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Coronavirus

Un mes de confinamiento y diez lecciones

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De estos treinta días de estado de alarma se pueden extraer ya algunas enseñanzas.
De estos treinta días de estado de alarma se pueden extraer ya algunas enseñanzas.

Ha pasado un mes desde aquel 15 de marzo en el que entró en vigor el estado de alarma y se inició este confinamiento prolongado sin fecha de término. Van ya treinta días de encierro y acatamiento, mientras las pérdidas humanas se cuentan por miles y la vuelta a la normalidad parece cada vez más lejana, pero es precisamente esta situación de indeseable excepcionalidad la que permite extraer algunas lecciones imborrables.

Repasamos algunas de esas primeras enseñanzas que nos debería haber dejado la pandemia:

El distanciamiento social funciona

Parecía un escenario solo atribuible al cine, pero las medidas de contención han enseñado a la ciudadanía lo que es el distanciamiento social y por qué era necesario. Gracias a estas normas que obligan a pasar el mayor tiempo posible en casa y a mantener en el exterior al menos un metro y medio de separación con otras personas, la famosa curva del coronavirus ha ido echando el freno y se ha logrado reducir el ritmo reproductivo.

Teletrabajo: querer es poder

El estallido de la pandemia ha alterado por completo la cotidianidad de los ciudadanos, incluida la manera habitual de trabajar. Hasta el momento, el teletrabajo estaba poco implantado en España, pero el estado de alarma ha obligado a numerosas empresas a recurrir a esa forma de organización laboral para poder continuar con su actividad.

Y lo mejor es que, en la mayoría de los casos, se ha demostrado que es más viable y más fructífero de lo que se creía.

El personal sanitario, nuestra marca España

Del importante papel que el personal sanitario juega en la sociedad nadie dudaba, pero su labor no se había aplaudido tanto como hasta ahora. Esta emergencia, que ha puesto al límite al sistema nacional de salud, ha logrado hacer más visible que nunca ese gran trabajo y ha convertido a estos “héroes” en la mejor marca España.

Las mañanas de RNE con Íñigo Alfonso - Nuestros profesionales sanitarios: los héroes de la crisis de coronavirus - Escuchar ahora

Los ‘curritos’ son imprescindibles

También hemos visto con claridad en estos treinta días que no hay manera de sobrevivir a un confinamiento si no hay gente que siga trabajando en primera línea. Más allá de la enorme misión que tienen el personal sanitario y las fuerzas de seguridad, hemos aprendido a valorar más las funciones de esos ‘curritos’ que no paran: desde los camioneros que impiden un temido desabastecimiento, hasta los cajeros de supermercados, los ‘riders’ o los mensajeros.

Quizá este sea buen momento para replantearse, además, si las condiciones laborales y económicas de muchos de esos trabajadores no deben ser mejoradas.

Nuestra capacidad de adaptación supera al tópico

Sigue sonando a tópico eso de que el ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación, pero lo cierto es que esta crisis está poniendo de relieve que ese poder existe y que además aparece rápido. En líneas generales, los ciudadanos han ido asumiendo la nueva realidad en beneficio del bien común y han sabido encontrar recursos para hacer más llevadero el cambio: hay conciertos por ‘streaming’, se hace deporte frente a la televisión, se aprende a hacer pan casero o se organizan quedadas por internet.

En este sentido, quienes están demostrando tener una gran capacidad de adaptación son los niños, que han aceptado la situación de manera ejemplar e incluso dan ánimos a los más afectados con sus dibujos.

Reducir la contaminación de la atmósfera es posible

Tres meses después de que los líderes mundiales fueran incapaces de alcanzar compromisos ambiciosos contra el cambio climático en la Cumbre del Clima de Madrid, una pandemia nos demuestra de forma drástica el impacto de los seres humanos sobre el medioambiente y cuáles son los beneficios más inmediatos que tiene reducir la huella ecológica: aire más limpio incluso en las ciudades más contaminadas, agua transparente en los canales de Venecia y estrellas visibles en el cielo.

Sin que esta situación pueda ser prolongada eternamente, permite tener constancia del efecto que tiene disminuir la movilidad en vehículos contaminantes y reducir las emisiones de CO2.

La unidad social puede relucir sobre la división política

Los humanos somos seres dependientes y nos necesitamos los unos a los otros. Esa es otra evidencia que resulta más palpable ahora y que explica la gran oleada de solidaridad que ha desatado esta crisis sanitaria, social y económica, que afecta a todos sin excepción.

La unidad social ha demostrado ser el mejor antídoto contra el enemigo común, y esto deja alguna lección muy concreta a los dirigentes políticos, aunque de momento no parece que haya calado en ellos.

La tecnología (y las videollamadas) son un importante aliado

Lo que sí se ha aprendido en todos los ámbitos es que las plataformas para realizar videollamadas son herramientas muy útiles para seguir conectados con los demás en la distancia.

Esta tecnología se ha consolidado en algunas empresas y ha dado un giro al sector académico, pero sobre todo está permitiendo que muchas familias, parejas o amigos que se encuentran separados puedan sentir que están más cerca.

Las residencias, el punto débil del sistema social

La cara más terrible de la pandemia se ha visto en las residencias de ancianos. La fragilidad de estos centros para hacer frente a una crisis sanitaria, junto con la falta de personal y de medios debería habernos enseñado ya que mejorar la calidad de vida de nuestros mayores se torna imprescindible. Dado que antes de la pandemia no se escucharon las reclamaciones de los trabajadores, quizá este drama pueda servir para revisar la gestión de las residencias y que estas dejen de ser el punto débil de nuestro sistema asistencia. Una de las peticiones que más hemos escuchado estos días, también desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, es que habrá que incrementar la atención médica y geriátrica en las residencias de mayores de todo el país.

Hay algo peor que perder a alguien, no poder despedirte

Otra tragedia de la que inevitablemente se extraen enseñanzas tiene que ver con la pérdida y el duelo. Por desgracia, numerosas familias han descubierto que lo único más duro que perder a un ser querido es no poder despedirte de él. A ese dolor se suma el de no poder velar ni homenajear en grupo a quien se fue, y la imposibilidad de encontrar consuelo en los abrazos.

Ante esta trágica verdad, solo queda confiar en un aprendizaje interno que ayude a valorar lo inmaterial y esperar con paciencia a que regrese el tiempo del calor humano para que de algún modo pueda compensar tanto frio.