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La brecha de género en la ciencia se mantendrá mientras siga dominada por una visión masculina

  • Para intentar cerrar la brecha, los hombres deben abandonar su territorio de confort histórico que les favorece
  • Son necesarios referentes femeninos, desde conocer a las premios Nobel a que las profesoras inspiren a las alumnas

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Una técnico comprueba el estado de una rata de laboratorio
Una técnico comprueba el estado de una rata de laboratorio.

La contribución de las mujeres a la ciencia es prácticamente invisible, la mayoría solo puede citar a Marie Curie, una científica que ganó el Nobel en dos ocasiones, el primero en física en 1903 junto con su marido y Henri Becquerel y el segundo en química ya en solitario en 1911. Una ausencia de referentes femeninos que unida a los estereotipos dominantes aleja a las estudiantes del terreno científico.

El investigador Antonio Mateos de la Universidad de Castilla-La Mancha revisa los factores que originan la brecha de género en ciencia en un artículo publicado en el último número de la revista Panorama Social de Funcas. En su opinión, la menor visibilidad de las mujeres científicas se debe a que sus hallazgos y descubrimientos "han sido usurpados por sus superiores, sus maridos y por otros compañeros de investigación".

El premio Nobel solo ha sido otorgado a un 5% de mujeres, porcentaje que baja al 3% en sus categorías científicas (física, química, medicina y fisiología). Además cuando se premia a científicas el galardón tiende a ser compartido con otros colegas varones. Así, además del nombre indiscutible de la descubridora del polonio y del radio solo encontramos las menciones individuales de la inglesa Dorothy Hodking (nobel de química en 1964) y de la norteamericana Barbara McClintock (nobel de medicina en 1983).

Mujeres en los premios Nobel

Entre las mujeres olvidadas cuyos trabajos fueron fagocitados por varones aparece Mileva Maric, la primera mujer de Einstein era brillante en física y matemáticas e influyó en los primeros trabajos de su marido pero nada suyo quedó por escrito. Lisa Meitner fue la codescubridora de la fisión nuclear y el protactinio pero solo Otto Hahn se llevó el Nobel de química en 1944. Rosalind Franklin contribuyó en las investigaciones sobre el ADN pero murió antes de la concesión del premio y no se la consideró receptora a título póstumo.

La lista de la infamia se completa con Chien-Shiung Wu, privada del Nobel de física en 1957 que recibió su marido, o Joselyn Bell Burnell que realizó la investigación básica sobre los primeros púlsares, pero el Nobel se lo llevó su director de tesis en 1974.

Mateos indica que "llama la atención que no haya ninguna mujer galardonada con el Nobel de física desde 1963, cuando lo recibió María Göppert-Mayer" o la ausencia de investigadoras premiadas entre 2009 y 2014. En los últimos años se repite la pauta de no reconocer los méritos individuales de las mujeres. La doctora noruega May-Britt Moser compartió en 2014 el Nobel de medicina con su marido y otro colega y en 2015 la doctora china Youyou Tu recibió el mismo galardón por una nueva terapia contra la malaria pero con otros dos varones.

Los estereotipos perduran

El autor del artículo señala que los arquetipos derivan en mitos y estos en los estereotipos de género que aún perduran, con lo que el patriarcado "representa la legitimación científica de la discriminación", además "con la ciencia y la cultura, el varón ha controlado la naturaleza y a la propia mujer como un factor más". La existencia de visiones sesgadas sobre los roles de género impregna los cuentos, la publicidad, el cine, los videojuegos y otros formatos de transmisión cultural.

La ciencia también arrastra una serie de ideas preconcebidas como algo abstracto, complejo y con poco valor práctico que en las percepciones sociales se asocia con el género masculino. Lo interesante es que se pueden despertar las vocaciones científicas de las chicas aumentando la presencia femenina en el cuerpo docente. Un estudio concluye que la brecha de género en las notas de los cursos de ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas (CTIM) se erradica cuando las clases introductorias son impartidas por profesoras.

Otro factor importante es el papel de los padres, cuando estos apoyan estereotipos de género como que los niños son mejores en matemáticas acaban reduciendo la confianza de sus hijas. Algunos estudios muestran que podría haber diferencias en la capacidad espacial entre niños y niños, una capacidad vinculada al razonamiento cuantitativo, por lo que si se insiste en este contenido "en la educación temprana, puede ser empleada como un factor de reducción de la brecha de género". En este sentido, sería necesario potenciar la actividad física de las niñas que normalmente ven constreñidos sus movimientos o espacios de juego.

Los estereotipos de género tradicionales se mantienen férreamente entre los universitarios de carreras vinculadas a la ciencia, la tecnología y la ingeniería. La organización de las estructuras de investigación favorece más a los hombres que a las mujeres, las investigadoras tienen que asumir mayor carga docente y ocupan puestos de menor responsabilidad académica, lo que hace patente la brecha de género en las universidades.

Educación contra la brecha de género

La investigación médica tiene un claro sesgo porque se realiza sobre animales de laboratorio machos o sobre varones, sin tener en cuenta que la biología femenina es distinta a la masculina y las mujeres pueden reaccionar de forma diferente ante un tratamiento o un fármaco. A lo que se suma que las decisiones de financiación están en manos masculinas y que no se valoran las relaciones de poder ya existentes que implican distintos puntos de partida entre hombres y mujeres.

Mateos ve prioritario "promover una mayor participación de las mujeres en la ciencia, aumentando las vocaciones de niñas y jóvenes" y allanar el camino para que "las investigadoras en activo no encuentren dificultades por su condición de mujeres". Propone "realizar actuaciones docentes creativas desde las primeras etapas escolares para que todo el alumnado se interese por las carreras CTIM" y que se conozca en las aulas la contribución de las mujeres a la historia de la ciencia y la tecnología.

Este investigador aboga por promover la educación científica con "métodos activo, participativos y estimulantes", como la gamificación, mejorar la formación del profesorado de Secundaria dando protagonismo a las docentes femeninas para que sean "motores del cambio y ejemplo", realizar campañas cuyo centro de atención sean las mujeres científicas y crear seminarios orientados al género.

Por último, Mateos concluye que la brecha de género "se mantendrá mientras la ciencia siga dominada por una visión masculina, y los hombres no abandonen su territorio de confort histórico que les favorece". A su juicio, "mantener las diferencias entre hombres y mujeres no solo es un grave perjuicio que afecta a la equidad, sino también a la excelencia y, a la larga, al rendimiento económico de un país".