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Por qué Shakira o Bob Dylan venden sus catálogos de canciones

  • La venta de catálogos de grandes artistas vive un boom y atrae a grandes inversores

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Shakira ha vendido los derechos de 145 canciones a la firma de inversiones Hipgnosis Songs Fund. EFE

En plena crisis de la industria musical, con nueve meses sin apenas ingresos por la desaparición de conciertos, el movimiento de grandes artistas que han vendido los derechos de su catálogo de canciones no cesaShakira ha sido la última en sumarse, anunciando que la compañía británica de gestión de canciones e inversión en propiedad intelectual Hipgnosis Songs Fund ha adquirido todo su repertorio (unos 145 temas).

El bombazo saltaba en diciembre, cuando Universal Music anunciaba la compra de los derechos de todo el catálogo de Bob Dylan en una operación autocalificada como “una de las adquisiciones más importantes en la historia de la música”.

Entonces los medios estadounidenses cifraron el acuerdo en unos 250 millones de euros por el catálogo de más de 600 canciones que incluye clásicos como "Blowin 'In the Wind", "The Times They are a-Chaning" o "Like a Rolling Stone ", aunque el montante final –como en el caso de la venta de Shakira- se desconoce.

Más salomónico con su legado, el canadiense Neil Young anunció hace una semana que vendía (también a Hipgnosis Songs Fund) el 50 % de los derechos de autor de su catálogo musical, que comprende unas 1.180 canciones. La revista Variety publicó que la venta se realizó por unos 40 millones de euros, y que Young conservaría la capacidad de autorizar el uso de sus temas en campañas de publicidad o actos políticos (en abril demandó a Donald Trump por usar su emblemático “Rockin' in the Free World” en sus mítines)

Y hay más: Lindsay Buckingham, de Fleetwood Mac, Dave Stewart (Eurythmics), Debbie Harry (Blondie), Chryssie Hynde (Pretenders), The Chainsmokers o Mark Ronson. Toma el dinero y corre parece ser el lema para tanta leyenda.

Las razones del boom

El dinero fluye. ¿Por qué? Según la revista Billboard, la combinación de tecnología y coyuntura económica ha resultado apetitosa para el mercado. Primero, porque los ingentes datos disponibles sobre el consumo en streaming y descargas de cada canción permiten precisar su valor y hacer una predicción de los ingresos que generará en el futuro.

En segundo lugar, el contexto de bajos tipos de interés supone que sea una inversión rentable alejada de los altibajos del mercado de valores y con rendimientos superiores a los ofrecidos por bonos. Y, tercero, porque el propio consumo digital facilita administrar el cobro de la remuneración económica generada por el uso o explotación de las obras. En resumen: es una inversión de cierta seguridad para sus compradores lo que ha llevado a que actores no tradicionales en el sector se hayan sumado al mercado de compra de catálogos.

El hecho de que las compras solo se circunscriban a catálogos consolidados encaja con esta tesis: no hay una fiebre por el negocio de la música, sino por la seguridad de que lo ya consolidado tendrá continuidad generando ingresos. La apuesta del mercado con estas compras es que el escenario de consumo y distribución no va a cambiar.

La baja inflación es el otro factor que favorece las abultadas ofertas, irresistibles para algunos músicos. Algunos analistas apuntan a que la entrada de capital privado y bancos de inversión supone que las negociaciones con los artistas han alcanzado un nivel de sofisticación financiero que coloca a estos últimos en una posición de desventaja para evaluar el potencial de su propio catálogo. Pero, en todo caso, solo el tiempo podrá esclarecer si el negocio fue boyante o un fracaso.

El beneficio de toda industria cultural no está en la demanda que exista de su materia prima (ya sea música, cine, literatura) sino en la manera de distribuirla y monetizarla. La música aprendió bien la lección en la transición del maná del formato físico a la austeridad de la era digital. Y bien lo saben los artistas, que quizá, sencillamente, estén haciendo una apuesta más fatalista que los inversores: el futuro podría ser aún peor, como bien ha demostrado la pandemia. Mientras, bienvenido sea el cheque y que les quiten lo cantado.

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