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Elecciones Alemania

La herencia política y económica de Merkel en Alemania: de la crisis financiera a la pandemia

  • Los expertos señalan que sus méritos económicos residen más en la estabilidad que en las reformas estructurales
  • No ha "sobrepasado las capacidades de Alemania" y la ha mantenido en el contexto internacional

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Los retos de la era de Merkel: crisis, migración y la pandemia

Cuando Angela Merkel asumió su primera legislatura en noviembre de 2005, Alemania era la tercera economía de mundo, por detrás de Estados Unidos y Japón, mientras que China ocupaba todavía la quinta posición en Producto Interior Bruto (PIB). En aquellos momentos había cinco millones de parados y Alemania pasaba por ser el enfermo de Europa.

Cuatro años después, la crisis financiera pasó factura a todos. En las elecciones, el CDU/CSU de Merkel perdió algo más de dos puntos, pero el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) perdió casi diez. Ella se permitió entonces formar gobierno con el socio más cómodo: los liberales, que comprobaron lo que es tener a Merkel de socia mayor del gobierno. En las siguientes elecciones desaparecieron del Bundestag.

A partir de ahí, la economía empezó a crecer gracias a las reformas neoliberales de la Agenda 2010 del excanciller Gerhard Schroeder, pero fue Merkel quien se llevó los laureles. "Sus méritos económicos no son tanto haber hecho reformas estructurales, sino haber proporcionado estabilidad y dejar que la economía se desarrolle por sí misma", dice sobre Merkel el presidente del Instituto de Economía de Berlín DIW, Marcel Fratzscher.

Angela Merkel, la canciller tranquila

Y así llegó 2013 y su conocida frase "ustedes ya me conocen". Paradójicamente, los alemanes empezaban a no conocer a Angela Merkel. Creían que era una política conservadora, fiable, estable, casi inmutable. Y sin embargo, de repente, la misma Merkel, física de profesión, que unos meses antes había firmado el alargamiento de la energía nuclear, decidió abandonarla antes de 2023. "Fukushima ha cambiado mi opinión sobre la energía nuclear", dijo.

Casi por la misma época, decidió abolir el servicio militar obligatorio. Después vendrían otras como el salario mínimo o el matrimonio homosexual. Paso a paso ("Schritt für Schritt"), como le gusta decir a ella, los ciudadanos se acostumbraron a las sorpresas políticas y a las medidas que iban en contra de lo que se suponía era el santo y seña de los conservadores alemanes.

Naturalmente, ninguna de estas medidas fue gratis: la renuncia a la energía nuclear ha hecho que los alemanes paguen la energía eléctrica más cara de Europa, el ejército profesional alemán tiene carencias flagrantes, el salario mínimo no arregla las desigualdades sociales y abrir las puertas a los refugiados y migrantes dividió a la sociedad alemana y a toda Europa.

La crisis migratoria y el nacimiento de AfD

En el verano de 2015, con cientos de miles de refugiados y migrantes en las fronteras europeas empujados por la guerra de Siria, Merkel dice aquello de "Lo conseguiremos" ("wir schaffen dass"). Otra vez tres palabras que cambiaron para siempre la imagen de Alemania en el mundo.

"Ella abrió las fronteras a los migrantes que estaban en Budapest. Eso fue un acto solidario y mucha gente estaba orgullosa de la nueva Alemania no nacionalista y cerrada, sino abierta", explica el profesor Wolfgang Merkel, que dirige el WSB Wissenschaftzentrum Berlin für Sozialforschung.

"Pero entonces cometió el error de no cerrar después las fronteras y eso levantó mucha indignación en una gran parte de la población (...) eso fue la hora de Alternativa para Alemania (AfD)", continúa. Un partido de aburridos profesores euroescépticos se convirtió en una fuerza política populista y nacionalista antiinmigrantes que tuvo su reflejo en casi todos los países europeos. Aunque puntualiza: "Es corresponsable del nacimiento de AfD, sí, pero no ella sola".

Cinco Continentes - ¿Por qué sigue creciendo AFD en Alemania? - Escuchar ahora

Hay que ser muy fuerte, haber tenido mucho poder en las manos para haber provocado todas esas convulsiones en el seno de una sociedad eminentemente conservadora y haber llegado al final sin que el mundo se haya sumergido en el Untergang.

La máxima representante de los valores occidentales

En estos 16 años, Angela Merkel ha viajado a Estados Unidos y ha conocido a cuatro presidentes (Bush, Obama, Trump, Biden). También ha viajado 20 veces a Moscú para entrevistarse con Putin, 11 veces a Pekín, y ha sido declarada la mujer más poderosa del mundo, la más influyente, la máxima representante de los valores occidentales.

La canciller Angela Merkel en la Casa Blanca junto al presidente Joe Biden

La canciller Angela Merkel en la Casa Blanca junto al presidente Joe Biden Guido Bergmann/Bundesregierung

Toda su política exterior ha estado siempre supeditada a los intereses industriales de Alemania, a sus necesidades exportadoras. Por encima incluso de los riesgos geoestratégicos en Europa al depender del gas ruso. Pero hoy, después de más que cuadriplicar el PIB, China es la segunda y Alemania es la cuarta economía mundial.

Alemania es consciente ya de su pequeñez en el mundo y no ha tenido más remedio que volver sus ojos hacia Europa. La euroescéptica Angela Merkel de los primeros años, con el mantra "sparen, sparen, sparen" ("ahorar, ahorrar, ahorrar") y la competitividad entre los estados, ha evolucionado hacia una europea convencida de que por separado Europa no es nada.

Marcel Fratzscher cree que la preocupación de Alemania era convertirse en "los pagadores de Europa" y destaca la importancia de encontrar "un equilibrio" entre reconocer que los países fuertes tienen que ser más solidarios financieramente y que los otros aporten su parte. "Y ese balance no se ha conseguido siempre estos años. Diría que a veces su política fue demasiado dura ante sus vecinos europeos", señala.

Alemania, rica pero injusta

Hay quien dice que Merkel ha sido la mejor canciller socialdemócrata de la historia de Alemania. Al fin y al cabo, ha presidido tres gobiernos con el SPD.

Casi todos los politólogos alemanes coinciden hoy en que el error de Merkel fue presentarse a las elecciones en 2017. Pero tan absorbente habían sido sus 12 años de gobierno, que su retirada, dos años después de la crisis de los refugiados y con la extrema derecha en pleno auge, podría haber supuesto un riesgo incontrolable.

Los alemanes ya estaban cansados de Angela Merkel en 2019, pero en la pandemia volvieron a ver a la canciller como el seguro de vida en los momentos de crisis. A pesar de que ella siempre estuvo entre los que defendían las medidas más impopulares, el cierre de la vida económica y social, su popularidad recuperó los niveles máximos, incluso aunque tuvo que reconocer públicamente errores.

"Yo no diría que su política ha sido neoliberal. Alemania ha mejorado mucho el estado social, ha elevado los gastos sociales", dice también el director del DIW. Sin embargo, Merkel deja una Alemania que nunca ha sido tan rica, pero también nunca ha sido tan injusta.

Nunca ha habido tanta distancia entre ricos y pobres, la clase media se ha ido empobreciendo poco a poco, millones de jubilados sobreviven con pensiones de miseria, falta mano de obra cualificada para la industria, hay graves problemas de integración de los migrantes, y está muy por detrás del resto del mundo en la carrera de la digitalización.

El apoyo de los votantes

El profesor Jürgen Kocka, historiador de la Freie Universität Berlin, opina que "en general es una política exitosa, de sentido común, de comedimiento, que no ha sobrepasado las capacidades de Alemania y la ha mantenido en el contexto internacional y la ha hecho aceptable".

16 años después, los alemanes están cansados del estilo de gobernar de Angela Merkel, aburrido, somnoliento, impasible. Se puede percibir un aire de cambio, de necesidad de aire fresco, aunque pueda suponer algún que otro sobresalto, algún que otro catarro por una mala corriente. Hay toda una generación de alemanes que no conciben un gobierno que no esté encabezado por la Bundeskanzlerin.

Naturalmente, son conscientes de que probablemente muy pronto la echarán de menos, porque, como nos dice Ursula Weidenfeld, "los alemanes, en el fondo, son muy sentimentales".

Todos, menos Angela Merkel.