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Precariedad, control y desigualdades: ¿otro teletrabajo es posible?

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Luces y sombras del teletrabajo en España: "Ahora lo que estamos haciendo es replicar la oficina en casa"
Luces y sombras del teletrabajo en España: "Ahora lo que estamos haciendo es replicar la oficina en casa" iStock

En la nueva normalidad inmediatamente posterior a la pandemia de coronavirus, el teletrabajo ha dejado de ser algo anecdótico. Pero la cuestión está mucho más en las conversaciones que en la práctica. Los expertos advierten de que simplemente trabajar desde casa no es teletrabajar y que caminar hacia un modelo erróneo puede resultar en precariedad, un mayor control y desigualdades. 

"El teletrabajo de calidad requiere tanto de unas mínimas condiciones materiales, como de una adecuada organización del trabajo", recuerda la experta en trabajo digital Eva Rimbau, profesora de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Aprender a teletrabajar

Un informe recién publicado por el Banco de España (BDE) -con datos previos al estado de alarma- apunta que hasta un 30% de los ocupados podría teletrabajar, al menos, de forma ocasional, mientras en la realidad solo lo hacía un 8%. El margen de crecimiento es amplio, especialmente para las profesiones cualificadas, concluye el estudio. Pero el concepto de teletrabajo por el que se aboga poco tiene que ver con lo que está ocurriendo durante el confinamiento obligatorio del estado de alarma.

“Ahora lo que estamos haciendo es replicar la oficina en casa", afirma el experto en innovación y futuro del trabajo Albert Cañigueral, que defiende que el teletrabajo supone más “flexibilidad” y “confianza” en el empleado para que pueda organizar su tiempo como considere.

“Estamos viendo cosas horrorosas como se obligue a acceder a ordenadores en remoto para controlar si se está trabajando”, denuncia en la misma línea Liliana Arroyo, doctora en sociología e investigadora del Instituto de Innovación Social de ESADE. En el otro extremo, "la falta de contacto entre las personas de un equipo puede dañar la cohesión, la pertenencia a la empresa y el rendimiento de los proyectos", apunta. 

“Estamos viendo cosas horrorosas como se obligue a acceder a ordenadores en remoto para controlar si se está trabajando”

Para Gerard Vélez, director del área Transformación Digital de la consultora RocaSalvatella, “las organizaciones han puesto mucho foco en la tecnología, pero no en cómo estos equipos van a trabajar en los nuevos entornos”. En su opinión, el teletrabajo debería modificar la cultura de la organización, sus relaciones y su comunicación. Cree que debería suponer un avance hacia estructuras más horizontales, menos jerárquicas y defiende más formación tanto para empleados como para directores.

Por todo ello, José Luis Casero, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE), anima a que las empresas aprovechen para "trabajar en protocolos y plannings, para que el teletrabajo se quede en condiciones”. Eso sí, solo en los casos en los que sí sea posible y adecuado, y nunca más de dos días y medio a la semana.

La AEPD, un ejemplo de éxito del teletrabajo en España

La realidad es que, de acuerdo con el informe del BDE, España está por debajo de la media de la Unión Europea, con hasta 20 puntos porcentuales menos que los estados más avanzados, como Países Bajos o Suecia.

La Agencia Española de Protección de Datos es uno de los pocos casos de éxito del teletrabajo en nuestro país. Su directora, Mar España, en declaraciones a RTVE.es, lo define como una cuestión de voluntad directiva, estrategia de la organización y compromiso de los trabajadores.

“Como en todas las cosas en la vida lo más prudente es ir poco a poco. Empezamos en 2017 con el 20% de la plantilla, lo fuimos ampliando progresivamente y, antes del estado de alarma, teníamos ya al 80% de la plantilla teletrabajando el 40% de la jornada”, nos cuenta.

Su balance es sobresaliente en productividad, bienestar del personal, retención del talento, conciliación y rentabilidad, según enumera la directora de la agencia, que anima encarecidamente a todas las organizaciones, públicas y privadas, a comenzar a implantarlo sin dejar de lado la seguridad, la formación y la prevención de riesgos laborales. En ese sentido, la AEDP ha publicado una guía para que puedan hacerlo de forma segura.

Nuevas brechas: con teletrabajo, sin teletrabajo

Según el informe del Banco de España, aquellos con menor nivel educativo tienen más dificultades para poder beneficiarse de esta formar de teletrabajar. Esto, a medio plazo, puede tener consecuencias en las desigualdades sociales entre esos profesionales cualificados y trabajadores más manuales, que tienen que estar físicamente en su puesto de trabajo.

“Si la división entre cuello blanco y cuello azul ya existe, se puede ahondar todavía más y no solo en términos de dinero, sino de la experiencia vital”, señala la doctora Arroyo. “Imagínate que una persona puede ahorrarse dos días a la semana de ir a trabajar. Eso es más tiempo para tu familia, para aprender un idioma nuevo…. Solo las implicaciones que tiene liberar tiempo y el ahorro del coste del desplazamiento ya te posibilita nuevos horizontes”, explica.

“Lo estamos viendo con la Covid-19: quienes pueden teletrabajar tienen menor riesgo de contagiarse y mantienen sus puestos de trabajo”, añade la experta en trabajo digital Eva Rimbau, de la UOC. En su opinión, más allá de la pandemia, el uso intensivo del teletrabajo puede tener implicaciones muy positivas para todos:

“Puede favorecer que las personas que pueden trabajar en remoto se trasladen a vivir a zonas más alejadas de las ciudades, lo que permitiría una descongestión de las mismas que también beneficiaría a los no teletrabajadores en forma de mejores precios de las viviendas y descongestión de los transportes”, concreta.

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