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Crisis política en Brasil

Michel Temer, nuevo presidente de Brasil

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 El presidente brasileño, Michel Temer, asume el cargo hasta el 1 de enero de 2019.
El presidente brasileño, Michel Temer, asume el cargo hasta el 1 de enero de 2019. AFP PHOTO / ANDRESSA ANHOLETE

Michel Temer, a sus 75 años, ha logrado convertirse, definitivamente, en el presidente de Brasil. Sin pasar por las urnas, la destitución de la presidenta Dilma Rousseff por maniobras fiscales irregulares le ha llevado a la cumbre del poder. Una ambición tejida durante décadas entre bastidores que demuestra, una vez más, el arte del Partido del Movimiento Democrático Brasileño para gobernar sin ganar las elecciones.

Temer ha jurado el cargo ante el Congreso apenas unas horas después de que el Senado votará definitivamente contra Rousseff. "Prometo mantener, defender y cumplir la Constitución de la República, observar sus leyes, promover el bien general del pueblo brasileño y sustentarle la unión, la integridad y la independencia de Brasil", ha asegurado en su juramento sobre la Constitución brasileña.

El hasta ahora vicepresidente asumió las funciones de presidente interino el pasado 12 de mayo cuando Rousseff fue apartada del poder para someterse a un juicio político (impeachment), que ha durado más de tres meses y ha puesto punto final a 13 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), una era de mejoras sociales manchada por los escándalos de corrupción.

El nuevo presidente podrá permanecer en el cargo hasta el 1 de enero de 2019, cuando vence el mandato de Rousseff. Temer, ya como gobernante de pleno derecho, se pone a los mandos de un país sumido en la recesión y profundamente polarizado. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), un 62% de los brasileños están a favor de repetir las elecciones.

Rousseff es apartada del poder en Brasil y le sustituye el vicepresidente, Michel Temer

Tras jurar el cargo, Temer se ha reunido con sus ministros y ha dejado claro que quiere desterrar la tesis del "golpe de Estado" defendida por Rousseff. Por ello, el nuevo presidente de Brasil ha insistido en que el proceso contra la mandataria se ha llevado a cabo "dentro del más estricto marco constitucional" y ha recordado que todas las fases fueron supervisadas por la Corte Suprema.

"A quienes les digan golpistas, respondan golpistas son ustedes, que están en contra de la Constitución", ha manifestado.

Posteriormente, en una alocución para todo el país, Temer se ha comprometido a dialogar de forma democrática con todos los sectores de la sociedad brasileña. Ha resaltado también que la incertidumbre política ha sido "superada" y que es momento de anteponer los intereses nacionales a los partidistas, a pesar de que no ha hecho mención a ninguna formación en concreto.

Su objetivo, ha explicado durante su discurso de cinco minutos, es "entregarle a mi sucesor un país reconciliado, pacificado y en ritmo de crecimiento". "Tengo conciencia de la responsabilidad. Recibimos el país hundido en una grave crisis económica con casi 12 millones de desempleados", ha apuntado al tiempo que ha asegurado que mantendrá los programas sociales puestos en marcha por el PT.

La recesión, principal caballo de batalla

Vicepresidente desde 2011, líder durante 15 años el PMDB y tres veces presidente de la Cámara de Diputados, Temer acredita una dilatada experiencia política que le ha permitido cultivar un importante caudal de influencia en la sombra. Pero, según los sondeos, no habría llegado a la Presidencia con el respaldo de las urnas si lo hubiera intentado.

Cuando asumió la Presidencia interina, apenas arrastraba el 3% de intención de voto, según las encuestas. Hoy roza el 10%. Ahora le toca demostrar su capacidad de liderazgo para mantener las frágiles alianzas que le han facilitado el ascenso al poder, reconducir la mayor economía de Sudamérica y recuperar la confianza de la sociedad brasileña en su desprestigiada clase política.

Este mismo miércoles, el IBGE ha publicado que Brasil prolonga su recesión al caer su PIB un 0,6% en el segundo trimestre del año. Así, la economía brasileña acumuló en el primer semestre de este año un crecimiento negativo del 4,9% frente a los seis primeros meses de 2015, cuando el PIB cayó un 3,8%, su peor resultado en 25 años.

Los números confirman que la actual recesión es la peor a la que se enfrenta Brasil en varias décadas y que el país puede terminar 2016 con una nueva contracción económica, con lo que encadenaría dos años consecutivos de crecimiento negativo por primera vez desde la década de 1930.

El fin del Brasil "bolivariano"

Temer, que viaja este mismo miércoles a la cumbre del G20 en China, tiene intención de presentar a los líderes de las mayores potencias del planeta sus planes para sacar a Brasil del abismo económico, que incluyen desde un duro recorte del gasto público hasta un ambicioso plan de privatizaciones aún no detallado oficialmente.

Según han confirmado fuentes oficiales, tras su viaje a China tiene diseñada ya un amplio programa exterior, que incluirá un viaje a Estados Unidos en septiembre, donde inaugurará la Asamblea General de las Naciones Unidas, como por tradición le corresponde al jefe de Estado de Brasil desde 1947.

En el ámbito del Mercosur, Temer apunta a un distanciamiento de los países del arco bolivariano que encabeza Venezuela desde los tiempos del fallecido Hugo Chávez. Los primeros escarceos de un conflicto por venir surgieron en mayo pasado, cuando Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba, cada uno a su manera, advirtieron sobre una posible "ruptura democrática" en Brasil por el juicio abierto contra Rousseff.

El presidente poeta

Abogado constitucionalista, católico y descendiente de una familia de origen libanés, sus primeros pasos como presidente interino levantaron ampollas y le obligaron a rectificar, en medio de críticas por la ausencia de mujeres y negros en su gabinetede inclinación hacia el centroderecha. Los escándalos de corrupción le obligaron a cambiar a tres miembros del Gobierno en las primeras semanas y él mismo carga con sospechas similares.

El sonoro abucheo que sacudió el estadio de Maracaná durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos le mantuvo al margen de la cita internacional. Tanto, que ni siquiera fue a la clausura. "Estaré en la inauguración de los Paralímpicos", anunció a la prensa cerca del final de los Juegos, el único día que apareció en el parque olímpico, donde se multiplicaron los carteles con la frase "Fora Temer".

La próxima semana volverá a Maracaná para inaugurar los Paralímpicos. Aún no se sabe si estará acompañado de su mujer, Marcela, una ex reina de la belleza local 43 años más joven que él, madre de su hijo pequeño, Michelzinho, y musa de los encendidos versos que el presidente escribe en servilletas de papel en su tiempo libre.

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