNGEL BARROSO

El negocio del plástico reciclado sin reciclar

Cuando hablamos de importaciones de plástico nos referimos a compras, a negocios. Turquía es el país que más plásticos compra a la Unión Europea, paga por traer residuos del extranjero y reciclarlos: papel usado, vidrio, cartón y cada vez más plásticos.

Luego los vende de nuevo a Europa, o a otros países, en forma de materia prima para fabricar nuevos productos. Aunque la Unión Europea establece leyes para controlar el reciclaje global, en este viaje nos damos cuenta de que el sistema tiene fallos porque sigue habiendo plástico que nunca se va a reciclar.

La Unión Europea recicla o exporta el 30% de los envases de plástico que tiramos al contenedor amarillo. El resto lo quema para producir energía o lo tira en vertederos.

Hombre carga un saco de basura con plástico

Desde que China prohibió en 2018 los envíos de plásticos, los países ricos buscaron nuevos destinos para su basura. ÁNGEL BARROSO

Turquía se lleva la palma en importaciones especialmente desde que China prohibió en 2018 los envíos de plásticos al ver el enorme problema medioambiental que suponen. A partir de ahí los países ricos buscaron nuevos destinos para su basura.

Según la Comisión Europea, Europa no tiene la infraestructura necesaria para reciclar todo lo que genera. Sale más rentable exportar. “En Europa procesar una tonelada de residuos cuesta 150 euros, así que prefieren vender sus residuos a otros países”, nos cuenta Mustafa Ozturk. Ocupó el cargo de subsecretario de Medio Ambiente del gobierno turco desde 2018 hasta 2021 y ha elaborado informes en los que alerta de los daños para el medioambiente provocados por el plástico. “Los controles medioambientales aquí son mucho más laxos que en Europa y muchas de las fábricas de reciclaje queman lo que no se puede reciclar”.

Parte del plástico que entra en Turquía termina en alguna planta de reciclaje donde transforman el material en unas bolitas que llaman pellets. Luego estos pellets se venden para la fabricación de nuevos productos de plástico, como botellas, platos, cubiertos, etc.

El reciclaje en Turquía mueve millones. Pero detrás de esas cifras, existe una realidad más compleja. Parte del plástico que llega también puede acabar ardiendo en una cuneta o arrojado en un vertedero. Basta dar una vuelta con el coche por los alrededores de Adana para ver basura incluso enterrada en laderas de tierra.

El plástico, un material indestructible

El vertedero al que nos ha traído Sedat está a una hora en coche de la ciudad de Adana, al sureste del país. “El plástico nunca se degrada ni desaparece. El plástico termina fragmentado en microplásticos de 2, 3 o 5 milímetros, como estos que ves aquí”, dice Sedat con un puñado de arena en la mano salpicado por innumerables puntos de colores que son, en realidad, plásticos desmenuzados.

El gran problema son las sustancias químicas que componen este material, todo eso nos lo comemos nosotros

“El gran problema son las sustancias químicas que componen este material, son muchos y todos contaminan las tierras, el agua, los peces, los mejillones y al final, todo eso nos lo comemos nosotros”, añade. “Esto se llama colonialismo de desperdicios. Y aunque no lo parezca, es también una trampa para Europa, porque vosotros también consumís nuestros productos contaminados con vuestra basura”, dice alterado. Y nos quedamos en silencio, no sé qué responder a esa realidad desoladora.

Persona con megáfono protesta por las calles de una barriada de Turquía con plásticos en primer término.

Muchos turcos ven el plástico extranjero como una amenaza que contamina sus barrios y ciudades. ÁNGEL BARROSO

La Unión Europea permite que ciertos plásticos se exporten a terceros países. Pero los que se consideran contaminantes -aquellos compuestos de muchos ingredientes distintos- sólo se pueden enviar a países que formen parte de la OCDE, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Turquía es uno de esos países, pero a su vez impone sus propias restricciones.

Lavar estos plásticos antes de reciclarlos implica una gran pérdida; terminan contaminando el medio ambiente

En cada envío, solo el 1% de los plásticos pueden ser clasificados como contaminantes. “El gran problema de esto”, dice Sedat, “es que muchos de los plásticos llegan con la etiqueta de polietileno, aunque la realidad es que están tan sucios, que es imposible reciclarlos. Paquetes de salami, de queso, envases de comida para perros y gatos… lavar estos plásticos antes de reciclarlos, implica una gran pérdida de material, por eso las empresas de reciclaje prefieren desecharlos y terminan contaminando el medio ambiente”.

El sistema de reciclaje actual tiene fallos

Existe un gran entramado de normativas europeas, leyes y mecanismos institucionales que pretenden controlar el circuito del reciclaje del plástico. Pero a medida que recorremos Turquía, comprobamos que este sistema hace aguas. No funciona.

Llegamos a Mersin, a 150 km al sur de Adana. La ciudad es conocida por sus hoteles de lujo, por su boyante vida nocturna y porque cuenta con uno de los puertos más importantes del país donde llegan muchos de los contenedores europeos repletos de plástico. Pero lejos de ese acomodado panorama, hace tiempo que muchos turcos ven el plástico extranjero como una amenaza.

Por las noches queman lo que no quieren y no podemos abrir las ventanas. Respiramos veneno

“Vivimos rodeados de fábricas de reciclaje. Por las noches queman lo que no quieren y no podemos abrir las ventanas. Respiramos veneno”, nos cuenta Kader desde la terraza de su edificio. Vive con su hijo y su nieta en un barrio marginal junto a otras 600 familias, en su mayoría de origen kurdo.

Personas pobres y humildes portan carteles en una manifestación pidiendo el cierre de fábricas que contaminan.

Vecinos de Mersin, en Turquía, se manifiestan para exigir el cierre de las fábricas de reciclaje de plástico. ÁNGEL BARROSO

Las vistas desde arriba muestran el paisaje. Vivienda, planta de reciclaje, vivienda, planta de reciclaje. Así a lo largo de todo el vecindario. “Una de las vecinas tiene cáncer por respirar plástico quemado. Yo tengo asma y muchos niños tienen problemas respiratorios” nos cuenta indignada. Hoy ha reunido a decenas de vecinos para pintar pancartas y carteles y juntos se manifiestan caminando por las calles para exigir el cierre de las fábricas. “¿Existe algún barrio así en Europa?”.

Hay investigaciones que relacionan el humo con el cáncer; en Turquía nadie financia investigaciones oficiales

“Nos faltan investigaciones exhaustivas”, lamenta Selahattin Mentes, oncólogo de profesión, y un gran defensor de eliminar las exportaciones de plástico desde Europa. “Hay investigaciones que relacionan el humo con el cáncer, y vemos muchos casos. El problema es que en Turquía nadie financia investigaciones oficiales, y trabajamos solo con lo que nos cuentan los médicos que trabajan directamente con los afectados”, añade.

Luego nos enseña un vídeo en el que aparece él en mitad de un vertedero de plástico. “La idea de un mundo limpio es una de las mayores estafas. Eso solo existe en Europa a base de desplazar los residuos. Los países europeos deben hacerse cargo de su basura. No podéis limpiar vuestra casa y ensuciar la del vecino”.