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Coronavirus

Un test para poder llegar a Formentera

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Arranca la Fase 1 con apertura de bares y restaurantes en El Hierro, La Graciosa, La Gomera y Formentera

La única forma de llegar a Formentera es por mar a través del ferri que zarpa de Ibiza, media hora de viaje hasta llegar al puerto de La Sabina. Un viaje que ahora mismo solo pueden emprender los que justifiquen una causa de fuerza mayor, por ejemplo, motivos de trabajo. Antes de embarcarse los pasajeros deben pasar un control de temperatura corporal, responder un cuestionario sobre su estado de salud y pasar un test serológico que detecta anticuerpos de COVID-19.

Tres enfermeras realizan esta prueba rápida que da los resultados en 15 minutos. Los positivos no pueden embarcar, son aislados y se les traslada hasta el hospital de Can Misses de Ibiza para practicarles una prueba de PCR, que tardará dos días en conocerse. La prueba indicará si el virus está activo, si la infección ya se ha pasado o si, simplemente, es un falso positivo.

El test serológico no es un filtro infalible para detectar infectados. Los expertos advierten de que los anticuerpos no aparecen hasta unos días después de que el enfermo se haya contagiado, pero podría generalizarse en otros puertos y aeropuertos de las Baleares.

Por el momento la experiencia de practicar la prueba para permitir el acceso es pionera en el estado español.

Doble velocidad de desescalada en Baleares

Entre Ibiza y Formentera hay ahora mismo una distancia en línea recta de dos millas náuticas, que son 12 navegando de puerto a puerto. Esto es una media hora de viaje, y una fase de desescalada.

El Govern balear había pedido que la velocidad del deconfinamiento no fuera la misma para todo el archipiélago. También había solicitado que entrasen directamente en la Fase 1 Menorca e Ibiza pero parece que la petición no se estudió a tiempo para implementarla. Mallorca es la isla más afectada por el COVID-19. De hecho, casi el 90% de los casos en Baleares se han detectado allí.

Finalmente, la única isla de las Baleares en avanzar en el desconfinamiento (junto otras tres de Canarias) ha sido Formentera. Con 12.000 habitantes y 19 kilómetros de punta a punta, la pequeña de las Pitiusas ha tenido siete casos confirmados de COVID-19, cuatro ya se han recuperado y una de las vecinas ha muerto con la enfermedad. Ahora mismo queda un paciente en aislamiento en su casa seguido por la Unidad Volante de Atención al Covid y otro ingresado en el hospital de Can Misses de Ibiza.

Desde esta semana los nietos ya pueden visitar a sus abuelos en Formentera, ya hay reencuentros con familiares y amigos, están permitidas las reuniones de hasta diez personas, los comercios han abierto sus puertas y es posible tomar un café en una terraza. Todo eso con medidas de seguridad, distancia física y control del aforo, pero aún así gestos y costumbres de una normalidad que dejamos atrás hace más de 50 días.

Con 69 kilómetros de litoral, los vecinos pueden ir a la playa y disfrutar del baño en unas aguas mediterráneas, si cabe, aún más transparentes de lo que ya suelen estar siempre gracias al organismo más grande del mundo: una planta de posidonia oceánica que desde hace 100.000 años vive entre Ibiza y Formentera a 18 metros de profundidad y actúa como una depuradora natural.

Destino turístico seguro

Los establecimientos hoteleros siguen cerrados pero no dan la temporada por perdida. Formentera vive indiscutiblemente del turismo. En los últimos años ha tomado medidas pioneras como limitar la entrada de vehículos en la isla durante el verano para presentarse como un destino de calidad alejado del turismo de borrachera.

Ahora además se prepara para promocionarse como un destino seguro, como territorio libre de la pandemia. No es un viaje barato, ya solo para llegar hay que coger el avión hasta Ibiza y un barco después. A pesar de ello, confían en los visitantes nacionales. Su principal mercado emisor es el italiano y aún no saben que restricciones tendrán este verano.

Hasta entonces, la isla inmortalizada en el cine por Julio Medem en Lucía y el sexo va recuperando esa libertad que tan bien encarnaba Paz Vega, en ese cartel icónico, montada en bicicleta dejando atrás el faro del Cap de Barberia.

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